dimecres, 4 de febrer del 2015

Esto es lo que hay.

Ese pacto necesitado de "buena" explicación ha servido para que ayer todas las portadas de los periódicos trajeran la foto de los dos líderes en ese momento histórico y no los gráficos del paro, con un aumento de este de 78.000 personas en enero, que es la noticia importante, la que desmiente rotundamente la propaganda del gobierno sobre la salida de la crisis.

¿Qué hay que explicar de este pacto perfectamente inútil y cuyo contenido quiere anular uno de los firmantes por medio del Tribunal Constitucional? Nada salvo que se trata de un intercambio de legitimaciones: la oposición mayoritaria legitima a un gobierno con el índice de aceptación popular más bajo de la historia y el gobierno legitima como su alter ego a una oposición que siente el aliento de los galgos de Podemos en su cogote electoral. ¿Quién gana más? El tiempo lo dirá. De momento queda abierta la hipótesis de la gran coalición como se demuestra por el interés de los barones en que se repudie expresamente. Y, por supuesto, para el gobierno, el pacto ya ha cumplido su función esencial: que los socialistas ayuden a ocultar a la opinión pública los desastrosos datos del paro y, al contrario, prediquen como doctrinos la patraña de la recuperación económica. Hace falta ser tonto. Hubiera bastado una demora de 24 horas para que todo esto quedara en evidencia.

Pasadas las elecciones griegas Sánchez explicó, por si había dudas, que "Grecia no es España". Quizá quisiera decir que el PASOK no es el PSOE. Y no lo es. O no debiera serlo. El PASOK oficial se quedó en un 4,2% del voto y la escisión de Papandreu ni siquiera consiguió representación parlamentaria. El PSOE, en cambio, aspira a mucho más; a la mayoría. O eso dice. Pero le aterra la perspectiva del PASOK. Y los rumores en la corte sobre el próximo barómetro del CIS apuntan en esa dirección descendente. El pase a la irrelevancia.

¿Es justo? El PASOK se fundó en 1974. El PSOE es más que centenario, el partido más antiguo de España y ha sido esencial en diversos momentos de su historia. Fue importante en el último decenio de la Restauración, durante la dictadura de Primo, en la IIª República, con abundancia de ministros y hasta presidencias del gobierno, por supuesto en el exilio, ha tenido el gobierno más prolongado de la segunda Restauración y ha repetido más brevemente en las legislaturas de Zapatero. En tan larga vida hay luces y sombras más o menos admitidas por unos y otros. El balance de los gobiernos de la segunda Restauración, globalmente positivo para Palinuro, aunque las sombras se hicieron tinieblas en la segunda legislatura del Zapatero y, con ellas, el PSOE pareció haber perdido el Norte.

Además, llegó la crisis y lo desbarató todo. Con la crisis, el 15M y del 15M, directo, Podemos. Una sacudida tremenda del hasta entonces plácido sistema de partidos, que enfilaba como enemigo el bipartidismo. La crítica, sin duda, era a los dos partidos dinásticos pero el que se resiente más es el PSOE. La prueba, el PP mantiene la base de sus votantes mientras el PSOE teme la desbandada de los suyos.

La crítica al bipartidismo, al ignorar a IU, tuvo el efecto colateral probablemente no querido de dinamitarla. Y con IU va otro histórico, el Partido Comunista, por cuyo futuro nadie apuesta gran cosa. Al final, la candidatura de convergencia popular de Madrid contará con Podemos o no, pero, si no lo hace, se formará por su cuenta con Ganemos, Equo y los escindidos de IU de Madrid, que han procedido a quemar sus naves para evitar todo retroceso, como Juliano el Apóstata en la guerra persa. Esto tiene su miga y merece la pena seguirlo, pero la bronca en firme viene por el lado del PSOE.

En efecto, ¿por qué se hundió el PASOK? Porque se achantó ante la troika y se comió su propuesta de referéndum. Inútilmente porque, al final, el referéndum se ha celebrado en forma de elecciones. Lo mismo que pasa en Cataluña: se impide el reférendum de los catalanes y estos no solamente hacen uno oficioso el 9N sino que ahora tienen otro convocado en forma de elecciones en septiembre. Y el PASOK se hundió. Y subió Syriza, que son los del referéndum y, mira por donde, no cediendo, sino envidando fuerte, Bruselas se ablanda, la Troika se disuelve en humo verde como la bruja mala del Oeste del Mago de Oz y puede llegarse a una solución satisfactoria, un win-win, que celebra hasta la bolsa.

Todo esto habla a favor de Podemos, la Syriza española, y en contra del PSOE que no será el PASOK pero cedió igual que él con la reforma del art. 135 y la convocatoria de elecciones anticipadas en lugar de someter el asunto a referéndum. Aquí eso ni se mencionó. La pasokización del PSOE es una posibilidad. Justa o injusta es cosa de juicio de parte.

¿Cómo puede evitarla? En principio parece haber dos vías, lo cual es molesto, porque es fuerza elegir. O el PSOE se orienta al centro o se orienta a la izquierda. Si se va al centro hace bien en firmar acuerdos con el Gobierno, cuantos más, mejor. Y en hacerse fotos con el poder. Pero corre el peligro de que lo confundan no con un aliado sino con un rehén y sus votos sigan yéndose bien al PP, que es the real thing o a Podemos, seducidos por su melopea populista del ni izquierda ni derecha.

Si se va a la izquierda hace bien en seguir por las asambleas abiertas en mangas de camisa, predicando el retorno del Estado del bienestar como la segunda venida del Mesías, cuando todos los derechos y libertades difuntos resucitarán a la voz de la Justicia. Pero corre el riesgo de no resultar verosímil frente a un discurso más radical de Podemos que, además, tiene una actitud frente a Europa más estilo Syriza, esto es, triunfante.

Son ventajas e inconvenientes. Y la elección, inevitable. Lo que no conviene es tener a Pedro Sánchez predicando la izquierda puño  en alto en Valencia el domingo, e identificando al PP como el "adversario", y firmando un pacto inútil, innecesario e inconstitucional en La Moncloa con el gobierno del PP el lunes. Parece una forma de disociación patológica de la personalidad.

Hay, sin embargo, algo que el PSOE puede y debe hacer tanto si opta por presentarse como partido de centro como de izquierda y es tomarse en serio su tarea de oposición. Oposición a un gobierno que carece de legitimidad (no de legalidad, desde luego) de origen y de ejercicio. Sobran motivos para presentar una moción de censura. Se pueden firmar pactos y presentar una moción de censura. Se puede formular un programa de izquierda y presentar una moción de censura. Censurar es un deber de una oposición a la que no se permite el ejercicio de su derecho a controlar, pedir rendición de cuentas y exigir responsabilidades.

Es también lo único que puede hacer el PSOE sin temor a que le gane Podemos.

Quizá por eso no lo hace.

dimarts, 3 de febrer del 2015

Gestas y gestos.


Acabar con el terrorismo etarra fue una gesta de la sociedad española, que lo había heredado del franquismo. Costó treinta y cinco años y muchos muertos pero, al final, las instituciones democráticas, con todos sus defectos, y duramente puestas a prueba, lo consiguieron. Fue una gesta colectiva en la cual la sociedad tuvo que madurar. También de los políticos. Aunque, como siempre, no de todos por igual. Los socialistas entendieron siempre que lo básico era la unidad de las fuerzas democráticas y por eso propusieron, lo hizo Zapatero, el primer pacto antiterrorista, el Acuerdo por las libertades y contra el terrorismo en 2000. Los populares no lo querían y, con su habitual inteligencia, el señor Rajoy lo calificó de conejo que se saca de la chistera Zapatero. A pesar de todo, firmaron porque estaban en el gobierno y podían rentabilizarlo. Con protestas y abstenciones de otros grupos (a veces muy puestas en razón), pero firmaron.

Lo cual no impidió que, cuando la derecha pasó a la oposición, utilizara siempre la lucha antiterrorista como arma para desgastar al gobierno. El mismo señor Rajoy llegó a acusar a Zapatero de traicionar a los muertos y revigorizar a ETA moribunda a cuenta de su política antiterrorista, exclusiva competencia suya que los demás debían respetar. A pesar de la falta de colaboración e incluso el boicoteo de la derecha, el terrorismo etarra acabó durante el gobierno de Zapatero, quien tuvo el buen gusto de no reclamar para sí solo el mérito. Lo hizo gracias al tesón del ministro del Interior, Rubalcaba, quizá el mejor del ramo que haya habido en España.

Fue una gesta y fue obra de tod@s.

Lo de ayer fue un gesto y fue obra de dos.

Exactamente, ¿qué han firmado estos dos? Nadie lo tiene muy claro. Algunos dicen que un nuevo pacto antiterrorista. ¿Para qué, si ya hay uno? Otros que una renovación del existente o, incluso, uno nuevo en contra del nuevo terrorismo yihadista. Y ¿en qué consiste? En endurecer las penas por terrorismo y en reintroducir la cadena perpetua con un subterfugio lingüístico al estilo de la neohabla gallardoniana.

Como los socialistas están en contra de la figura, dicen que firman pero recurren la perpetua al Tribunal Constitucional. Al tiempo han obtenido la promesa del PP (por lo que pueda valer) de no oponerse si en el futuro la condena revisable es derogada. Subterfugio sobre subterfugio para justificar un gesto de contenido simbólico: estamos unidos frente al terrorismo. Lo dijo Rajoy, el mismo que llamaba al pacto antiterrorista por el que ahora daría la vida, el conejo de la chistera de Zapatero.

Estamos unidos frente al terrorismo. Pero si no hay terrorismo y el llamado yihadista aun no se ha materializado. Es igual, razonan los socialistas, tenemos que dar imagen de ser partido con sentido del Estado. Tenemos que firmar pactos de Estado para demostrar que somos estadistas y no perroflautas acampados en Sol. Aunque sea a costa de hacerle el juego a la derecha, sabiendo que el sentido del Estado de esta es inexistente ya que solo mira por sus intereses de partido y en los bolsillos. Es un gesto, desde luego. Absolutamente estúpido.

Su explicación está en la herencia de Rubalcaba quien, preso del síndrome del Coronel Nicholson en el Puente sobre el río Kwai, está dispuesto a sacrificar su objetivo estratégico por conservar su obra, aunque esta, como es el caso ahora, ya no sirva para nada salvo para legitimar un gobierno que ha perdido todo justo título a seguir gobernando.

El PSOE debiera haberse librado de esa tutela paralizante. No hay nada que pactar con un gobierno que ha roto todos los consensos, faltado a todas las promesas, dinamitado todos los puentes, ignorado la institución parlamentaria, manipulado los medios de comunicación, interferido en la acción de la justicia, legislado en contra de la ciudadanía, recortado o suprimido sus derechos, amparado, encubierto la corrupción y provocado un conflicto territorial de consecuencias imprevisibles.

Al contrario. Hay que marcar las distancias. El domingo, Sánchez daba pruebas de una nueva resolución, un nuevo estilo que todos detectaron: somos socialdemócratas, somos de izquierda, no hablamos de Podemos, nuestro adversario es el PP. Y lo primero que hace al día siguiente es firmar un pacto con su adversario. Bueno, pero hay "líneas rojas". Los socialistas llevan días hablando de líneas rojas, pero solo para saltárselas. Como los enfermos de alguna adicción, que se ponen plazos y límites para no respetarlos. Y ahora vienen con un harapiento gesto de estadistas cuando en realidad son comparsas de la escenificación gestual de la derecha. Si de verdad quieren trazar una línea roja presenten ya una moción de censura. Es insólito que no lo hayan hecho. Pero no lo harán. ¿Por qué?

Porque el mensaje no es estamos unidos contra el terrorismo, sino estamos unidos. Punto.

Gesto eres y en gesto te quedarás. En nuestra época la imagen cuenta mucho. El Sánchez que anunciaba el cambio de actitud e identificaba al adversario no llevaba corbata, al estilo de los nuevos políticos, los de Podemos o los griegos de Syriza. El Sánchez que firmó el pacto con Rajoy llevaba corbata. España no es Grecia. En España, los estadistas llevan corbata cuando hacen gestos.

Luego, al mezclarse con la gente de la calle, a la que se puede decir cualquier cosa, ya no hace falta.

Luego, ya tal.

dilluns, 2 de febrer del 2015

Disputare aude!


Leo que Pedro Sánchez cambia de discurso, estrategia y asesores. Hace muy bien porque los anteriores, quienes fueran, lo estaban llevando al desastre. Los nuevos parece que traen ideas nuevas.

Pero no lo suficiente. Si rompe, que rompa de verdad.

Sánchez concentra su discurso en criticar el de Rajoy. Y lo hace a distancia, al estilo tradicional de esta política de hipócritas, mequetrefes y cobardes instaurada por el presidente del gobierno que, como no sabe hablar, ni leer, ni decir nada con un mínimo de dignidad que no sea mentira, prefiere el plasma, el monólogo, el silencio o las alusiones a otros a distancia, durante las inauguraciones de la fiesta del pepino. 
 
Pero si Sánchez quiere cambiar realmente, además de atender a las alusiones de corrala, debe escenificar su ruptura. Ese nuevo pacto, firma, acuerdo o chanchullo es un disparate suicida. Rompa ya con la corrupción. Presente una moción de censura de una vez y ponga fin a esta farsa de un gobierno que no gobierna y un legislativo que no legisla porque están todos concentrados en ver cómo salvan al sobresueldos de su horizonte judicial. Lo único que Rajoy tiene ya que decir es cuándo se va. Y, aunque parezca imposible, sin mentir.
 
Sánchez no puede ignorar a Podemos. Simularlo luego de haberle copiado con el mismo descaro con que Podemos ha copiado a otros, demuestra debilidad y atolondramiento. Ignorar a quien te interpela directa a indirectamente es tan perjudicial como pasarse el día hablando pestes de Pablo Iglesias.
 
Ni pestes ni rosas. Quede con él en un debate abierto en la televisión. Vayan los dos a un programa sin más condiciones previas que las de la buena educación y el juego limpio. ¿No son ustedes políticos de la nueva generación, cercanos a la gente? ¿No abominan ambos de la falsedad, el acartonamiento, la mentira institucionalizada que representa Rajoy y toda la vieja política? ¿No piensan que la política debe ser intercambio civilizado de propuestas por el bien común, defendidas públicamente para que un electorado mayor de edad y crítico pueda optar informadamente?
 
Si ese debate televisado Iglesias - Sánchez se produjera alcanzaría una audiencia sin precedentes y tendría una importancia inmensa. Algo parecido al famoso debate Kennedy/Nixon aunque en otra escala. Abriría una época y dejaría a Rajoy descolocado en el rincón de las antiguallas porque, aunque quisiera, no podría hacer lo mismo por falta de categoría. Ese sería el signo obvio de cambio de época y de que el PSOE tiene algo que pintar en ella.
 
Atrévase a debatir, hombre. No pasa nada. Ambos saldrán fortalecidos y quién sabe si amigos.

Overkill.


Dicho está: el éxito de Podemos es incuestionable pues todo el mundo habla de ellos. Son noticia hasta cuando no lo son. Uno de los rasgos señalados por los periodistas que han cubierto la Convención del PSOE es que Sánchez no se haya referido a Podemos. Todo el mundo habla de ellos, pero no todos dicen lo mismo. Probablemente un tercio los odie (los votantes del PP), otro tercio los admire (los de Podemos) y el otro los envidie pues los odia y los admira al mismo tiempo (los votantes del PSOE).

No sabemos cuánto durará este terremoto, pero, mientras dure, tendrá efectos dramáticos. En el post de ayer Palinuro recordaba los dramas familiares de Ibsen. Hemos visto llorar a lágrima viva a Cayo Lara, un dirigente bregado en mil luchas, y ahora lo vemos casi grogui, abrumado, desfondado por el problema al que se enfrenta. IU de Madrid se escinde irremediablemente por el efecto sifón de Podemos y el conjunto de la organización hace aguas como un galeón español acosado por los bucaneros. En términos de mercado, siempre fríos, es poco probable que la marca IU resista. El problema viene después, cuando el Partido Comunista, a su vez, tenga que adoptar una decisión entre dos amargas formas de irrelevancia: en solitario o compartida.

Podemos tiene overkill. Me gusta el término. En una palabra se concentra algo que en español suena confuso: exceso de capacidad mortífera. La idea es clara. Podemos ha entrado en IU como un elefante en una cacharrería. Ignoro si Anguita, de probada lealtad a la organización, saldrá en defensa de los cacharros rotos. Podría hacerlo si estos cacharros tomaran vida como en un cuento de Andersen.

Con su antiguo rival comunista prácticamente desmantelado, el PSOE trata de resistir el overkill de Podemos recabando los viejos principios y cerrando filas. Veremos si lo consigue. Cuentan los mentideros entre asustados susurros, que el próximo barómetro del CIS trae las advertencias del banquete del Rey Baltasar, Mane, Tekel, Fares o "tus días están contados".

La España negra.

Rajoy no acepta la España negra que pintan los adanes. España es una gran nación y una gran nación no puede ser negra. Menuda chafarrinada. Tiene que ser azul celeste; o celestial, más apropiado. El hombre sigue leyendo sus discursos y al que se los escribe le falta fuelle. ¿Cómo que pintan una "España negra"? Eso es muy flojo. Acúseles directamente de ser los propaladores de la leyenda negra. Venga, son la Antiespaña de la señora Aguirre que cada vez se parece más a Millán Astray. Total para el nivel del debate, tanto da.

La España negra es otra cosa. Si alguien viene pintándola es de casa seguro. La negrura es tan consustancial a España en los últimos doscientos años que la expresión España negra suena redundante. Desde siempre la pintura es tenebrista. Ribera y Zurbarán lo son y, de Goya en adelante, predomina el negro. Zuloaga, Gutiérrez Solana, que pintaba expresamente la España negra. En la literatura romántica, la negrura de España se redobla con la propia del estilo y, al pasar este se mantiene en el modernismo. Las Comedias bárbaras, de Valle-Inclán, son España negra, como lo es el cine de Buñuel y el de Berlanga; como la literatura de Cela.
 
España es la España negra, así que los de Podemos pintan lo que hay. Lo que ha habido siempre. En 1899 -año siguiente al del desastre- el poeta belga Emile Verhaeren y el pintor español Darío de Regoyos publicaban un curioso librito al alimón con textos del uno e ilustraciones del otro titulado España negra. Es un viaje de ambos por distintos puntos de España y el ánimo que trasmite el del siguiente apunte de uno u otro sobre El Escorial: "Inolvidables aquel crepúsculo de sangre y aquella noche estrellada de hierro que pasamos en aquel siniestro sitio". El Escorial, centro imperial de la España negra, "siniestro sitio", fue el emblema del franquismo. La revista de sus intelectuales se llamaba Escorial, el dictador escogió las inmediaciones para edificar su particular Walhalla. En el Escorial se reunió alguna vez la Sección Femenina de la Falange y también lo hacían sus machos y en el Escorial, entre memorias falangistas, casó el señor Aznar a su hija. En ese "siniestro sitio".

A la boda asistió un buen puñado de representantes de la otra negrura de España. La de Goya, Verhaeren, Regoyos es la del fanatismo y la crueldad; la de Buñuel, Cela, la del atraso y la ignorancia; la de algunos asistentes a la boda, la de la corrupción y el latrocinio, esencialmente española, igual que las otras. Y esta última, que ofrece episodios tan alucinantes como la gestión de Caja Madrid en los últimos veinte años, no la pinta Podemos sino los telediarios. Considere el señor presidente si no pertenece a la más rancia España negra el elenco siguiente:
  • Comunistas, socialistas y sindicalistas derrochando dinero ajeno con las tarjetas B todos portadores de relojes de 12.000 euros o su equivalente a tocateja en sus bolsillos.
  • Profesores, teóricos y expertos que predicaban las virtudes del libre mercado mientras cobraban de uno intervenido.
  • Empresarios sin pelos en la lengua a la hora de pedir recortes salariales en las nóminas de los demás al tiempo que tarjeteaban por los clubs deportivos de medio mundo.
  • Políticos capaces de demostrar la necesidad patriótica de los sacrificios de sala de fiestas en sala de fiestas.
  • Periodistas dispuestos a reproducir la doctrina de la Caja con brillante pluma, de oro.
El señor Rajoy no querrá aceptar la España negra pero es la que él ha conservado y ennegrecido aun más.

diumenge, 1 de febrer del 2015

Izquierda Unida y el efecto sifón de Podemos.


Mandan votos, mandan rostros, mandan imágenes.

En IU lo llaman convergencia con candidaturas y programas de izquierda a los Ayuntamientos y Comunidades Autónomas, pero en la cruda realidad es el efecto sifón que Podemos ejerce sobre la Federación. Casi de golpe y para general asombro, la joven guardia heredera del 15M se alzó con un millón doscientos mil votos y cinco escaños en las elecciones europeas gracias a su nuevo estilo y la carismática imagen del líder, impresa en las papeletas. A cambio, a IU se le echaron encima no siete meses, como al señor Valdemar en el cuento de Poe, sino setenta años. De pronto el rojo y el verde, el punto sobre la i, los informales jerseys y los mojitos cubanos parecieron reliquias de siglos pasados.
 
Desde entonces, ese desequilibrio cruel de la historia no ha hecho más que agravarse. El vástago de una respetable organización, Izquierda Unida, cuyo corazón era el de otra más venerable, el Partido Comunista de España (PCE), se alzaba con un triunfo electoral que la fortuna siempre le negó a esta, pero con sus ideas fundamentales, si bien es cierto que convenientemente aggiornate a esta época más cosmopolita, bolivariana a la vez que posmoderna.
 
Era cosa de breve tiempo que Podemos acabara absorbiendo gran parte de la izquierda en torno suyo, especialmente la que se llamaba IU, con la que compartía relaciones, amistades, compromisos, ideas, experiencias, fracasos y triunfos. Sin querer o queriendo, pues el alma humana es contradictoria. Las reiteradas ofertas a Julio Anguita para que se incorporara a Podemos no pueden ser inocentes. La respuesta de este de que él se debe a Izquierda Unida (al fin y al cabo, su creación) es numantina.
 
Al final, ¿cuál es la razón de ser de IU existiendo Podemos con mucha más pegada electoral si no es el interés de mantener duplicidad de cargos? Si ya de antes la verdadera izquierda tenía problemas de identidad, ahora se le han agravado al descubrir que, de ser algo, es el reflejo de una identidad ajena.
 
Lo llaman convergencia. Es efecto sifón. Podemos absorberá a IU con la misma indiferencia natural e inocente con que el pez grande se come al chico.
 
Algún matiz a esta consideración. El alma de IU es el PCE y este todavía no ha dicho nada. Debe de ser duro para los camaradas fieles a la memoria de Pepe Díaz, el 5º Regimiento o Pasionaria aceptar que el heroico partido de vanguardia de la clase obrera se diluya en la amalgama de una ideología líquida en la que ni de izquierdas ni republicanos pueden reconocerse, al menos en público.
 
Por otro lado, y ello es más grave, el efecto sifón incluye una posibilidad letal para Podemos. La organización ha roto, aparentemente, el maleficio tradicional de las izquierdas auténticas, de perder siempre las elecciones, todas las elecciones, en todas partes salvo contadísimas excepciones irrelevantes. Lo ha conseguido a base de articular un discurso de izquierda libre de toda vinculación con el comunismo, el eterno cenizo de todas las consultas democráticas. Si la absorción (o convergencia) de IU es vista de nuevo por el electorado como de hecho ve a la propia IU, esto es, como una cobertura del Partido Comunista, es posible que las halagüeñas perspectivas electorales de Podemos se desinflen, entre otras cosas porque faltará tiempo a los adversarios para descubrir el lobo bolchevique bajo la piel de cordero socialdemócrata/bolivariana.
 
Es una situación difícil. Volveremos sobre ella porque, aparte de un dilema kantiano, encierra un conflicto muy en el estilo de un drama familiar de Ibsen.

Los socialistas enseñan los dientes.

El PSOE celebra este finde en Valencia una convención política de baronías. Reúne a sus candidatos a las elecciones autonómicas. Y parece dispuesto a recuperar iniciativa, recomponer fuerzas, redefinir espacios, formular un discurso y redactar un programa para las elecciones.
 
El primer paso ha sido desenfundar la vieja bandera de la socialdemocracia. Vieja, pero no antigua y que conserva un gran prestigio. Por eso se la apropian los de Podemos. Socialdemocracia y su equivalente, socialismo democrático, siguen siendo vacas sagradas. La prueba es que la crítica a los socialdemócratas, generalmente radical, no es por serlo sino por haber dejado de serlo, por haberla traicionado.
 
Ahora solo falta llenar de contenido ese venerable atavío. Es fácil en un primer envite pues basta con reclamar la reparación, consolidación y expansión del Estado del bienestar en su doble acepción de economía social de mercado y protección de los derechos, especialmente los económicos y sociales y para todos. Conviene hacerlo en el doble frente práctico y teórico, esto es, arbitrando las políticas necesarias y generando teoría, doctrina, capaz de oponerse a la abrumadora hegemonía de la doctrina neoliberal, tanto más asfixiante cuanto que es un cadáver. Una ocupación esta teórica que los socialistas abandonaron hace mucho tiempo, víctimas de un practicismo ciego.
 
Y ojo al practicismo, que vuelve. Lo hace bajo fórmulas aparentemente realistas que el PSOE comparte con la derecha y son puras vaguedades del tipo de "ocuparse de los problemas reales de los ciudadanos", estableciendo un orden de prioridades sin consultar a esos mismos ciudadanos. La Convención puede decidir y seguramente lo hará en el anunciado programa, reducirse a las políticas prácticas y olvidarse de los asuntos de principios, siempre incómodos, como los fastidiosos temas de Estado.
 
Pero es un error porque deja a los ciudadanos una opción entre extremos: el inmovilismo en todos los terrenos de la derecha, incluso una posterior involución, y el proceso constituyente de Podemos en el que se podrá discutir de todo porque todo está abierto y en cuestión. Entre ambos hay un espacio amplio ocupado por gente que quiere cambios sustanciales pero acotados. Acotados ¿a qué? Pues a la cuestión de la Iglesia y el Estado, la de la Monarquía y República y la del carácter plurinacional de España. No se trata de que se saquen una fórmula del caletre, aunque con la federal ya lo han hecho, pero sí de que no se nieguen en redondo a abordar la cuestión llegado el caso.
 
En definitiva, el problema mayor de los socialistas es el crédito. Lo tienen bajo mínimos. Recuperarlo no va a serles fácil. Y menos si siguen colaborando con un gobierno que se niega a dar cuenta de sus actos en el Parlamento y no asume responsabilidad política alguna por prácticamente nada. Y muchísimo menos si son incapaces de cumplir con su deber de oposición y presentar una moción de censura ya.
 
Por eso, mucho dependerá del discurso de hoy de Sánchez en la Convención. Si anuncia la moción de censura, reconstruye la opción socialdemócrata, tanto en el plano práctico, factible, como en el teórico o de principios y anuncia políticas de socialismo democrático estará en la senda de la recuperación y además se hará un favor a sí mismo, consolidando su posición con el apoyo de los barones que han hecho una exhibición de unidad.
 
La unidad es mandato de supervivencia. Unidad interna. Es suicida que haya gente conspirando por los rincones y malmetiendo. Al PSOE le interesa terminar con eso sin perjuicio, naturalmente, de la libertad de los militantes para ir por ahí haciendo su vida. Combinar ambas cosas es muestra de sabiduría. Unidad con libertad. Es hermoso ver la libertad en compañía de la lealtad; pero no es imprescindible. Si la libertad no permitiera la deslealtad no sería libertad.
 
Pero esa unidad debe ser incluyente, aglutinante. Está bien que en el PSOE haya una corriente organizada, Izquierda Socialista. Pero estaría mejor que tuviera mayor relevancia y peso. Ahora, además, hay muchos socialistas pasándose a Podemos y otros están ocupados montando puentes y pasarelas que apuntan a posteriores trasvases. No haría mal el PSOE ofreciendo acomodo en su seno a esos grupos de protestones de la izquierda. A lo mejor podía invitarlos a la redacción del programa. Sería un gesto.
 
Los socialdemócratas españoles podían recordar el caso del laborista británico Ken Livingstone, llamado Ken el Rojo, un trotskista que fue dos veces alcalde de Londres entre 2000 y 2008, creo, bien es cierto que la primera como independiente porque los laboristas lo expulsaron. Lo readmitieron para la segunda porque los trotskistas han sido siempre una fuerza en el Partido Laborista. Eso aquí es impensable. ¿Por qué?

dissabte, 31 de gener del 2015

La marcha por el cambio de marcha.


Todas las expectativas desbordadas.

Jornada, efectivamente histórica llena de enseñanzas para tod@s, incluid@s l@s organizador@s superad@s por la respuesta popular, aunque no tanto como quienes anhelaban que fracasara.

Se ha cerrado el ciclo del 15M de hace tres años. Quienes, instigados por la indignación, pusieron en marcha aquella movilización social, han cubierto una etapa y comienzan otra. Han vuelto, pero organizados, con un objetivo, con un lider indiscutible. Ya no levantan las manos vacías. Ahora las traen llenas de votos.

Quienes se reían de la indignación achacándola  a las alucinaciones de un viejo francés gagá han descubierto que los gagás son ellos, mercenarios ridículos de la pluma y el plató.

Quienes decían que, si los del 15M querían hacer política se presentaran a las elecciones, han perdido las pasadas del Parlamento europeo, temen perder las municipales y no saben cómo frenar el avance electoral de estos frikies antisistema, si encargar otro sondeo preelectoral o dejarse crecer la coleta.

La calle es de Podemos. En Vista Alegre no llenaron el aforo y votó menos del 50% de la militancia, a pesar de que el voto era bien sencillo, telemático. Quedaba por mostrar que un partido hecho a base de redes, virtual, era capaz de ocupar la realidad tridimensional. Y lo ha conseguido, sin publicidad, sin propaganda, casi sin medios. Hace un par de semanas los de UPyD se cubrían de ridículo en este mismo sitio reuniendo a menos de cien personas para protestar contra el gobierno. Y no es agudo achacar el fracaso a la desagradable figura de Rosa Díez. Si el PP o el PSOE, con un líder reciente y de buen ver, convocaran en Sol no reunirían mucha más gente, ni siquiera haciendo trampas y trayendo funcionarios con doble paga y parados con bocata como hacen los sinvergüenzas del PP.

Reunir ese gentío sin un motivo específico, como un acto abstracto de protesta contra el Todo de un sistema corrupto es un gesto filosófico de hondo alcance. Refleja el hastío de la gente con esta banda de ladrones y parásitos del gobierno, su partido y buena parte del resto de formaciones  e instituciones políticas. Podemos ha dado la señal y la gente ha tomado la iniciativa, que es suya desde el 15M. Porque, como señalaba ayer Palinuro, en línea con sus reflexiones de hace tres años, esta movilización social es autopoiética. Aquí viene todo el mundo, incluso quienes lo hacen desobedeciendo las órdenes implícitas o explícitas de los dirigentes cuando dicen, por ejemplo, que no haya banderas porque no quieren signos de división o faccionalismo. Y hubo banderas: banderas de Podemos, de la FGTLB y, sobre todo, de la República. Comprenderá el lector que Palinuro, viejo y correoso republicano, siguiendo la manifa desde el plató de la tele de elmundo.es, aplaudía fervorosamente.

Hicieron bien los líderes en ponerse detrás de la cabecera de la manifa para demostrar con hechos (única forma real de demostrar algo) eso de que no son ellos, no es Pablo Iglesias, quienes convocan sino que es la misma gente la que lo hace. Y, claro, entre la gente hay mucho republicano. Decía un vecino mío que no había banderas españolas. Lo de siempre. No había banderas borbónicas pero, al haberlas republicanas, ya había banderas españolas. Es más, para algunos, como el abajo firmante, las únicas banderas españolas.

Tiempo nuevo, época nueva, gente nueva. Mañana hablaremos sobre las reacciones de los demás, singularmente PSOE e IU. Ahora terminaremos con los líderes. Estos son muy importantes. Forman una piña en torno a la figura indudablemente carismática de Pablo Iglesias. Es bueno que sea así. Como lo será igualmente si alguno o algunos de ellos deben retirarse por comportamientos presuntamente irregulares. Si han de hacerlo, que lo hagan cuanto antes. La movilización, el interés general es muy superior a estas cuestiones de poca monta. Los hechos ya los han desbordado. Incluido el mismo Pablo Iglesias. Ya no son ellos. Son el país.

Ahora no pueden equivocarse, ni distraer, ni esconderse, ni repetirse, ni mucho menos, seguir copiándolo todo. Léanse los discursos. Abrumados por algo que los ha superado, todos fueron vacíos, reiterativos, pomposos e imitados, cuando debieran ser genuinos, espontáneos, auténticos, originales y creativos. Pablo Iglesias no puede subir a la tribuna delante del país entero a recitar una variante del discurso de Martin Luther King sobre el sueño.
 
Si el tiempo es nuevo, las palabras deben ser nuevas.   

La vorágine.

Cuatro elecciones en este año. Las primeras, las municipales y autonómicas que, por cierto, en donde coinciden, van a ser muy distintas, si bien eso no se advierte. Las del ayuntamiento de Madrid capital son pura efervescencia. El modelo viene de Barcelona. Allí Podemos se ha fundido con Guayem en candidatura única. En Madrid lo han hecho con Ganemos. Para que luego digan que lo de Cataluña no influye en la capital.

La confluencia madrileña carece de nombre único. Unos hablan de Frente Popular y otros de Candidatura de Unidad Popular. Aparte de las reminiscencias históricas, la dualidad parece encerrar una controversia conceptual. El frente es unidad de siglas y partidos, la CUP, pura unidad popular, unidad de los ciudadanos, que las ignoran. Es el contenido del alegato de Pablo Iglesias hoy en Público, llamando a la manifa, Es ahora. No convoca Iglesias, no convoca Podemos. La gente, la ciudadanía sin distinciones se convoca a sí misma. Es una autopoiesis, que dirían Varela y Maturana. Es unidad popular. Y, se quiera o no, asoma la oreja el populismo.

A la suma se ha sumado el sector mayoritario de IU en Madrid. Queda el sector minoritario. A ver qué hace. IU muy tocada con esta enésima escisión que ya anima a El País a hablar de desaparición. Un titular con sabor a deseo. En todo caso, teniendo en cuenta la situación de Andalucía, a la que hay que hacer frente en marzo, o sea, ya, IU tiene un serio problema de supervivencia.

Como el PSOE, aunque quiera disimularlo. Dice un segundo que las bases del partido apoyan a Pedro Sánchez. A veces es mejor callarse porque eso quiere decir que los dirigentes, los barones, el aparato, no lo apoyan. El partido se debate entre quienes quieren mantenerse puros, con su organización aparte y quienes tratan de tender puentes con esa especie de magma a su izquierda que tiene fuerza de atracción.

Obviamente, todas las alianzas que se hayan hecho o se hagan estarán presididas por la premura y el cálculo electoral. Sería absurdo que pensaran en otra cosa quienes se llaman "ganemos". Serán alianzas pendientes de pasar la prueba de fuego en dos momentos.

Para empezar, la campaña electoral de hecho será de tres terribles meses. En esos tres meses incidirá el PP, cuya táctica parece ya clara: vender el discurso de la recuperación y, como nadie lo cree, cargar sin descanso contra los adversarios, especialmente los adanes de podemos. Montarles escándalo tras escándalo, difamarlos, llevarlos a los tribunales, acusarlos de lo que sea, tratar de destrozarlos.

Influencia tendrán en la campaña las elecciones andaluzas de marzo en las que también figura Podemos. Lo importante en ellas será el resultado del PSOE. Ya hay quien quiere llevar a Susana Díaz en andas a La Moncloa. Parece un cálculo algo pintoresco teniendo en cuenta que, para el mes de julio, cuando Díaz haya de reñir las primarias del PSOE, estará dando a luz. Puede ser, desde luego, pero parece poco probable. Lo indudable, sin embargo es que este plan andaluz muestra que hay gente en el PSOE (cuánta y cuál está por ver) que da a Sánchez por amortizado y está loca por encontrar un sustituto.

El PSOE en Madrid tiene poca relevancia mediática. Han buscado un alcaldable tertuliano, pero es evidente que no tiene el tirón de algunos de sus rivales en los medios. Hay un factor que ninguno de los dos candidatos cuenta y es que la gente no los ve como candidatos ganadores porque su partido lleva veinte años perdiendo. Determinante sin duda será quien personifique la candidatura llamada popular  que a su vez, se enfrentará a la de la derecha asimismo llamada "popular". En distinto sentido, se entiende.

¿Y Grecia? La influencia de Grecia será formidable. Si Syriza se sale con la suya de un modo u otro, Podemos recibirá un gran impulso. Si, por el contrario, muerde el polvo o claudica, también de una u otra forma, la decepción minará el impulso de aquellos. También serán muy importantes las señales que mande la UE a nuestro país directamente o a través de Grecia. Porque Grecia no es España, según nuestros ilustres líderes, pero España sí es Grecia. Y lo primero que ha hecho la España oficial es recordar que los griegos nos deben más de veinte mil millones de euros. En algún sitio he leído que cada español es acreedor de Grecia por 555 euros. Todos los días se lo van a recordar.

Resistir esta campaña electoral tendrá su mérito.

Y luego llegará la segunda parte del bautismo de fuego. Realizadas las elecciones, vistos los respectivos porcentajes, hay que repartirse los puestos, los cargos, las responsabilidades. Viene aquí a la memoria una de esas pruebas de la sabiduría de los notarios, cuerpo con un profundo conocimiento de la naturaleza humana por razón de su experiencia. Cuando en una sucesión en la que se cuenta más de un heredero o legatario se dice que no hay problema porque se llevan muy bien, los notarios aconsejan esperar a redactar el cuaderno particional  para ver si se llevan bien o no.

Aquí lo mismo. Los gobiernos municipales no se improvisan. La vida de los ayuntamientos es, como solía decir el fallecido juez Joaquín Navarro, "municipal y espesa" y pondrá duramente a prueba la capacidad de gestión de unas asociaciones y coaliciones inestables, más hábiles en debates teóricos que en la administración cotidiana en condiciones, además, presumiblemente hostiles.

Y según se esté lidiando con los resultados de las elecciones de mayo, se echarán encima las catalanas en las que, irónicamente, Podemos puede tener mejor resultado que los dos partidos dinásticos juntos, haciendo quizá honor al grito de alarma del independentismo para el cual, los de Pablo Iglesias son la nueva formación españolista. O quizá no. No se debe subestimar el notable eclecticismo de Podemos.

Todo para llegar a noviembre con la lengua fuera. Y eso si no prospera una nueva intriga interna por ahora minoritaria en el PP de quienes consideran que Rajoy debiera adelantar las elecciones generales para coger a los socialistas desarbolados y a los de Podemos en ciernes. O si no se monta una plataforma de apoyo a un retorno de Aznar. 
 
Tales eventos son muy poco probables. Si se dieran, habría que reescribir entero este post. Y no sé si las cuadernas de Palinuro lo aguantarían.

divendres, 30 de gener del 2015

Podemos y la Historia.


Por una vez Palinuro está de acuerdo con Julio Anguita. En parte. Él no lo expresa así. Cuando leyó la entrevista con el excoordinador de IU ya tenía redactado el título Podemos y la Historia. Para Anguita la historia ha dado la oportunidad a Pablo Iglesias. Para Palinuro, a Podemos. La discrepancia no es menuda, pues se refiere al sujeto. Anguita, con una visión más caudillista, se refiere a la personalidad; Palinuro, más colectivista, a la multitud. Marx enseña que la historia la hacen los hombres pero, añade, en condiciones determinadas. Determinadas... y determinantes. Anguita, que es noble, se identifica con Pablo Iglesias. Y la historia ¿no le dio la oportunidad? Lo que no le dio fue las condiciones. No le dio las multitudes, mediante las cuales la personalidad hace la historia. Y sí se las ha dado a Pablo Iglesias. La historia de la razón no tiene por qué coincidir con la razón de la historia.

Pero bueno, lo esencial es que aparece la conciencia de que la Historia está a la puerta. Los de Podemos la tienen y la irradian. Por eso han convocado esa Marcha del cambio que ven como un hito más en un proceso de cambio histórico y, si este término resulta en exceso vago, de cambio de época, de nuevo giro copernicano en el que la democracia, en lugar de pivotar sobre los poderes no electos, lo haga sobre la ciudadanía.

Si un giro copernicano no es historia, no sabemos qué lo será. Pero sí lo sabemos. Lo sabemos tod@s. No solo l@s de Podemos. Tod@s. Especialmente los dos partidos dinásticos y el conjunto de instituciones oficiales y oficiosas en el que han amurallado. En ese baluarte hay la misma conciencia de giro histórico que en el exterior y desde él ha comenzado a armarse un poderoso frente anti-Podemos que frene su avance y, a ser posible, destruya la empresa. A ese frente, en el que, bien se ha visto, se recurre literalmente a todas las armas, ardides, triquiñuelas, provocaciones y mentiras en un espectáculo diario de juego sucio indignante, se han sumado en los últimos días dos unidades combatientes de distinto peso. De un lado, El País, del otro el presidente del gobierno.

El País no desdeña ya sumarse a las denuncias de escándalos no suficientemente probados y con tintes de amarillismo. Además, ha decidido emplearse a fondo en una especie de deconstrucción de Podemos. Parece habérselo encargado a sus columnistas más brillantes. Así, ha publicado tres piezas seguidas de John Carlin, la última de las cuales se titula La religión por otros medios, tan inteligente y brillante como su título y como las otras dos. Es una acertadísima disección de Podemos, con sus virtudes y defectos, abundancia de defectos, cierto. Pero deja de lado algo importante: Podemos es una realidad (hace un año todo lo más era una quimera) viva, cambiante, on the go, in fieri. Se está haciendo, está ocupando el espacio público. El mediático y la calle. El 31 se verá. Pero lo importante es que, frente a él, no hay nada. Carlin lo reconoce al no dar papel al partido socialista y admitir que Rajoy no es adversario.

Pero se ha sumado. Mejor fuera que no lo hiciera. Vino hablando de adanes, un término pintoresco que delata una mentalidad momificada. Y ahora se enfrenta a la amenaza de giro copernicano, cambio histórico, subrayando el valor de la estabilidad, la paz, la quietud, la vida cotidiana y la seguridad de que mañana habrá pan en los supermercados. El discurso del miedo al caos. Aparte de su cobardía y necedad, ese discurso tiene un defecto mortal: que es falso. No hay una contraposición de la estabilidad al caos sino del caos real al caos imaginario.

Hace ya siete años que los ciudadanos vivimos en una situación de caos, disfrazado de crisis económica para difundir la idea de que es transitorio cuando es permanente y estructural. Sin duda hay una crisis económica, probablemente provocada por la codicia y la ineptitud de las élites económicas. Pero esto no hace al caso. Nada tienen que ver con la crisis económica la corrupción generalizada, los abusos de los políticos, la venalidad de la administración, la perversión de la justicia o el uso de los medios como aparatos de propaganda. Si los ciudadanos no saben si los medios los manipulan, los gobernantes les mienten, los funcionarios les roban o los jueces prevarican, la sensación es de desamparo y caos. Como, además, no llegan a fin de mes, esa sensación se torna en indignación. Y las multitudes salen a la calle.

Así lo hicieron el 15M. Y si, en ese momento, hay alguien capaz de encarnar la indignación, darle un sentido, convertirla en un instrumento de acción, ese alguien puede cambiar la historia. Ahí es donde está la personalidad de Iglesias, a quien nadie da nada, sino que es capaz de convertir las ideas -o la indignación- en una fuerza material. Algo que los demás no consiguen hacer y la prueba es que el país está lleno de aspirantes a hacerlo, presentes y pasados, Anguita el primero. Pero no saben. O no pueden.

Dos últimos puntos: 1º) comprendo que a los españoles nos encantará que, si hay un cambio histórico, lo sea en toda España, Cataluña incluida. Pero los signos son que Cataluña -al menos el nacionalismo catalán- ha optado por hacer su propio giro copernicano. Se plantea pues la cuestión de qué tiene que decir Podemos al respecto. Y es difícil porque aquí Podemos sí tiene alguien enfrente, el independentismo, cuyo discurso no es el de las vaciedades del caos o el del atolondramiento del PSOE sino el de la aurora nacional.

El 2º) punto hace referencia al PSOE. No es una buena idea cerrar filas con el frente antiPodemos. No está en su naturaleza ni en su interés actual. La alianza con el PP -ayer se firmó el acuerdo sobre la retrógrada reforma del Código Penal- es suicida porque se basa en el supuesto de que el bipartidismo fucionará cuando lo cierto es que, si lo hace, será a costa de los socialistas. Un caso obvio en el que te buscas la ruina si consigues lo que pretendes. Con un PSOE desdibujado, si hay que votar entre dos, los dos son PP y Podemos.

Encontrar un punto intermedio entre ambos es muy difícil, sobre todo porque no puede ser intermedio o equidistante. El PSOE no puede estar a la misma distancia de Podemos que del PP. Encontrar, sin embargo, un lugar distintivo propio es vital y eso no se hace a base de acuñar consignas de mítines, aunque sus resultados sean consignas de mítines. Los socialistas tienen que reflexionar, pero tampoco con tanta parsimonia que les pase la historia de largo por la puerta de su casa.