dilluns, 18 d’octubre del 2010

La fe obnubila

La gran ventaja de la entrevista que ayer publicaba El País a Arnaldo Otegi es que fue por escrito, no hablada. Lo escrito permanece y no cabe desautorizarlo después como mal transcrito o extraído de contexto. Y, de acuerdo con lo escrito, las reflexiones de Otegi son de mucho interés y merecen consideración.

Pero antes de hacerla es oportuno recordar que Otegi lleva un año preso en la cárcel de Navalcarnero. Un año en que, contra lo que se oyó el pasado de que, si se encarcelaba a Otegi, ardería Euskadi, en Euskadi no ha ardido nada y de Otegi no se acordaría nadie de no ser por El País. No es un indicador científico, pero da una idea del impacto real que tienen en la sociedad los discursos políticos del tipo que sean, sobre todo cuando pretenden movilizar a la ciudadanía. Muy moderado.

Pero no da la impresión de que Otegi lo haya entendido así, pues sigue viéndose (él y la izquierda abertzale) a la cabeza de una mayoría social abertzale de izquierda. No sé de dónde le sale esta cuenta pero, al referirse al futuro, hay que estar abiertos a la posibilidad de que sea correcta. Lo importante ahora es lo que atañe al pasado y al presente.

Aquí Otegi no dice nada nuevo porque reitera el sinuoso razonamiento de Anoeta: 1) compromiso de emplear en exclusiva la vía política; b) petición a ETA de que declare una tregua permanente y verificable; c) aceptación de que no haya contrapartidas políticas; d) exigencia de contrapartidas políticas en la negociación sobre los presos de ETA; e) exigencia de contrapartidas políticas en la posterior negociación y acuerdo para poner fin al "conflicto".

O sea, lo de siempre, si bien revestido con mucha hojarasca. Sostiene Otegi que la teoría del entorno de ETA no es más que una treta policial y judicial para machacar a la izquierda abertzale, pero luego habla como el brazo político de la organización armada.

Una tregua permanente (sea lo que sea "permanente") no es de ni de lejos suficiente. ETA no tiene otra salida que deponer las armas definitivamente y disolverse. Las treguas y todo lo demás es tratar de sacar partido de lo que se dice que no va a sacarse partido, esto es, la amenaza del empleo de la violencia.

De hacerse así, el panorama se aclara de una vez y no es preciso andar procurando negociaciones: ETA desaparece, Batasuna y la izquierda abertzale cumplen la ley, hay elecciones municipales con participación de todos y cada cual obtiene la representación que le corresponde. A partir de ahí empieza la política. A la luz pública, en órganos representativos, no en las covachas de las "negociaciones".

Si, efectivamente, en el Parlamento de Vitoria llegara a haber una mayoría independentista, el Gobierno de España tendría un problema serio. ¿Cuánto de serio? Los independentistas catalanes han sacado a menos de seis por ciento del electorado a las consultas soberanistas de este fin de semana en Tarragona. No pretendo igualar Cataluña con el País Vasco y admito que los independentistas vascos sacaran el doble, un doce por ciento. Sigue siendo una cantidad escuálida. En todo caso la seriedad del problema no deriva de su cantidad sino de una cuestión de principio: el Estado no reconoce el derecho de autodeterminación de las naciones o nacionalidades que lo integran.

Y ahí es donde está el fallo, en que debiera reconocerlo. El principio esencial del liberalismo de raíz lockeana es el "gobierno por consentimiento". Y consentimiento quiere decir consentimiento. El Estado que gobierna sin consentimiento de los gobernados es tiránico, cosa que ningún Estado es gustoso. En todo caso, este asunto del reconocimiento o no reconocimiento del derecho de autodeterminación es mucho más peligroso para la continuidad del Estado que la existencia de una organización terrorista. Mientras haya ETA en tregua o no tregua, justificará el estado de excepción de hecho y la imposibilidad de tratar cuestiones como la autodeterminación con espíritu civilizado. Es obvio: ETA es el obstáculo principal en el avance de Euskadi hacia la autodeterminación. Y no lo es menos, después de la entrevista: Otegi ni Batasuna entera se atreven aún a decir a ETA que desaparezca.

(La imagen es una foto de www.ukberri.net, bajo licencia de Creative Commons).

diumenge, 17 d’octubre del 2010

La guerra civil.

Al recaer sobre Eduardo Mendoza el premio Planeta reconoce la obra entera de un magnífico escritor, aparte, naturalmente, de los méritos que pueda tener la novela premiada, que los tendrá. Mendoza es un gran novelista de vieja prosapia, un novelista literario, cosa que se puede decir desde el momento en que hay novelistas psicológicos, históricos, filosóficos, etc. Es un fabulador fabuloso con elementos reales. El último libro que le he leído, El asombroso viaje de Pomponio Flato es un divertimento rebosante de ironía.

La novela premiada, Riña de gatos, según leo, está ambientada en "el Madrid de la preguerra", expresión que ya revela que se trata de otra novela sobre la guerra civil, "maldita", como dice irónicamente Isaac Rosa, o "bendita" como dice con apasionamiento Javier Cercas. Es tan decisiva la guerra civil española para los españoles (aunque no sólo para ellos) que condiciona además de su tiempo posterior, el nuestro, también el anterior, claro está, a nuestros ojos. Por eso seguramente la novela será extraordinaria. Mendoza dice que le interesa saber "cómo se generó la guerra civil". A él y a millones de compatriotas. Cómo se pudo llegar a aquello. Y "aquello" es la guerra civil pero, sobre todo, sobre todo, lo que vino después.

La guerra civil, el sempiterno tema español, presente en el debate actual, se quiera o no, tiene esta condición porque lo que vino después fueron 35 años de postguerra. En Winchester 73, una película de Anthony Mann que cuenta una historia de 1876, dos excombatientes de la Confederación estrechan la mano de un suboficial de caballería de la Unión, tomando a broma haber combatido entre sí a muerte once años antes. La guerra civil de los Estados Unidos apenas dejó secuelas. A los pocos años del armisticio no quedaban prisioneros de guerra y el Sur y el Norte se habían reconciliado lo suficiente para seguir viviendo juntos. Eso no pasó en España.

Una guerra civil es una quiebra de la comunidad; una quiebra que se da en todos los órdenes, en el simbólico (hay lealtad a dos banderas por ejemplo), en el religioso (los dos bandos matan en nombre del mismo dios), en el artístico (los dos bandos en una guerra civil tienen su poesía, su pintura, su música, su cultura popular), y, por descontado, en el político. En este último con consecuencias definitivas si nos rendimos a la evidencia que traduce la expresión de Foucault de que "la política es la continuación de la guerra por otros medios". Y cuando la guerra es civil, también.

Se comprende la posición de quienes insisten en que lo mejor que cabe hacer con la guerra es olvidarla, no hablar de ella, "peor es menealla". Son también los que dicen que el significado profundo de la Transición fue el olvido de la guerra o, cuando menos, el silencio sobre ella. Se comprende, pero no es una posición realista. La guerra siempre vuelve porque es inseparable de la postguerra ya que los vencedores jamás estrecharon la mano de los vencidos. Al contrario, los tuvieron 35 años como ciudadanos de segunda, sometidos a ejecuciones, torturas, vejaciones y arbitrariedades. Quedan cuentas por ajustar y, mientras no se ajusten, el pasado será presente y no se podrá clausurar porque no cabe clausurar el presente.

Cercas dice que la guerra civil puede ser el Western español. Puede, desde luego. Pero la historia de España (al margen del inevitable debate de si cabe hablar de "España" en la historia de España) rebosa de Westerns. El de la guerra entre moros y cristianos, en buena medida una guerra civil, puede serlo perfectamente. Es verdad que los vencedores dieron en llamar el episodio Reconquista pero como los franquistas llamaron su sublevación Glorioso Movimiento Nacional. Western es también el descubrimiento y conquista de América y además en sentido literal del término, porque se trataba de las Indias occidentales. Lo que sucede es que en este episodio está complicado el esquema maniqueo de buenos y malos.

Los que dicen que hay que dejar escribir novelas y hacer películas sobre la guerra civil es de suponer que no ignorarán los largos años de la dictadura en que sólo podían verse cosas como Alba de América o la serie de Alfredo Mayo, Escuadrilla, Harka, ¡A mí la legión! y, claro, Raza, con guión del Caudillo. La verdad es que si la guerra civil es nuestro Western, Raza es como una película de Hopalong Cassidy.

(La imagen es la famosa foto de Robert Capa titulada Muerte de un miliciano que capta el momento de la muerte del miliciano anarquista Federico Borrell García en el frente de Córdoba el 5 de septiembre de 1936. International Center of Photography).

dissabte, 16 d’octubre del 2010

El incombustible.

Hace tiempo que la campana viene repicando a difuntos por Rodríguez Zapatero. Cada nuevo error, o rectificación, o tropiezo del Gobierno que preside, en lo interior o exterior se interpreta en modo de fuga en el sentido literal del término. Se lo ve en trayectoría declinante, debilitado, tocado, hundido; a saber si podrá sacar adelante los Presupuestos Generales del Estado (PGE), si conseguirá acabar la legislatura; así no se puede gobernar; es mejor que convoque elecciones anticipadas y se vaya.

Pero en la Música la fuga es una composición de técnica contrapuntística y, en consecuencia, lleva por lo menos dos melodías. Una es la ya reflejada; la otra, la contraria: con cada error el Gobierno aprende; con cada rectificación, se legitima; en cada tropiezo se crece. La crisis ha golpeado con especial saña, pero el Gobierno ha respondido con rapidez y contundencia. Podrá discutirse si sus medidas son más o menos de izquierda, pero está claro que han conseguido su propósito: demostrar que España no es Grecia, ni Portugal, ni Irlanda, cosa de mucho momento a la hora de calibrar la solidez de la posición internacional del Reino.

El episodio de las primarias de Madrid, se dice, ha afectado negativamente a Zapatero al haber perdido su candidata. La contramelodía rememora que el propio Presidente aceptó estas elecciones, si a regañadientes o no es aquí irrelevante; lo esencial es que las aceptó lo que implicaba la posibilidad de que su candidata perdiera. Es decir, con lo desconfiados que somos todos, sobre todo los de izquierda, quizá le hubiera perjudicado más haber ganado.

¿Y qué hay de las valoraciones populares? En la última aparece Zapatero por debajo de Rajoy. Lo nunca visto porque, además, Rajoy sigue muy bajo. Zapatero está probablemente en el nadir de su segunda legislatura. Tanto es así que varias personalidades socialistas (Barreda, Gómez y Bono por ahora) defienden la imposición del límite de dos mandatos en la Presidencia del Gobierno. La verdad es que hay razones poderosas a favor de esta idea pero también las hay en contra, como la que recuerda que, en su segundo mandato, el Presidente es un pato cojo. Y aquí arranca la contramelodía: como la decisión no se tomará ahora, el Presidente dispone de un tiempo para probar su mano por si puede ganar las elecciones de 2012, posibilidad aciaga para el PP que sostiene que Zapatero no puede garantizar la gobernación tranquila del país ni la salida de la crisis. No vamos a examinar aquí si quizá no pueda hacerlo precisamente porque la oposición le niega su apoyo. Esos reparos tienen escaso seguimiento en el PP.

Pero lo cierto es que, de nuevo contramelodía, los PGE parecen seguros y, con ellos, el agotamiento de la legislatura. Con el temporal que hay y la valoración bajo mínimos, el capitán sigue impertérrito en el puente de mando y no parece dispuesto a hacer ni una miserable crisis de Gobierno. Cuando Sáez de Santamaría afirma que los presupuestos de segura aprobación son el testamento de Zapatero no se entiende bien qué quiere decir. ¿Por qué está mal hacer testamento con lo incierta que es la vida, sobre todo la política que hoy eres ministro y mañana te ves candidato a una consejería de la Generalitat? Es posible que quiera decir que es el acta de defunción de Zapatero. Pero a la vista está que el Zapatero difunto goza de excelente salud.

Ha tenido que aguantar una huelga general en la que, al decir de los entendidos, han perdido ambos, Gobierno y sindicatos. Pero, a la vista del carácter de la conflictividad laboral en Francia, lo de España parece una balsa de aceite, y eso estará mejor o peor, pero demuestra que el Gobierno tiene controlada la situación. Quizá no la tenga tanto en lo que toca a los empresarios cuyo talante belicoso se refleja en ese exabrupto de su todavía presidente de que para salir de la crisis sea preciso trabajar más y ganar menos. En sus empresas se trabajaba más o igual y no se cobraba nada (que es el menos absoluto) y ¿no han quebrado?

¿Y la venta de España, la sumisión a los nacionalistas, el feo que se hace a Patxi López? Lo del feo a López por pactar con el PNV es igual de feo que el que hace Coalición Canaria a su socio de gobierno en el archipiélago, el PP, al pactar los presupuestos con el PSOE. Feo por feo, cada cual se queda con el suyo. En cuanto a la venta de España, los dos socios PNV y Gobierno han pactado cumplir el Estatuto de Gernika y no en su integridad. Creo que llamar "venta de España" al cumplimiento no íntegro de una norma en vigor desde 1979 desafina algo.

Y si España no se vende, los PGE se aprueban, la legislatura no se acorta, el Gobierno contiene a los sindicatos (no sé si tanto a la patronal) después de unas reformas drásticas, y las restantes se hacen, es muy posible que a fin de año se haya alcanzado con creces la reducción prevista del déficit y España demuestre que cumple sus obligaciones con la deuda. Y esa situación supondrá un punto acelerador de la recuperación prevista (lo que ya ha llevado al FMI a lanzar cohetes, prueba incontrovertible del carácter emocional de estos técnicos) como si de tratara de un efecto dominó visto en movimiento invertido.

El Bambi resultó ser verdaderamente correoso. Incombustible. No consiguen echarlo. Como pasó con González. A estos sociatas no es posible echarlos sin más, como se hizo con Suárez. Hay que ganarles las elecciones. Y de eso se trata. A poco que le sonrían los hados Zapatero ha conseguido un año, 2011, para recuperar su maltrecha imagen, cosa relativamente fácil puesto que más bajo es muy difícil que caiga mientras que, por otro lado, con el fabuloso, tentacular, turbulento caso Gürtel revolviendo aguas cenagosas todavía lo será más que remonte la popularidad de Rajoy . Si en 2011 se inicia en serio la recuperación y ETA se disuelve mientras los cargos del PP desfilan por los tribunales, ¿en qué quedarán los 12 puntos de ventaja de este partido en intención de voto?

(La imagen es una foto de galiciaefotos, bajo licencia de Creative Commons).

divendres, 15 d’octubre del 2010

La flor y nata.

Doña Esperanza Aguirre, que es como doña Rita Barberá en fino, tiene en común con ésta el carácter jacarandoso, la campechanía (algo condescendiente en el caso de la dama madrileña), en definitiva el desparpajo con que ambas sueltan los dislates; compite con ella asimismo en agresividad verbal pero le da cien vueltas en mala fe y capacidad para retorcer los hechos. Por eso es presidenta mientras que la otra es alcaldesa, dicho sea sin menoscabo de la gloria municipal.

La entrevista en Los desayunos de TVE, de la que da cuenta Público, ha sido un campo magnífico para ver en directo el despliegue de las armas de la lideresa. Dice Aguirre que simpatiza con el Tea Party estadounidense porque lo único que pide es menos impuestos, menos Estado y más nación americana. Pero eso no es verdad. Pide muchas otras cosas: el cierre de las escuelas públicas, la salida de los EEUU de la ONU, el fin de la escasa sanidad pública, que no haya comunistas en la Presidencia de los EEUU y menos si son negros (es de suponer), etc. En fin, una de sus lideresas, la candidata republicana por Delaware Christina O'Donnell, ha lanzado una campaña en contra de la masturbación con el argumento de que la Biblia la prohíbe. No soy experto en la Biblia pero me parece que, al menos el Antiguo Testamento, no prohíbe ni deja de prohibir la masturbación; lo que prohíbe es el onanismo que sólo por error ha venido a entenderse como masturbación, siendo así que Onán lo que hacía era ir contra el matrimonio levítico eyaculando en tierra cuando accedía carnalmente a su mujer, que era su cuñada. En fin, allá la señora O'Donnell con cómo entiende las cosas, pero lo que es claro es que quiere abolir la masturbación. No sé con qué logomaquias puede una liberal sostener que compete a la autoridad no ya meterse en la alcoba de la gente sino hacerlo también cuando está sola, por si acaso le da por tontear con sus partes pudendas.

Añade la presidenta de la Comunidad que el Tea party en España sería el Café party. Pero eso es otro dislate como un castillo que demuestra que la señora Aguirre no sabe de lo que habla. El Tea party no se llama así porque todos los anglosajones se comporten como los británicos y consuman todos té, cual ella cree, cegada por su patriotismo de Dama de Honor del Imperio Británico. El nombre viene del Boston Tea Party de 1773, una de las primeras escaramuzas de la independencia. Por lo demás, los estadounidenses, anglos o no anglos consumen muchísimo más café que té (ya que éste lo exportaron siempre a la metrópoli), razón por la cual carece de sentido que la señora proponga que aquí se cambie de infusión en favor de la que más se consume porque, si por el consumo fuera, también en los Estados Unidos se llamaría Coffee party.

Pero lo más divertido y en donde la dama acaba de columpiarse, después de decir que la existencia del Tea party irrita a la izquierda, es que, de hecho, el Coffee party USA existe al grito de Wake Up and Stand Up y, por supuesto, es de izquierda, lo que quiere decir que deja a la gente masturbarse en paz porque cada uno/a hace con lo suyo lo que le place y no lo que plazca a la señora O'Donnell o a su acólita la señora Aguirre.

¿Y qué decir de la mala fe en su interpretación del episodio de los fascistas brazo en alto durante los abucheos con que se consagraron los momentos más solemnes del desfile patrio? Los periodistas, que son unos metomentodo y unos quisquillosos estuvieron buscando con lupa hasta encontrarlos. Pero estaban ¿no? Y que estuvieran ¿no reclama algún tipo de explicación? Dice que a ella también la abuchean pero, al margen de que se lo toma siempre por la tremenda, nunca le ha sucedido cuando está con el Rey, la Reina, la bandera, los ejércitos y todos honrando a los muertos, lo cual en principio es sacrosanto para los abucheadores.

No obstante, la presidenta de la Comunidad, la flor, aún tiene que aprender de su maestro, la nata, que sigue mundo adelante combatiendo contra la marca España, su país, al que tanto dice amar. Encizañando, que se le da de cine. Ahora ha ido a contar a los argentinos que Zapatero ha destruido la imagen de España que él forjó. Y termina con las consignas: el Estado tiene que limitarse a garantizar la ley y el Estado de derecho, o sea a garantizarse a sí mismo y hay que evitar el intervencionismo estatal. Pues no sé yo cómo van a lograr que la gente no se masturbe.

La democracia es información, comunicación, deliberación. Pero nada de eso es posible en donde una parte actúa sistemáticamente de mala fe. ¿Un ejemplo? Está por ver un solo caso en el que, abiertas diligencias judiciales contra algún cargo público del PP por presunta corrupción -y va ya una ristra-el partido no cuestione la labor de la policía, los fiscales y los jueces con una evidente mala fe que llega a enunciar la infamia del "Estado policial". Así no hay comunicación democrática que resista.

(La imagen es una foto de Erprofe, bajo licencia de Creative Commons).

dijous, 14 d’octubre del 2010

A la cultura le ponen los cuernos.

El mundo entero ha contemplado en suspenso esa proeza de Chile de arrancar a una muerte segura a treinta y tres hombres (cosa que muchos seguimos al minuto) en una operación que ha sido un verdadero canto a la vida. En ese mismo momento el ministerio español del Interior anuncia que transfiere las competencias en materia de corridas de toros, ese canto a la muerte (muerte segura del toro y posible del torero), al ministerio de Cultura. De este modo, se dice, se devuelve a las corridas (ellos las llaman "Fiesta Nacional", igual que el doce de octubre, ahí es nada), el trato noble que merecen: son cultura. Nada de cuestión de Interior o de Gobernación al recio estilo de Franco, sino de creatividad, que no es lo mismo.

No sé si la ministra de Cultura está al tanto de lo que se le viene encima y lo defiende por estar convencida de que, en efecto, las corridas son cultura o va de florero y nadie la consulta sobre decisiones que la conciernen, que la empitonan, por ponernos taurinos. Lo que está claro es que el ministro Rubalcaba se ha quitado de encima lo que se llama una "patata caliente", un ascua en realidad, evitándose lidiar (ya que estamos en ello) a un movimiento animalista cada vez más extendido y con mayor resonancia mediática, y que tiene mucho apoyo en su propio partido.

La decisión puede entenderse también como una especie de puñalada trapera al tripartito catalán y hasta a Cataluña en su conjunto al facilitar el camino para que el PP interponga recurso de inconstitucionalidad por la prohibición de las corridas en Cataluña decidida por el Parlament. El Parlament se ha extralimitado, se escandaliza la derecha; ha ido más allá de sus competencias. No sé cómo pueda decirse que se haya extralimitado cuando la cultura es competencia autonómica; pero por decir que no quede. Por lo demás, los catalanes, que tienen sus debilidades, podrían argumentar que, puestos a defender la cultura, ellos más que nadie: expulsan las corridas por oscurantistas pero blindan a los correbous que, como puede verse, consisten en hacer al toro portador del símbolo mismo de la cultura, la civilización y hasta la libertad: la luz. Que no sea luz sino fuego es cuestion de escasa relevancia. Lo importante es que aquí está el feliz astado catalán convertido en soporte de la luz del espíritu frente a las escabechinas de los españoles.

Cultura es la palabra. Si las corridas lo son o no. Si por "cultura" se entiende, como quieren los arqueólogos y los antropólogos, todo aquello que hace el ser humano, no hay duda de que los toros son cultura con el mismo derecho que las palanganas, los chupa-chups y las Matrioschkas. Pero nadie subvenciona las palanganas, los chupa chups o las Matrioschkas. Claro, no es ésta la cultura de que hablan los corridófilos. Es de la otra, de la cultura en sentido filosófico, del arte. La tauromaquia es un arte.

Pero esto no es verdad. Las corridas pueden ser objeto de obras de arte, pero no son arte en sí mismas, si es que esto quiere decir algo. Todas las epopeyas cantan la batalla, la guerra, pero la guerra en sí misma no es arte (el concepto de "arte de la guerra" se refiere más a la "técnica") ni cultura, sino barbarie. Aunque el arte, soberana como es, puede hacer algo sublime de lo más odioso y detestable, ese es el camino que empezó a andar el Marqués de Sade, en el que tampoco llegó muy lejos en comparación con el siglo XX. El arte contemporánea ha sacado mucho partido al Holocausto; el arte, la poesía, el pensamiento filosófico. Considérese tan sólo la kilométrica Shoah, de Claude Lanzman:



Bellísimo, sin duda. Pero el Holocausto no es cultura y, digo yo, estaremos todos de acuerdo en que hubiera sido mejor que no se hubiera producido, aunque nos perdiéramos quintales de obras de arte. Así que dejen en paz a Goya, Picasso y tutti quanti. Por lo demás, si arte ha de ser, necesita una musa y, como no la hay, no se me ocurre nada mejor que adjudicarle a Pasifae, cuya leyenda es la que origina el Minotauro. Bingo.

Todas las manifestaciones artísticas son valiosas en principio, pero ese valor es un activo que se adquiere en función de lo que se aporta a la mejora de la especie, no sólo a la material, que es la más evidente, sino a la espiritual y/o moral. Y bajo ningún punto de vista civilizado es una mejora complacerse en la contemplación del sufrimiento y la muerte de ningún ser vivo, la contemplación de ese misterio que es la esencia de la naturaleza humana. La muerte. Según nos desbastamos vamos siendo más y más pudorosos con la muerte. Ya no exhibimos los cadáveres de nuestros enemigos ni hacemos ejecuciones públicas, salvo las excepciones de todos conocidas y por todos condenadas en países considerados "atrasados" y algunas también en los países considerados "avanzados". Pero la tendencia es clara: hurtamos la presencia de la muerte de la vida cotidiana: ya casi no hay sepelios y los coches fúnebres parecen limousines para clases medias-bajas. Lo primero que se hace con un cadáver es cubrirle el rostro. La humanidad busca la negación de la muerte y todas sus religiones y filosofías llevan a ese punto, incluso aquellas que, como el cristianismo, nacen del culto a la muerte pues solo la muerte de Dios en la cruz es el vínculo que lo liga con los creyentes. No siendo eso, la tendencia general es a ocultar la muerte. El arte, sobre todo el cine, la representa con harta frecuencia; pero eso es lo que hace, representarla, simularla, fingirla. En el ruedo no está representada; está presente. No siempre la relación entre poesía/ficción y verdad es tan alegre y optimista como en la autobiografía de Goethe.

¿Qué tiene de cultura una ceremonia pública cuya esencia es contradecir el sentido de la evolución moral de la humanidad, convertir la muerte en espectáculo invocando para ello la fuerza de la tradición, cómo no, y la creatividad del arte de Cúchares?

(La primera imagen es una foto de C Manuel; la segunda, de mikedangeR; la tercera, de alexisbellido, todas bajo licencia de Creative Commons).

dimecres, 13 d’octubre del 2010

Los abucheos.

Andan todos muy consternados por los abucheos que la manga de fascistas en agraz y los revenidos han dedicado este año, como todos los anteriores, al presidente del Gobierno durante el desfile del día de la Hispanidad. Todos, no; la señora Aguirre defiende a los abucheadores en nombre de la libertad de expresión porque, al ser estos de las Nuevas Generaciones del PP, según se prueba en el diario Público y en el blog de Netoratón (véase la prueba en Twitter), probablemente entre los berreones y rebuznantes habrá muchos conocidos y allegados suyos: niñatos de Serrano y sus señoras mamás, Marujas y Maripuris del barrio de Salamanca, así como sus papás, próceres liberales de misa diaria y manceba, con asiento en la subvencionada CEOE. La fuerza viva de la sociedad. Ya el mero hecho de invocar la libertad de expresión supone mala conciencia porque, ¿alguien la ha atacado? Casi todos los asistentes se han limitado a decir que los abucheos son desagradables y algunos añadimos que típico trance fascista: la algarada, el tumulto, lo que organizan sus señorías de la derecha (lo de extrema sobra) en el Parlamento siempre que tienen ocasión. Decir eso no es atacar la libertad de expresión; es ejercerla, con permiso de la señora Aguirre que, si no abucheaba, no sería por falta de ganas, pues a fuer de Grande de España es muy campechana, por más que a algunos les parezca una verdulera.

El Rey y el Príncipe de Asturias han "lamentado" los abucheos aunque quizá con cierto alivio de no ser ellos por una vez los objetos de la pitada. Pero si creen que su pronunciamiento ejercerá algún tipo de influencia sobre el comportamiento del facherío de la zona nacional en virtud de su carácter de Rey y heredero es que viven en la inopia. La derecha no conoce lealtad alguna más que a sus privilegios y, si el Rey se pone en su camino, como decía un famoso diputado de la derecha durante la República cuando se invocaba el Evangelio para hacer la reforma agraria: "¡nos haremos cismáticos griegos!" Estos se harán republicanos antes que dejar de bramar contra un presidente socialista.

Por lo demás, el Gobierno, su presidente, los ministros, el PSOE, se lo tienen ganado. Según Rodríguez Zapatero, los abucheos forman "parte del guión de la Fiesta Nacional", falsedad lamentable. Si en lugar de ser él el presidente del Gobierno lo fuera uno del PP, no habría abucheos. Así que de "guión de la Fiesta Nacional", nada. Como todos sus juicios sean así de acertados lo llevamos claro. Los abucheos son parte del guión de la derecha de atacar a la izquierda siempre que se pueda, al coste que sea, en fiesta o en sepelio, sin reparar en medios, día y noche, por tierra, mar y aire.

Dice Rubalcaba a su vez que "es una pena que la extrema derecha se apropie de la Fiesta Nacional". Primero lo de la "extrema derecha" es lamentable prueba de cobardía léxica. Nuevas Generaciones son la derecha; no la extrema derecha. En segundo lugar, ¿qué quiere? ¿Convencernos a todos de que aceptemos como "Fiesta Nacional" el desfile franquista de la Victoria, al que han vestido de seda como a la mona? Están locos estos socialistas: se meten en los nidos de víboras y se quejan de que los muerdan.

La derecha no se "apropia" de la Fiesta Nacional porque la ha hecho ella. A los demócratas nos corresponde hacer otra cosa, no contemporizar con la moral de los abucheadores. "Otra cosa" significa celebrar el 12 de octubre, día de la Hispanidad como fiesta de fraternidad entre los pueblos, sin militares, sin armas, sin amenazas. Suprimir el desfile, las banderas, las oriflamas, las fanfarrias. Mientras los sociatas sean tan cobardes que no se atrevan a devolver a la gente su fiesta, secuestrada por los militares, se merecerán los abucheos de estos impresentables en ejercicio de la libertad de expresión de la señora Aguirre.

dimarts, 12 d’octubre del 2010

El día nacional: la fiesta de la Hispanidad.

Si es que no tenemos arreglo. El espíritu reformista, consensuado, sincrético de la Transición da frutos difíciles de tragar. Había que conservar la tradición franquista del desfile militar para que no se enfadaran la derecha y los "poderes fácticos", pero parecía conveniente separarlo de la vinculación a la Victoria pues la parada militar siguió llamándose "de la Victoria" cuando menos hasta 1973, según se comprueba en el vídeo más abajo. Por ello decidióse trasladarlo de fecha haciéndolo coincidir con el día de la Hispanidad, el 12 de octubre, festividad de la Virgen del Pilar y en otras épocas, día de la Raza. De ese modo, pensaban los impulsores de este cambio, se mataba el segundo pájaro de librar al ejército del secuestro a que lo tuvo sometido el franquismo al servicio de su bandería política durante cuarenta años, devolviéndolo a una efeméride nacional, de todos los españoles. Así que aquí está la Legión, los novios de la muerte, con su proverbial gallardía, al paso de marcha legionario, a celebrar el día de la Hispanidad, reconvertido en fiesta nacional española. La Legión, ese invento de Millán Astray calcado de la Legión Extranjera francesa, compuesta por prófugos, delincuentes, desertores de otras guerras, apátridas, etc, como el Tercio de Extranjeros español.

Qué tenga que ver esto con la Hispanidad es un misterio. La Hispanidad en sí misma es un misterio, objeto de todo tipo de críticas, contracríticas y desacuerdos no solamente a ambos lados del Atlántico sino en cada uno de los países que la integran. Las diferencias de interpretación son abismales, desde quienes consideran el descubrimiento de América la puerta de entrada del mundo a la Modernidad hasta quienes dicen que, de descubrimiento, nada: el primer genocidio de la historia. La Hispanidad, el concepto del cura Zacarías de Vizcarra, recogido y ensalzado por Ramiro de Maeztu, hizo fortuna singularmente entre los falangistas ilustrados al estilo de Giménez Caballero pero no solamente entre ellos ya que, por ejemplo, es la base del gentilicio gringo de Hispanic, que se usa mucho como elegante intermedio entre el blanco y el negro. La Hispanidad, ese terrain vague en el que se libra el eterno contencioso de España consigo misma.
Es en la propia Hispanidad en donde vuelan los botellazos. Por ejemplo, no es casual que muchos países latinoamericanos celebren el desfile militar en conmemoración de su independencia de España. La Hispanidad está hecha por pueblos que se separaron de España mediante la guerra. y, unos más que otros, han mantenido relaciones difíciles con la Madre Patria. Sin embargo eso no quiere decir que no haya entre ellos conciencia de comunidad hispánica. El domingo se celebró en Nueva York el desfile del día de la Hispanidad, precisamente presidido por España y con participación de los países latinoamericanos. Pero fue un desfile civil, pacífico, festivo.
Esa es la gran diferencia. ¿A quién diablos se le ocurre celebrar el día de la Hispanidad con un desfile militar que es siempre algo amenazador, una demostración de fuerza y, encima, inútil? ¿Cómo defender una idea de la Hispanidad en tanto que comunidad de lengua y cultura mandando por delante al Tercio de Extranjeros? Si los españoles queremos constituir algo parecido a la Commonwealth o a la Francophonie, que nos queda un trecho, tendremos que mostrar algo más de tacto.
Propongo suprimir el desfile militar (ese "coñazo", al decir de un espontáneo y sincero Rajoy) de una vez por todas, el 12 de octubre o cualquier otro día y sustituirlo por una alegre fiesta y parada civil con participación de los países latinoamericanos de los que hay amplia representación en España. Eso contribuirá algo a su integración.
Por otro lado, si de lo que se trata con el desfile es de disuadir a algún potencial enemigo, bastará con enviarle un pen drive con un estado general de las fuerzas armadas con el detalle que se juzgue estratégicamente conveniente.

Actualización a las 13:00.
Suprimiendo el desfile nos ahorraríamos los abucheos que son la forma del rebuzno con que los zangolotinos de Nuevas Generaciones y sus mamás y papás del barrio de Salamanca obsequian todos los años a Zapatero, al Rey y, de paso, a esos caídos que tanto dicen honrar

(La imagen es una foto de Roberto García Fadón, bajo licencia de Creative Commons).

dilluns, 11 d’octubre del 2010

La monarquía comunista

Bueno, ya está: el Líder Supremo o Querido Líder Kim Jong-il, Presidente de la Comisión Nacional de Defensa, Comandante Supremo del Ejército Popular de Corea y Secretario General del Partido de los Trabajadores de Corea (PTC) (partido comunista), el mandamás absoluto de Corea del Norte, parece haber decidido que su sucesor sea su tercer hijo, el jovenzuelo Kim Jong-un, de 27 años. Previamente lo ha hecho nombrar General de Ejército o sea, el máximo mando del ejército por debajo del Capitán General; también lo ha cooptado al máximo órgano de dirección del PTC. Tras este vertiginoso y sin duda merecidísimo ascenso, insisto, a los veintisiete años, el mozalbete se ha mostrado junto a su padre (quien, como se ve, siempre decide en bien del pueblo) en el día de fiesta más grande del país después del de cumpleaños del Querido Líder: el de las fuerzas armadas. Hay un elemento iconográfico camp en ese hecho. Recuerda las apariciones (y desapariciones) en la tribuna presidencial de la Plaza Roja en Moscú durante los desfiles del 1º de mayo y del aniversario de la victoria en la Gran Guerra Patria. Los kremlinólogos entonces y los coreanólogos ahora, interpretaban los leves movimientos de aquel poder paquidérmico y hierático escudriñándolos en busca de señales sobre las tendencias, favores y desgracias.

En este caso ya no es una tendencia sino un hecho práctico que Corea del Norte es una monarquía comunista. Alguien podría pensar que este enunciado es un oxímoron como El banquero anarquista de Pessoa. Pero igual que el banquero razona y demuestra que se puede ser banquero y anarquista (incluso, que la única forma de ser anarquista es ser banquero) sin duda los comunistas podrán demostrar que cabe la monarquía comunista y que la única forma de implantar el comunismo es a través de la monarquía. Con lo cual no se explica porqué tienen esa manía al Borbón actualmente reinante en España, cuando bastaría con convencerlo de que se afiliara al partido o, mejor, que aceptara la Secretaría General. Y él, demócrata como dice ser, seguro que lo hacía encantado una vez que hubiera visto lo bien parado que queda el monarca coreano con una prensa sumisa y unos medios que lo aclaman mientras que en esta seudodemocracia española todos y todas se creen con derecho a criticar a la Corona e, incluso, pedir su sustitución por una república, como este impertinente bloguero.

Porque de monarquía se trata se pongan sus partidarios como se pongan. La esencia de la monarquía es el carácter hereditario del poder dentro de la misma familia. Es verdad que ha habido monarquías electivas, como el Sacro Imperio pero el meollo de la monarquía es el principio dinástico, la trasmisión de la corona de padres a hijos que, en el fondo, es la trasmisión del Reino en su concepción premoderna de propiedad del Rey. Y eso es lo que sucede en Corea del Norte. Y no porque el "Príncipe de Asturias" coreano haya aparecido en el desfile, desatando especulaciones que pueden ser o no ciertas, sino porque su señor padre, el omnisciente Kim Jong-Il, a su vez, fue en su momento el heredero del suyo, abuelo del actual sucesor y fundador de la gloriosa dinastía Kim, Kim Il-sung, padre de la Patria, secretario general del PTC y creador del Estado de Corea del Sur.

En teoría el comunismo y la monarquía no son compatibles. ¿Será entonces que Corea no es comunista? Los comunistas, como suelen, están divididos: unos dicen que sí y otros que no, admirable prueba de unidad doctrinal. Quienes dicen que sí razonan que no hay que perder el tiempo en consideraciones superestructurales sino atender a la vida real de la gente y el modo de producción, la enseñanza, la sanidad, el nivel de vida, etc., etc., lo que suele invocarse para justificar la tiranía. Y apoyado en una variante simpática del pragmatismo de Mel quíades Álvarez y su teoría de la accidentalidad de las formas de gobierno. Gato blanco, gato negro; lo importante es que cace ratones. Rey o plebeyo, lo importante es que el comunismo avance. Pero esto último no suena nada convincente.

Los comunistas "negativistas", los que niegan que Corea del Norte sea un Estado comunista salen mejor parados a corto plazo, pero mucho peor a largo porque deben explicar qué sea entonces un Estado comunista. Y héteme aquí que no lo hay. Tampoco la República Popular China, aunque dice ser comunista, es comunista de verdad para los negativistas. De serlo tendrían los comunistas que explicar cómo sería compatible el comunismo con las formas más brutales de acumulación primitiva de capital con explotación salvaje de la mano de obra tanto en beneficio privado como del Estado.

A su vez, tampoco la Unión Soviética era una sociedad verdaderamente comunista. En realidad, se hundió precisamente porque no era comunista. Esto se oye y se lee, no me lo invento. He llegado a oír que, cuando se hundió, la Unión Soviética era en realidad un Estado fascista. Y si la Unión Soviética (sobre cuya naturaleza como Estado llegó a debatirse tanto como sobre la cantidad de ángeles que cabían en la cabeza de un alfiler en la Edad Media) no era un Estado comunista, ni mención merece hacerse de sus hijuelos en Europa central y oriental. En verdad unas satrapías en las que la corrupción de la metrópoli moscovita se intensificaba y adquiría colorido local. Personajes como Ceaucescu, Ladislao Gomulka o Erich Honecker eran tan comunistas en su actitud vital como el banquero de Pessoa era anarquista, pero mucho más indecentes y despóticos.

Ningún país comunista ha sido verdaderamente comunista. Entonces ¿qué es el comunismo? Una teoría que no se puede refutar ni siquiera a través de los resultados que ella misma produce es una teoría inefable, una teoría no científica según los criterios de Popper. Y eso para el comunismo es mortal porque siempre ha sostenido ser científico. Y no; resulta ser utópico: una doctrina excelsa, suma de todo bien sin mezcla de mal alguno (como la virtud en el catecismo del Padre Ripalda), siempre que no se aplique en la realidad. Cuando se hace, da lugar a unas monstruosidades de las que, como se ve, reniegan sus propios partidarios... cuando, para suerte propia, pueden hacerlo porque viven en otra parte.


El lector avisado habrá observado que queda fuera de la consideración el caso de Cuba. No merece la pena entrar en una manigua de tanta pasión y en la que los españoles suelen perderse por razones afectivas. A los efectos del post puede señalarse la variante cubana de la sucesión, que no es de padre a hijo sino de hermano mayor a hermano menor. El caso es que prevalezca la familia, célula básica de una sociedad católica como la cubana.


(La primera imagen es una foto de The Globe and Mail, uploaded on en.wiki 08:20, 30 September 2010 by Harro5 and transfered on Commons. En cuanto a la licencia, se invoca el siguiente criterio de Wikipedia: An image of historical importance as the first photograph of Kim Jong-un officially released by the Democratic People's Republic of Korea. The image was first published in Rodong Sinmun, as BBC News reported. An equivalent free version would be difficult to obtain, since Kim Jong-un makes few public appearances, and North Korea is a closed country).

(La segunda es una foto de Inmigrante a media jornada, bajo licencia de Creative Commons).

diumenge, 10 d’octubre del 2010

La clave humana.

Es emocionante el rescate de los 33 mineros atrapados a más de seiscientos metros bajo tierra. Es un prodigio de ingeniería. Una máquina capaz de perforar a tanta profundidad hasta dar con el habitáculo en que se encuentran los 33 hombres es algo difícil de imaginar. Y mantenerlos con vida durante los más de sesenta días que llevan sepultados, enviándoles alimentos y objetos e imágenes así como recibiendo las de ellos por medio de una sonda ha sido casi un milagro y ha permitido que los más de dos meses pasen más rápidos. La tecnología es decisiva en la vida del hombre. Lo lleva a la luna y lo arranca con vida de las entrañas de la tierra, el reino de los muertos. Es Zeus que ordena a Hades que devuelva a Perséfone, secuestrada y sepultada en los infiernos, a la faz de la tierra y la presencia de su madre.

Pero lo más emocionante ha sido el factor humano. El buen ánimo de los sepultados, la solidaridad de las familias que han acampado en la explanada a la entrada de la mina, han mancomunado sus esfuerzos y han evitado vivir el drama en el aislamiento y soledad de sus hogares. Todo ello ha sido el principal impulso en las tareas de rescate. La existencia de un mundo virtual compuesto de imágenes, voces, sonidos entre las dos orillas ha sido un elemento decisivo en la conservación de la esperanza y el espíritu. He aquí una situación en que lo virtual demuestra su extraordinaria aportación a la mejora de la vida, que no todo ha de ser esa crítica tan frecuente mezclada de queja de que vivimos en un mundo virtual y perdemos la noción del contacto con el mundo verdadero. En realidad el virtual es más verdadero que el verdadero porque sin el, ¿qué sabríamos de éste? ¿Cómo imaginaríamos que estarían los hombres atrapados? ¿Qué pensarían ellos que habría pasado con los de arriba?

Es siempre la clave humana la que tiene la explicación de las cosas, pero no se recurre a ella porque se considera muy subjetiva, poco científica. Además lo humano suele ser cambiante y engañoso y no cabe acercarse a ello por medio del raciocinio sino de forma empática, cosa que se presta a todo tipo de confusiones. Pero es que la realidad es muy confusa; casi parece fantasía.

En los últimos días ha habido sus más y sus menos en el PSOE acerca del liderazgo de Rodríguez Zapatero. Ha sido una de las consecuencias de la derrota del Presidente en las primarias de OK Corral. El cuestionamiento del liderazgo del líder, procedente de algún llamado barón territorial (los de Extremadura y Castilla-La Mancha) ha tropezado con una especie de toque a rebato en el campo socialista de forma que todos han cerrado filas en torno al jefe asegurando además que es el más adecuado para sucederse a sí mismo, que es la forma más simple de sucesión que se conoce. Hasta el presidente castellano-manchego, Barreda, que insistía en la idea de limitar a dos los mandatos en la Presidencia del gobierno, acabó dando marcha atrás y reconociendo haber metido la pata, aunque en términos más comedidos. La reacción adversa, encabezada por la vicepresidenta del Gobierno para quien no hay más líder que Zapatero y ella, su sibila, dejó a Barreda tambaleante haciendo protestas de lealtad canina al lider cuyos mandatos pretendía limitar.

El aparato del partido, sus dirigentes intermedios, aquellos militantes destacados que aspiran a más altos designios tienen prisa por aclarar las condiciones del juego para plantear su estrategia. Las carreras políticas no llevan todas el mismo ritmo. Ni el tiempo es el mismo para todas. Los más jóvenes tienen prisa; los más longevos van al ralentí. Y en algún caso la clave humana, la gran olvidada, reaparece exigiendo antención.

Desde aquel Zapatero exultante que en 2004 prometía no fallar y en 2008 alcanzar el pleno empleo hasta el de hoy ha pasado la más profunda crisis del capitalismo desde la de 1929, como si fuera el carro de Moloch por el huerto. El impulsivo gobernante de la primera legislatura, referencia europea de la socialdemocracia de izquierda, se ha convertido en una figura abrumada, casi noqueada que se obstina sólo por fuerza de voluntad en mantenerse en el cuadrilátero. Se ha empeñado en domeñar una crisis que no previó, no predijo y se negó a admitir hasta que el cielo le cayó en la cabeza. Trabajar, trabaja probablemente hasta la extenuación y vive entregado a esta tarea como se delata por su apariencia taciturna y expresión ausente, pero el caso es que nadie y, menos que nadie, él sabe si tendrá éxito o no. Esperar a averiguarlo puede ser mortal para un partido que va catorce puntos por debajo en intención de voto respecto a la derecha y cuyo líder tiene un grado de desprestigio ya similar al de la oposición. Plantarse ahora puede ser peor porque se atisban signos de recuperación y, de todos modos, no hay tiempo de fabricar un líder a no ser que se repita el fenómeno de las primarias madrileñas. Es el dilema al que se enfrentan todos los jugadores: pasar o apostar.

Da la impresión de que Rodríguez Zapatero pide tiempo hasta 2011 para comunicar si se presenta o no precisamente porque está haciendo ese muy humano cálculo. Ahora las perspectivas son malas; según como sean en enero/febrero, el hombre tomará una decisión. Pedirle que haga otra cosa es pedir lo excusado, en primer lugar porque no suele hacer caso a lo que le piden y, en segundo, porque la que ha tomado seguramente es la decisión más acertada: aplazarla. Wait and see.

(La primera imagen es una foto de Globovision, bajo licencia de Creative Commons).

(La segunda es una foto de Downing Street, bajo licencia de Creative Commons).

divendres, 8 d’octubre del 2010

El Nobel, la ideología y el poder.

Ayer disfruté mucho viendo cómo había coincidido en mi entrada sobre Vargas Llosa con el parecer de algunos de los escritores y columnistas que más me gustan: la razón de que este Nobel haya despertado tanto entusiasmo es que el premiado es extraordinariamente popular en todas partes, muy conocido y apreciado. No es infrecuente que la Academia sueca otorgue el galardón a escritores sin duda de mucho mérito pero muy desconocidos fuera de su propio país y de algunos reducidos círculos literarios. A Vargas Llosa lo han leído multitudes de todos los países en todos los continentes.

Es un escritor best seller de altísima calidad literaria y ensayística, lo que lo hace doblemente merecedor del galardón. Los estatutos de la Fundación Nobel explican que por "literatura" no sólo entienden las "bellas letras", sino otro tipo de escritos que por su forma o estilo tengan valor literario. Esto es lo que explica que el premio de 1953 recayera sobre Winston Churchill, fundamentalmente por sus obras de historiografía, en especial, la Historia de los pueblos anglohablantes.

Bastantes de los ensayos son políticos, aunque los hay de todos los tipos, de crítica literaria, autobiográficos, de reportaje. Y por ese lado de la política viene una polémica que me parece lamentable. En algún sitio he leído, a modo de denuncia que debe de creer que se justifica en su mero enunciado, que Vargas Llosa es un anticomunista. Es sorprendente, cual si ser anticomunista fuera algo afrentoso, delictivo, pecaminoso, algo como ser pederasta o asesino, cuando se trata de una opción ideológica tan legítima como ser antifascista, anticlerical, anticapitalista o antisionista. Otra cosa es que sean pertinentes a la hora de valorar una obra literaria que es de lo que aquí se trata.

Jamás me ha parecido de recibo que la opción política de un autor sea determinante para enjuiciar el valor de su obra artística, trátese de literatura, pintura, música... Hay escritores de opciones radicales antagónicas muy buenos y muy malos. Y, por supuesto, tampoco me convence que la obra de un autor sufra un cambio de juicio de calidad en el momento en que él muda de ideología política, como pudo pasar con Dos Passos o con Koestler, Fischer, Spender, Gide o Silone, entre otros (los que escribieron El dios que fracasó), o Malraux, todos los cuales cambiaron de chaqueta pero no de pluma. Es más, llevo mi convicción a su lógica consecuencia de considerar irrelevante para la calidad literaria de una obra el hecho de que el autor haya sido o sea de extrema derecha o fascista o nazi: No veo cómo se puede negar la calidad de Céline, Jünger, Pound, Benn, etc por el hecho de que hubieran defendido alguna de esas ideologías. Como tampoco pone nadie en duda la de Brecht o Aragon por el de que fueran comunistas. ¿Qué diablos tiene que ver la calidad de La casa verde con el hecho de que su autor sea anticomunista? Con todos mis respetos, esa objeción es de una pobreza mental que da pavor. O ¿se quiere decir que si se es anticomunista no se puede escribir, que era lo que sucedía en la Unión Soviética? ¿Hay algún escritor ruso contemporáneo del comunismo y contemporizador con él superior a Solzhenitsin? ¿Sholojov? Venga ya...

Pero héteme aquí que no sólo la supuesta izquierda ataca el Nobel de Vargas Llosa por razones políticas sino que la derecha, muy parecida a la izquierda en tantas cosas, sale vociferante a defender los méritos del autor de La ciudad y los perros, como si le hiciera falta y también por razones políticas. En un blog estupendo que acabo de descubrir de José María Izquierdo en El País leo una interesante entrada titulada Nobel, y no es comunista, a través de la cual me entero de que a José María Aznar y a Esperanza Aguirre les ha faltado tiempo para arrimarse a la gloria ajena por razones bastardamente políticas. Aznar con un articulito en La Razón titulado así a lo chulapo Enhorabuena Mario y Aguirre Gil de Biedma con otro más largo en el mismo diario titulado El mejor en nuestra lengua. En ninguno de los dos se hace mención a la obra literaria de Vargas Llosa pero sí se resalta hasta la saciedad la amistad que los une, así como el vigoroso ideario liberal del premiado. Aznar silencia que su amigo rechazara en su día una oferta de cargo que él le hizo y Aguirre dice que ha hablado mucho con él pero no se le nota porque el liberalismo de ambos no es coincidente.

Eso de negar el valor del Nobel porque el autor sea anticomunista me recuerda mucho aquel episodio en que los colegas encargados de dictaminar negaron la cátedra universitaria a Georg Simmel porque era judío. Es vergonzoso. Pero no lo es menos instrumentalizar un reconocimiento literario universal a los intereses mezquinos de una bandería política. Claro que Vargas Llosa es liberal pero entre su liberalismo y el de Aznar median mundos. Aznar viene del falangismo; Vargas Llosa del comunismo. Y eso se nota. Vargas Llosa sabe de lo que habla. En cuanto a la lideresa de Madrid, que fue ministra de Cultura, su artículo es un divertido cotorreo de postín. Ninguno de los dos aventura el más mínimo juicio sobre la obra del autor, pero los dos exclaman al unísono: ¡es de los nuestros! En fin...


Y después de la ideología viene el poder que añade al dislate una porción de brutalidad e imposición. El comité delegado del Storting ha concedido el Nobel de la paz a Liu Xiaobo, disidente chino condenado por "subversión" a once años de cárcel por el régimen formalmente comunista de la República Popular China (RPCh). Este Comité (cuya composición varía) tiene a sus espaldas decisiones indiscutidas como el Nobel de la Paz a Martin Luther King o a Nelson Mandela y decisiones aberrantes como la concesión a políticos belicistas y cómplices con golpes de Estado y crímenes, como Henry Kissinger o terroristas o ex terroristas como Yasser Arafat o Menahem Begin. Alguna de estas aberraciones las ha criticado hasta el agraciado, como es el caso de Barack Obama que dice con toda razón que no se lo merece y que hay otros a los que corresponde con más razón que a él. Cierto.

Pero en este caso de Liu Xiaobo me parece que el Comité ha dado en la diana. Prueba en contrario es la furia de la reacción de las autoridades chinas que amenazan a Noruega con el empeoramiento de relaciones y hasta han llamado al embajador a exigir explicaciones. Estos exabruptos apuntan a dos tipos de asuntos muy curiosos: en primer lugar pone de manifiesto el carácter despótico del régimen chino a la par que su ignorancia. El Gobierno noruego no tiene nada que ver con la concesión del Nobel de la Paz; es el Parlamento, el Storting, y tampoco él, ya que se limita a nombrar el comité independiente que es el que toma la decisión. No sé cómo va a explicar el embajador noruego a los camaradas chinos que el gobierno de su país no controla la prensa ni los tribunales ni los comités que elige el Parlamento ni nada al extremo en que el Gobierno de la RPCh controla los mil doscientos y pico millones de chinos.

En segundo lugar, y más al fondo de la cuestión, la ira de los mandatarios chinos refleja su idea de que el modo en que las autoridades traten a sus ciudadanos no es asunto de incumbencia de nadie fuera del país, que es una cuestión interna en el marco de su soberanía y su rechazo a lo que considera injerencia en sus asuntos domésticos. En el mundo, sin embargo, en los últimos años viene ganando terreno la convicción de que, siendo los derechos fundamentales ilegislables y anteriores al Estado, no está éste legitimado para violar los de sus ciudadanos y compete a la comunidad internacional o a cualquiera de sus miembros realizar las acciones que estimen oportunas para defender esos derechos. Por eso es Garzón, pese a quien pese, un avanzado de está concepción progresista de la justicia universal.

La ira viene de que la China no puede oponerse racionalmente a este criterio y por eso insiste en que Liu Xiaobo no es un preso político o de conciencia, sino un preso común, condenado por un delito por la justicia penal. Pero todo el mundo sabe que eso es un cuento chino. Todas las dictaduras encarcelan por razones de opinión (a veces también las democracias) pero nadie lo reconoce, nadie admite tener presos políticos, sino que son todos comunes.

Precisamente esa es una de las grandezas de los presos de conciencia (aquellos encarcelados por sus opiniones, no por ejercer la violencia) que han de mantenerse en la integridad de su actitud incluso contra maniobras moralmente viles, como la de negarles la condición de preso político. Porque para que la grandeza pueda exponerse al mundo es necesario que exista. Un ser humano capaz de arrostrar la persecución, el encarcelamiento y hasta cosas peores por sus ideas frente a un aparato de poder, maquinaria burocrática, policial y militar que todo lo aplasta será siempre el símbolo de la Humanidad en su lucha por la libertad. El Nobel a Liu Xiaobo hace visible su causa a los ojos del mundo entero, ilumina de golpe las mazmorras del régimen chino, pone en evidencia su naturaleza represiva y totalitaria. Tanto que muchos comunistas occidentales aclaran que, para ellos, la China no es un Estado verdaderamente comunista. Este Nobel ha obligado asimismo a los Gobiernos occidentales a superar la vergonzosa actitud de "razón de Estado" que han adoptado hasta la fecha, esgrimiendo la golosina económica que son las posibilidades de inversión en la China, y los ha forzado a reaccionar de acuerdo con los fines que dicen profesar. Después de las amenazas chinas, Obama ha pedido la liberación del disidente y, con muchas dudas y miedos, la Unión Europea ha seguido el ejemplo, pidiendo lo mismo.

Los mandatarios chinos quieren seguir encerrados en el hermetismo y por eso todo intento de obligarlos a rendir cuentas ante los demás países les enfurece. Basta recordar la agresiva reacción que provocó la campaña internacional en favor del Tibet cuando los juegos olímpicos pequineses. Y ahora el asunto es más complicado porque no se trata de un pueblo o un territorio sino de un solo individuo y un individuo que está en la cárcel por subversión, es decir, por pedir que en China rijan los principios de los Estados occidentales en materia de Estado de derecho y respeto a los derechos fundamentales.

En resumen que el Nobel a Xiaobo es un pendant perfecto del Nobel a Vargas Llosa. Ambos defienden lo mismo; ambos a través de la palabra; pero la diferencia radical está en que el último vive en libertad y el primero está en la cárcel.

(La primera imagen es una foto de Daniele Devoti, bajo licencia de Creative Commons).

(La segunda imagen es una foto de K-ideas, bajo licencia de Creative Commons).