dimecres, 26 de desembre del 2007

Una buena empanada.

La política, disciplina en la que uno apenas llega a graduarse tras dedicarle la vida como estudioso, ciencia la más difícil que hay al tener que dar cuenta de aquella característica específicamente humana, que es la capacidad para mentir es, con todo, una actividad fascinante. Tiene mucho de guerra en países en los que se aspira a prescindir de las guerras de verdad y en buena medida lo han conseguido. La política es la continuación de la guerra por otros medios, según dice Foucault, dando la vuelta al conocido y sobado apotegma de Clausewitz de que la guerra es la continuación de la política por otros medios. Ambas observaciones son verdad porque se trata de un círculo, de la guerra a la política y de la política a la guerra. A veces se oye a las almas cándidas decir eso de que la guerra es consecuencia del fracaso de la política. O también de su éxito. El caso es que es consecuencia. Como la política es después consecuencia de la guerra.

Hay quien dice que se dan diferencias cualitativas entre la guerra y la política. En la guerra a los desertores los fusilan; en la política, no. Pero no será por falta de ganas. El caso es que la política tiene mucho de guerra y en la guerra vale todo. Se dice que no, que en la guerra se respetan las Convenciones de Ginebra. Pero eso no es estrictamente cierto. Los vencedores aplican siempre las Convenciones de Ginebra a los vencidos pero no a sí mismos. Por ejemplo, los EEUU sostienen que no incumplen las Convenciones porque los prisioneros de guerra que tienen en Guantánamo no son "prisioneros de guerra" sino "enemigos combatientes", con lo cual no le son de aplicación las convenciones. Y nadie dice nada, al menos ningún gobierno de los "fieles aliados" pone de manifiesto que eso es un fraude como un castillo. Habiendo los EEUU declarado la guerra al terrorismo internacional en todo el mundo bajo la doctrina de que ésta no es una guerra convencional sino nueva, contra un enemigo que no puede localizarse geográficamente (salvo casos excepcionales, como el Irak), que no se sabe en dónde está y que puede (y suele) estar entre nosotros, todos sus enemigos combatientes son prisioneros de guerra y los EEUU están infringiendo sistemáticamente las Convenciones de Ginebra.

En realidad quería hablar de dos entrevistas que leí ayer y anteayer en Público, una al señor Oskar Lafontaine y la otra al señor Carod Rovira. Hay que ver, me decía yo, a la conclusión de mis lecturas, qué personas tan distintas y tan parecidas. Las dos son de izquierda. Lafontaine abandonó el SPD (del que había llegado a ser Presidente, así como candidato a la Cancillería) en 2005 acusándolo de haberse escorado a la derecha a favor de los vientos neoliberales en los que la izquierda de toda la vida lleva perdiendo perfil. De izquierda sin duda. Y ha venido a España a apoyar a Izquierda Unida porque, al parecer, se lleva bien con el señor Llamazares. Ese abrazo del oso germánico puede costarle caro a Llamazares porque los del Partido Comunista ya tienen las baterías preparadas para el desembarco de la "socialdemocracia", de nefasta memoria en el comunismo. En todo caso, aquí está el izquierdista alemán, señor Lafontaine apoyando a un grupo de izquierda español y en una perspectiva europea.

Un día después, el que se asoma al periódico es el señor Carod Rovira, también de izquierda. De izquierda posibilista (el señor Carod Rovira afirma que en Esquerra Republicana de Catalunya sólo consideran la posibilidad de pactar con el Partit dels socialistes de Catalunya, no con el PP) pero izquierda. Su discurso es esencialmente nacionalista e independentista, es un discurso no a unos u otros catalanes sino a los nacionalistas catalanes, expresión por lo demás redundante a su parecer. Lo que hace a ambas partes iguales es su radicalismo. El señor Lafontaine quiere un giro a la izquierda de los viejos partidos europeos socialistas con políticas más sociales y más redistributivas y el señor Carod Rovira quiere una Cataluña independiente. Las dos visiones son perfectamente legítimas, ambas, según ellos mismos, los distinguen como izquierdistas y sin embargo no tienen nada que ver entre sí.

Lo del señor Lafontaine me interesa en la medida en que me interesan las formas de articulación de la izquierda en nuestras sociedades, que no lo tiene fácil. Si quiere gobernar (ganar elecciones) tiene que moderar su discurso político; si modera su discurso político, deja de ser de izquierda. Lo del señor Carod Rovira, como es lógico, me interesa bastante menos. De su continuo monotema de la inequidad entre Cataluña y un ente impreciso que se denomina "España" o "Madrid" sólo me quedo con una propuesta, la de que se celebre un referéndum de autodeterminación en Cataluña en 2014. Lo único que no me gusta es que lo fije tan tarde. Cuanto antes, mejor. Cataluña es una sociedad civilizada, avanzada y democrática en la que, a diferencia de lo que sucede en el País Vasco hay una situación de paz civil, por lo tanto, puede procederse al referéndum ya. Sería de desear que igual que si sale que sí los "españolistas" acatarán la decisión, si sale que no lo independentistas prometan no convocar otro referéndum al día siguiente; fundamentalmente, para no aburrir... más.

Las entrañables fiestas.

Si el Rey felicita las Navidades con una postal con la foto de los abuelos y los nietos, por qué no voy a felicitarla yo con foto de padres e hijo Héctor, que tiene ya nueve meses y está que parece el niño Hércules, el que estranguló con sus manitas a las dos serpientes que mandó la celosa Hera a matarlos a él y a su hermano Ificles.

Detrás hay un belén que he montado este año desempolvando las viejas figuras de hace treinta. De ese modo, mi otro hijo, Ramón, ya va asociando la Navidad con las figuras de los belenes, que es donde los niños españoles penetran por primera vez en un mundo que pueden manejar de complejas relaciones sociales: los pastores, los agricultores, los animales, los Reyes Magos, los molinos, las fraguas, los comerciantes y los dos focos del conflicto, esto es, el portal con el pesebre propiamente dicho y el terrible castillo, en el otro extremo del belén, el castillo desde el que todo se vigila y al que un buen día subirá el agrimensor K.

Por lo demás, mi belén no tiene portal ni pesebre porque, entre otras cosas, no sé a dónde fue a parar la figura de San José que es, en verdad, la más desdichada de la leyenda cristiana. Hay quien me dice que eso carece de lógica porque si no se es cristiano no hay por qué celebrar las fiestas cristianas y, por otro lado, si se sigue la tradición, hay que hacerlo con todas las consecuencias. Todo eso está muy bien pero, a los efectos de la educación de los niños, la lógica empieza a ser importante mucho más tarde. Ahora lo que importa es lo maravilloso. Y lo maravilloso es que, en tu casa, una vez al año les dé la locura de poner un complicado belén y armar dos árboles de Navidad, uno tradicional (aunque artificial) y otro de fibra de vidrio de esos que tienen un programa de colores. Y que te hagan regalos.

dimarts, 25 de desembre del 2007

El Rey y el reyezuelo.

No soy monárquico. Ni siquiera "juancarlista" que es lo que muchos de mis compatriotas dicen ser para no encarar la disyuntiva Monarquía-República. La dinastía de los Borbones ha sido tradicionalmente, al menos a lo largo de siglo XIX y primer tercio del XX, una catástrofe para el país. Casi tanto como los Austrias del XVII. O tanto.

Bueno, dicen los conservadores, olvidemos el pasado; de lo que se trata es del juicio que nos merece esta monarquía ahora; aquí y ahora. (Es curioso estos conservadores españoles. Suenan como peligrosos comunistas, de los de Del pasado hay que hacer añicos. Son los únicos conservadores que no quieren conservar el pasado).

Con todo, aquí y ahora tampoco veo porqué haya que admitir la Monarquía en lugar de la República. La Monarquía, dicen los conservadores, ha posibilitado la transición de la dictadura a la democracia. ¿Y qué? ¿Por qué hay que agradecerle como favor regio el hecho de que haya cumplido con su deber? ¿Es que podía hacer algo distinto? ¿Qué, en concreto? ¿Convertirse en Juan Franco I? En último término, siguen diciendo los conservadores, la Monarquía funciona mejor que la República porque, si pensamos en las dos concretas que hubo, recordaremos que fueron regímenes muy inestables que acabaron suscitando enfrentamientos. Claro, inestabilidad y enfrentamientos provocados por aquellos que no admiten para el país otra forma de gobierno que la suya: la Monarquía. Y los demás tragan Monarquía sino quieren tragar Dictadura que vive Dios que es mucho peor.

Pues eso. Ninguna razón que haga simpática la figura de este Rey. Y conste que no tengo nada personal contra él, salvo cosas como la de Mitrofán, si es cierto. Y si encima larga una sarta de vaciedades rimbombantes en plan Príncipe amante de su pueblo que recita como estadista el programa del Gobierno de turno ya la cosa se pone cargante. Y aun más si el hombre escoge la misma fecha que el Caudillo por la gracia de Dios para soltar su arenga. La de éste es mansa; pero es arenga. Y en ella se observa lo que preocupa por debajo de lo que dice. La palabra e idea que más se repite en el discurso es unidad. Dos tercios del mensaje/charleta van destinados a pedir unidad, a hablarnos de todos, de que somos una "gran nación" y que formamos una "gran familia", bendito sea el Señor. Una gran familia cada vez peor avenida.

Esa manía de mantener los lazos simbólicos con el pasado y origen de esta Monarquía son irritantes. El discursito del veinticuatro de diciembre lo liga a Franco y al nacionalcatolicismo, el de la sotana mancillada. Si el Rey quiere hablar porque siente la necesidad íntima de sincerarse con su amado pueblo, ¿por qué no escoge la noche de San Juan que es, además, su onomástica? Así los ciudadanos podrían quemar efigies reales en la noche de San Juan, mediando, claro, la gracia regia para no acabar todos en la trena.

Es fiesta pagana, por el solsticio de verano, dicen los conservadores que van de cultos. Y aquí somos cristianos. Ciertamente, nadie olvide que el veinticinco de julio, pegandito a San Juan, S.M. se planta en Santiago de Compostela a hacer la ofrenda a Santiago Matamoros, patrón de España. Viva la Alianza de las Civilizaciones, que predica el Premier con patente conocimiento de la complejidad de su desideratum. Imagino que si Sieur Juan Carlos de Borbón quiere hacer una proclamación de la nación española, podía poner una corona a los pies de la estatua de los capitanes Daoíz y Velarde que está en la plaza del Dos de Mayo (el dosde para los del barrio) para conmemorar la gesta de la guarnición del cuartel de artillería de Monteleón, allí al lado. Ahí es donde muchos ponen el nacimiento de la conciencia de nación española en un sentido moderno, como liberal. Muy bien escogido el momento porque si Velarde era cántabro, Luis Daoíz era un sevillano hijo de padre navarro, nacido en Aoiz. Y salga el sol por Antequera, que no me meteré en el berenjenal de la obsesión nacional sobre la identidad obsesiva de la nación.

En fin que el Rey ha perdido otra vez la oportunidad de hacer un gesto que verdaderamente lo hubiera dejado en la historia con la huella grabada en oro. Decir algo así como: "Para celebrar el trigésimo aniversario de la Constitución de 1978, que Dios guarde muchos años, propongo pagar una deuda histórica de la casa real con los españoles, esto es, poner a refrendo popular la forma de Estado de España." Todo lo que no sea eso, Majestad, será vivir del cuento.

Eso en cuanto al Rey de España. Y ¿qué me dicen del Reyezuelo de Euskadi o Euskalherria sur menos Nafarroa? Y digo Reyezuelo porque supongo que si lo llamo Virrey igual se mosquea porque se considera capitidisminuido. Él no es menos que el Rey. Por eso, en la misma sacrosanta fecha que Franco y don Juan Carlos, el Lehendakari escribe un carta, que queda más pastoral, más cercano a la Iglesia católica, principio lumínico de la conciencia euskalduna que, sin embargo, remite su origen a oscuros tiempos precristianos. Es el espíritu de Nuestra Señora de Arantzazu. ¡Oh, raza primordial! Esta sí que es raza cósmica y no la que cantaba José Vasconcelos. Por eso el señor Patxi López, que no entiende estos abismos telúricos abertzales, manifiesta sentirse atónito de que el señor Ibarretxe pueda equiparar los crímenes de ETA con las sentencias de los tribunales en un Estado de Derecho. El señor López no entiende la garra desgarrada de esa raíz racial que hace a la madre patria vasca ver a sus hijos, aunque sean asesinos de ETA, cercanos a su corazón, y los demás, aunque sean las víctimas, afuereños, étnica o sentimentalmente.

Porque es cierto, ese párrafo es la monda:

Toda esta violencia nos devuelve al pasado. Amenazas, extorsiones, ilegalización de fuerzas políticas, sentencias judiciales que de jurídicas tienen poco y de impulso político tienen mucho, dispersión de presos, muerte de sus familiares en accidentes cuando van a visitarlos a las cárceles. Negación del diálogo como fórmula para resolver los problemas? Nuevamente la espiral sin fin.
Un representante de un poder del Estado que acusa a unos jueces de prevaricar, pues eso es lo que quiere decir. Representante por lo demás que a los independentistas radicales y a los armados les parece un miserable "cipayo". Un "cipayo" que se apresta a provocar una crisis constitucional de avío en España.

Confieso que siento simpatía por el Reyezuelo bravío que está ya hasta las mismísimas de que nadie se lo tome en serio. Y ahora va y pega el tajo en el nudo gordiano. Porque, a ver qué hace el Estado español con la famosa "consulta" y qué con el señor Ibarretxe. ¿Lo depone? ¿Lo suspende? ¿Lo encarcela? Yo lo entiendo y me gusta porque aplico el principio napoleónico D'abord on s'engage; puis, on voit. Eso es sentido de la aventura. Pero toda aventura tiene una nota moral: ¿es de recibo abrir una consulta en el País Vasco sabiendo que hay un montón de gente que tiene miedo a ETA y a sus matones de la "vida civil"? No, no lo es y si el señor Ibarretxe sigue adelante con su plan sin que ETA haya cesado en su actividad terrorista es porque es un inmoral. Un Reyezuelo inmoral.

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dilluns, 24 de desembre del 2007

El problema es ETA, o más sobre el 18/98.

Este finde he terminado de revisar la traducción del libro de Jürgen Habermas, Conciencia moral y acción comunicativa, que realicé hace más veinticinco años y que la editorial Trotta, bajo la dirección de Alejandro Sierra, va a publicar de nuevo. En él y en concreto en el capítulo sobre "Ética del discurso", el filósofo alemán sintetiza muy bien sus ideas sobre la acción comunicativa al sostener que:

"En el campo de procesos de entendimiento lingüísticamente explícitos, los actores plantean pretensiones de validez con sus acciones de habla, en la medida en que se ponen recíprocamente de acuerdo y se trata, además, de pretensiones de verdad, de rectitud, de veracidad....(La cursiva es mía).

Es decir, como yo lo interpreto, para que las gentes podamos entendernos es preciso que estemos de acuerdo en que vamos a debatir sobre si a) algo ha sucedido; b) ha sucedido correctamente, de acuerdo con las normas de corrección que le sean aplicables en cada caso; c) cuando decimos algo somos sinceros. Si algo de eso falla, la comunicación falla. Y suele fallar el c).

Con motivo del primer post sobre el "macroproceso" 18/98 he tenido algo de discusión. Poca, porque gran parte de lo que se me argumentó fue argumentación, para variar, ad hominem: que si lacayo, sumiso, genuflexo, ignorante y falto de competencia por no ser jurista, cosas que, obviamente, carecen del menor interés.

Algún lector tuvo el detalle de "copipastear" en la columna de comentarios el artículo de Amalia Alejandre Casado y José Manuel Hernández de la Fuente (Abogados y observadores en el sumario 18/98 por E.H. Watch) en Gara, como si no lo hubiera leído ya, para ilustrarme. Bien, el artículo de los señores Alejandre y Hernández de la Fuente se limita a repetir algunas de las quejas y reproches de las defensas durante la vista, seguramente las más importantes. Pero a esas contestaba largo y tendido la sala en la sentencia explicando por qué las rechazaba. Lo procedente, por tanto, hubiera sido explicar, a su vez, por qué la argumentación de la sala era insatisfactoria, no repetir los reproches ya contestados, digo yo.

Se dice que todo el proceso es político; la sala contesta que no y lo explica; se dice que se condena por ideas, por motivos políticos; la sala contesta que no, que lo hace por motivos jurídicos y que no condena ideas sino delitos del código penal. Lo procedente, imagino, es rebatir esas explicaciones, no repetir las acusaciones.

La sentencia será, seguramente, recurrida en casación ante el Supremo y entonces se verá. Si el Supremo casa, quienes decimos que la sentencia de la Audiencia tiene, cuando menos, la presunción de ser justa, acataremos la decisión y aceptaremos que estábamos equivocados. Y lo mismo sucederá si hay un posterior recurso a Estrasburgo. Si sucede al contrario, ¿yerro si digo que la otra parte no sólo no acatará la decisión adversa sino que ni la respetará? Para botón, aquí está la muestra: una instrucción que ha durado años, un proceso que también ha durado años, cuatro jueces en danza, así como fiscales, todo eso es un "dislate" o algo peor y la razón la tiene... ¿quién? ¿El Gobierno vasco? ¿Los expertos? ¿El sursum corda? Y conste que no digo que no. Sólo pido, a lo efectos de que podamos entendernos al estilo habermasiano, que se admita que puede ser al revés. Pero es difícil porque, como se ve, también falla la pretensión b).

Ha salido a relucir Esquerra Republicana de Catalunya, y se ha dicho que con esa sentencia se yugula la posibilidad de una ERC en el País Vasco, que se le ha hecho el juego a ETA, vamos. En mi opinión, es al revés. Lo que la Audiencia dice es que muchos de los encausados estaban integrados en banda armada, o sea que eran de ETA y otros colaboraban con ella, o sea eran cómplices. Cómplices de una banda de asesinos o integrados en ella. Nada que ver con ERC porque los de ERC no son ni sospechosos de tales comportamientos, sino demócratas respetuosos del Estado de Derecho, aunque muchos de ellos sostengan que el español no lo es. Porque, en principio, algún crédito han de merecer los tribunales de justicia en una sociedad civilizada. Se me dirá que no puedo saltarme el principio de presunción de inocencia de los acusados; y no lo haré porque, si hay recurso, la sentencia no será firme, pero habrá de reconocerse que es una presunción de inocencia algo debilitada.

Y es que, para concluir, el problema de esta historia, como de todo lo que pasa en el País Vasco, se llama ETA. El encanallamiento moral que significa vivir en una sociedad en la que unos están amenazados de muerte por una banda por sus opiniones políticas y otros no lo arrasa todo y convierte el territorio en un wasteland moral, en un erial. Porque, buenas gentes, la moral, que siempre va algo por delante del derecho, manda no solamente que sea imprescindible condenar la violencia terrorista de ETA sino hacer ver a ésta que es tal la deslegitimación que a la causa de la independencia hace su comportamiento, que los independentistas dejarán de serlo mientras no callen las bombas y las pistolas.

Soy de izquierda, pero dejo de serlo para quien comete crímenes en nombre de la izquierda. Y no me ciega la pasión: vaya si hay criminales de izquierda.

Pica bien, pero pica muy alto.

El que avisa no es traidor. Ya advertí de que me proponía comentar los libros de mi bisabuelo, Emilio Cotarelo y Mori, que se han ido reeditando este año de 2007, alguno con más de cien años, como éste, de ediciones Visor, Madrid, cuya primera edición es de 1886. No es mucha la gente a la que reeditan los libros con más de ciento veinte años de edad (los libros) y a los más de setenta del fallecimiento del autor.

Éste del Conde de Villamediana debe de ser una de sus primeras obras y ello se echa de ver precisamente en el personaje que eligió de tema, don Juan de Tassis y Peralta, segundo Conde de Villamediana (1582-1622), erudito, poeta, satírico, jugador, pendenciero, libertino, mujeriego, deportista, temible espadachín y jinete. Una figura menor de las letras españolas del Siglo de Oro, pero muy interesante desde el punto de vista humano. Supongo que no me dejo llevar por la admiración de descendiente si digo que era una especie de Cyrano de Bergerac español o, para ser más preciso, español en la corte de los milagros de los Austrias.

Don Emilio escribió un trabajo rigurosamente científico, con numerosas aportaciones a una biografía de la que, hasta él, se sabía poco y mucho de lo poco que hoy se sabe es gracias a él. Y lo hizo por simpatía con un hombre capaz de escarnecer a los Grandes de España y los Títulos de Castilla de aquella corte comida por la corrupción y la más pavorosa ineptitud, la Corte del país más poderoso de la tierra entonces. Un hombre capaz de dedicar al Duque de Lerma, que había conseguido el capelo cardenalicio para mayor seguridad propia, el famoso epigrama: El mayor ladrón del mundo/por no morir ahorcado/se vistió de colorado."

De la agitada vida del de Tassis, el episodio que centra la atención de don Emilio es el de la loca pasión, la suicida pasión que nuestro poeta concibió por la reina, Isabel de Borbón, esposa de Felipe IV. Suicida porque le costó la vida al atrevido enamorado, asesinado por esbirros a plena luz del día en Madrid presuntamente por órdenes de su cristiana majestad.

Digno hubiera sido el episodio de un eco de la leyenda artúrica con los amores de Genoveva y Lanzarote, de no ser porque a los españoles (y lo de españoles es un decir, ya que Isabel era francesa y Felipe, en definitiva, alemán) les faltaba bastante categoría para llegar a igualar la de la historia bretona y la flema del rey Arturo. Aunque quizá no sea extraño dado que, cuando se produce el percance, Villamediana tiene cuarenta años, el Rey diecisiete y la Reina, diecinueve. Unos críos, incapaces de entender el alma atormentada del ilustre poeta, amigo y seguidor del culterano Góngora. Unos críos, por cierto, que estaban casados desde los diez (Felipe) y los doce (Isabel) años respectivamente.

Cuéntase, y don Emilio así lo registra con su puntillosidad habitual, que en cierta justa en que el de Tassis actuaba de rejoneador, que lo era y muy bueno, la Reina, volviéndose a su marido le dijo "Pica muy bien don Juan". Y Felipe contestó ominoso: "Sí, pica bien, pero pica muy alto." Mirá tú de dónde viene lo de "picar alto".

Relata asimismo don Emilio la famosa anécdota en que don Juan apareció ante los Reyes en un baile (¡ah, el ceremonial de los Austrias, heredado de los borgoñones!) con el cuerpo cubierto de monedas de real y una leyenda que rezaba: "Mis amores son reales." O la muy célebre en que estando representándose una obra suya, La gloria de Niquea, sacada del Amadís de Grecia, en la que participaba la Reina, el de Villamediana prendió fuego al teatro para tener una excusa y sacarla en brazos.

Se refiere mi antepasado también a alguna otra anécdota ya más picantilla y menos verosímil, así como con un relente a lo Fragonard o Watteau, y corona su obra de rigurosa investigación de archivos y legajos, distante, objetiva y crítica, preguntándose qué le había llevado a escribir un libro sobre el personaje y se contesta:

"Por otra parte, cada uno puede tener sus aficiones particulares y sus simpatías por uno u otro personaje; y principalmente del deseo de averiguar la verdad de algunos puntos oscuros de la vida de nuestro CONDE, ha brotado este libro."
Y tan oscuros los puntos, y muy altos.

Mi madre, que vivió con don Emilio mientras estudiaba bachillerato, siempre me contaba que era un hombre estricto, liberal y muy avanzado para su tiempo. Tanto que le llamó la atención la historia de la pasión del Conde por la joven Reina. Como desde entonces ha sucedido con poetas, novelistas y dramaturgos. ¿Por qué no con los eruditos que también tienen su corazón?

Feliz Navidad.

Los no cristianos que habitamos en países cristianos vivimos en un contexto culturalmente cristiano. No creemos en Dios, pero nos reunimos con nuestros allegados a cenar el día (la noche) en que se festeja su nacimiento, lo cual es una experiencia con cierto riesgo de esquizofrenia. Personalmente, lo que encuentro más insoportable de esta fecha es el discurso del Rey; por lo demás, la llevo bien. Y hasta con sentido del humor. Véase la versión de la "Historia más grande jamás contada" más abajo.

Felices fiestas.


Economía política del capitalismo y VII.

Por fin. Última entrega del manual de economía política. Toca explicar la alternativa. No estoy muy seguro de que todo lo propuesto sea practicable. Pero, cuando menos, son propuestas concretas y nuevas. Demuestra, entre otras cosas, que hay una izquierda que piensa y no se limita a decir que "no". Merece la pena. Realmente.

diumenge, 23 de desembre del 2007

La red y el diván del psiquiatra.

Imparable sigue su marcha la red hacia la ocupación de la realidad, como si ésta fuera un continente que hubiera que poblar. La red, la web, internet, la blogosfera, el ciberespacio manda en el mundo y exige que todo y todos se adapten a su naturaleza, siendo ésta caracterizada por un dato: la rapidez, la celeridad, la simultaneidad; eso maravilloso que llamamos "tiempo real", que no es real como la "marcha real", pero tampoco lo es ni puede serlo como es real una tortilla ya que, según Kant, es una forma a priori. "Tiempo real" quiere decir que la noticia no es en diferido.

La orden del día es "simultaneidad". Considérese, por ejemplo, la misma palabra web (que ya he visto escrita por ahí como "güeb")que, en menos que canta un gallo ha conseguido dar un nombre ambiguo, pues tanto se habla de la web como del web. Claro que tampoco es ambiguo a la antigua usanza, como el calor y la calor, el puente y la puente por cuanto, en el caso de la web, los distintos artículos designan cosas distintas, en concreto, la parte y el todo. La web nombra la totalidad de la red mientras que el web designa a un nicho en esa red, pues la palabra es una sustantivación del adjetivo en la expresión "sitio web".

Todo el mundo quiere un web, un lugar virtual en la malla de la web al que el que lo desee pueda ir a ver lo que piensas y, si se tercia, dejar su comentario. Así que el señor Rajoy ha mandado hacer el suyo, su sitio web, su página web. En realidad, no creo que el señor Rajoy tenga mucho tiempo para practicar las nuevas tecnologías. Le basta con hablar de ellas. Pero tiene su web. Parece sin embargo que los responsables eran un poco pardillos y no tuvieron en cuenta que, si abrían la interactividad con los internautas se les acabaría colando de todo, entre otros, lunáticos de la extrema derecha, a los que el PP atrae como la llama a las polillas. Una página de un partido es un producto muy apetitoso para los "cibergrillaos" de todo tipo.

El PP ha tenido que suprimir los contenidos injuriosos o incluso delictivos que se le habían colado. Lo que hay ahora, imagino, goza de su aprobación. Dígolo porque el vídeo de más arriba es una de esas piezas que se llaman "de ataque" en la que se empieza afirmando que el señor Rodríguez Zapatero ha gastado veinte millones de Euros en autobombo y, a continuación, se calcula cuántas pensiones se pagarían con esa cantidad, cuántas familias se alimentarían en un mes o cuántos lo que sea, que claramente son muchos. Y concluye de una forma sorprendente diciendo que el señor Rodríguez Zapatero no se ha preocupado de los problemas de los españoles sino que se ha dedicado a sacar conejos de la chistera.

No sé quién hará los vídeos al PP pero debieran llamarlo a capítulo. Cuando el señor Rodríguez Zapatero, entonces en la oposición, presentó el proyecto del Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, más conocido como Pacto antiterrorista, que hoy el señor Rajoy defiende como un valiente cruzado, este mismo señor Rajoy tuvo la desgraciada idea de decir que el señor Rodríguez Zapatero se había sacado un conejo de la chistera. Menudo tino. El señor Rodríguez Zapatero lleva cuatro años recordándoselo. Yo cambiaría lo del conejo y la chistera. Hay otras formas castizas de llamar charlatán e insubstancial a alguien, cantamañanas, soplagaitas, trilero, badulaque, etc. Lo del "conejo de la chistera" es mentar la soga en casa del ahorcado.

Economía política del capitalismo VI.

Seguimos. Es el penúltimo capítulo y trata del proceso de eliminación de residuos. El capitalismo es un sistema de producción de residuos, o sea, de basura, o sea de mierda. El negocio está en la mierda. Mira por donde tenía razón Freud cuando llamaba la atención hacia la cercanía de los conceptos de "Dios" y "mierda" por la similitud de los respectivos términos alemanes de Gott y Kot, que casi suenan igual. Algo parecido a la dualidad que se da en el español "escatología, que se refiere a las cosas últimas de la naturaleza humana y a la mierda al mismo tiempo y con la misma palabra, cosa que no pasaba en griego.

dissabte, 22 de desembre del 2007

¿Es todo ETA?

Todo no, naturalmente. Por ejemplo, yo mismo soy partidario del derecho de autodeterminación de los pueblos que integran España (o el Estado español), es decir, coincido con ETA en uno de sus fines más importantes, pero no soy ETA ni tengo la más mínima simpatía por ella, condeno sus atentados y crímenes sin reserva alguna y sostengo que, mientras exista esa organización de asesinos, pretender ejercitar el derecho de autodeterminación, cual quiere hacer el señor Ibarretxe, es una inmoralidad. Estaba convencido de ello antes de leer la sentencia del "macrojuicio" 18/98 y me he reafirmado en la convicción porque en esta sentencia se observa a las claras con qué frialdad, meticulosidad y malas intenciones controla ETA a la gente en los pueblos y pequeñas localidades (que son muchas en el País Vasco) a través de personas interpuestas que le sirven de enlaces, mensajeros, chivatos, correveidiles y muñidores, muchos de los cuales estaban sentados en el banquillo en dicho macroproceso.

Pero no hay que adelantar acontecimientos. El juicio 18/98 ha estado rodeado de una gran alharaca política, lleno de sobresaltos, con manifestaciones y contramanifestaciones un día sí y otro también. A lo largo de la vista los acusados han observado actitudes desafiantes, alborotadoras y han organizado repetidos escándalos, igual que sus deudos y simpatizantes han estado pronunciándose a las puertas del local en donde se celebraba y organizando abundantes manifestaciones en unas u otras ciudades del País Vasco. Todo este jaleo al que en ocasiones se sumaron las defensas concertando sus acciones iba encaminado a tachar el proceso de político, deslegitimarlo, conseguir que se interrumpiera para siempre, aduciendo que era un mero acto de represión instigado por el Gobierno y obedientemente ejecutado por unos jueces serviles.

Asimismo, al día siguiente de hacerse pública la sentencia y sin tiempo material de haberla leído el señor Ibarretxe y su consejero de justicia ya habían decidido que era una sentencia en la que se condenaban ideas y se atropellaba la libertad de expresión. Ciertamente el proceso 18/98 es político en la medida en que los delitos que en él se juzgan tienen una causación política, pero no en el sentido (implícito en las descalificaciones del Lehendakari) de que no sea un juicio justo con todas las garantías. Ni hablar.

Vaya por delante que no soy partidario de la existencia de la Audiencia Nacional (AN), que me parece heredera objetiva (no subjetiva) del infame Tribunal de Orden Público de Franco y rompedora del principio de unidad de jurisdicción, que es garantía del Estado de Derecho. Pero, en este caso, me da la impresión de que la sala de lo penal de la sección tercera de la AN ha hecho un trabajo escrupuloso lo mejor que ha podido, respetando más allá de lo exigible las garantías y derechos de los acusados, tanto los procesales como los fundamentales en general. Y lo ha hecho frente a una concienzuda labor de obstrucionismo y deslegitimación de los procesados, los allegados y hasta las defensas que, de haber encontrado el más mínimo pretexto para conseguir la anulación de las actuaciones, lo hubieran hecho.

Ya que esa fue desde el principio la estrategia (equivocada) de la defensa, esto es, no refutar las acusaciones que se formulaban contra sus clientes, demostrando que no habían cometido los delitos que se les imputaban sino que la instrucción había sido un atropello antijurídico, que el tribunal obedecía a impulsos y a órdenes políticos, que no había delito presunto del que defender a nadie y que todo era una farsa montada para descabezar al independentismo vasco.

Por eso, lo primero que hace el tribunal en su sentencia es rechazar las acusaciones de politización y aseverar que no ha tenido en cuenta sino cuestiones de caracter estrictamente jurídico y que los condenados lo han sido no por sus ideas y actividades políticas sino por la comisión de delitos tipificados en el Código Penal. Le sale mejor o peor. El caso es muy complicado y la sentencia muy larga y, aunque clara y lógicamente estructurada, a veces tiene expresiones impropias (incluso alguna falta de ortografía) de la necesaria ecuanimidad de la magistratura pero, a mi entender, no mancillan un texto equilibrado con un razonamiento lógico, objetivo y desapasionado, aunque no especialmente brillante.

El texto desmonta una a una todas las argumentaciones de las defensas tendentes a fundamentar la impugnación de la causa en todos y cada uno de los momentos procesales de ésta y, como hemos visto, la deslegitimación posterior al proceso ha correspondido al señor Ibarretxe. Para conseguir este objetivo, políticamente planteado, se emplearon todas las argumentaciones posibles, alegando violaciones de los derechos y garantías procesales, incluida la indefensión, y atentado contra derechos civiles fundamentales como el de la integridad física y moral (las acusaciones de torturas fueron una costante en la vista oral), la inviolabilidad del domicilio, el secreto de las comunicaciones, etc.

La sentencia valora todas las alegaciones y las rechaza fundadamente, a mi entender, con argumentos de sobra. A veces estas alegaciones son pintorescas y consiguen resultados contraproducentes como la que se plantea a raíz de que, habiendo decretado el juez de instrucción el secreto del sumario, las defensas no habían tenido acceso al material que operó en la instrucción y que dicho material debería ser recabado en el juicio oral. Como resultara que el tal material era aun más incriminatorio para los acusados, las defensas decidieron dejarlo de lado.

La AN se ha atenido a las pruebas y a los elementos deducidos de las declaraciones en el curso del proceso y ha condenado a cuarenta y siete de los acusados por los delitos de integración en organización terrorista (arts. 515.2 y 516.1 y 2) del Código Penal, de colaboración con organización terrorista (art. 576.1 CP), de insolvencia punible, en su modalidad de alzamiento de bienes (art. 257 CP), contra la Seguridad Social (art 307 CP), de falseamiento de la contabilidad de Registros Fiscales (arts. 74, 310 b, c y d CP, según la redacción de la L.O. 10/1995 -artículo 350 bis b, c del Código Penal de 1973- precepto introducido en el Código Penal hoy vigente por L.O. 6/1995 de 29 de junio). Igualmente absuelve a cinco procesados, declara la ilicitud de actividades y disolución de una serie de empresas empleadas como instrumentos de ETA para sus fines y decreta la ilicitud de las asociaciones KAS, EKIN y XAKI.

O sea, nada de política, nada de Ley de Partidos Políticos, como he leído por ahí a algún despistado, nada de condenar a personas jurídicas, nada de condenar por ideas. Los magistrados han condenado a personas físicas por diferentes delitos probados y rechazan con vehemencia la sospecha de que hayan actuado de otro modo:

Debe quedar ya bien claro que no se ha juzgado a los acusados por pertenecer a la izquierda abertzale, eso es un soberano despropósito, muy cacareado, fruto de pura inventiva (pág. 362)
Estas cosas del "muy cacareado" son las que menos me gustan de la sentencia. En cualquier caso, éste ha sido un proceso que los acusados y sus apoyos mediáticos y organizativos han intentado politizar desde el principio sin conseguirlo.
Todo no es ETA- dijeron-, claro que no. Solemne barbaridad nadie la puede creer, pero los hechos objeto de acusación no dicen eso, dicen que las 52 personas finalmente enjuiciadas, a través de KAS, de EKIN, de la Fundación Joxemi Zumalabe o de XAKI, o pertenecen a la organización terrorista o han colaborado con la misma (pág. 363).

Ya la instrucción del juez Garzón incorporaba razonamientos novedosos en la teoría criminal partiendo de la base -que todo el mundo conocía en los años setenta y ochenta del siglo pasado sin que nadie hiciera nada- de que ETA, como organización delictiva, contaba con una serie de auxiliares incrustados en la sociedad, tanto personas físicas como jurídicas (dirigidas por sus militantes) que le servían para llevar adelante sus designios, cometer sus crímenes, facilitarle información, financiación y cobertura; en definitiva, una tupida red de organizaciones y personas algunas miembros directos de la organización y otras colaboradoras o cómplices, todas las cuales componían ese ente aparentemente magmático que se llamaba "Movimiento de Liberación Nacional Vasco". Lo que la instrucción garzoniana trataba de probar era que el tal Movimiento, lejos de ser una organización más o menos laxa de gentes agrupadas por las mismas ideas, constituía una estructura jerárquica y perfectamente articulada puesta toda ella al servicio de una finalidad criminal, esto es, el asesinato, el secuestro, la extorsión, el atentado. Y eso es lo que este proceso, al decir de la sentencia, ha dejado en claro por procedimientos escrupulosamente jurídicos, al tiempo que exalta la calidad de la instrucción:

A estas alturas podemos proclamar, y lo hacemos alto y claro, que el Sumario 18/98 fue instruido de forma correcta, a pesar de la inmensa complejidad que presenta, complejidad que se pretende utilizar como cortina de humo para tratar de trasgiversar las cosas (pág. 539).

Ahora bien, la justicia es humana y, por lo tanto, falible. La complejidad del caso, lo novedoso del enfoque procesal explicarían que la argumentación del tribunal presentara algunos puntos oscuros. Se me ocurren dos. Pudieran ser más, pudieran ser menos. No sería yo, falto de competencia en la materia, fuera de la que da el sentido común, quien se atreviera a decir que ha desentrañado todos los recovecos de tan complejo texto. Esas dos son las que hacen referencia, de un lado, a la estricta prohibición de la aplicación extensiva de las normas penales y de otra a la duda sobre si es posible cerrar medios de comunicación arguyendo que delinquen. Los magistrados se blindan frente a ambas acusaciones sosteniendo que la interpretación que hacen de los tipos penales aplicados se ajusta a la actividad de los acusados y que no se ha condenado a estos en modo alguno con ligereza,

no por simples hechos, datos o circunstancias (...) sino por auténticas pruebas de cargo revestidas de un contenido incriminatorio verdaderamente abrumador, pruebas documentales, intervenciones telefónicas, resultado de las diligencias de entrada y registro, etc.
igual que las empresas (ORAIN era la matriz de EGIN) que se han disuelto lo ha sido por su actividad ilícita y el hecho de ser instrumentales en la comisión de los delitos. En todo caso y si existen dudas, como garantía de los ahora condenados en este Estado de derecho que (con todas sus insuficiencias) es España, dichos condenados tienen abierta la vía de casación en el Tribunal Supremo, donde se valorarán de nuevo todos estos aspectos.