dilluns, 19 de novembre del 2007

Dos infancias.

Dos estupendos escritores, José Saramago y Juan José Millás, acaban de publicar sendos relatos de memorias sobre sus respectivas infancias. Son dos libros curiosos, en una línea fronteriza de géneros, medio memorias medio literatura o unas memorias concebidas como una obra de ficción. En las dos se descubren interesantes paralelismos y no menos interesantes discoincidencias, siendo uno de aquellos el hecho de tratarse de dos novelistas, premio Nobel uno y reciente premio Planeta el otro, dos fabuladores que relatan su infancia, los dos convencidos de que se trata de una época en la vida en la que es difícil reputar como propios los recuerdos pues muchas veces pueden ser inducidos por parientes, amigos o pura regurgitación posterior, de donde se sigue que no habrá gran preocupación por ceñirse a unos hechos que pueden ser ficticios y de los que no se sabe si dieron lugar a determinados comportamientos o se manifiestan porque estos se produjeron.

Describir qué sienta o piense un niño es tarea harto compleja incluso cuando ese niño fue el edulto que hoy lo recrea, entre otras cosas porque aquí es donde más evidente se hace esa realidad que Wordsworth supo condensar en el bello verso de que el niño es el padre del hombre. Siendo esto así, ese viaje al pasado en el que los dos escritores bucean a la búsqueda de su padre (y de su madre, tan importante como el otro o más), bien puede interpretarse como un intento de terminar con él, siguiendo la imaginación freudiana. Los dos quieren entender al padre, al niño que fueron, asimilarlo y, con ello, apropiárselo, matarlo, emerger ellos mismos por fin con la autonomía de los adultos que son. De ahí que los dos libros sean tan curiosos y al estar además magistralmente escritos, cada uno de ellos en su personalísimo estilo, inviten a una aventura exótica, de profunda liberación personal.

En el caso de Saramago, me parece, el asunto salta como hacia el final de la obra, cuando el autor hace confesión de una mala acción de niño que lo ha estado atormentando toda su vida, sin que nunca lo haya manifestado en público, una situación de agonía que recuerda aquel pasaje de Las confesiones de Rousseau en que éste reconoce y explicita por primera vez los terribles remordimientos de conciencia que siempre lo asaltaron, al permitir que se pusiera en la calle a una sirvienta acusada de haber cometido un hurto del que él era responsable. La mala acción en el caso de Saramago consiste en haberse aprovechado de una mazorca de maíz que en buena ley hubiera correspondido a su primo, José Dinis, muerto prematuramente. Puede parecer trivial pero el propio Saramago nos da hoy, con más de ochenta años la medida de lo importante que esa trivialidad ha sido en su existencia cuando dice medio en broma medio en serio: "...sospecho que en el día del juicio final, cuando se pongan en la balanza mis buenas y malas acciones, será el peso de aquella mazorca lo que me precipitará en el infierno...".

El libro de Millás, cuya portada no reproduzco porque, siguiendo maldita e inveterada costumbre, he perdido la sobrecubierta que es muy vistosa, y la cubierta en cartoné no tiene ningún atractivo, se llama El Mundo, es el premio Planeta de este año y, como el del premio Nobel, es una narración sobre la infancia del autor, una búsqueda de la edad de la inocencia que se da en un entorno muy distinto al de Saramago ya que, si bien los dos narran infancias de muchas privaciones y gran pobreza (los sabañones de que habla Millás equivalen a las cucarachas que corrían libremente por el cuerpo de Saramago cuando se tumbaba en el suelo a dormir), la del novelista valenciano es la de un niño urbano, que crece en el medio de una ciudad mientras que la del escritor portugués es la de un niño en un medio básicamente rural. Pero también aquí se da el punto del engarce con una espina de la infancia que ahora se saca, si bien es de condición distinta a la de Saramago. Aparece, además, oculta detrás de una primera relación mucho más vistosa a la que está consagrada buena parte de la obra, la que tiene con un compañero de juegos infantiles, llamado el vitaminas que lo influyó mucho, mucho más que sus numerosos hermanos de los que apenas si habla y que, como el primo de Saramago, también falleció prematuramente. Detrás de este personaje, crucial en las experiencias infantiles de Millás aparece su hermana, María José, a cuyas manos crueles sufriría un par de desengaños en temprana edad el autor ("tú no eres interesante (para mí)") y de la que sin embargo, toma cumplida venganza andando el tiempo, ya de mucho mayor, es decir, ahora, escribiendo el libro. Casi se diría que esa licencia (que sólo se permite el autor en un par de ocasiones) de contraponer el niño que fue al adulto que ahora es, tomándose como punto de referencia, se justifica por la necesidad de ajustar cuentas con María José, el único personaje al que sigue en su evolución hasta el día de hoy, del que traza un retrato destructivo, casi me atrevería a decir cruel. Dado que el libro es de memorias, no quiero ni pensar en cómo habrá de sentirse la dama en cuestión que se ve descrita y expuesta por tanto al escrutinio público a una luz muy poco favorecedora. Tiene que ser duro verte convertida en personaje de mala en una obra quizá inmortal.

Esa diferencia de ritmo en el tratamiento del tema, esto es, infancia narrada y juicio sobre el hombre que es el narrador ahora conduce a lo que entiendo que es la gran diferencia entre las memorias ordinarias y estas otras concentradas de modo casi exclusivo en la niñez. En las primeras, esas que escribe la gente con intención de abarcar desde sus primeros pasos al momento mismo en que sostiene la pluma o teclea en el ordenador, el relato se extiende ante nosotros como una alfombra o un continuum que tiene su propia cadencia y no necesita fragmentarse de vez en cuando para compararse con algún punto de referencia como sucede con los relatos que empiezan y acaban en la infancia y sólo son inteligibles si alguien los describe desde un punto de vista privilegiado: el de aquí ahora.

Los dos libros tienen un discurrir sobresaltado, sin estructurar, dado que su materia prima se presenta con contornos borrosos y quebrados, sin pauta ni unidad de medición, que viene siempre impuesta desde fuera, desde un mundo de los mayores en donde se toman las decisiones que afectan a los niños de entonces, al extremo de determinar cosas esenciales, como en dónde se duerme, cuándo y cómo se come, con quien se convive, etc. Estas decisiones generan efectos autónomos que quizá determinen el posterior desarrollo del niño pero que, a pie de obra, carecen de explicación, al haberse tomado en regiones que ese mismo niño no dominaba y, en consecuencia, tampoco puede hacerlo su hijo, el hombre que relata su infancia y que sólo puede suponer lo que pensaba su padre.

Teniendo en cuenta que ambos escritores manifiestan un escrupuloso apego a la verdad, se entiende por qué estos relatos parecen y son fábulas. Haya tranquilidad, que no he de decir que se requiera un escritor para relatar una infancia.

diumenge, 18 de novembre del 2007

Arauco tiene una pena...

El atorrante señor Chávez no ha dejado de hacer lo que mejor sabe: dar la brasa desde el día en que el Rey lo mandó callar porque no había quien lo aguantara. Ahora dice que no oyó ni vio al Borbón imponiéndole silencio, que si lo llega a ver u oír, iba él a decirle esto y lo otro y lo de más allá. Pues debe de haber sido el único habitante del planeta que no vio ni oyó nada. Claro que lo hizo pero, como buen matón, se achanta con quien le planta cara para ir luego por ahí galleando entre los incondicionales.

El merecido corte que le dieron y que tanto le escuece le ha servido como excusa para recitar la melopea habitual de los quinientos años, el expolio, el genocidio y la inhumana crueldad de la colonia. Una desmesura muy propia de este tipo de pintorescos políticos populistas. Porque es posible que la conquista y colonización españolas fueran lo que dice él, pero no cabe olvidar que se llama Chávez, casi como el presidente de la Junta de Andalucía y, en consecuencia, es descendiente de los conquistadores y/o colonos. Con mayor o menor mestizaje, pero descendiente de los que conquistaron, esquilmaron, degollaron y asesinaron. Una muestra más de ese absurdo intento de la izquierda latinoamericana de enarbolar la bandera indigenista, identificándose genéticamente con los aborígenes y tratando de hacer olvidar que ella misma es de ascendencia española.

Quienes así hablan son los que heredaron las colonias y las administraron durante doscientos años de independencia sin que la condición de los indígenes de verdad (no la suya, que suele ser próspera) haya mejorado en absoluto.Todo el cuento chino de "nosotros somos descendientes de Caupolicán" es una patraña destinada a seguir engañando a la indiada. Se argumenta que el hermanamiento con los masacrados autóctonos, la pretendida afinidad, son electivos, metafóricos, ideológicos y que no se trata de una descendencia de estirpe. Pero eso mismo pueden decir (y muchos lo hacen) los españoles residentes en España a quienes el señor Chávez pretende culpabilizar de la degollina.

También suele argumentarse que no se está culpabilizando a "los españoles" como agregado de individuos, sino a ese ente abstracto al que se llama España. De eso sé decirle al señor Chávez que casi la mitad de los españoles no pronuncia el nombre y a la otra mitad no se le cae de la boca, como al mismo señor Chávez. Pero mencionada o no mencionada, como sujeto moral, España no es responsable ni culpable de nada. Y en todo caso doscientos años de autogobierno son tiempo más que suficiente para que los criollos dejen de echar las culpas de su indescriptible incompetencia a los demás, ya sean los conquistadores españoles, los gringos imperialistas o las fuerzas del hado. La pena que tiene Arauco, la "injusticia de siglos" que cantaba Violeta Parra, prosigue hoy su andadura, de la mano de estos oportunistas que se visten las plumas del indigenismo para ocultar la secular alternancia en que se debate la región entre la corrupción y la demagogia.

Dice igualmente el señor Chávez que él no hizo nada y que espera una excusa. Que espere sentado. ¿Cómo que no hizo nada? No dejaba hablar a quien estaba en el uso de la palabra y trataba de imponerse sobre el conjunto de la audiencia para no permitir a nadie escuchar al señor Rodríguez Zapatero. Es el estilo de un gobernante que tiene un programa diario en la tele, llamado Aló Presidente por el que se despacha a su gusto todos los días y sin dejar hablar más que a quien él quiere; un telepredicador, vamos. Un telepredicador que puede permitirse cerrar el canal de la competencia para así aumentar su audiencia.

Una de las consecuencias más desagradables de esa farfolla chavista (y hay bastantes) es que, al atacar con tanta grosería al Rey, tras haber dado pruebas de su falta de educación en la cumbre, está consiguiendo que la figura de aquel se consolide, se afiance en España y tenga cada vez más adictos, que haya cada vez más monárquicos. El asunto no es una cuestión de legitimidad o no, como pretende el señor Chávez y quienes con él simpatizan en España, sino de meras buenas maneras; eso lo ve la gente que, ante los reiterados excesos verbales del mandatario venezolano, está cerrando filas en torno al Rey, lo que pone las cosas difíciles para los republicanos, que estamos esperando la ocasión propicia para deshacernos de él mediante un referéndum.

En su bronca con la corona, a Chávez se le han sumado los señores Lula (Brasil) y Castro (Cuba). Su sueño sería que se provocase un problema regional latinoamericano con España. Así se consuelan de ese inmenso complejo de inferioridad del que, como dice Kant de la inmadurez, sólo ellos son responsables.

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dissabte, 17 de novembre del 2007

Mío o de la muerte.

La politización de la función jurisdiccional que ha realizado el PP en esta legislatura ha llevado a situaciones inverosímiles que la ciudadanía contempla con verdadero pasmo. Empezó el asunto cuando un tribunal condenó por detención ilegal a unos policías que habían interrogado a dos presuntos energúmenos que habían intentado agredir al ministro Bono en el curso de una manifestación y eran mlitantes del PP. Aquí salieron a relucir el estalinismo, Beria, la Lubianka, Vichinsky y la GPU, y el PP se sintió sometido a una persecución no sólo ilegal sino directamente criminal. Una sentencia de una instancia superior anuló después esta condena surrealista.

Es el PP asimismo el que tiene bloqueada la renovación del Consejo General del Poder Judicial como todo el mundo sabe pues precisa de una mayoría cualificada del Congreso para darse que es imposible se produzca sin los votos del propio PP. Digo lo de "como todo el mundo sabe" porque, cuando preguntan a alguien del PP, lo habitual es que culpe al Gobierno y eche sobre los hombros de éste (si los gobiernos tienen hombros) la responsabilidad de la parálisis del órgano, generalmente a base de un mero juicio de intenciones.

Ese fenómeno de que se pueda decir lo contrario de lo que muestra la realidad, esa fabulosa capacidad de la derecha para invertir la carga de la prueba, esa indiferencia ante los menores requisitos de veracidad del discurso propio requieren al menos una reflexión paralela porque no es cosa habitual. No tienen otra explicación posible que la dirección del PP cree que la gente se traga lo primero que se le cuenta, que no compara ni analiza, que le basta con que le echen cada día su ración de bazofia doctrinal. De otro modo, ¿puede alguien explicar cómo va ayer el señor Zaplana a la Conferencia del PP que está celebrándose este finde y dice desde la tribuna que defiende la "dignidad de su partido" frente a las mentiras del Gobierno con el Yak-42, el Prestige, Irak y el 11-M.¿Mentiras? ¿Del Gobierno? ¿En el Yak-42, el Prestige, el Irak y el 11-M? Pero éste ¿de qué va? Quien así se expresa en público debe de creer que la gente sólo lo escucha a él, no tiene ojos en la cara y, por lo tanto, no lo vio a él mintiendo como un bellaco en todos y cada uno de los casos citados, en compañía de los señores Aznar, Rajoy, Acebes, Mayor Oreja, Astarloa, Ignacio del Burgo, Aguirre, etc. Porque está bien claro (y quien no lo vea así es una canalla traidor a la Patria, masón, terrorista, islamofascista y etarra) que los cadáveres del Yak-42 se identificaron correctamente, la decisión de alejar el Prestige de las costas fue la más atinada, la de ir a la la guerra en el Irak la más justa y oportuna y el 11-M lo perpetró un primo de Josu Ternera. Y menos viajar y más leer el Arriba, quiero decir El Mundo.

Por último está la complicada maniobra del PP para hacerse con el Tribunal Constitucional o, si no lo consigue, cargárselo, en función de la disyuntiva de la vieja copla, de mía o de la fría tumba. Una prueba más de que para los conservadores españoles la política es una mezcla de griterío en el Parlamento y triquiñuelas de leguleyo entre bambalinas en los procesos jurisdiccionales. Cualquiera que haya seguido los meandros que ha tenido la trifulca del Tribunal Constitucional la habrá visto como una manifestación de Diez negritos, aunque los magistrados sean doce. Empezó de nuevo el PP con una chapucera recusación del magistrado Pérez Tremps, con lo que los magistrados quedaron en once. Siguió el Gobierno recusando a dos de ellos por manifiesta falta de imparcialidad. Y los magistrados bajaron a nueve. Vino por fin la triple recusación del PP, también por falta de imparcialidad en virtud de una noticia que había publicado El Mundo. Y los magistrados quedaban reducidos a seis, la mitad de la composición ordinaria del Tribunal y éste carente de quórum e incapacitado para resolver el problema que se le planteaba. Se acabaron los negritos.

Dos de los magistrados conservadores, separándose de los intereses del PP, han dejado en claro que la base de la última recusación de éste es falsa, que la noticia de El Mundo es falsa lo que, a su vez, no es una noticia. No obstante lo cual o precisamente por ello, vaya Vd. a saber, el PP ha decidido mantener la recusación. ¿Qué estábamos diciendo?

(El grabado es de Albert Anders y representa la disolución de la Cámara de Dresde, luego de la revolución de 1848).

De si los gringos son estúpidos.

Mi amiga Pilar Ruiz-Va me envía este video que tiene bastante gracia. Trata de en donde creen los estadounidenses que está Irán o cuál es el país que prefieren invadir la próxima vez. Hay uno que se pronuncia por Italia. Tiene subtítulos en español.

Cae bien la gente diciendo unos disparates tan colosales con tal cara de felicidad. Y se admiten apuestas. Yo creo que unos realmente no tienen ni guarra pero que otros van de coña. Es imposible (supongo) que alguien mayor de edad en los EEUU crea que Fidel Castro es un cantante. Y que una señora con pinta de hija de la Revolución pintada por Grant Wood no sepa qué es el Reino Unido. Otras veces, las respuestas son lógicas desde el punto de vista del país. Efectivamente, Utah es un Estado que empieza por "U".

divendres, 16 de novembre del 2007

Abolir la pena de muerte.

La Tercera Comisión de las Naciones Unidas, de Asuntos Sociales, Humanitarios y Culturales, aprobó ayer por amplia mayoría de 99 países, con 52 en contra y 33 abstenciones un proyecto de resolución que pide establecer una moratoria en la aplicación de la pena de muerte en todo el mundo con vistas a su total supresión. Hay pocas dudas de que la resolución saldrá adelante en la sesión plenaria de la Asamblea General.

Como debe ser porque hay que acabar con esta lacra, esta vergüenza de la Humanidad.

La propuesta lleva las firmas de Albania, Angola, Brasil, Croacia, Gabón, Filipinas, México, Nueva Zelanda, Portugal (en representación de la UE) y Timor Oriental. Y ya se han levantado las habituales críticas y objeciones:

I.- Que la abolición es un intento de Occidente y más en concreto de la Unión Europea por imponer coactivamente a todo el mundo sus criterios en materia de derechos humanos. Ya se sabe, el famoso eurocentrismo con el que los europeos, que carecemos el menor respeto por la diversidad cultural, pretendemos obligar a todo el mundo a marcar el paso a nuestro antojo.

II.- Que la Unión Europea, ese club de viejas y ajadas metropolis, sigue sin entender que los felices tiempos del imperialismo pasaron hace ya muchos años. Que ya no está el horno para andar dando órdenes donde no se pinta nada.

III.- Que la pena de muerte, que no es cosa de derechos humanos, sino de derecho penal interno de los países, pertenece al ámbito de la soberanía de cada Estado y toda decisión al respecto de la Asamblea General será un acto de injerencia en los asuntos internos de los Estados Miembros.

El proyecto lo han apoyado países europeos y no europeos. Para seguir sosteniendo que se trata de un gesto eurocéntrico hay que decir que Filipinas, Gabón, Timor Oriental, etc toman sus decisiones al dictado de las viejas metropolis imperiales. Cosa tan sensata como sostener que quienes no votan como nosotros son unos vendidos, unos badulaques, están engañados y van en contra de sus intereses. Un tipo de reproche que no suele formularse a las claras, pero que está en la base de muchos análisis, en especial de la izquierda. Y que simplemente no es aceptable.

Las resoluciones de las Naciones Unidas no son vinculantes para los Estados Miembros con lo que es claro que ésta en concreto, además de no ser una prueba de podrido eurocentrismo, no es ni puede ser una imposición porque no tiene fuerza coactiva. La tiene, sí y mucha, moral. Y eso es lo que fastidia a críticos y objetores, esto es, que están obligados a salir en defensa de una práctica que nadie gusta de defender porque, a mi entender, es indefendible. Y no les gusta quedar como lo que son cuando se firman y llevan a cabo penas de muerte: como asesinos. Prefieren que no se hable de ello, que no se mencione, que se ignore. Por eso hay que hablar, debatir, someter el asunto a consideración pública.

Merece la pena ver el video que he colgado sobre la abolición. Está en inglés, pero es muy clarito. Se cuentan casos concretos de ejecuciones lastradas por algún horror, de esos que, cada uno de ellos por sí solo es un argumento definitivo contra esta odiosa práctica:

a) Error judicial. En Uganda, un hombre pasó diecinueve años en la cárcel condenado a muerte por un crimen que no había cometido. En China, se ejecutó a un hombre en 1995 por el asesinato de su esposa que apareció viva en 2005.

b) Crueldad de la pena. En Guatemala se ejecutó a un hombre mediante inyección letal. Tardó dieciocho minutos en morir, episodio emitido íntegro por la televisión. En Kuwait, un ejecutado en la horca tardó cinco horas en morir.

c) Falta de garantías procesales. En Arabia Saudí se ejecuta a inmigrantes africanos tras someterlos a procesos en una lengua que no entienden y, muchas veces, sin llegar a informarlos de que han sido condenados a muerte.

Eurocentrismo o no eurocentrismo, hay que acabar con un hábito tan inhumano. Algunos países que aplican la pena de muerte, como los EEUU, el Japón, etc, argumentan que dictan y ejecutan esta pena con todas las garantías procesales y pleno respeto a los derechos humanos. Respetan los derechos humanos pero atentan contra el fundamental, que es el derecho a la vida. Es curioso que los más acérrimos defensores de la pena de muerte suelan ser también los más acérrimos enemigos del aborto. Reconocen el derecho a la vida al feto y se lo niegan al adulto en pleno uso de sus facultades mentales. Esta contradicción muestra a las claras un núcleo de razonamiento viciado. Son igualmente los que se oponen denodadamente a cualquier forma de eutanasia.

Hay que abolir para siempre esta execrable costumbre.

La última bellota.

Mi hijo Andrés me envía este video que me parece estupendo y cuelgo aquí para general solaz. Scrat sabe muy bien lo que quiere y lo procura con denuedo pero al final puede con él su codicia. Triste y humano destino. Snifffs.

dijous, 15 de novembre del 2007

¿Por qué no se calla Vd., señor Chávez?

¿No se da cuenta de que está Vd. resultando cargante? ¿Qué pretende Vd.? ¿Entretener a su gente en el interior generando un conflicto en el exterior, como aquellos generales argentinos que provocaron una guerra con el Reino Unido para ver si conseguían que sus compatriotas dejaran de considerarlos insoportables? Dado que la opción armada queda aquí descartada, ¿hasta dónde quiere llevar sus provocaciones? ¿Va a residenciar a las empresas españolas, los bancos, que allí actúan? ¿Se toma Vd. por el país, igual que Franco sostenía que ofendía a España quien lo criticaba a él? ¿O sólo se lo hace? ¿Qué sentido tiene actuar a impulsos de la vanidad personal, jugando con el bienestar de la gente y la prosperidad de los países? ¿Qué excusas le debe el Rey? Excusas las debe Vd. por no dejar hablar a la gente. Y más que sigue debiendo por continuar emponzoñando las relaciones bilaterales y multilaterales pues, según leo, ha comenzado Vd. a amenazar a terceros países si no le complace la actitud que adopten frente a España. Eso es lo que se llama "doctrina Hallstein" pero en versión de risa.

¿Por qué no se calla de una vez y deja de agitar el patio con el sempiterno y confuso agravio de los quinientos años? ¿Que lo siguen a Vd. sus dos aliados, señores Ortega y Morales y cuentan con el apoyo lejano pero tonitronante del Comandante? Pues eso es lo más penoso de la izquierda latinoamericana, que reproduce el viejo discurso de la oligarquía criolla, con ignorancia de los últimos doscientos años (ciento nueve en el caso de Cuba) en los que las relaciones entre los dos lados del atlántico se han intensificado mucho. Primero fueron los españoles quienes emigraron a América y hace ya algunos años que son los americanos quienes emigran a España. Actualmente, casi el diez por ciento de la población española es de origen extranjero, unos cuatro millones de personas, de los que cerca de un millón y medio son sudamericanos. No venga a envenenar las relaciones, buen hombre. No chingue, hombre, no chingue. Y no amenace, caramba. Sosiéguese si su insufrible garrulería se lo permite. O sea, cállese.

Salud, don Gaspar.

Era de prever que el señor Llamazares se impusiera claramente a la candidata que la prensa llama "del sector crítico", esto es, básicamente la dirección del Partido Comunista, a la que repatea el médico asturiano. Durante unos días corrieron dos o tres especies alarmistas. La más inocente cuestionaba la validez del censo, elaborado sobre una militancia hinchada por exigencias congresuales. Es muy verosímil pero irrelevante ya que afecta por igual a ambos candidatos. La segunda especie era más corrosiva por cuanto sostenía que al tener la señora Sanz los apoyos del PCE, barrería en muchas más circunscripciones de las que se creía en un principio. No era cierto pero así se minaba la posición del señor Llamazares.

Ese sesenta y cinco por ciento del voto es un espaldarazo para la actual dirección de Izquierda Unida. Los sectores contrarios o "criticos", esos que elevan el tono de voz para ocultar la falta de voces, dirán que ha triunfado la blandenguería socialdemócrata, el entreguismo al segundo pedal de la bici capitalista, pues cuando pillan una idea no la sueltan así como así. El hecho es que, con el sesenta y cinco por ciento del voto para el señor Llamazares, los señores Alcaraz y Frutos podía ir presentando la dimisión.

La cuestión ahora se va a ventilar relativamente pronto pues consiste en averiguar cómo recibe el electorado el resultado de las primarias. IU está en uno de sus momentos parlamentarios más bajos. Por mal parada que salga en marzo 08 es difícil que empeore. Se da también la novedad del partido UPD. Izquierda Unida podía avisar de su disponibilidad para una alianza de gobierno con el PSOE. Eso que llaman los críticos "seguir perdiendo perfil". A lo mejor le da más votos; más que con el perfil de la famélica legión.

Vetusta Express.

Vaya con don Gonzalo Suárez, que ha vuelto a sorprender con su última peli, Oviedo Express, con la que, para no faltar a la costumbre, ha cosechado denuestos y aplausos casi a partes iguales. Es una virtud esta de no dejar indiferente a nadie. Sé poco del señor Suárez pero, por lo poco que sé, es hombre de mi predilección porque se me antoja una especie de maldito contemporáneo, ese tipo brillante de cuyo genio se hace lenguas todo el mundo pero a quien nadie quiere ver cerca de sí, no vaya a decir o hacer alguna inconveniencia.

Bueno, el caso es que, según parece, ha hecho una adaptación libre de un cuento de Stefan Zweig que se llama Angustia y es la historia de una adúltera a la que chantajean. Yo la llamaría mejor Miedo porque el título alemán es Angst. Por cierto, que ya se han hecho otras adaptaciones del cuento en cuestión, una de ellas, de Roberto Rosellini, llamada La paura, con la que entonces era su mujer, Ingrid Bergman. Pero no sólo es una adaptación libre del cuento de Zweig, sino una réplica de La Regenta por cuanto la historia tiene como eje una compañía de teatro que ensaya una versión teatral de la novela de Clarín que, precisamente, se estrenará en el Teatro Campoamor de Vetusta. La historia la cuenta un ángel y la mujer del alcalde, veinte años menor que él, se llama Emma. Con esos ingredientes, ¿qué se le puede pedir al señor Suárez? Pues que responda a la pregunta que el director de la obra en la peli se hace sobre si se puede llevar al teatro La Regenta. Y la respuesta es sí. Obsérvese que es exactamente la situación que aquí se comentaba con la versión cinematográfica de Tristram Shandy, donde la respuesta también es sí, todo depende de cómo se enfoque. Garantizado queda el logro si, en vez de contar la historia al estilo tradicional, se cuenta que se cuenta mientras se cuenta lo que sucede al contarlo. No es un trabalenguas, sino desconstrucción posmodernista.

Hay mucha gente que se enfada por lo que cree que es un vodevil. Y mucho más que debieran enfadarse porque, además de vodevil (y con gracia) es un tebeo, un comic en el que el desarrollo de la trama y las escenas se tratan como si fuera una especie de farsa. Sólo la escena en que la adúltera descubre en el armario a la amante de su amante es un toque de genialidad. Y con continuos guiños cinematográficos; el más obvio, el de los planos con la estatua de Woody Allen y con otros bastante claros: el ángel procede del cine de Frank Capra y la escena final remite directamente y prácticamente reproduce la de Sunset Boulevard. Los actores están bien, aunque son muy desiguales, los diálogos son muy ingeniosos y, para consuelo de los indignados por el vodevil, que echen cuenta del melodrama en el que no falta el recurso escénico por excelencia del teatro del siglo XIX, esto es, el pistoletazo en escena. En resumen, a mi modesto entender, una película inteligente, sutil, muy bien llevada, con oficio y agilidad y que se ríe de todo, incluso de sí misma. A lo mejor fastidia por eso.

dimecres, 14 de novembre del 2007

Fascistas.

Estoy desconcertado. Decía servidor hace un par de posts, en uno titulado Chévere, muchachos que

"Lo único, pero muy interesante, que he sacado en limpio del lamentable incidente en la cumbre hispanoamericana es que todo dios considera que llamar "fascista" a alguien es insultarlo."
Tal cual parece. No amaina la bronca montada con el "fascista" que el señor Chávez ha obsequiado al señor Aznar, quien se pasea ufano y mudo por América Latina. Y por si fuera poco creo haber visto que la señora San Sebastián ha demandado o va a demandar a alguien por llamarle "fascista". Pues no sé yo. Desde luego, con esta unanimidad, no cabe sino admitir que llamar "fascista" a alguien, como llamarle "nazi", es un insulto. Pero ¿lo es en sí mismo? Por lo que sabemos del sistema fascista italiano, si por fascista se entiende el partidario de ese sistema tal como se produjo, desde luego. Y eso mismo podrá decirse del régimen nazi, del soviético y de todos los comunistas. Pero lo habitual es soslayar la acusación asegurando que se es "fascista" o "nazi" o "comunista", sin estar de acuerdo con lo que los diversos sistemas perpetraron. Siendo esto así, entendiendo por "fascista" al que suscribe y defiende algún lindo programa de voluntariosa regeneración nacional (habituales entre fascistas) el término no connota insulto.

Sucede, por lo demás, que eso del insulto y la injuria es asunto sumamente oscuro pues tiene un elemento componente subjetivo fundamental. Para que haya un insulto tiene que haber un insultado. No es posible insultar al vacío. Un insultado que se sienta ultrajado, vejado, por alguna manifestación del insultador. En estos términos, ¿acaso no es cierto que habrá gente que se sienta insultada aunque el supuesto insultador se haya limitado a decir "Hola, buenos días"? Y al revés.

Toda la bronca viene porque esa especie de telepredicador que los venezolanos han elegido como presidente llamó "fascista" varias veces al señor Aznar en una intervención en la reciente cumbre hispanoamericana. Se cumplía así una vez más la famosa Ley de Godwin porque todo ha saltado por los aires. Al Rey, pobre, ahora que pierde un apoyo en la familia, le han sacado a Mitrofán, los conquistadores, el expolio, su origen romano, la muerte de su hermano, el nombramiento digital de Franco, lo que cobra, lo que gasta, lo que viste, los vicios de familia, sus andanzas y devaneos y lo que se tercie.

La acusación más frecuente que se le hace (al Rey) es que carece de legitimidad para mandar callar a un Jefe de Estado electo. Claro, esa legitimidad descansa en exclusiva y para este asunto concreto en la presidenta de la sesión, señora Bachelet, quien no la ejerció. En todo caso, se acusa al Rey de faltar a las formas. Pero ¿cuáles eran las formas del señor Chávez? Sigo pensando que lo que hizo el Rey estuvo muy bien. No hay quien soporte a los atorrantes que interrumpen a quien está en el uso de la palabra, negando a todos los demás el derecho a escucharlo y a no escucharlo a él y en eso no tiene nada que ver la legitimidad o no legitimidad. Insisto, yo hubiera hecho lo mismo. Lo que no sé es si me hubiera atrevido.

En cuanto a los fascistas, las cosas están claras. Llamar "fascista" a alguien no es insulto en sí mismo. La primera foto la he obtenido en un web que se llama Ilduce.net destinada a glorificar el recuerdo de Benito Mussolini y el fascismo, gente muy satisfecha de que se la considere fascista y a la que el término no resultará insultante en modo alguno sino encomiástico. La otra foto, la de policía, la he encontrado en la red, en la página web del profesor de Física Andreas Aste. Parece que Mussolini fue detenido por vagabundería en Basilea en 1903 y que esa es la foto de archivo de la policía de Berna.

La pregunta es si es insulto llamar a alguien seguidor del señor Mussolini con sus antecedentes policiales. Hitler los tuvo penales, bien es cierto que por preparar un golpe de Estado. ¿Queda la doctrina estigmatizada por el hecho de que su fundador haya pasado por los calabozos de la pasma por vago y quizá malhechor? En mi opinión, no, pero tampoco me parece asunto de interés.

En último término recurrir al latiguillo de "fascista" quizá sólo denote falta de vocabulario. Uno puede decir que el señor Aznar es arrogante, intemperante, autoritario, faltón, trivial y de escasas luces y no se le está insultando porque no se le llama "fascista". Claro que si no se le llama, ¿cómo saber que no se esté hablando del señor Chávez?

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