divendres, 5 d’octubre del 2007

Vidas de mujer.

Está bien la peli de Iciar Bollaín, aunque el título induzca a confusión porque son tres mujeres pero no tres espías mezcladas de femme fatale, sino tres detectives privadas, que ya es original. Me puse a pensar en el interés del "punto de vista femenino", vamos, una peli sobre mujeres hecha por una mujer. Luego me lo quité de la cabeza con el argumento de que, cuando uno topa con una peli hecha por un hombre y sobre hombres, nunca cae uno en la cuenta del aspecto de género. ¿Por qué sí cuando se trata de mujeres? No me hizo falta contestar porque el film está concebido a propósito para reflejar el punto de vista de las mujeres, así, sin más, sin que eso sea la consecuencia no querida de otra intención. Se trata de tres historias paralelas, interconectadas, simultáneas, no consecutivas. No hay duda de que el guión, de la propia señora Bollaín, está muy bien trabado, más lucido que la dirección, también de la señora Bollaín que, a veces, es un poco plana, lo que contrasta con el ritmo del guión, trepidante.

Las tres historias implican contraparte masculina y las tres dan cuenta de las especiales dificultades de la mujer y, en cierto modo, pregonan su superioridad moral: las dificultades de Carmen para conciliar maternidad, vida familiar y carrera profesional; la imposibilidad en que se encuentra Inés de instrumentalizar una relación amorosa al servicio de su carrera; la negativa de Eva de prolongar una convivencia sin amor, sin afecto y prácticamente sin comunicación alguna. En los tres casos son las mujeres quienes anhelan una vida plena, auténtica y son los hombres los que están en falso, en la higuera o encerrados en un egoísmo encallecido.

De las tres figuras femeninas y las tres historias la central es la de Carmen porque además es la más realista y representativa de muchas mujeres. Si trabajan -y en un trabajo exigente en el que no hay horarios- y se cuidan de los niños sin ayuda alguna exterior un día explotan. Si, además, el marido parece tener una aventura por ahí, la explosión puede ser enorme. Es la historia central. Las otras dos parecen complementos, están menos cuidadas, menos matizadas. No podemos hacernos una idea cabal de la historia de Eva porque el marido no habla y desconocemos su punto de vista.

En todo caso, la peli está muy bien llevada, resulta muy rápida y muy agil, aunque se abusa un tanto de los fundidos en negro y tiene gracia que sea tan agitada, con tanta pasión y sin violencia alguna. Está claro que las pelis de detectives son muy distintas según que las rueden hombres o mujeres, porque se fijan en cosas distintas. En las de hombres, incluso europeos, siempre cae algún puñetazo, hay una persecución de coches o alguien tira de pistola. En esta hay niños, ancianos, gente sencilla y nobles ideales. No está claro qué sea más realista.


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dijous, 4 d’octubre del 2007

El patinazo del señor Rajoy.

Los muñecos de raca-raca que dibuja Peridis en El País a las órdenes del señor Ibarretxe y el soberanismo vasco podría aplicarlos a la derecha española, especialmente los señores Rajoy, Acebes y Zaplana. Raca-raca, Zapatero tiene la culpa, raca-raca, Zapatero debe dimitir, raca-raca, de qué se trata que me opongo. Ayer el señor Rajoy se superó a sí mismo responsabilizando al señor Rodríguez Zapatero del anuncio ibarretxiano de convocar al populus el otoño que viene, cuando enrojezcan las hojas de los robles, especialmente el sacratísimo de Gernika.

Son ya varias las voces que vienen usando términos casi apocalípticos para referirse a la famosa consulta propuesta. Los señores Acebes y/o Zaplana y, al parecer, el señor Peces-Barba, dicen que es el mayor desafío lanzado a la Constitución Española desde el día del Tejerazo. Mucho, desde luego, y la conclusión es que si el presidente del Gobierno fuera responsable de tal felonía debiera ser procesado por alta traición. El señor Rajoy, a quien no duelen prendas en una cita más o menos fidedigna, lo explica diciendo que "todo empezó cuando dijo que la nación española es un concepto discutido y discutible", según asegura Libertad Digital, periódico de los buenos, decentes, honestos y temerosos de Dios. Creo recordar que el señor Rodríguez Zapatero no dijo tal cosa, sino que "el concepto de nación es discutido y discutible", que no es lo mismo. ¿O es que el señor Rajoy no cree que el concepto de nación sea discutido y discutible? ¿No es obvio que no hay acuerdo sobre ese concepto y que es de los más discutidos y discutibles de las ciencias políticas, jurídicas y sociales en general? ¿Cree el señor Rajoy que hay un concepto indiscutible de nación? ¿Cuál? ¿El suyo? ¿Y qué se hace con quienes tengan otro?

De todos modos, en mi opinión, la defensa que hizo el señor Rodríguez Zapatero al recordarle al señor Rajoy que el raca-raca consultatorio ibarretxiano ya comenzó su matraca en el año 2000 es justa pero insuficiente. No se trata tan solo de que el plan de consulta se anunciara en 1998 y comenzara su periplo en 2000, siempre con gobiernos del PP, hasta terminar en dique seco en 2005 en las Cortes españolas. Eso no es todo.

Lo verdaderamente pintoresco es que el PNV incluyó el derecho de autodeterminación en su programa electoral para las elecciones autonómicas de 1998 precisamente para responder a una provocación del PP, que lo retó a presentarse incluyéndolo. El PP vasco, dirigido entonces por ese genial estratega que es Mayor Oreja que reunía la mirífica doble condición de ser el candidato a lehendakari de la derecha y el político peor valorado en el País Vasco, estaba convencido de ganar aquellas elecciones y presumía que si el PNV incluía el derecho de autodeterminación en el programa, se enfrentaría con los sectores autonomistas del electorado y perdería apoyo popular. Inteligente, ¿eh? De lumbrera, vamos. El resultado fue el peor posible para el PP: el PNV incluyó la autodeterminación y ganó las elecciones. A continuación puso en marcha ese proceso al que le habían retado y la respuesta del PP fue proponer una reforma del Código Penal que permitiera meter cinco años en la cárcel a quien convocara un referéndum ilegal.

Con ese pasado próximo tan indescriptible acusar a otro se ser el responsable de aquello que sólo es imputable a uno mismo demuestra una pavorosa indigencia mental. En todo caso es una situación tan absurda como las que protagonizaba el señor Rajoy cuando pedía a voz en grito al señor Rodríguez Zapatero que volviera al Pacto por las Libertades y el Terrorismo que se había aprobado precisamente a instancias del señor Rodríguez Zapatero y del que el mentado señor Rajoy aseguraba muy ufano que se trataba de un conejo que el entonces Secretario General del PSOE y candidato a la presidencia del Gobierno había sacado de la chistera.

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En favor de Birmania.

En su última campaña, de la que me hice eco aquí, los de Avaaz han conseguido 543.197 firmas de todos los países del mundo para protestar por la represión de manifestantes demócratas pacíficos que lleva a cabo la junta militar de Birmania. ¡Medio millón!

Ahora quieren subir a un millón, cosa que me parece muy bien. Se dirigen a las autoridades chinas, respaldo de la dictadura militar birmana y les recuerdan algo que quizá les haga pensar, esto es, los próximos juegos olímpicos de Pekin. Pues nada, quien quiera firmar a favor de los demócratas birmanos, que lo haga aquí, que está en español.

Subleva ver esas imágenes de manifestantes, monjes y seglares, apaleados con saña por los soldados. Ya sé que es poco lo que uno puede hacer y que siempre nos queda el resquemor de si no estaremos adormeciendo nuestra mala conciencia cada vez que se nos pide que firmemos, protestemos, nos manifestemos, donemos o hagamos cualquier otro gesto a propósito de algunas de las barbaries que tienen lugar en el planeta casi de continuo. Bueno, menos da una piedra.

Asimismo es posible que, al solidarizarnos con una u otra causa que nos parezca justa en este ancho mundo, nos estén tomando el pelo porque haya ocultos manejos en la sombra etc, etc. Bueno también, siempre he pensado que vale más pecar de ingenuo de buena fe que ir de listo de mala fe.

dimecres, 3 d’octubre del 2007

La represión no es el camino.

Arrecia la contestación a la Monarquía en España. Algún(a) amable lector/a de conviciones republicanas manifestaba ayer prevención frente a lo que está sucediendo y negaba que fuera momento oportuno para cuestionar la legitimidad de la Monarquía y proponer la (re)instauración de la República.

Entiendo que sí ya que la contestación virulenta que la Corona está cosechando no es, me parece, peligrosa. Hay una parte movida por la izquierda, nacionalista o no, y otra por un sector de la derecha mediática. La contestación antimonárquica de la izquierda da la impresión de ser una primera respuesta al secuestro de la revista El jueves, que sigue in crescendo con cada nueva acción represiva de las autoridades en la conocida espiral de acción/represión/más acción/más represión. En su día se les dijo a los fiscales que meter a alguien un puro por una viñeta era un disparate que pondría a la Monarquía en el punto de mira de la protesta popular. Y ya venir pidiendo penas de cárcel por quemar la efigie de los Reyes o arriar la bandera rojigualda e izar la tricolor parece cosa de agentes provocadores. Que Dios proteja a la Monarquía de sus solícitos guardianes.

Hay quien sospecha que este celo incriminatorio es una táctica de la extrema derecha, que abunda en el poder judicial, para crear problemas a la Corona. No seré yo quien niegue tal posibilidad habiendo jueces y fiscales franquistas en activo, como el juez García Calvo en el Tribunal Constitucional o el fiscal Eduardo Fungairiño. Pero eso no me parece determinante. Antes creo que es un puro exceso de celo, del que abunda en la estólida actitud del viejo fiat iustitia pereat mundus.

No es el Gobierno quien puede hacer algo en relación con este activismo judicial antirrepublicano que nos va a llevar a la absurda situación de que en España, por primera vez en treinta años, vuelva a haber presos políticos. (Recuerdo al respetable que no considero a los etarras presos políticos). Curiosamente, en esta ridícula situación, el que puede hacer algo efectivo es el Rey y mira por dónde eso serviría más para legitimar la Monarquía que seguir mandando chavales a la trena. ¿Cómo? Avisando desde ahora mismo de que usará la prerrogativa de gracia que la Constitución le reconoce con cada condenado por injurias a la Corona. Cierto que la prerrogativa no es de libre disposición sino que el Rey ha de estar a lo que diga el Gobierno. Pero nadie puede impedirle formular su deseo sobre todo porque puede aportar el buen ejemplo del Papa Juan Pablo II, quien perdonó al que le descerrajó varios tiros. Por supuesto ello no hará justicia a los chavales que en principio no tendrían que haber sido procesados pero, al menos, mitigará la injusticia.

La campaña de la derecha mediática no es en contra de la Monarquía sino, en algún caso aislado, contra don Juan Carlos. En la derecha sigue dándose el mismo abanico de actitudes que siempre: a favor de la monarquía por principio (ABC), a favor por criterio utilitario, ya que con esa política se supone que el PP pueda ganar las elecciones (El MUndo) y en contra con el estilo antimonárquico que tenían los falangistas y los franquistas que no querían "reyes idiotas que no sepan gobernar" y que es más o menos el punto de vista de la COPE sobre el Rey. Pero hasta la COPE quiere la monarquía puesto que propone cambiar a un Rey que le cae gordo por otro que no le caiga tan gordo.

En consecuencia, no veo por qué no sea buen momento para plantear la cuestión Monarquía/República. Y, en todo caso, hay que hacerle muy presente al Jefe del Estado español que la represión sólo genera frustración y rencor y, al final, puede salir el tiro por la culata. Que tampoco es tan obvio que la gente haya de aceptar sin más que la Jefatura del Estado encarne en un miembro de una dinastía que el pueblo ha expulsado ya dos veces, en 1868 y en 1931.


De mucha risa.


Mi amigo Javier Paniagua me ha hecho llegar por email una divertidísima presentación ppt. La he subido a Picasa y he aquí el enlace:


Pinchando en la pestaña "presentación en diapositivas" se organiza como presentación ella sola. Quien quiera reír un rato a mandíbula batiente que pinche. Advierto de que la risa es incontenible y pueden despertarse los niños.

(La imagen es el famoso Buda jovial del templo chino de Feilai Feng de la pagoda de Zhejiang).

dimarts, 2 d’octubre del 2007

La legitimidad de la Monarquía.

Desde el restablecimiento de la democracia en España la Monarquía ha tenido un problema de legitimidad más o menos visible, pero nunca resuelto. Cuando comenzó su andadura, con un Rey impuesto por la voluntad de un dictador, la Corona sólo contaba con la llamada "legitimidad del dieciocho de julio" que reconocían únicamente los beneficiarios del golpe de Estado que se produjo en dicha fecha y los franquistas que hubiere en el momento de la accesión de don Juan Carlos al trono. Carecía sin embargo de las dos formas de legitimidad en que pueden estar basadas las Monarquías contemporáneas, la dinástica y la democrática. El Rey nombrado por Franco para sucederle a él como Jefe del Estado a título de Rey, según rezaba el artículo seis de la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado de veintiséis de junio de 1946, era, desde luego, de "estirpe regia", como requería la citada ley, pero no era el sucesor legítimo del último monarca reinante en España, don Alfonso XIII, al ser nieto de éste y no hijo. Asimismo, la instauración de la Monarquía en España se hizo de acuerdo con lo preceptuado en las Leyes Fundamentales de Franco, pero no previa consulta popular. Es cierto que la Ley para la Reforma Política de 1976, que abría la vía a la democracia en España, incluía a la Corona en el paquete. Y es cierto que el voto mayoritario de la población fue favorable. Pero también lo es que la Monarquía como tal institución jamás se sometió al refrendo popular, como pedía la izquierda, con lo que tiene un déficit importante de legitimidad democrática.

Con las elecciones de 1977 ya convocadas, don Juan de Borbón, sucesor legítimo de Alfonso XIII, renunció a sus derechos en la persona de su hijo. Don Juan Carlos obtenía así la legitimidad dinástica, pero seguía sin tener la democrática.

El debate Monarquía-República sigue vivo desde el comienzo de la transición y cada vez que alguien lo plantea otro alguien sale diciendo que no es el momento oportuno. Para ciertos asuntos nunca hay "momento oportuno". Al comienzo de la transición pudiera ser cierto. El ejército, el poder real en España entonces, no hubiera permitido que se cuestionara la legalidad franquista. Todavía cinco años después se creyó con autoridad para intervenir en el proceso político a través de una intentona inverosímil. A raíz de esta intentona y de la actitud que tomó el Rey de oponerse a ella se ha interpretado que tal acontecimiento venía a suplir tal legitimidad democrática, atribuyendo a don Juan Carlos el doble mérito de haber "traído" la democracia a España en un primer momento y haberla "salvaguardado" en un segundo en que venían mal dadas.

Este razonamiento no es convincente. Aun pasando por alto el lapso que media desde el comienzo de la intentona militar de 1981 hasta la aparición del Rey llamando al orden a la milicia, habrá que admitir que tanto al oponerse a los militares golpistas como al facilitar el tránsito a la democracia, el Rey no ha hecho otra cosa que actuar como imponían las circunstancias. La democracia y el Estado de derecho no son concesiones graciosas del monarca sino el intento de éste de legitimar su Trono con la única legitimidad que hoy se admite, la demócratica.

Pero esa legitimidad sólo podrá adquirirla la Monarquía mediante un referéndum exprofeso sobre la forma de Gobierno del Estado. ¡Ah! Pero no es el momento oportuno, adecuado, idóneo. Precisamente estos tiempos en que la Corona parece atravesar turbulencias a causa de los independentistas pirómanos, los neocons antijuancarlistas, los fiscales ultramonárquicos son los menos indicados para propugnar un referéndum sobre la forma de Gobierno ya que se les estará haciendo el juego a los anteriores. Nunca es el momento oportuno para resolver ese déficit de legitimidad.

En el ínterin lo que el Rey hizo ayer en la inauguración del curso académico en la Universidad de Oviedo, fue tratar de cubrir el citado déficit recurriendo a otra forma de legitimación, en concreto, la de la eficacia. La Monarquía, dijo ayer S.M. el Rey, es la que ha procurado el más prolongado período de estabilidad y prosperidad en España. Es la llamada "legitimidad tecnocrática", la del rendimiento. La Monarquía es legítima, viene a decir el Rey, porque es útil. Un criterio pragmático, sobre el que ya teorizaron algunos ministros de Franco sin que fuera más verdadero. El "Estado de obras" lo llamaba el señor Fernández de la Mora, la "Monarquía de obras" parece estar diciendo el Rey.

Pero no es necesario discutir sobre si el rendimiento legitima a la forma de Gobierno con independencia de los principios. Y no lo es porque simplemente no es cierto que sea la Monarquía quien haya traído tan largo periodo de estabilidad y prosperidad. Eso lo han traído los españoles con sus movilizaciones, sus luchas, su trabajo y ahorro, y la Monarquía se plegó a ello. Podría seguir plegándose y convocar a su amado pueblo para que decida por mayoría de referéndum si quiere una Monarquía o una República y, por supuesto, ambas parlamentarias.

Que ya va siendo hora. Ciertamente, sus partidarios negarán la idoneidad del momento, aduciendo esas aguas turbulentas por las que parece atravesar la institución. A los republicanos, en cambio, nos parece un momento de perlas porque abrigamos la convicción de que una República abordaría la cuestión nacionalista con mayor flexibilidad, aunque no sé si llegaría al reconocimiento del derecho de autodeterminación.

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dilluns, 1 d’octubre del 2007

El síndrome de Moisés.

"Desvarío", no desafío, dice la señora De la Vega que es la propuesta del lehendakari Ibarretxe de convocar una consulta el año que viene. "Cálculo electoral" dice que es el señor Rubalcaba. El Gobierno, está claro, no tiene un criterio único porque los cálculos suelen ser lo contrario de los desvaríos, aunque si se trata de cálculos electorales, pueden ser desvaríados. Hay que ver con qué seguridad en sí mismas se presentan a las elecciones gentes que luego obtienen menos del 0,5 % del voto.

El señor Ibarretxe tiene complejo de Moisés: ha de conducir al pueblo elegido (los vascos, qué duda cabe) a la independencia prometida, para lo cual pide permiso al Gobierno de España, para que le deje organizar la consulta en Vasconia, igual que Moisés solicitaba del Faraón que permitiera el éxodo del pueblo de Israel. Pero Dios endurecía el corazón del Faraón y el del señor Rodríguez Zapatero. A pesar de todo, el señor Ibarretxe, que ayer hizo una representación soberbia del Let My People Go en las campas del Alderdi Eguna, convocará la consulta con o sin acuerdo con Faraón Zapatero.

Está claro que no va a conseguirlo porque los tribunales y los aparatos represivos del Estado no van a dejarle. La consulta no sólo es ilegal sino que además es absurda porque consiste en preguntar a los ciudadanos si, pasado un tiempo, quieren que se les pregunte sobre cómo desean organizarse políticamente. Y ¿por qué no lo pregunta ya directamente? La ilegalidad es la misma pero, en el segundo supuesto, el señor Ibarretxe llega al final de su propósito. A continuación interviene ETA diciendo que, como aquí no se puede consultar nada, sigue el baile. El baile de la muerte, se entiende. Que a lo mejor es lo que se busca.

Al señor Cizaña le gusta la guerra.

Según van sabiéndose más cosas de los años de gobierno del señor Aznar, más detestable y hasta odioso resulta el personaje. Ya en las demoledoras "actas" de Crawford, destapadas por el periodista Ernesto Ekaizer el señor Aznar aparece como un correveidile del presidente Bush y complaciente con su deseo de invadir el Irak con o sin mandato de la ONU. Es ahora Fidel Castro quien denuncia desde las páginas Juventud Rebelde (por cierto, bonito título, aunque redundante) que el señor Aznar sugirió al presidente Clinton bombardear la radio y televisión serbias durante la guerra de Yugoslavia.

Con bastante claridad puede probarse hoy día lo que los españoles ya sabían, pues lo habían experimentado directamente al verse en una guerra en la que nadie quería estar salvo el señor Aznar y sus amigos íntimos, que el entonces presidente del Gobierno era -y sigue siendo- un instigador de guerras, un encizañador, un sembrador de conflictos y partidario de resolverlos a lo bestia.

Esto es, no le bastó con emplear una pasta gansa del dinero público en comprar una medalla en los EEUU que luego no se le concedió; no le bastó con el desastre que organizó con el Prestige, ni con la tragedia del Yak 42; no tuvo suficiente con casar a su hija en El Escorial como si fuera doña Isabel Farnesio y a costa del erario público. Tenía, además, que andar por ahí predicando la guerra.

Nada extraña que actualmente esté asesorando a quien está asesorando.

Lo que me sigue extrañando y aún no he conseguido explicarme es cómo pudo llegar a presidente del Gobierno una persona así.

El narcisismo de Anguita.

El señor Anguita ha publicado un libro titulado Corazón Rojo. Digo que lo ha publicado porque está claro que no lo ha escrito. Su nombre figura donde suele estar el del autor, pero el libro, según reconoce el propio señor Anguita (pág. 26), es producto de una serie de conversaciones con el periodista don Rafael Martínez Simancas, quien aparece a cargo de la "edición"; de la "edición" en sentido inglés porque el editor en el sentido español es "La esfera de los libros"; o sea, para entendernos, El Mundo.

La finalidad expresa del libro, según dice el antiguo Secretario General del PCE, es contar su experiencia como paciente de dos infartos con el fin de que sirva a otros para ayudarlos a a sobreponerse a la enfermedad y convencerlos de que pueden hacer una vida normal. Una finalidad loable que merece todos los parabienes, como también los merece el propio señor Anguita, capaz de sobreponerse ejemplarmente a la adversidad.

Ahora bien, como decían los latinos habent sua fata libelli, de forma que los libros que se escribieron con un objetivo acaban teniendo otro u otros similares o distintos, sin que puedan determinarse de antemano. En este caso, lo de menos en Corazón rojo es su carácter de prontuario o breviario para infartados puesto que acaba siendo una especie de memorias y reflexiones de Anguita sobre una serie de asuntos, en especial las comidas (que le interesan mucho), la vida cotidiana y el ejercicio, todo lo cual tiene que ver con los cuidados que los pacientes coronarios deben tener, pero también sobre otra serie de asuntos de política, vida pública, literatura, filosofía de la vida y sobre todo, acerca de él mismo, que es el tema que más interesa al señor Anguita quien se dedica una verdadera cascada de halagos.

El señor Martínez Simancas, me temo, no ha hecho bien su trabajo. Es de suponer que ordenar horas y horas de conversaciones probablemente grabadas no será tarea fácil. Pero si se hubiera esmerado más, no habría tal cantidad de repeticiones, reiteraciones, asuntos inconexos y digresiones sin interés que hacen la lectura bastante tediosa. Pero, sobre todo, quizá hubiera puesto coto a la tendencia del señor Anguita al engolamiento y a hablar de sí mismo sin parar, atribuyéndose las mejores cualidades y haciéndolo con ese vulgarismo tan enfático y difícil de soportar de "soy de los que..." que se encuentra de continuo a lo largo de todo el texto. Por si alguien cree que exagero, ahí va una relación que he compuesto, en la que, además se podrán comprobar los frecuentes anacolutos:

(En positivo)

“Soy de los que piensan que el cuerpo humano tiene una serie de defensas, y no todas están en las vísceras” (p. 29).
“…soy de los que no se conforman con la primera respuesta” (p. 33).
“Soy de los que necesitan tener trabajo por delante…” (p. 70).
“…soy de los que usan siempre la misma ropa si está bien.” (p. 117).
“Soy de los que viajan de forma muy placentera…” (p. 122).
“Yo soy de los que conducen y paran el coche cuando encuentra algo que merece la pena ser visto.” (p. 123).
“Soy de los que comen de todo, pero unas cosas con más frecuencia que otras.” (p. 124).
“Y aunque yo soy de las personas que rehúye los recibimientos masivos…” (p. 160).
“Porque soy de los que ceden cuando les dicen que no va a ir nadie.” (p. 162).
“Soy de los que dan cuando entra alguien pidiendo dinero.” (p. 186).
“Antes era de los que tenían una naturaleza de hierro, ahora no voy a ningún sitio sin las pastillas…” (p. 197).
“Soy de los que piensan que no se puede comer a salto de mata…” (p.212).
“…soy de los que opinan que cuantas menos medicinas mejor…” (p. 270).
“Soy de los que procura tomar las medicinas justas.” (p. 271).
“Soy de los que le sacan todos los sabores al verde.” (p. 272)
“Soy de los que se relaja cuando se sienta ante el volante de un coche…” (p. 272).
“Soy de los que le gustaría vivir el máximo de años posibles…” (p. 294).

En negativo

“Pero no soy una de esas personas que tienen amigos a mansalva…” (p. 137).
“No soy de los que se enfadan cuando lo califican de utópico…” (167).
“…no soy de los que picotean por las barras de los bares hasta completar una deficiente comida, lo encuentro terrible.” (p. 211).

En fin, que el señor Anguita está encantado de haberse conocido y se merece la mejor opinión.

Y cuando abandona el territorio de la subjetividad narcisista para acometer algún juicio sobre asuntos objetivos su punto de vista oscila entre el topicazo y el autoritarismo. Así, "...el que es amigo mío, lo es de verdad." (pág. 137) "Personalmente tengo una cruzada contra esa forma de alimentación (en las hamburgueserías), y en alguna ocasión he llegado a llamar a los padres de mis alumnos para alertarles de dónde comían sus hijos." (pág. 213) "Soy hijo de una época en la que se leía, se asimilaban conceptos y se discutían las ideas para avanzar creando otras nuevas." (pág. 312) Sin duda esto debe de querer decir que ahora no sucede.

Verdaderamente curioso es que el señor Anguita, marxista es de suponer que "científico", valore por encima de todo la utopía y, sobre todo, se declare partidario del esoterismo (págs. 261 y 301). Ciertamente, especifica que no es seguidor de Nostradamus, faltaría más, pero insinúa que hay algo en la construcción de las pirámides de Egipto que aún está por aclarar.

Lo que sin embargo no aclara, aunque esté a su alcance es el asunto de la "pinza" con el señor Aznar contra el PSOE. Insiste en que los datos muestran que la colaboración legislativa entre PSOE y PP en los años de 1993 a 1996 fue más intensa que entre PP e IU (págs. 322-323), pero es que la famosa "pinza" fue una unidad de acción política entre el señor Aznar y él, propiciada por el señor Pedro J. Ramírez y eso ya no hay quien lo levante.

diumenge, 30 de setembre del 2007

Con la nación a cuestas.

El azar ha querido que, al día siguiente de que el señor Ibarretxe haya puesto fecha a la vía secesionista de España, en Madrid, en la Casa de Campo y una semana después de que ésta albergara la fiesta del PCE (ni juntos ni revueltos) se presentara el nuevo partido UPD, capitaneado por la señora Díez y el señor Savater, entre otros. Sobre el semigrito semiindependentista del señor Ibarretxe ya posteé ayer; voy ahora al partido upedeo en su primera aparición pública.

Observo cierta prevención en los comentaristas y analistas habituales en los medios acerca del nuevo partido. Ellos, de ordinario locuaces y hasta gárrulos, dispuestos a interpretar un hecho antes de que se haya producido están ahora callados, como si la aparición de una nueva formación política en el rígido sistema español de partidos fuera cosa de cada lunes y no mereciera atención. Todavía no saben de seguro a cuál de los dos partidos de ámbito estatal restará votos el recién llegado, que parece ser lo único que les importa.

Estos cálculos sacan de quicio al señor Savater que protesta contra ellos en una entrevista en El País en la que entre otras cosas dice que "si Ibarretxe actúa en contra de la ley, debe ser depuesto". Incidentalmente, por si alguien duda aun de la penetración de los medios, en dos días, El País ha publicado, en beneficio de UPD, una tribuna del señor Savater, una entrevista con él y la crónica del acto de presentación del partido. Éste nace como un fenómeno mediático. Dice el señor Savater que los votos no son patrimonio de los partidos, sino que los votantes votan a quien les parece. Es matar moscas a cañonazos. Ya saben los partidos que los votos no les pertenecen; lo saben mejor que el señor Savater. Por eso se preocupan con los que puedan perder en favor de UPD. Los mismos organizadores upedeos calculan que sus votos vendrán de la abstención y de los dos partidos mayoritarios. La abstención en las generales en España está en torno al veinticinco por cien. Dudo de que varíe. En cuanto a los que transfieran su voto del PSOE y del PP está por ver cuántos serán y adelantar cifras sería temerario.

De ahí que los comentaristas habituales estén mudos: antes de insultar o alabar quieren saber a quién hará más "daño" la UPD. Por cierto, animo a los de imagen del partido a ponerle un nombre más lógico, a la francesa, por ejemplo: Unión por el Progreso y la Democracia. Porque eso de Unión, Progreso, Democracia, lo siento pero me suena a Una, Grande, Libre.

Ya he dicho que me parece buena noticia que haya un partido nuevo y un periódico nuevo. Cuantos más de ambos, mejor, más en dónde elegir. Confieso que tengo también simpatía por la actitud del señor Savater que, en lugar de limitarse como hacemos todos a dar sus opiniones por escrito, ha decidido valerse del "intelectual orgánico" gramsciano para convertir sus ideas en realidad ya que los demás no parecen dispuestos a hacerlo, ni siquiera los que dicen admirarlas. Le hubiera sido más cómodo quedarse en su cátedra y en su voz pública. Ha preferido bajar a la arena, a fajarse. Eso merece un respeto. Sobre todo cuando, además, no aspira a cargo alguno ni siquiera al de diputado, que mira que lo tendría fácil y brillaría sin duda alguna en ese plantel de mediocridad. Porque esa es una diferencia fundamental entre el señor Savater y la señora Díez, que ésta es una política profesional, mientras que él es un intelectual metido a político. En cuanto a la función intelectual cabe preguntarse si no es la que denunció Julien Benda en su día en La traición de los intelectuales; eso ya se verá. Lo que sí puede hacerse es una primera valoración del señor Savater como político y con él, la de su partido.

A primera vista , los dos puntos centrales del programa de UPD son tan evidentes, tan lógicos que uno se sorprende de que no estén ya en práctica: reforma de la ley electoral y del sistema autonómico y la laicidad del Estado. A un examen más pormenorizado se ven otros datos. Las reformas del sistema electoral y autonómico requieren revisión constitucional que sólo pueden hacer por acuerdo los dos partidos mayoritarios. La alianza de UPD con uno de ellos para sustituir al otro no serviría de nada. En cuanto a la laicidad del Estado hay una manifiesta falta de voluntad política del PP y el PSOE de llevarla a cabo, aunque aquí quizá la UPD fuera acicate y apoyo para que la hiciera un gobierno socialista.

Entendiendo el espíritu de la UPD, creo que se trata de comprobar en la práctica la veracidad de una tesis sostenida a veces en la historiografía española: la de que las dos Españas fanáticas convivían con una tercera hecha de gentes de izquierdas que eran y son nacionalistas españoles. Es la idea que don Salvador de Madariaga había comprendido bajo su teoría de "los tres Franciscos". Hay en la historia de España dos Franciscos detestables, extremos, radicales, don Francisco Largo Caballero y don Francisco Franco, que se llevan a matar. Y el tercero, aislado, aterrorizado por los otros dos, huyendo de la perpetua guerra civil, don Francisco Giner de los Ríos, epítome de la España liberal y patriótica que nunca ha podido imponerse a ellos, mucho más violentos. Y, sin embargo, es la esperanza del país. El nuevo partido UPD pareciera venir a ser el del tercer Francisco. En marzo nos veremos y contaremos.

Lo que a su vez parece verosímil es que, confrontado con la amenaza de reformas constitucionales que reduzcan sus posibilidades, los nacionalismos, especialmente el burgués, se radicalizarán y se harán soberanistas o independentistas. Hacer política con la nación a cuestas suele plantear problemas.

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