dijous, 17 de maig del 2007

Municipales: zETAp traidor.

Ánimo que ya sólo quedan diez días para las elecciones municipales y autonómicas. ¿Municipales? ¿Autonómicas? Aquí de lo que menos se habla es de los municipios y de las Comunidades Autónomas, excepto de la Vasca, claro es, por las sólitas razones. En primer lugar el peso de la campaña lo llevan los señores Rodríguez Zapatero, Rajoy y Aznar, un presidente del Gobierno, un candidato a presidente del Gobierno y un ex-presidente del Gobierno, ninguno de los cuales aspira a responsabilidades municipales. Interviene asimismo la jerarquía eclesiástica, cuyo municipio no es de este mundo. Y salvo el señor Rodríguez Zapatero, que habla algo de política municipal, aunque en términos cuasi celestiales, los demás se valen de términos cuasi infernales, pero no se refieren a los ayuntamientos ni por pienso. Tanto daría que hiciera campaña el Rey, en función de ese viejo proverbio español de que "el mejor alcalde, el Rey" aunque, cuando lo intentó Su Majestad, hablando de Irlanda, la derecha desempolvó la guillotina.

El arzobispo de Pamplona, dando pruebas de una exquisita sensibilidad democrática, mínima y casta, como la del poverello d'Assisi, anima a votar en los ayuntamientos a ¡partidos de extrema derecha! de esos que sólo piensan en el Imperio. Los otros dos puntales de la derecha en esta campaña municipal y autonómica, los señores Rajoy y Aznar rivalizan a ver cuál de ellos suelta la infamia más gruesa sobre el presidente del Gobierno, traidor a las víctimas, rompedor de España, vendido, rendido, prosternado, genuflexo ante ETA, pactador con ETA, negociador con ETA, ETA de ETA, De Juana de chiquitos, Otegi tan campante, Batasuna riéndose de los españoles, las instituciones llenas de etarras, como si fuera la carcoma, Navarra profanada como una vestal por los bárbaros del Rh.

La pregunta es ¿por qué la acusación de entrega a ETA? y ¿por qué con esta obstinación, reiteración y contundencia? No es porque haya pruebas de ello; lo contrario es lo que hay, con sistemáticos desmentidos del Gobierno. ¿Por qué entonces? Por la obstinación de ETA de no cumplir sus amenazas, por la falta de atentados. Es fuerte, pero es así. Mientras no haya atentados, hay una posibilidad de que ETA deje las armas y esa es una perspectiva que levanta sarpullido en el PP porque implica que es el PSOE el que abre el proceso de pacificación del Pais Vasco, que es cosa que quiere hacer el PP y, como ya se probó en la "tregua trampa" de Aznar, negociando lo que sea y como sea. Es verdad que es fuerte. Pero es. Un atentado de ETA beneficia a este PP de la claudicación socialista. Fuerte, insisto; pero es lo que ellos mismos piensan:

"Vd., señor Zapatero, ha cedido para que no le pongan bombas y, si no cede, le ponen bombas".
Es decir, la única prueba que el PP está dispuesto a admitir de que el señor Zapatero no se ha rendido a ETA es que le pongan una bomba. Con esa falta de lealtad al sistema democrático, la derecha no merece ganar las elecciones.

dimecres, 16 de maig del 2007

Primarias, primarios y primates.

Después de dos meses diciendo que las próximas elecciones del día 27 serán unas primarias que van a enterarse Pablo Iglesias y estos radicales del PSOE de hoy, viene ahora el registrador de la propiedad, señor Rajoy a decir que, de primarias, nada. Reacciona así a las noticias sobre sondeos, que pronostican un mal resultado para el PP, con pérdidas más o menos cuantiosas y, en el mejor de los casos, conservación de posiciones tras reñidas batallas. Por cierto, seguimos sin saber cuánto gana el registrador, dado que no ha respondido a las diligentes averiguaciones de Miguel Ángel Aguilar en El País, en las que apunta la posibilidad de que, además de sus sueldos, esté cobrando el 25% de los ingresos del registro del que es titular en servicios especiales.

Así pues, las elecciones del 27 de mayo ya no son "primarias". Estaría bien que por una vez corrigieran las derechas su yerro pues enmendar es de sabios. Pero no es el caso, no han enmendado el yerro, sino que han acumulado otro sobre el primero. Las elecciones del 27 de mayo no pueden ser "primarias" en ningún caso ya que sólo son primarias las elecciones para determinar quién será candidato en las siguientes, pero dentro de un mismo partido. No existen elecciones primarias entre partidos distintos. Querían decir que estas elecciones del próximo 27 de mayo serán un "adelanto" de las de marzo de 2008. Y vaya si van a serlo: un adelanto, un anticipo, un avance, una muestra. Se ve a la gente con verdaderas ganas de dar un varapalo electoral al PP que lleva tres años francamente insufrible.

E insufrible sigue. Si ya lo de las primarias era un poco de risa, ¿qué decir de la técnica del disco rayado en relación con la política antiterrorista del Gobierno? Hace falta ser primario para ignorar todas las informaciones y datos y seguir repitiendo machaconamente que el Gobierno ha pactado, está pactando o pactará con ETA, que hay un proceso de rendición en marcha y que ETA-Batasuna (todo es una, Fuenteovejuna) estará en las instituciones porque Cetapé (que es como el respetuoso registrador de la propiedad llama al señor Rodríguez Zapatero en sus mítines) quiere. Esto de insultar cuando se habla, sin parar, qué fascista es ¿verdad?

Llaman "primarias" a lo que no lo son, siguen siendo primarios en la elaboración de sus discursos y, cuando las cosas se complican, incluso por la vía penal, de las muchas que hay abiertas en España a causa de la corrupción municial, reaccionan de una forma tan desaforada y extemporánea que parecen primates. El señor alcalde de Alhaurín el Grande (Málaga), del PP y su concejal de Urbanismo, en libertad bajo fianza de 100.000 € cada uno e imputados en proceso penal por los presuntos delitos de prevaricación y cohecho, han salido de los juzgados afirmando que: "los etarras están en la calle y los humildes detenidos”. “Ésta es la política de Zapatero”. Esta manía de atribuir al presidente del Gobierno todas las decisiones que toman los jueces españoles (hicieron lo mismo en el caso de la señora Pantoja) revela dos cosas: a) no tienen ni idea de cómo funciona la administración de justicia en España, pero insultan a lxs jueces, a lxs que consideran mandadxs del Gobierno. b) Así es como les gustaría actuar a ellxs.


El lindo don Diego.

¡Qué sacrificada vida la de los padres recientes! Con esto de la paternidad responsable no es posible andar por ahí de teatros tanto como fuera del gusto de uno. Ayer pillamos casi de casualidad la última representación de "El lindo don Diego", de don Agustín Moreto (el de "El desdén con el desdén"), que veislo ahí en vera efigie. No me hubiera perdonado perdérmela porque está muy bien.

Es una obra muy galana y lopesca de este autor del siglo de oro de origen italiano que parece lleve la commedia dell'arte en la sangre. Es rápida, ingeniosa, chispeante, en verso rimado corrido y lleno de juegos de palabras. Una vieja fábula, la del carácter afectado, vacío y necio que toma el ejemplo del "Narciso en su opinión", de Guillén de Castro al que le tienen buscado parentesco con el "El soldado fanfarrón" (Miles gloriosus), de Plauto que imita a su vez al alazon del teatro griego. No acaba de convencerme. El lindo no es tanto un fanfarrón como un vacuo pagado de sí mismo. La descendencia del "Narciso" de Castro, en cambio, es evidente. Alguno de los personajes llega incluso a comparar a don Diego con el personaje de la mitología griega. Pero, al margen de otras diferencias muy a favor de la obra frente a su modelo, medio siglo anterior, hay una digna de reseñar porque prueba a qué velocidad evolucionaba la mentalidad en aquellos años del siglo XVII en que los personajes hablaban de viajes transatlánticos con una soltura que muestra que el mundo era español. Ella es que mientras la obra del valenciano se concentra en la intriga de los planes del padre y el modo en que los personajes los frustran, en ésta la acción se fundamenta en una consideración importante de filosofía moral: ¿deben las hijas aceptar sin rechistar la decisión del padre a la hora de adquirir estado o pueden hacer valer sus inclinaciones y sentimientos personales cuando no coinciden con los designios paternos? Sólo el hecho de plantearlo en aquella sociedad tan cerradamente patriarcal es un adelanto y da a la obra de Moreto el carácter de eso que hoy aburre un poco pero antaño era revolucionario, esto es, ser una obra "con mensaje".

De aburrida la pieza no tiene nada. Sobre su carácter de ingenioso enredo, el montaje que ha hecho el director irlandés Denis Rafter y la interpretación de Fernando Conde y lxs demás, le añaden un ritmo trepidante que evita el riesgo de engolamiento que suelen tener las obras en verso rimado. La escenografía mínima e intemporal impide los anacronismos y deja el escenario diáfano, lo que permite al director tratar la obra como una especie de ballet. Para ello ha introducido un coro de tres doncellas a modo de duendes que no me convence gran cosa y ha pautado la representación con algunos breves cortes musicales que, en cambio, sí me parecen un acierto. Era un programa de música rusa fundamentalmente, reconocí "La noche en el monte pelado", las "Danzas polovtsianas", los "Cuadros en una exposición" y "Kalinka", de las otras tres piezas no ando tan seguro. En todo caso, encajaban perfectamente con el escenario diáfano, la magnífica iluminación y la elegancia de los figurines. O sea, un placer.

La interpretación, de altura. Si en la función de estreno los actores acusan el nerviosismo de cómo saldrá la obra, la de despedida se hace con la seguridad de la obra dominada y acabada, la nostalgia del adiós y las ganas de dejar buen recuerdo. Supongo, además, que el teatro esté lleno ayuda mucho. Conde borda el don Diego y la pareja de criadxs/graciosxs, Mosquito y Beatricilla, son el elemento esencial para añadir a la clásica comedia de enredo el elemento liviano de burla y farsa, al que también apoyan las dos primas casaderas.

Este Moreto, que no alcanzó gran éxito en su vida y del que no sabemos mucho, está en esta pieza a la altura de su estricto coetáneo Molière y muestra su misma agudeza y capacidad para retratar a un tipo humano eterno, y fustigar así los vicios de su tiempo y de todos.

dimarts, 15 de maig del 2007

El Tribunal de Estrasburgo, Mister X y aquella conspiración.

Habiéndose aclarado ya que la decisión del Tribunal Europeo de Derechos Humanos del otro día sobre el recurso planteado por don Rafael Vera es una especie de "presentencia" que viene a adelantar el contenido de la sentencia dentro de unos meses, parece que queda algún tiempo para reflexionar sobre este interesante asunto. La "predecisión" invita al señor Vera a determinar el tipo de reparación que estime oportuno, adelantando así que el Tribunal considerará que su proceso y condena a 10 años por el asunto de Segundo Marey fueron injustos, a pesar de mediar una sentencia del Tribunal Supremo español, corroborada por otra del Tribunal Constitucional.

Las relaciones entre el Tribunal de Estrasburgo y las instancias judiciales y jurisdiccionales nacionales de los países signatarios del Convenio Europeo para la Protección de los Derechos Humanos y de las Libertades Fundamentales, entre ellos España, son complejas y ambiguas. Las decisiones del Tribunal de Estraburgo son obligatorias en los países, pero las del Tribunal Supremo y el Constitucional español son inalterables. De ahí que el efecto del pronunciamiento del Tribunal Europeo sea exclusivamente moral.

Moral, pero con la fuerza de un terremoto. Quienes sostuvimos que el proceso, la sentencia del Supremo y la del Constitucional fueron injustos, tuvimos que callarnos para que no se nos acusara de desacato a la justicia. Pero ¿qué justicia? ¿Qué justicia había en una instrucción realizada por el juez Garzón con el fin de vengarse de quienes él creía que se la habían jugado cuando estuvo en el ministerio del Interior con un cargo del Gobierno socialista? Una instrucción en la que fueron piezas esenciales sicofantes como Amedo. ¿Qué justicia en una sentencia condenatoria del Supremo sin pruebas materiales y basada tan solo en la apreciación subjetiva de dos careos? Un proceso realizado en mitad de un clima de ley de Lynch ¿Qué justicia en la decisión del Tribunal Constitucional dando por bueno este atropello? Ahora, la decisión de Tribunal de Estrasburgo ha venido a levantar la losa que pesaba sobre quienes consideramos que aquellos veredictos eran injustos y a reponer al señor Vera (y, por extensión, al señor Barrionuevo) en el ejercicio de su derecho, conculcado precisamente por los jueces. No lo digo yo; lo dice el Tribunal de Estrasburgo.

Un terremoto. Después de esto queda claro que tanto el señor Garzón como los magistrados del Supremo y los del Constitucional que votaron a favor de la condena (hubo cuatro que lo hicieron en contra) no actuaron como jueces sino como parte de aquella histérica campaña política y mediática de linchamiento que trataba de destrozar al gobierno socialista de entonces, valiéndose para ello de la justicia. Una auténtica vergüenza. Los políticos del PP, los periodistas que los azuzaban (especialmente el señor Ramírez, siempre perejil de estas operaciones turbias) fijaron el objetivo de la cacería en don Felipe González, a quien tildaron de "señor X", ingeniosa denominación que puso en marcha el señor Garzón y que desde entonces han repetido no solamente los miembros y beneficiarios directos de esta conspiración, sino también algunos descerebrados que dicen ser de izquierdas. Para tratar de conseguir su objetivo no dudaron en pasar por encima del derecho a la presunción de inocencia del señor Vera, no vacilaron en condenador injustamente a dos personas, en deshacer sus vidas.

Y esto ¿va a quedar así? ¿Los responsables de este atropello van a irse de rositas? De Ramírez, Álvarez Cascos y otros de esa cuerda, acostumbrados a decir o dejar de decir según les vaya en la feria no hay que esperar nada. Pero el señor Garzón, así como los magistrados que condenaron injustamente al señor Vera y los de Constitucional que sancionaron la injusticia, personas de honor, es de suponer, tienen el deber moral de pronunciarse sobre el parecer del Tribunal de Estrasburgo y decirnos a los justiciables qué opinan del fallo cuando se produzca.

El viaje del Papa.

En América Latina se concentra la mayor parte de los católicos del mundo y es razonable que el Papa acuda a animar a su feligreses. Lo tiene muy claro. Hace unas fechas decía a los peregrinos en Roma con motivo de la meditación mariana del 6 de mayo, que:

"Es mi primera visita pastoral a América Latina, y me preparo espiritualmente para encontrarme con el subcontinente latinoamericano, donde vive casi la mitad de los católicos de todo el mundo, muchos de los cuales son jóvenes. Por eso ha sido denominado el "continente de la esperanza": una esperanza que concierne no sólo a la Iglesia, sino a toda América y al mundo entero".
Es decir, hay que animar a la parroquia. El Vaticano está preocupado por el descenso en la cantidad de católicos del continente y el avance fulgurante de las confesiones evangélicas a las que S.S. considera "sectas", convencido, es de suponer, de que la suya no lo es.

Pero no parece que este Pontífice esté consiguiendo el eco y la resonancia de sus antecesores y mucho menos que sea capaz de encontrar los discursos adecuados a las circunstancias. Ya en otros momentos anteriores ha demostrado una considerable falta de tacto y de diplomacia, cosa extraña tratándose del Vaticano y que sólo puede explicarse por su cualidad más sobresaliente, su soberbia, producto de lo que considera su superioridad intelectual.

Llegar al subcontinente americano con una doctrina reaccionaria, contraria a la teología de la liberación y a los problemas reales de los habitantes no lo va a llevar muy lejos en su empeño. Y como la gente no es tonta, se da cuenta del doble y hasta triple juego papal, lo que tampoco va a procurarle muchas simpatías. Decir que la Iglesia no debe meterse en política y pedir al presidente del Brasil un trato de favor para ella reconocido por el Estado, al tiempo que se encadena un discurso político tras otro interfiriendo en los problemas de la región es un caso patente de doble moral que ha permitido al presidente Lula decir al Santo Padre que Brasil es un Estado aconfesional.

Ponerse a bramar contra el aborto y la contracepción, amenazando con la excomunión de los diputados que voten a favor de la primera cuando en el Parlamento de México D.F. acaba de aprobarse la normativa de interrupción voluntaria del embarazo, equivale a inmiscuirse en los asuntos políticos de otro Estado.

Cuestionar el "autoritarismo" del señor Hugo Chávez es algo que puede caer simpático a quienes, como este bloguero, detestan todos los populismos, incluidos los de izquierdas, pero es otro juicio aventurero procedente del máximo representante de la organización más autoritaria del planeta, el que se otorga infalibilidad cuando habla "ex-cathedra", cosa que aún no ha hecho el señor Chávez, aunque quizá no convenga darle ideas.

Decir que los sistemas marxistas sólo provocaron destrucción económica e ideológica es un overstatement y completarlo sosteniendo que el capitalismo neoliberal produce robo y expolio de las riquezas naturales es un understatement.

La afirmación de que el catolicismo no se impuso a la fuerza a los pueblos precolombinos es una negación tan crasa de un hecho histórico que casi parece que el Papa tome a los latinoamericanos por idiotas. Y algo de eso debe de haber en su sorprendente recriminación final, echando en cara a los católicos latinoamericanos su "machismo", que no me parece superior al del Papa, los cardenales y el resto de castos machos eclesiásticos.

Es posible que las sotanas que rodean al Papa lo convenzan de que ha sido un viaje apostólico muy productivo. Da la impresión, sin embargo, de que haya sido contraproducente. Este alemán de recias convicciones reaccionarias ha ido a un lugar del que ignora todo a adoctrinar a unos seguidores a los que desprecia. En efecto, cada vez es más patente la soberbia del intelectual católico Ratzinger, antiguo Prefecto para la Congregación de la Doctrina de la Fe.

Vuelta a las andadas.

El blog vuelve a aparecer desconfigurado cuando se visualiza con Explorer y sigo sin tener ni idea de cómo remediarlo, así que, a riesgo de parecer pelmazo, vuelvo a recabar ayuda por si alguien sabe cómo arreglarlo. Seguí los consejos que me dio iokikn hace unos días: reduje drásticamente la cantidad de posts que se pueden visualizar de una vez, dejándolos reducidos cinco días y puse las fotos en el centro. El desperfecto pareció arreglarse. Pero ha vuelto. He llegado a reducir los posts a dos días y hasta he aprendido a poner las imágenes en pixeles relativos, pero sigue saliendo desconfigurado. Así que renuevo mi llamamiento, pido disculpas a quienes vean el blog con explorer y lxs animo a pasarse a Firefox, que se baja gratis de la red y no da tantos problemas como el maldito explorer.


dilluns, 14 de maig del 2007

Reflexión sobre la izquierda (y VII).

Termino la serie que espero haya sido útil. Con todo lo visto, no sé si lo que viene a continuación es en verdad lo que defendía Ségolène Royal en las presidenciales francesas, pero es lo que a mí me hubiera gustado que defendiese, esto es, el programa de una izquierda de hoy para los países del capitalismo avanzado, según mi punto de vista. Sin olvidar que estos países presentan peculiaridades nacionales que no pueden pasarse por alto. No es verosímil un programa internacional completo de la izquierda, como si esto fuera la Komintern, pero sí pueden apuntarse las bases de uno de mínimos que arranca de un breve exordio negativo y sigue con un desarrollo más extenso en positivo.


El exordio negativo implica que, en la medida en que los países capitalistas avanzados son Estados democráticos de derecho, el uso de la violencia para fines políticos debe estar taxativamente excluido y toda opción revolucionaria que implique violencia, descartada. Esta negación debe ser clara, contundente y explícita. Nada hace más daño a las expectativas electorales de la izquierda que la ambigüedad respecto al hipotético uso de la violencia, y no se hable ya del terror, implícito en las confusas proclamas revolucionarias de la franja lunática del radicalismo.


El desarrollo positivo se divide, a su vez, en tres grandes apartados que estructuran el programa de la izquierda actual, engarzándolo con la reformulación de la trilogía revolucionaria francesa: libertad, igualdad, solidaridad.


• Libertad. El sistema político objetivo de la izquierda es la democracia entendida como regla de la mayoría y sufragio universal. La democracia como un fin en sí mismo y no como un medio para la consecución de algún otro sistema político no democrático, con independencia de que sus partidarios lo llamen "verdadera", "auténtica", "genuina" democracia. Esta forma de democracia es la representativa, que pivota sobre la supremacía del Parlamento entre los poderes del Estado. Dentro de ese marco caben sin duda todas las propuestas de profundización de la democracia (democracia participativa, deliberativa, formas de la directa a través de las nuevas tecnologías, etc) que se estimen oportunas. La única condición que deberán cumplir será la de tener la aquiescencia de la mayoría.


El Estado democrático, como Estado al servicio de toda la sociedad, debe estar libre de interferencias de grupos específicos de interés, especialmente los religiosos del tipo que sean. El Estado ha de ser laico, como condición imprescindible para llevar adelante políticas de reformas institucionales que amplíen las libertades sociales de los ciudadanxs en cuanto a las formas de organizar sus relaciones privadas en la vida cotidiana.


El Estado laico democrático basado en la regla de la mayoría debe tener un eficaz sistema de protección de los derechos de la minorías, valiéndose para ello de cuantos mecanismos sean compatibles con el Estado de derecho, desde las formas de la discriminación positiva a favor de minorias desfavorecidas hasta el derecho de autodeterminación de las minorías territoriales de índole nacional que los avatares de la historia hayan incluido en sus fronteras. La mejor garantía de ese sistema es la aplicación estricta del principio kantiano de publicidad de todas las decisiones que afecten a terceros.


• Igualdad. El instrumento más eficaz que la izquierda democrática ha puesto en marcha en pro de la igualdad y la justicia social ha sido el Estado de bienestar (Eb). La prueba a contrario reside en los furibundos ataques que ha venido recibiendo desde la derecha y desde la izquierda no democrática, si bien ésta ha pasado a ser ahora una intransigente defensora del Eb desde que entró en aguas turbulentas de crisis a fines del siglo XX.


El Eb sólo es concebible en una economía de mercado, es decir, capitalista. No hay alternativa de conjunto viable al capitalismo ni a la economía de mercado, como la historia ha demostrado contundentemente. El Eb es una forma corregir y ordenar el capitalismo y de transformar la economía de mercado en una economía social de mercado, basada en la fórmula de "tanto mercado como sea necesario y tanto Estado como sea posible". No es la sustitución del capitalismo por alguna forma de socialismo.


Por tanto, la acción de la izquierda democrática será en pro de políticas igualitarias y redistributivas utilizando todos los mecanismos posibles (financieros, monetarios, presupuestarios, etc) en sede parlamentaria para conseguir los máximos grados de cohesión e igualdad social, compatibles con la competitividad de las respectivas economías.


• Solidaridad. La izquierda democrática tiene un campo de acción nacional y otro internacional. En este último, debe favorecer el crecimiento y el desarrollo de los países del Tercer Mundo, luchando no solamente por ampliar las políticas de ayuda pública y privada al desarrollo, sino también por establecer condiciones de igualdad y justicia en las relaciones internacionales, especialmente las comerciales, que hoy brillan por su ausencia. La consigna que debe presidir la acción internacional de la izquierda es la de "comercio justo".

La izquierda debe dar asimismo una respuesta a la globalización que no puede ser una mera oposición estéril, ya que el fenómeno es imparable y, bien gestionado, positivo. Su acción debe ir orientada a encauzar la globalización, garantizar la libertad de circulación de capitales, mercancias, servicios y personas (lo que implica adoptar una actitud positiva respecto a las migraciones) y, al mismo tiempo, regular los intercambios financieros con propuestas como las de Attac, y garantizar asimismo la igualdad en otros aspectos concretos de la globalización, en concreto los informativos y culturales. Debe asimismo la izquierda arbitrar políticas multiculturales que hagan compatibles la tradición de los valores ilustrados que defiende con las peculiaridades culturales nacionales, cosa difícil, pero no imposible.


Obviamente la acción internacional de la izquierda debe estar inspirada en principios conservacionistas y ecologistas y fundamentada en un espíritu resueltamente pacifista, para lo que habrá de luchar por convertir el unilateralismo agresivo actual de los EEUU con apoyo de la Unión Europea y otros Estados capitalistas avanzados en una forma genuina de multilateralismo. Por supuesto, tampoco esto es fácil, pero debe recordarse que lo importante es arbitrar la políticas para hacerlo posible.


Por supuesto, hay muchos asuntos aquí que cabe matizar, profundizar y expandir. Se trata de un programa de mínimos de la izquierda democrática que permite ver que ese programa existe, no es utópico, sino realista y tampoco se confunde con el de la derecha neoliberal.

El último metro.

Para fomentar el amor al buen cine, la 2 de TVE programó anoche El último metro, de François Truffaut a las tres de la madrugada; de tres a cinco. Y merece la pena. Tengo para mí que sea la mejor película de Truffaut y mira que las hizo buenas. Pero donde las otras son buenas, ésta es excepcional, un peliculón, un prodigio de montaje, de ritmo, de dirección, de interpretación, de música. No es de extrañar que fuera archipremiada. No hay aspecto o detalle, del sonido al color, pasando por los juegos de iluminaciones, que no estén cuidados al extremo de parecer todos espontáneos, independientes y, al tiempo, integrados en una compleja historia que es como la imagen en un espejo del cruce de otras varias historias, ninguna de las cuales es la historia de la peli porque ésta es eso, una imagen, el resultado del entrecruzarse de las otras que no tiene lugar en la pantalla sino en la cabeza de los espectadores.

El relato se articula en tres niveles, uno externo, el París ocupado por los alemanes; otro inmediato, los ensayos para el estreno de una obra de teatro; otro interno, los sentimientos de los personajes implicados en los otros dos niveles, con sus peripecias particulares. A su vez, cada uno de estos planos incide y condiciona a los otros dos a través de un ingenioso mecanismo: un director, judío alemán, Lucas Steiner, (Heinz Bennent) aparentemente huido pero refugiado en realidad en el sótano del teatro, dirige secretamente los ensayos. Para ello se vale de su mujer, Marion Steiner (Catherine Deneuve), la principal actriz de la obra en ensayo, único personaje que actúa en los tres niveles y los comunica. Es de destacar que en cada uno de los planos Catherine Deneuve interpreta un papel distinto: directora del teatro (no de la obra) en el nivel exterior, actriz principal en el inmediato y esposa en el interior, por si alguien tenía dudas sobre la capacidad de esta inmensa actriz, verdadera protagonista de la historia. Lucas escucha los ensayos mediante una especie de tronera y luego imparte sus instrucciones a su mujer cuando ésta acude a verlo por las noches. Esos ensayos, a su vez, son estrechamente vigilados por un colaboracionista francés, un comisario de espectáculos que quisiera cazar a Steiner.

Es frecuente comparar El último metro con La noche americana y es muy cierto en cuanto a la forma de narración, esto es, cómo se monta un espectáculo (una peli en La noche americana y un drama en El último metro) en mitad del torbellino de la vida diaria y cómo incide ésta en aquel y viceversa. Se parecen mucho en el entrecortado y velocísimo ritmo y en el permanente juego de espejos entre la realidad y la ficción teatral; los dos personajes que se enamoran en la pieza se enamoran en la realidad y ello hace más dramática la pieza. ¡Ah, la paradoja del comediante!

Pero lo que complica la historia es el contenido y aquí la referencia es a Jules et Jim, cosa que se menciona con mucha menos frecuencia, probablemente porque J&J no tiene tan buena fama. Y, sin embargo, los paralelismos son muy intensos: una relación triangular de dos hombres, Lucas Steiner y el actor que da la réplica a Marion Steiner en la obra que ensayan, Barnard Granger (Gérard Depardieu), que aman a la misma mujer y una mujer, Marion Steiner, que ama a los dos hombres. Para mayor similitud, de los dos hombres que, además, se aprecian cuando se conocen, uno es alemán y el otro francés y su historia trascurre durante una guerra, la primera en J&J y la segunda en ésta. Y todavía más, en ambos relatos se introduce una referencia literaria alemana de la mano del alemán, claro. En J&J a Las afinidades electivas, de Goethe y en El último metro, a La montaña mágica, de Mann. Referencias que sirven para sublimar la situación triangular y convertirla en una hermosa relación de una especie de serena y feliz pansexualidad.

Me divierte pensar que la penúltima magnífica escena, un sanatorio que es teatro dentro del teatro, es el final de la adaptación que hace Lucas Steiner de La montaña mágica y que Gérard Depardieu es Hans Castorp mientras que Marion Steiner es Claudia Chauchat, pero no estoy seguro porque la imagen que tengo de Chauchat no coincide por entero con la descripción que de la mujer hace Lucas Steiner.

Pero eso son bobadas. El último metro es una obra de arte que mejora a J&J puesto que si ésta era una película de una novela, aquella, si no me equivoco, no viene de novela alguna; es cine puro.

diumenge, 13 de maig del 2007

Reflexión sobre la izquierda (VI).

La crítica de la derecha a la izquierda se ha dado en el terreno institucional y en el de las ideas. Me refiero a la crítica nueva, la de ahora a la izquierda de ahora. No hace falta mencionar la que llamaríamos "clásica", según la cual la izquierda se mueve por utopías pues su postulado esencial, la igualdad, no es realizable y si lo fuera, no sería deseable. Cuando pone manos a la obra, la izquierda solamente alumbra órdenes políticos autoritarios o dictatoriales y sistemas económicos inviables. Todo eso está ya más que visto y refutado.


La crítica actual de carácter institucional es un ataque al Estado del bienestar, considerado el resultado más representativo de la acción de la izquierda. La derecha lo formula en términos comedidos por cuanto sabe que el Estado del bienestar, en cuanto Estado asistencial, goza de mucha popularidad en la opinión pública. De tal forma la crítica apunta al carácter ineficaz, burocratizado, esclerótico y proclive a la corrupción del Estado de bienestar, pero lo hace en nombre de los ideales que el Estado del bienestar se supone que realiza, igualdad, redistribución, etc; es decir, el Estado del bienestar es contraproducente para los objetivos del Estado del bienestar: el salario mínimo es contrario al pleno empleo, los subsidios de paro desmovilizan a la mano de obra y otras argucias de ese tipo.


Con todo, el resultado de esta crítica, especialmente fuerte en los años noventa, ha sido la reforma de los Estados de bienestar; no su desmantelamiento. Estos Estados de bienestar son más o menos avanzados en cuanto al nivel de prestaciones sociales, pero todos ellos se han mantenido, a pesar de que los sectores públicos de las economías hayan desaparecido en los procesos de privatización. Se demuestra así que la categoría del Estado de bienestar no depende del carácter público de las economías, sino del carácter público de los servicios y la amplitud y eficacia de su prestación.


En este terreno la izquierda ha resistido bastante bien el ataque a los Estados de bienestar y ha aportado reformas e innovaciones. La derecha no cuestiona, al menos frontalmente, las instituciones de la seguridad social, las pensiones, los sistemas educativos, la sanidad pública. Como privatizar estos servicios sería perder las elecciones, la derecha pretende cohonestarlos con la gestión privada. Pero sólo el hecho de que ésta sea la propuesta demuestra que la crítica al Estado del bienestar tiene límites claros.


De otro tipo son las críticas a las ideas de la izquierda en sus últimas manifestaciones. Escojo tres ejemplos concretos de muy diverso porte.


• La crítica a la sedicente "superioridad moral de la izquierda". Se oye con mucha frecuencia. La señora Aguirre la formula recurrentemente. Lo que equivale a alancear moros muertos, como se decía en una época en que nadie pensaba en la alianza de las civilizaciones. Lo digo porque no sé con seguridad de dónde sale eso de la superioridad moral de la izquierda. No recuerdo a ningún izquierdista sosteniendo la peregrina tontería de su "superioridad moral". Lo que sí suele pasar es que la izquierda fundamente sus opiniones y propuestas en criterios morales, en valores morales, pero de ahí no se sigue que reclame para sí superioridad moral alguna. Lo sorprendente es que, quienes dicen que en la acción política hay que invocar valores y principios entienda luego que cuando se hace eso mismo, se esté por ello arrogándose una superioridad moral. Esto sólo puede entenderse si alguien deduce que la fundamentación ética de las propuestas equivale a una pretensión de superioridad moral. Es decir, el problema está más en la cabeza que critica que en la cosa que dice criticar.


• La denuncia del "pensamiento único". También un enunciado frecuente en la derecha. Y también sorprendente por cuanto, que yo sepa, esto del "pensamiento único" es una invención relativamente reciente de la izquierda, pero precisamente como crítica a la derecha. Nunca me pareció aceptable el concepto por el contenido ni por la forma. Con él se quería denunciar el intento de hacer prevalecer un modo determinado de entender ciertos fenómenos, especialmente el de la globalización. Pero esto se ha dado muy frecuentemente en la historia. Muchas veces ha habido opiniones dominantes, pero eso no quiere decir que el fenómeno pueda caracterizarse de "pensamiento único". Sea como sea, ahora es la derecha la que dice rebelarse contra el de la izquierda. Es decir, además de su poca fortuna, el "pensamiento único" es un argumento bumerán. Bumerán y degenerativo porque ¿cuál es o en qué consiste el "pensamiento único" de la izquierda, que es una concepción del mundo caracterizada por la diversidad de sus planteamientos?


• La virtud republicana o cómo los valores laicos, civiles, democráticos son más propios de la derecha que de la izquierda. En España, en donde esto de la "virtud republicana" se ajusta mal al recinto político en que se habla, el valor que se enarbola es el "patriotismo constitucional". Otra apropiación indebida de otro concepto a su vez mal empleado. No hemos de entretenernos en el mal empleo sino sólo en señalar que lo que pretende es contrapesar con algo el nacionalismo español. La idea era probar a los nacionalismos no españoles que no tenían que prestar lealtad a otro nacionalismo, el español, sino a una norma jurídica, un producto de la razón orientado al bien común con la Constitución. Ya en sí misma esta propuesta es absurda cuando se piensa en esos nacionalismos no españoles que ven a la Constitución como emanada de la nación española, pero se convierte en ridícula cuando la esgrime la derecha que parte del supuesto de que, en efecto, la Constitución española es legítima y digna de obediencia porque es una emanación de la nación española.


No veo que el ataque teórico de la derecha a la izquierda sea verosímil; pero sí veo que, en parte como consecuencia de ello, la izquierda está en necesidad de explicarse a sí misma y decir cuáles sopn sus opciones en el mundo contemporáneo. Sobre ello, mañana.


Vuelven las manifas parcanteras.

Hacía tiempo que no se veía la bandera fascista de España en una manifa del PP y ayer volvió a salir, como se ve en la foto que saco de El plural, de un artículo de Luis Marchal. Ya están de nuevo en la calle, en las manifas de la AVT-PP, en donde luego el señor Rajoy no las ve, enmarcando la demagogia más desaforada. Porque lxs convocantes y quienes hablan encendidamente en los discurso finales poniendo de relieve la injusticia de que un asesino de 25 personas esté dándose el vidorro en San Sebastián, mienten a mansalva. El asesino de 25 personas ya cumplió su pena y carece de sentido pedir más justicia para él, salvo que se trate de la "justicia de Peralvillo", que es de la que entienden estos agitadores profesionales. El que está dándose el vidorro donostiarra es el De Juana que fue condenado (injustamente, a juicio de muchxs, entre ellxs de este bloguero) por publicar dos artículos bastante malos en Gara. Por lo tanto, quien debería manifestarse hoy en todo caso sería la señora Gallizo, directora general de prisiones y algún otro a quienes, según la sentencia, amenazaban aquellos indescriptibles artículos.

No merece la pena molestarse en explicar lo evidente: en esas manifas en nombre de las víctimas y en contra de De Juana, ni De Juana ni las víctimas cuentan. Esas manifas son algaradas callejeras del PP contra el Gobierno y, a estas alturas, bastante ridículas, con gamberros de postín y sacristía.