dissabte, 12 de maig del 2007

El Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

La sentencia del TEDH dando la razón al recurso presentado por Rafael Vera contra su condena en el Tribunal Supremo español equivale a una oleada marina que afecta de lleno a la Justicia española. Sin efectos jurídicos directos, plantea una cuestión moral que debiera provocar algún tipo de reacción.

De entrada, desde luego, quienes sin hacer ninguna concesión a los GAL defendimos siempre que el proceso contra Vera y Barrionuveo era injusto, ya desde la vengativa instrucción del juez Garzón; quienes pensamos que la sentencia del Tribunal Supremo era injusta porque se condenaba a los acusados sin pruebas materiales incontestables y en base a unos careos entre Sancristóbal y García Damborenea por un lado y José Barrionuevo, ex-ministro del Interior, por el otro, donde el tribunal apreció subjetivamente la culpabilidad de Barrionuevo estamos de enhorabuena, aunque la sentencia sólo afecte al señor Vera, que es quien ha recurrido.

Ya nadie podrá devolver a Vera y Barrionuevo el tiempo que perdieron en la cárcel pero ahora caben varias posibilidades: andar con mayor precaución en el nuevo e inmediato proceso que espera al señor Vera; buscar el modo que jurídicamente sea viable para reponer al señor Vera (y, por extensión, al señor Barrionuevo) en el ejercicio de sus derechos quebrantados y de su dignidad lesionada, con pública exposición de aquel clima de acoso que desde unos medios (siempre los mismos, empezando por El Mundo, como hoy) llevaron a una administración torcida de la justicia, y caiga quien caiga; analizar la función de los medios de comunicación y su colusión con los políticos que llevó a una situación tan irrespirable en la que, en buena medida, la sentencia venía ya preescrita en las intervenciones del poder político. ¿O nadie recuerda al señor Álvarez Cascos, vicepresidente por entonces del Gobierno, declarando que si el Supremo no fallaba en el sentido que a él y a los suyos convenía defraudaría a la sociedad?

Y una última cuestión: ahora resulta que quienes se solidarizaban a las puertas de la cárcel de Guadalajara no sólo no eran cómplices, como han estado insinuando políticos y periodistas de la derecha, sino ciudadanos dignos que protestaban contra los abusos.

No sé cómo, pero hay que hacer algo porque se reconozca públicamente la ignominia de aquellos años y cada cual quede en el lugar que le corresponde. Quienes orquestaron tamaño atropello, desde el juez Garzón, hasta el periodista Ramírez, pasando por los políticos del PP que lo alentaron y se beneficiaron de él, no pueden irse de rositas.

divendres, 11 de maig del 2007

Reflexión sobre la izquierda (IV).

Una de las opiniones más extendidas sobre la consecuencias de las recientes presidenciales francesas es que el Partido Socialista tendrá que "refundarse" y decidir si trata de mantener su espacio propio y abrirse a los centristas de Bayrou (al fin y al cabo, una derecha civilizada) o busca un terreno común con las formaciones a su izquierda, comunistas, trotskystas, alterglobalizadores. Es un dilema característico de la socialdemocracia desde hace mucho tiempo, prácticamente desde que, a raíz de la Iª Guerra Mundial, la IIª Internacional se escindió, dando lugar a la IIIª, la comunista. Ayer quedé en postear sobre las diferencias dentro del campo de la izquierda, especialmente socialdemócratas y comunistas.

Esa tensión en la socialdemocracia estalló inmediatamente después de la muerte de Engels, en 1895, en el llamado "debate del revisionismo". Bernstein y otros sostenían que el fin revolucionario, la sustitución de la sociedad capitalista por la socialista, era irrealizable y que la socialdemocracia debía actuar con criterios reformistas, pero sin cuestionar el capitalismo. Rosa Luxemburg, Karl Liebcknecht y otrxs, mantenían que eso era una traición y que el partido debía preservar su objetivo revolucionario. Las dos tendencias convivieron mal que bien dentro del partido que tenía dos programas, el "máximo" y el "minimo". Algo parecido pasó con el PSOE en los años treinta, en su seno convivían un alma reformista y un alma revolucionaria.

La ambigüedad socialista se resolvió por fin en el caso alemán cuando en el famoso congreso de Bad Godesberg, en 1919, el SPD aceptó el capitalismo. Era manifestar por escrito lo que ya practicaban muchos partidos socialistas europeos, esto es, la economía de mercado, la democracia no estaban en discusión. Frente a ellos, los comunistas mantuvieron el fin revolucionario y, aunque participaban en la política democrática, seguían pensando en la democracia como una etapa hacia el socialismo, que presuponía la abolición del capitalismo y del mercado. Se trataba de una izquierda revolucionaria. Mientras existió el bloque de los países del llamado "socialismo real", se mantuvo este enfrentamiento entre las dos fuerzas de la izquierda. Hubo un intento de desligar a los comunistas occidentales de los países comunistas a través de una propuesta que se llamó "eurocomunismo" en las años setenta y que, en lo esencial, consistía en presentar partidos comunistas que aceptaran la democracia como un fin en sí mismo. El intento, especialmente en Italia, Francia y España, tropezó con el inconveniente de que ese espacio político estaba ya ocupado por el socialismo democrático.

Al hundirse el bloque soviético, a comienzos de los años noventa, se abrió una crisis de supervivencia en los partidos comunistas que se habían quedado sin referente. Desde entonces el comunismo en las sociedades democráticas ha ido perdiendo presencia y relevancia políticas. No siendo capaces de dar una explicación del hundimiento del "socialismo realmente existente" (que había dejado de existir como por arte de magia), ni de justificar su existencia o explicar su programa a partir de ese momento, unos partidos comunistas simplemente se disolvieron, otros se "refundaron" a veces como grupos meramente testimoniales y otros entraron en alianzas electorales con otras formaciones de izquierda para hacer lo que el coñac según el famoso poema de garcía Lorca, que "se disfrazó de noviembre para no infundir sospechas".

Esa es la diferencia entre las dos izquierdas occidentales: el socialismo no cuestiona el capitalismo, el mercado y la democracia y se concibe como una izquierda reformista y el comunismo sí cuestiona el capitalismo y el mercado, pero no, en principio, la democracia, en lo que constituye una formulación inverosímil e imprecisa. Forma parte de esta dicotomía el hecho de que los comunistas suelan negar la condición de "izquierda" a los socialistas por haber abandonado la finalidad revolucionaria anticapitalista y los socialistas, a su vez, nieguen esa misma condición de "izquierda" a los comunistas por entender que no son democráticos.

Desde el punto de vista de este humilde bloguero ambas formas son la izquierda, lo que sucede es que la propuesta revolucionaria es hoy una perspectiva bastante confusa en las sociedades capitalistas avanzadas sobre la que pesa el colapso del sistema soviético y que no hace ganar elecciones, mientras que el socialismo reformista tiene una tendencia recurrente a dejar de lado sus políticas reformistas y adaptarse a las exigencias del guión del mercado capitalista.

El ejemplo más claro de lo anterior puede verse en los avatares del Estado del bienestar. La fórmula es claramente socialdemócrata y socialdemócratas (junto a democristianos en muchos casos) quienes la pusieron en marcha y cosecharon grandes éxitos en la segunda posguerra. Pero también fueron socialdemócratas (en la estela de los neoliberales) quienes, a partir de los años ochenta, reformaron drásticamente los Estados del bienestar y privatizaron prácticamente todos los sectores públicos en las economías capitalistas.

Y en ese juego entre una izquierda democrática reformista y mayoritaria, que alterna gobiernos con la derecha y, a veces, en alianza con ella, y la izquierda revolucionaria, minoritaria sin esperanzas reales de formar gobiernos como no sean locales, se mueve hoy la polémica entre la izquierda y la derecha actuales acerca de lo que dire algo mañana.

"Tory" Blair se retira.

El señor Blair dijo ayer que el 27 de junio presentará su dimisión como Primer Ministro (PM) a la Reina. Pone así fin a 10 años de mandato en los que ha ganado tres elecciones generales con mayorías abrumadoras las dos primeras, esto es, 179 diputadxs en 1997 y 164 en 2001, y muy holgada en 2005, de 66 diputadxs. Ha sido el PM más joven del Reino Unido y el socialista que más tiempo seguido ha gobernado. Vino abanderando una concepción del "nuevo laborismo" llamada Tercera vía, básicamente teorizada por Anthony Giddens y que, en lo esencial, era el tradicional pragmatismo anglosajón aplicado al mundo de hoy.

Muchxs dirán que Blair será recordado por haber puesto al Reino Unido al servicio de la política exterior de los EEUU y, sobre todo, por su participación en la criminal aventura del Irak, acerca de lo cual, el PM ya en funciones dijo que había hecho "lo que creía era justo". Es posible, pero nunca se sabe quién sí y quién no será recordado y por qué motivo. Aparte de su desastrosa política exterior también se le echa en cara su política económica, considerada una continuación del thatcherismo, aunque haya tenido la suerte de haber coincidido con un ciclo de coyuntura alta, lo que ha permitido mitigar los malos efectos sociales de todo thatcherismo.

Pero Blair también ha sido el PM de otros actos de gobierno por los que asimismo merece ser recordado: en primer lugar, la implantación del salario mínimo, del que Gran Bretaña había carecido hasta entonces. Y no menor importancia, a mi juicio, tiene su reforma constitucional, es decir, la reforma de la Cámara de los Lores que se ha democratizado y la "devolución" (esto es, descentralización política) de poderes a Gales y Escocia, que aún no tienen ni una parte de las competencias que tiene en España el País Vasco. Y, en este terreno, su logro más importante ha sido la pacificación del Ulster.

¿Pesarán todos estos aciertos lo suficiente para contrarrestar el baldón del Irak en la memoria de las gentes? El tiempo lo dirá. Lo que está claro es que se va un hombre que ha marcado una época, un "animal político" pleno al que quizá perdieron sus "malas compañias", los señores Bush y Aznar. ¿A quién se le ocurre?

Blogorismos.

La alcaldada.

Leo en el InSurGente que el alcalde del PSOE de Espera (Cádiz), Luis Fernández Jurado, piensa rifar un piso entre quienes asistan a sus mítines. Y ha habido gente que ha cuestionado el carácter reciamente español del PSOE; que si la E de las siglas ya no priva o que si el partido quiere entregar España al enemigo. Rumores falsos, alarmismos. ¿Hay algo más español que una buena alcaldada?


Los candidatos

Ayer vi en TeleMadrid el debate de los tres candidatos a la alcaldía de la capital. Vaya sobo que dio Ruiz Gallardón al señor Sebastián. Pero ¿cómo se le ocurre a este paracaidista poner en solfa la dedicación del alcalde a los asuntos madrileños? El señor Sebastián no es ni concejal y al otro le han salido los dientes prácticamente dedicado al Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid, a veces como oposición, a veces como gobierno. Lo habrá hecho mejor o peor , pero lo ha hecho. No, en política no vale todo.


En huelga de hambre.

El señor Julián Muñoz, exalcalde de Marbella, hoy en la cárcel, ha cesado en su huelga de hambre a menos de una semana de haberla comenzado, de un modo tan inexplicable como inexplicable fue su comienzo. Han tomado el relevo cuatro de los acusados en el juicio del 11-M, tres presuntos autores intelectuales (sic) y un supuesto autor material. Ya veremos cuánto aguantan estos, aunque por sus costumbres religiosas estarán, supongo, acostumbrados a ayunos y penitencias. Pero una cosa es el Ramadán y otra no probar bocado durante días y días y días y sin un motivo claro que lo justifique. En fin, que Alá los ilumine que no sé yo si las huríes los querrán famélicos.

dijous, 10 de maig del 2007

Reflexión sobre la izquierda (III).

Abordamos ahora la cuestión pendiente de qué sea la izquierda y qué la derecha. Como carecemos de una definición nítida, universalmente aceptada, cosa frecuente en el vocabulario de las ciencias humanas, tendremos que tratar de construir una concepto razonable y distintivo. Para ello volvemos al momento histórico en que aparece el término, la Asamblea Nacional de la revolución francesa, nos preguntamos qué defendía cada uno de los dos bloques y el asunto está claro: la derecha defendía el mantenimiento del ancien régime, con el Rey a la cabeza y la izquierda defendía su abolición, con el Rey también a la cabeza.

Pero ese debate ya no es actual. Al ancien régime se lo ha llevado el vendaval de la historia, aunque parte de la izquierda sigue cuestionando la Monarquía allí en donde existe. Y, sin embargo, según vemos, sigue habiendo izquierda y derecha. No es buen camino, por tanto, tratar de buscar nuestro concepto en el qué se debatía tanto como en el cómo se debatía, esto es, bajo qué presupuestos. Para la izquierda el ancien régime era injusto porque consagraba privilegios y, por ende, desigualdades. Esa injusticia no era parte del orden inmutable de las cosas, del orden "natural" o de la voluntad divina, sino producto de la actividad de los seres humanos y de las relaciones entre ellos y cabía ponerle remedio, eliminarla, mediante la acción de esos mismos seres humanos, cambiando las dichas relaciones entre ellos. Frente a esta concepción, la derecha no experimentaba el régimen de privilegios como injusto, lo consideraba parte del orden natural (o divino) de las cosas y no pensaba que fuera necesario transformarlo mediante la acción humana. Es más, tenía la peor opinión de las teorías que justificaban tal intervención que pronto se conocería con un nombre que hizo fortuna a lo largo de los 200 años posteriores, la revolución. Basta leer las diatribas de Edmund Burke, pensador conservador por antonomasia en contra de las aberraciones "anarquistas" de las declaraciones de derechos a las que otro conservador, Jeremy Bentham, llamaba "falacias anarquistas".

Ahora sí, ahora parece que hemos encontrado unos criterios que permiten distinguir la izquierda de la derecha por encima de las cuestiones contingentes de la historia y atribuir el marchamo de izquierda o derecha a comportamientos anteriores a la revolución francesa (recuérdense las palabras del Manifiesto del Partido Comunista) y posteriores a ella, hasta el día de hoy. La izquierda cuestiona el orden existente cuando lo considera injusto, consistiendo la injusticia básicamente en las desigualdades entre las gentes, cree que dicha injusticia es resultado de la organización social y propone cambiar ésta al estar convencida de que ello es posible.

Y esta forma de razonar ¿qué es? Tampoco estamos muy seguros. El término ideología no es muy feliz. Los marxistas le dieron un tinte poco recomendable al vincularla con las condiciones materiales de existencia y, en definitiva, equipararla a una forma de conciencia falsa. Como nadie quiere tener una "conciencia falsa", la ideología era siempre la que tenía el adversario y no uno mismo. Tampoco la versión, digamos vulgar, no marxista, de ideología como conjunto más o menos congruente de ideas tuvo mejor fortuna desde que Daniel Bell y otros, a veces muy conservadores y hasta ultrarreaccionarios, como Gonzalo Fernández de la Mora, diagnosticaron el fin de las ideologias en la época feliz del capitalismo desarrollado y la sociedad de consumo. Más wagneriano, Fernández de la Mora lo llamaba el crepúsculo de las ideologías. Recuérdese la anécdota de los años 7o: "¡Afíliate al Partido Comunista! ¿Y qué hago con el seiscientos?"

Si la izquierda (y la derecha) no son ideologías, ¿qué son? Algo así como "concepciones del mundo", "cosmovisiones", Weltanschuungen, en la medida en que este concepto filosófico diltheyano ha ido, digamos, popularizándose y convirtiéndose un poco en un término "passepartout": una forma de ver las cosas, que tiene tanto que ver con las cosas mismas como con nuestra forma de ser, la educación que hemos recibido, la socialización que hayamos tenido, las Erlebnisse de Dilthey, traducidos por Ortega como vivencias de cada cual. Si no se toma como un abuso del autor de La rebelión de las masas, podría entenderse como un sistema de ideas y creencias al mismo tiempo, entendiendo las creencias, ya se sabe, como aquello en que "se está".

Se es de izquierdas y "se está" en la izquierda, lo cual quizá ayude a entender ese curioso y muy frecuente fenómeno de que, en el curso de la biografía de las personas, un porcentaje apreciable de éstas evoluciona de la izquierda a la derecha. No me refiero a evoluciones dentro del Lager de la izquierda entre posiciones, digamos, más o menos moderadas, sino un vuelco completo, un cambio de concepción del mundo o Weltanschuung de la izquierda a la derecha, una experiencia estadísticamente frecuente en nuestras sociedades, que no se compensa, sin embargo por unas trasferencias similares en el otro Lager. Los cambios de la izquierda a la derecha son muy frecuentes; los de la derecha a la izquierda, escasísimos. Volveré sobre los casos prácticos de esta mudanza dentro de un par de posts. Aquí me limito a dejar constancia de que sucede y la única explicación que se me ocurre es que, como son cambios biográficos que suelen caracterizar a la juventud y la edad madura (no hay cuidado, que no vuelvo sobre las edades de la vida, aunque son muy ilustrativas al respecto) parece obvio que la cosmovisión juvenil es más proclive a la izquierda que la madura. ("Quien a los veinte años..., etc).

Lo que me interesa ahora y será objeto del post de mañana, es investigar las transformaciones y cambios dentro del campo de la izquierda y específicamente, las relaciones entre sus dos mayores corrientes en la parte más importante del siglo XX, esto es, los socialdemócratas y los comunistas, tratando ambos de responder a la cuestión de qué actitud se adopta ante el capitalismo (el equivalente del ancien régime al día de hoy y qué sentido tiene que ambas corrientes se nieguen mutuamente el derecho a autodesignarse como izquierda.

Satánicas sotanas.

Monseñor Fernando Sebastián, Arzobispo de Pamplona se ha pasado veinte pueblos, recomendando a sus feligreses que voten por:

"Comunión Tradicionalista Católica, Alternativa Española, Tercio Católico de Acción Política, Falange Española de las JONS."
Si ya está mal que los curas digan a la gente lo que tienen que votar, peor lo está que, además, le digan que vote a la extrema derecha. Vamos, que suena a nacionalcatolicismo del 39.

Monseñor Sebastián se queja de que sus palabras se han sacado de contexto. Es la excusa que ponen siempre quienes meten la pata cuando se les calienta la boca. También la señora Botella, esposa del señor Aznar dice que las palabras de su marido se han sacado de contexto. Pero eso es imposible porque las palabras de Aznar nunca tienen contexto pues suelen ser unas memeces achuladas y entrecortadas que carecen de toda estructura y relación interna. En el caso del Obispo sí hay contexto y Monseñor Sebastián añade a su petición de voto una consideración que parecería animar a un voto meramente testimonial:

"Todos ellos son partidos poco tenidos en consideración. Tienen un valor testimonial que puede justificar un voto. No tienen muchas probabilidades de influir de manera efectiva en la vida política, aunque sí podrían llegar a entrar en alianzas importantes si consiguiesen el apoyo suficiente de los ciudadanos católicos."
Reintroducir el contexto en las observaciones de Monseñor Sebastián sólo indica que la gente puede pronunciarse sobre si Monseñor Sebastián es un fascista o un merluzo o ambas cosas a la vez. En todo caso, me apunto a la campaña de no pagar a la Iglesia en la declaración de Hacienda que ha puesto en marcha Manuel Rico y he sacado de su blog, Periodismo incendiario.

dimecres, 9 de maig del 2007

Reflexión sobre la izquierda (II).

Entre los comentarios que llueven sobre las presidenciales francesas vuelven dos característicos leit motive de las derechas desde hace muchos años: uno dice que por azares del destino y algunas otras causas menos abstrusas la izquierda, antaño identificada con los avances, el progreso, la innovación, se ha hecho retardataria, mientras que la derecha, que pasaba por eso mismo, está hoy pletórica de iniciativa, empuje y renovación. Todavía me bulle en la cabeza un libro de Vázquez Rial llamado La izquierda reaccionaria. El otro comentario, más radical y más antiguo que éste, dice sencillamente que la contraposición izquierda-derecha carece ya de sentido, que está superada.

Empezando por la última: la oposición izquierda-derecha es muy antigua. Probablemente tanto como la humanidad. Lleva este nombre, como sabemos, desde la Revolución francesa pero me da la impresión de que ésta no hizo sino bautizar more geometrico una dicotomía humana que se pierde en la noche de los tiempos. Dicen Marx y Engels en su famoso Manifiesto del Partido Comunista que:

"Hombres libres y esclavos, patricios y plebeyos, señores y siervos, maestros y oficiales, en una palabra: opresores y oprimidos se enfrentaron siempre, mantuvieron una lucha constante, velada unas veces y otras franca y abierta; lucha que terminó siempre con la transformación revolucionaria de toda la sociedad o el hundimiento de las clases beligerantes".
Esto es, el Manifiesto interpreta la historia en el sentido de oposiciones binarias que algunos llamarán maniqueas. Suele decirse que las visiones maniqueas son simplificadoras y por tanto desaconsejables. Según y cómo porque también son reflejo de la estructura misma del ser. El mundo, con nosotros dentro, se nos aparece a base de contraposiciones maniqueas: luz/oscuridad, materia/espíritu, bien/mal, día/noche, vida/muerte. Nada, pues, de extraño que la política en cuanto actividad humana se organice asimismo maniqueamente.

A las contraposiciones de Marx y Engels podríamos añadir bastantes más: creyentes/no creyentes, colonos/colonizados, globalizadores/globalizados y, en la forma nítidamente política que le dio Carl Schmitt y resume todas las demás, con independencia del tiempo y el espacio, amigo/enemigo, inteligente trasunto del "opresores/oprimidos" del Manifiesto. En todas estas contraposiciones políticas podrá siempre descubrirse una "izquierda" y una "derecha", especialmente en la dicotomía autorreferencial schmittiana.

Así que hay izquierda y derecha para rato. Es más, es la única contraposición vigente en todas las sociedades políticas contemporáneas. Por ello aburre citar al bueno de Alain cuando, ya a comienzos del siglo XX, hace 100 años, decía que quienes niegan la vigencia de la dicotomía izquierda-derecha son siempre de derechas. Y así sigue siendo. Y eso cuando no son directamente fascistas. ¿No decían los joseantonianos que ellos no eran de izquierdas ni de derechas, "sino todo lo contrario"? Se trata del complejo de la derecha de negarse a sí misma como Pedro al Señor y su deseo de emborronar el cuadro. Pero no conozco a nadie de izquierdas que no se reconozca como tal. Es más, las diferentes izquierdas rivalizan por apropiarse el término y, de paso, negar su uso a las demás, como si fuera un copyright.

El segundo comentario, el de la izquierda "reaccionaria" y la derecha "innovadora" es una variante pobre del primero. Si se miran bien, todos los "cambios", las "innovaciones" de la derecha consisten siempre en una propuesta de volver a una situación anterior. El neoliberalismo quiere volver al liberalismo del mercado irrestricto. El señor Sarkozy quiere volver al orden, la autoridad, la jerarquía y que los niños se levanten cuando entre el profe en clase. El señor Bush quiere volver a la idea de la creación divina de las especies. Las derechas españolas, a Isabel y Fernando. Toda "innovación" de la derecha es en realidad una restauración. Si, frente al intento, la izquierda, a veces (no siempre) defiende lo ya conseguido o establecido, sólo se le podrá llamar "reaccionaria" a base de sofismas. Defender el derecho del trabajo y la contratación colectiva, por ejemplo, frente al intento de la derecha de retornar al régimen de indefensión contractual de los trabajadores del primer capitalismo no es reaccionario; lo reaccionario es lo otro. Y, como eso, todo: la izquierda sigue siendo la rupturista e innovadora en todos los órdenes de la vida porque eso es lo que es esencialmente la izquierda, disconformidad con el presente e intentos de superación en base a fórmulas nuevas de las que unas son más felices que las otras. Mientras que la derecha se opone a toda mudanza con uñas y dientes y, cuando propone algún cambio, es para retornar a un estadio previo. Llamar a eso innovación es hacer demagogia.

Por supuesto, las consideraciones anteriores valen para todos aquellos cambios sociales que están dentro de lo que los seres humanos pueden razonablemente planificar, moderar, programar, reformar. Asimismo hay cambios que se producen de modo espontáneo, con independencia de los criterios programáticos de las concepciones políticas y frente a los que cabe pronunciarse, tomar posiciones, prevenir consecuencias, pero sería absurdo sostener que es uno u otro quien los haya iniciado. Nadie puso en marcha el capitalismo que no es el resultado de la aplicación de programa o "blueprint" alguno; como nadie puso en marcha la globalización, que arrancó cuando lo hizo y ni siquiera estamos de acuerdo sobre cuándo lo hizo, dándose diferencias de criterio de cientos de años.

Es a la hora de reaccionar frente a las concretas relaciones de fuerzas de las distintas etapas sociales donde la izquierda se distingue claramente de la derecha. Ésta aceptará el orden constituido como esté y entenderá que, si hay que cambiar para mejorar, será regresando a algún punto anterior. Mientras que la izquierda, disconforme con ese orden constituido, tratará siempre de negarlo y superarlo, buscando fórmulas nuevas, no ensayadas con anterioridad. Claro esto es como cuando los químicos esperan al resultado de una reacción antes de pronunciarse sobre la naturaleza de un compuesto. Asimismo nos obliga a precisar algo más qué sea la izquierda y, por extensión, la derecha, lo que queda para mañana. Pero algo está claro: hay izquierda, hay derecha y no son lo que los propagandistas de la derecha dicen que son.

Sorprendente Tintoretto.

Hemos ido a ver la exposición del Tintoretto en el Prado que está muy bien. Ocupa toda una galería central de la primera planta y ofrece obras famosísimas del genio veneciano que andan en diferentes museos y otras, claro, de los fondos del nuestro. Un placer contemplar ese lienzo de San Jorge (pequeño, para las dimensiones habituales de las obras de "Robusti"), que está en la National Gallery de Londres. Con esa organización revolucionaria del espacio, una línea oblicua que parte de la asustada princesa Cleodolinda y organiza toda la peripecia de San Jorge de Capadocia dando muerte al dragón que había de comérsela, hasta ascender a los cielos, en donde Dios padre bendice la escena que viene a ser un triunfo de la Iglesia como atestigua esa víctima anterior del dragón en el suelo, reminiscente del crucificado. La imponente composición se corona con la revolucionaria imagen escorzada del castillo, que separa el cielo de la tierra. Tintoretto es el último renacentista y el primer barroco.

Me llevé una sorpresa con la Danae de más arriba, obra de 1580, es decir, de avanzada madurez, que se conserva en el Museo de Bellas Artes de Lyon y que no conocía. También una composición curiosa y poco frecuente. No tiene la gran sensualidad que supo imprimirle en sus tres versiones su rival Tiziano, pero no hay duda de que es original y el desnudo, en una línea oblicua paralela a la de la codiciosa criada, tiene fuerza. La hija del Rey de Argos parece ajena al afán inseminatorio que se trae Zeus convertido en lluvia de oro y todo en la composición, excepción hecha de la criada, da la impresión de ignorar el prodigio que está produciéndose. Hasta el perrito mira en la dirección equivocada.

De los fondos del Prado procede esta abigarrada y dinámica escena, también obra de mucha madurez en la que la maestría de Tintoretto es apabullante, al cuadricular la escena y así fragmentarla como si fueran viñetas. Aparece rotulada como "Rapto de Helena" pero admite dos títulos, siendo el otro "Batalla de turcos y cristianos". Ambas denominaciones tienen un punto. En una batalla de turcos y cristianos, la mujer de la izquierda está de más. Pero, para ser el rapto de Helena muchos de los combatientes parecen turcos y algunas de sus armas, como la cimitarra del puente, turcas son. Las naves, sin embargo, no son galeras de guerra y el que está junto a Helena bien puede ser Paris.

Me gustaría subir más imágenes porque la exposición está muy surtida y hay bastantes bellísimas, pero no voy a dar la plasta. Me reduzco a ésta de aquí abajo, el último cuadro del Tintoretto que no llegó a terminar, una deposición,

una impresionante composición cargada de sentimiento (aunque la reproducción que he encontrado es bastante mala), concebida por un hombre que se sabía próximo a la muerte, en una perspectiva similar a la de San Jorge y el dragón, que arranca del cuerpo del hijo, sigue por el de la madre, ambos en similar actitud de crucifixión y asciende hacia los cielos a través del Calvario. Una especie de exaltado itinerario místico.

La exposición es una ocasión única y la termino con una composición de un estricto coetáneo de Tintoretto, Giovanni Pierluigi da Palestrina, un hermoso cántico polifónico, un Nunc dimittis, muy apropiado para lo que está aquí diciéndose.

Se trata del momento en que, habiendo sus padres presentado a Cristo en el templo, Simeón pide permiso a Dios para morir, pues ya ha cumplido su anhelo en la vida (Lucas, 2, 29-32).

dimarts, 8 de maig del 2007

Reflexión sobre la izquierda (I).

Esto no ha hecho más que comenzar. Ayer se oyeron y leyeron múltiples análisis de lo sucedido en Francia el domingo. Las derechas, encantadas. El señor Rajoy decía que él defenderá en España las mismas ideas que Sarkozy; pero, de momento, piensa seguir dando la murga con ETA y el País Vasco y manifestándose con el señor Alcaraz, típico exponente de la derecha moderada. Las izquierdas, más mohínas, hablaban del "triunfo de la democracia", que es lo que se dice cuando te han dado un varapalo electoral y abrían la veda para saber qué pasó, qué pudo hacerse mejor, con críticas a la campaña, a la señora Royal, al programa, al Partido socialista, etc. Hay un claro reflujo de la izquierda en Europa y un ascenso de la derecha en sus diversas manifestaciones, extremas, centristas, moderadas, neocons o "liberales" a la española

A la izquierda de los socialistas, en Francia, en España, en Italia, por doquier, la eterna cuestión del voto "útil", el de principios o el testimonial. Un problema de difícil solución porque quienes se quejan de ser laminados por el voto útil, a su vez tienen difícil explicar qué es lo que pretenden presentándose a las elecciones pero conformándose con un porcentaje tan bajo de los votos que su única posibilidad es ponerlos al servicio de alguna coalición en la esperanza de que ésta les de una fuerza mayor de la que les corresponde por su real peso electoral; mercadeo, vamos. Por supuesto, los frikies también aportaron su granito de materia gris. Hasta hubo quien dijo que la elección del domingo no había sido entre la izquierda y la derecha, sino entre dos variantes de la derecha y que, al final, los electores de izquierda, hartos de tanta superchería progresociata, habían votado the real thing, esto es, a la derecha. Notable perspicacia, ¿eh? Yo tambien di mi modesto parecer en el blog de La otra chilanga.

En Francia, una derecha triunfante interpreta el resultado como un mandato de cambio frente al que no espera oposición de una izquierda desarbolada y, su vez, en el Partido Socialista se toman posiciones para la tempestad de recapitulación y refundación que se avecina. Es mucha la movida, mucho lo que se ha jugado -y sigue jugándose- en Francia, y grande su importancia para la situación de la izquierda y la derecha en Europa y en el mundo. Pero justamente ahí es donde incide un análisis muy de moda hoy día, el que formula la énesima versión del ocaso de la contraposición izquierda-derecha, una disyuntiva superada por la realidad histórica, que ya no cuenta y en la que, en el mejor de los casos, parecen haberse invertido las tornas, de forma que la derecha (y la derecha conservadora) es hoy la audaz, la innovadora, la dinámica, mientras que la izquierda está caduca y es cobarde y retardataria, anclada en un pasado sin relevancia hoy día, incapaz de renovarse.

Es posible que el diagnóstico sobre la izquierda sea correcto, al menos, parcialmente me lo parece, y creo que ésta tiene una perentoria necesidad de renovación conceptual para hacer frente a los problemas de un mundo en rápido cambio, pero eso no supone que, de rechazo, la vieja derecha conservadora haya superado a la izquierda en su propio terreno ni mucho menos. Dedicaré los próximos posts a debatir tan interesante cuestión, pero cerraré éste antes con dos observaciones específicas al hilo de la idea de que la derecha haya conseguido vencer a la izquierda en su campo y con sus armas.

La primera hace referencia a la cuestión señalada por el señor Rajoy y otros dirigentes de la derecha: la política de principios, fundamentada en valores, paga. ¿Y qué? La falacia reside aquí en la pretensión de contraponer una política de principios y valores a otra (que se atribuye a la izquierda) carente de estos. Pero eso es falso. Si acaso hay una contraposición de valores y principios distintos: si la seguridad es un valor, no lo es menos la libertad; si el progreso y el adelanto económico, no menos la igualdad y la solidaridad; si la autoridad y la disciplina, asimismo la autonomía y la emancipación. Por lo demás, el carácter sincero o instrumental de esos valores tendrá que ver con el contexto en que se invoquen. Una invocación populista en un contexto de crisis social puede acarrear un triunfo en las elecciones, pero no los hace más auténticos ni deseables. Y, en definitiva, ¿hay algo más relativista y repugnante que instrumentalizar los valores y principios? Recuérdese la célebre anécdota de Groucho Marx: "señores, estos son mis principios y, si no les gustan...tengo otros." Presumir de principios no es garantía de que se viva según ellos; antes bien, lo contrario suele ser lo cierto.

El segundo punto específico es esa aparente expansión del Lager de la derecha que, exultante, dice haber perdido sus complejos, pudiendo ya manifestarse como realmente es, tras haberse librado del injusto sambenito según el cual sus políticas acaban siempre causando daño y sufrimientos a masas de inocentes. Tómese un ejemplo concreto: el modo en que el referente mundial de la revolución neocon, los EEUU, ha enfocado la lucha contra el terrorismo. Si la manifiesta erosión de las libertades públicas en Norteamérica y el quebrantamiento de principios fundamentales del derecho internacional o las convenciones de Ginebra no son suficientes, considérese el atroz y criminal desastre en que, como era previsible, se ha convertido la intervención armada ilegal en el Irak, basada en una sarta de mentiras y mantenida mediante el recurso a la tortura y al exterminio que han dado al traste con el prestigio internacional de la gran nación estadounidense. Esta última observación sólo presenta un punto cuestionable: que entre los tres mandatarios responsables de esta intervención criminal había un representante de la izquierda europea, el señor Blair. Este dato avala la idea ya aceptada de que la izquierda está necesitada de una revisión a fondo, pero no afecta en modo alguno a la inmoralidad radical y el carácter nocivo de las políticas de la derecha en materia de seguridad internacional.

Sobre todo ello más, mañana.

Arde Bagdad

En un día como otro cualquiera, en el Irak puede morir un centenar de personas (ayer fueron 64), entre ellas, media docena de soldados de las tropas de ocupación estadounidenses, medio centenar de civiles en algún atentado y algunas decenas víctimas de violencia sectaria. Puede haber un par de cientos de heridos, algunas mujeres violadas, casas y comercios destruidos, algunos millares más de desplazados...En un día normal, como otro cualquiera en ese infierno en que se ha convertido el país mesopotámico desde que los tres individuos que se reunieron hace cuatro años en las Azores decidieron agredirlo contra toda ley y derecho y provistos de una ingente superioridad de medios materiales y humanes, en un crimen que clama al cielo.

Mi hija Inés me ha hecho llegar la URL de una bloguera que se ha hecho famosa porque escribe desde Bagdad en un blog que se llama precisamente Baghdad Burning. Quien tenga estómago para leer cómo se convive diariamente con la atrocidad y el horror, que lo haga. Se aprende mucho sobre las distintas caras de la naturaleza humana.

¡Ah! la foto reproduce una presunta violación de una mujer iraquí por soldados estadounidenses o al servicio de los estadounidenses (un tema del que trata también el blog precitado) que saco de un artículo de Ernesto Cienfuegos (en donde hay más) en La voz de Aztlán.