lunes, 22 de febrero de 2016

No quieren unidad. Quieren elecciones

Estos se reían de los catalanes porque, a los tres meses de las elecciones, no habían conseguido formar gobierno y solo en el último momento consiguieron pactar y evitar unas elecciones que ninguna de las formaciones independentistas quería. Ahora están ellos en la misma situación. Las izquierdas no consiguen ponerse de acuerdo para la formación de un gobierno de progreso.

Todos los que llevamos meses pidiendo la unidad de la izquierda y, especialmente la coalición de PSOE y Podemos, habíamos advertido de buena fe contra los elementos que dificultarían este proyecto de unidad. Habíamos advertido frente al narcisismo de los líderes, su falta de consistencia, su actitud insolidaria y revanchista, su incapacidad para negociar, su precipitación, su demagogia. Pero no habíamos tomado en cuenta su indecisión, su ambivalencia, su incapacidad para mantener una línea de acción, su afición a la ambigüedad.

Porque ¿qué es exactamente lo que impide que las izquierdas se entiendan? Parece bastante claro: que, al menos por parte del PSOE y de Podemos no hay voluntad de entendimiento. Ambos ponen dificultades y obstáculos para impedir el acuerdo pero sin decirlo claramente. De un lado, el PSOE juega con la posibilidad de la cuadratura del círculo, sosteniendo que puede haber algún tipo de coalición que lo incluya a él, a C's y al resto de la izquierda, cosa que este resto no da por posible. A su vez, Podemos insiste en mantener sus exigencias, sabiendo que el PSOE no las considera asumibles.  Y los dos se dispensan un trato mutuo bastante inaceptable.

En el fondo, los dos partidos, PSOE y Podemos, que andan buscándose las cosquillas recíprocamente, no están interesados en que se llegue a un acuerdo de gobierno del tipo que sea. Al contrario, están más interesados en la convocatoria de nuevas elecciones, pero sin que parezca que las han provocado ellos porque temen, con cierta razón, que el electorado castigará al partido que se vea como responsable. En realidad, los dos partidos están enfrentados en una pugna interna por la hegemonía de la izquierda, cosa que, es de esperar, podía dilucidarse en otras nuevas elecciones. Por eso es bastante probable que las haya, sobre todo habida cuenta de que el PP parece dispuesto a suicidarse presentando como candidato al hombre más desprestigiado del Reino, el Sobresueldos.

El PSOE se presentará como partido responsable, con sentido de Estado, centrado, que es capaz de forjar acuerdos con el centro derecha y de tender la mano a la izquierda. Así pretende  utilizar la famosa centralidad política que Podemos quiso arrebatarle sin conseguirlo. A su vez esta formación calcula llegar a las elecciones sosteniendo que estas han sido inevitables porque el PSOE tiene más puntos en común con la derecha que con la izquierda.

Como suele suceder siempre que hay una posibilidad de entendimiento entre PSOE y Podemos, se oye la voz de Anguita (el referente intelectual de Podemos según confesión del propio Iglesias) con ánimo de aniquilarla. El único PSOE bueno para Anguita es el PSOE muerto y a esta tarea de aniquilar a la fementida socialdemocracia española ha dedicado el veterano líder comunista su muy poco fructífera existencia. Ahora dice con toda claridad que Pablo Iglesias ha conseguido lo que yo quería: crecer a costa del PSOE y, con ello, obviamente, aspira a ahondar el abismo entre el PSOE y Podemos, de forma que no haya unidad de la izquierda. En eso, Podemos lo seguirá como un monaguillo pues está dispuesto a sacrificar sus urgencias por remediar la calamitosa situación de España a cambio de conseguir lo que siempre ha pretendido: destruir al PSOE para ponerse en su lugar.

Es muy probable que, no siendo catalanes los españoles, y no teniendo capacidad, temple y experiencia suficientes para ello, no pueda constituirse gobierno de la izquierda y sea preciso ir a nuevas elecciones. Entre tanto, a la gente, que le vayan dando.

Volveremos a hablar de ello llegado el caso.