sábado, 13 de febrero de 2016

El carácter fascista

Esa foto de El País retrata la esencia de una era que, afortunadamente, está acabando. Una era de autoritarismo, imposición, chulería, desprecio, arrogancia y patanería.

Todo el país ha visto la imagen que condensa cuatro años de desgobierno de un presunto corrupto que, además, es un grosero y maleducado.

En cuanto no se hace lo que él quiere, como y cuando quiere, le sale el ramalazo fascista, el gesto despreciativo, la pura intolerancia. Ahí está, para memoria duradera. Menos mal que no gobiernan los antecesores ideológicos del sobresoldado presidente, que hubieran sido mucho más expeditivos con el líder socialista. Rajoy no le reconoce derecho alguno a existir, como aquellos, pero no puede hacer nada por evitarlo, salvo un rictus que todo lo declara. Es de esperar que cuando este personaje crezca y madure intelectual y moralmente (cosa harto dudosa) esta imagen lo avergüence y le amargue la vida.

Y este es el de la mano tendida, los pactos, la disposición abierta y permanente a negociar, el hombre del entendimiento y el sentido común.

¿A qué se entiende bien el salto endavant del procés català? La intolerancia fanática, la cerrazón, la exclusión de este romo nacionalespañol, con su talante fascista, han sido los catalizadores de un camino de escisión que nadie es ya capaz de detener. La negativa a negociar nada con Cataluña ha hecho que el nacionalismo en pleno haya cerrado filas soberanistas, como ha visto todo el mundo que no sea estrictamente imbécil. Desde el principio estuvo claro y se dijo en todos los tonos: que Rajoy era el mayor fabricante de independentistas catalanes.

No obstante, tampoco los independentistas deben lamentar la pronta caída del hombre de los sobresueldos. Quien parece llamado a sucederlo es idéntico a él en punto a incomprensión de la cuestión catalana y falta de inteligencia y valor para abordarla con espíritu abierto y democrático.

A los efectos de la política española, esta foto convierte a Sánchez virtualmente en el próximo presidente del gobierno. La mano que se le ha negado es la que estrechaba y estrecha las de Matas, Camps, Barberá, Rato, Bárcenas...