dimecres, 2 de desembre de 2015

Acuerdo o acuerdo.

Que tiene que haber acuerdo en el bloque independentista es obvio. La decisión de la jornada de debate de la CUP el domingo sobre la investidura de Mas fue negativa y a Palinuro le pareció muy bien como muestra de coherencia. Pero la coherencia sola no nos lleva a un acuerdo y la prueba es que ahora se convoca una asamblea con una finalidad similar, aunque no idéntica: seguir negociando para buscar un entendimiento y evitar lo que nadie quiere, esto es, elecciones en marzo. Está fijada para el próximo 27 de diciembre, lo que también es acertado porque pospone el posible acuerdo a las elecciones españolas del 20 del mismo mes. ¿Por qué es acertado que sean posteriores al 20? Por dos razones: para que el acuerdo no sea munición en la campaña de las elecciones del Estado y para tener el resultado de estas en Cataluña, que podría ser revelador, significativo y dar una pista.

Pero, llegados al 27 de diciembre, la cuestión será qué tipo de acuerdo se alcanzará. Según Baños, el domingo pasado no quedó todo cerrado, sino abierto; lo que quiere decir que puede llegarse a algún tipo de entendimiento satisfactorio para ambas partes o no. De darse el primer caso: un acuerdo satisfactorio para ambos que permita desbloquear la situación y avanzar en la hoja de ruta, Palinuro volverá a aplaudir. Pero de no darse y no alcanzarse una fórmula cada cual podremos dar nuestra libre opinión.

Palinuro piensa que, en esas circunstancias, lo más sensato es investir a Mas por diversas razones. Unas son más subjetivas y personales que otras. El hombre se lo ha ganado, ha impulsado el proceso hasta aquí y es posible (y probable) que sufra represalias, incluso aunque ahora dejara de tener responsabilidad en él. Es merecedor de una voto de confianza y la parte de venganza que pueda tener la negativa (si alguna tiene) no es de recibo. Se entiende la venganza, pero no sabría justificarla. Todos los enunciados que sirven para excluirlo sirven igual para incluirlo. Por ejemplo, cuando se dice que Mas no es el proceso. Efectivamente, no lo es y, por tal motivo, aquel no quedará afectado por la investidura ni por la no investidura. En resumidas cuentas, el empecinamiento de JxS en Mas equivale al de la CUP en el no-Mas igual que la posible cesión de la una equivale a la de la otra. Así las cosas, ambos tienen razón, pero reina la sinrazón. Algo que recuerda el famoso dicho de Carlos V: "Mi primo Francisco I y yo estamos de acuerdo: ambos queremos Milán."

Por supuesto lo anterior es subjetivo y tiene muchos elementos sentimentales. Menos subjetiva y  sentimental es la circunstancia de que, habiendo llegado hasta aquí, el proceso entra en aguas procelosas merced a la inminente anulación de la declaración de independencia mediante sentencia del Tribunal Constitucional que vendrá acompañada de la exigencia de acatamiento y obediencia a las veintiuna personas a las que este órgano se ha dirigido nominatim. Puedo entender todos los escrúpulos del mundo a la hora de investir a Mas o dejar de investirlo. Entiendo bastante menos que, por ellos, Cataluña carezca de gobierno capaz de hacer frente a una situación de emergencia. Porque, cuando comience esta, el objetivo no serán solamente las veintiunas personas mencionadas y el Parlament como institución. También entrarán los ayuntamientos que aprueben mociones adhiriéndose a la declaración de independencia. Y el conjunto de la sociedad civil.

No puede haber no acuerdo. Claro que también cabe decir que vengan las elecciones en marzo y salga el sol por Antequera. Y el sol saldrá por Antequera. Y, puestos ya en Antequera, no puede ignorarse el riesgo de que, en el límite, se rompa una de las dos partes del bloque. O las dos.