divendres, 1 de maig del 2015

Despegue y aterrizaje, los momentos más difíciles.


Ayer hubo dos bajas sonadas, la de Monedero en la dirección de Podemos, y la de García-Abadillo en la de El mundo. Sonadas, pero no con igual intensidad. La de Monedero por dimisión a petición propia; la de García-Abadillo por destitución, ya veremos si con despido o no. La de Monedero acaparó primeras, lo hará en las de hoy, suscitó declaraciones y reacciones; la de García-Abadillo pasó con pena pero poca gloria. Curioso. Hace escasas fechas, los mentideros se hubieran agitado: después de Pedro J., destituido diz que por presiones del gobierno, la de su sustituto y segundo felón. ¿También por presiones del gobierno o por cálculos empresariales? El periódico no despega. Ya veremos si el nuevo lo consigue. En todo caso está claro que, si lo mediático condiciona lo político, lo político domina lo mediático. La noticia fue Monedero; no García-Abadillo. Además, si Pedro J. sigue siendo Pedro J., a lo mejor hasta le ofrece un empleo en El Español.

La dimisión de Monedero dará lugar a todo tipo de juicios, positivos, negativos, favorables, desfavorables, propios, ajenos, de los mismos interesados, todo lo cual será interesante de considerar pero, a la hora de plantearse su impacto sobre la situación política, es indiferente. Vamos a la dicha situación:

Para las próximas elecciones autonómicas y municipales, la derecha se presenta dividida en dos opciones muy nítidas, PP y Ciudadanos. Al margen de mil consideraciones que se encuentran por todas partes sobre si C's es o no es, si al PP se lo come la corrupción o si, etc., etc., parece razonable pensar que C's recogerá mucho voto transversal y pondrá un dique a lo que los politólogos llaman la la volatilidad entrebloques a cambio de aumentar la volatilidad intrabloque. En resumen, el votante de la derecha tiene dos opciones razonables para votar, distintas, pero no diferentes. Es inteligente. Conviene tener una alternativa porque, si las cosas se ponen muy ásperas con una sola opción, la alternativa es la abstención. La derecha presenta algo parecido a un frente con bastiones compartidos. Por ejemplo, Cataluña. Posición óptima de despegue de un aparato con dos motores que funcionan al unísono.

¿Y la izquierda? Posición de despegue pésima para un aparato con tres motores desacompasados.

Al margen de lo que se decía más arriba, la dimisión de Monedero en uno de los momentos más duros del partido hace mella. De entrada, el triunvirato original está mellado. Y el triunviro que se va es el encargado del programa, nada menos. Así toma cuerpo la idea general de que en Podemos hay una fractura (las "dos almas"), probablemente más, de la que la organización, muy celosa en su política comunicativa, apenas informa. Fractura es crisis. La pésima gestión que se ha hecho de las candidaturas a las municipales, sin conseguir librarse de las incomprensibles peleas internas de IU, han mermado mucho su apoyo electoral. Su peregrinación a la Meca anguitiana en la guerra de los derviches contra el procaz PSOE está restándole el que le quedaba. Si votar a Iglesias es votar a Anguita, el elector racional, es de suponer, votará a Anguita, o sea, de nuevo a IU.

Quizá de ese modo IU recupere algo del apoyo electoral que empezó a perder a chorros con el efecto sifón de Podemos. Serían votos migrantes que acudirían a las siglas IU porque, si empezasen a preguntar de qué sectores, tendencias o grupos de IU estaba hablándose, a lo mejor se arrepentían. A lo largo del proceso de precampaña electoral, IU ha estado escenificando su suicidio. Al gori gori de la presunta defunción ha venido a añadir un toque romántico el inefable Anguita, que es como el fantasma de Canterville de IU. Llevaba quince años sin dar un mitin y reapareció en las elecciones andaluzas a decir a su auditorio que votara a Podemos pero no al PSOE.

A su vez, el PSOE parece el negociado de asuntos de trámite. Atacado por las dos otras izquierdas, equiparado a su adversario que lo ningunea y lo desprecia a partes iguales, lleva una plácida existencia, presentando peticiones de comparecencia de auténticos pillastres cogidos con las manos en la masa que son sistemáticamente rechazadas. Dicen que Pedro Sánchez va a echarse a esos caminos de España, a participar en multitud de actos electorales en pro de los candidatos locales y también para darse a conocer, porque estas elecciones se leerán como signo de su idoneidad para encabezar al partido en las elecciones generales. Su liderazgo, vamos. O sea, las elecciones autonómicas y locales son como un preludio de las primarias. Asuntos domésticos con varios hipotéticos candidatos velando armas.

Así pues, un aparato de tres motores que funcionan cada uno a su aire. No es la posición óptima para el despegue. Por eso, ¿no estaría puesto en razón tratar de acompasar en algo los motores? Por ejemplo, las tres fuerzas podrían comprometerse sin desdoro para la pureza de sus principios a considerar prioritarias todas las posibles alianzas que puedan hacer las izquierdas tras el resultado electoral. Dicho sea sin ánimo de ofender a nadie. En último término, los votantes, seguramente en mayoría de izquierda agradeceríamos que los dirigentes dejaran de disfrazar sus manías y ambiciones personales con disquisiciones teóricas de las que, en fondo, no saben nada. 

(La imagen es una foto del Gobierno Federal de los Estados Unidos en el Public Domain).