dimecres, 16 d’octubre del 2013

¡Viva España con honra!


Así estamos. Con ese vídeo en el que se ve al diputado Alfred Bosch de ERC dar vivas a España, a Cataluña y a Francia. Al parecer algún diputado de la mayoría había exclamado "¡Viva España!" en mitad de los segundos (Bosch, sabedor de dónde estaba, solo pidió segundos) de silencio en memoria de Lluís Companys, asesinado por los franquistas después de la guerra. El diputado catalanista tuvo una reacción digna, afirmando que todas las naciones se entenderán en lo positivo. Muy bien, pero erró en la interpretación del grito. Un ¡viva España! en mitad del silencio en memoria de un fusilado por sus ideas no es un ¡viva España! normal. Equivale a un ¡bien fusilado está! o, para ponernos en los tiempos, ¡que se joda! o ¡se lo merecía! En realidad es un ¡viva Franco! que es lo que les pide el cuerpo a estos jabalíes, desde Rajoy, el mister sobresueldos, hasta el último diputado del gürteliano partido.

Ese es el problema, lo que envenena las relaciones entre Cataluña y España y, dicho sea de paso, de España consigo misma. El hecho de que los ganadores de la guerra, los señores de la victoria, la postguerra y la dictadura -por lo que jamás pidieron perdón, ni ellos ni los curas que los justificaron- y sus herederos al día de hoy quieran imponer como creencia y sentir de todos una idea pequeña, agresiva, excluyente de España que se identifica sin ningún tipo de reparo o arrepentimiento con el asesinato del adversario. ¿Cómo va a vivir España al amparo del asesinato? Ni España ni nadie. Nadie merece respeto que imponga sus creencias mediante el crimen.

Está bien pedir que viva España. Pero, como decían los revolucionarios de 1868, que viva con honra. Porque lo otro no es vivir. Para sobrevivir sin honra hay que recurrir a la violencia. Hay que machacar a los demás, ser injusto con ellos, asesinarlos, si llega el caso. Silenciarlos como sea. Pero al final hasta eso es imposible. España ha hecho cuanto ha podido por ignorar, por olvidar, por ocultar los crímenes del franquismo. Pero lo miles y miles de muertos enterrados por todas partes no dejan de agitarse y su eco social es cada vez mayor. La intervención argentina y la de la ONU ha internacionalizado la cuestión.

No hay otra salida razonable que derogar la Ley de Amnistía, que es ley de punto final, y constituir una comisión de la verdad con plenas garantías y medios, con mandato de esclarecer todas las responsabilidades políticas y penales de la dictadura. Como ha hecho todo el mundo. Y actuar en consecuencia. Solo así se conseguirá la reconciliación entre los españoles. La proclamada en la transición fue una estafa, como puede verse cuando la derecha se niega a hacer justicia a las víctimas del franquismo. 

Ahí empezaría la recuperación de la honra de España. La de ¡Viva España con honra!