miércoles, 6 de febrero de 2013

Adiós, señor Rajoy.

El poder político es una pasión. Hay mucha gente dispuesta a luchar a la desesperada por ejercerlo. ¿Con qué finalidad? Tener el mando, conseguir que los demás hagan o dejen de hacer lo que uno quiere, salvar a la Patria, enriquecerse, permanecer en la posteridad, impresionar a los del casino del pueblo de uno, traer la justicia, la paz, la libertad a la tierra, rendirlo a los pies de un amado, hacer la voluntad de Dios y exterminar a los impíos, vencer un complejo de inferioridad. Miles de razones, suficientes una a una o a puñados para zambullirse en un combate a cualquier coste. La política es una forma de guerra, generalmente incruenta, pero regida por las consideraciones bélicas.

Hay momentos más y menos duros. En los primeros es en donde se prueba el temple del político/guerrero. Este se enfrenta directamente a un problema que pone en peligro su poder, lo neutraliza y, si es hábil, lo convierte en aliado suyo, táctica que han aplicado los grandes generales, Alejandro, César, Napoleon. Confrontado de pronto con su primer problema de envergadura, el terremoto Bárcenas, Rajoy no ha estado a la altura de las circunstancias en ningún momento. Tardó más de dos días en reaccionar, mientras su segundona salía en absurdo plan overkilling y, cuando compareció, lo hizo leyendo un texto escrito tras una pantalla y sin preguntas de los periodistas, una ceremonia ridícula, hazmerreír mundial. Añado un detalle. Rajoy leía unas cuartillas pero pretendía no estar haciendolo. Es absurdo. Si lees unas cuartillas, lees unas cuartillas y, si quieres que parezca que no lees, un teleprompter, hombre. No son caros.
Al día siguiente, el lamentable espectáculo de la rueda de prensa en el Bundeskanzlerinamt con preguntas monográficas sobre la corrupción. En ella se ha comprobado ya la teoría de los famosos tics del ojo izquierdo de Rajoy que, según parece, hace un guiño cada vez que su dueño dice una mentira. En You Tube hay vídeos con recopilación de guiños de Mariano Rajoy. Curiosamente, en ninguna de las comparecencias ha aclarado este la cuestión de si ha cobrado o no sobresueldos de su partido en negro, en blanco o en violeta, pero se ha deshecho en guiños. Hasta sus trajes están en entredicho. No solo no ha aclarado nada sino que ha enturbiado más al afirmar que todo cuanto se dice es falso, salvo alguna cosa publicada en los medios. ¿Se puede ser más bobo?

Esta penosa situación viene de antiguo. Nadie sabe en este momento a ciencia cierta cuánto cobra el presidente del gobierno y por qué conceptos y él no lo ha aclarado ni se ha referido a ello. Nadie sabe cómo ha sido posible esa red delictiva tentacular de la Gürtel y nadie tampoco se explica por qué si Bárcenas dimitió de todo hace dos años, ha continuado teniendo tienda abierta en la sede del PP. Nadie sabe nada pero todos se imaginan lo peor: Bárcenas los tiene agarrados. ¿La prueba? Todo el mundo anuncia querellas con El País y no todos las interponen. Solo Aznar. Rajoy y Cospedal siguen rezongando. Y nadie se atreve con Bárcenas, excepto, al parecer, Ana Palacio.

Se añade que en más de un año de gobierno Rajoy no tiene triunfo alguno para mostrar sino todo lo contrario: fracasos, derrotas y empeoramiento general de la situación sin perspectivas de mejora a corto y, posiblemente, medio plazo. En esas condiciones, tiene razón Rubalcaba, Rajoy no puede gobernar el país. Claro que tampoco él puede sustituirlo, ni siquiera mediante unas elecciones anticipadas. Pero ese es otro asunto. Rajoy no puede gobernar el país porque ni siquiera puede gobernar su partido en donde parece estar incubándose un conflicto interno, una guerra dentro de la guerra, una lucha cainita en la derecha. De momento se da una cacofonía de voces tratando de imponer su mensaje sobre los otros: González Pons, Floriano, Aguirre, Ana Palacio. Los medios de la derecha se han convertido en baterías que machacan el búnker de La Moncloa, en donde resiste un gobierno compuesto por badulaques, presunt@s corrupt@s, meapilas altaneros y arbitristas autoritarios que pueden hacer y decir cualquier cosa pues el gobierno carece de lo que su presidente presume, rumbo.

Si atisban dos movimientos internos para sustituir a Rajoy: quienes postulan a Esperanza Aguirre para regenerar la política y quienes prefieren ir a los valores seguros del pasado y abanderan el retorno de Aznar. Son algunos frondeurs que esperan la vuelta del depositario de la legitimidad dinástica del largo exilio para alzarse en armas. También habrá en el PSOE quien suspire por el regreso de González, década de oro del socialismo. Ya tendría gracia ver a Aznar y Felipe enfrentarse de nuevo para ventilar aquella dulce derrota de 1996. Pero es altamente improbable.

Vayan por donde vayan los acontecimientos, todo el mundo ve en Rajoy un muerto viviente. Palinuro también.

(La primera imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).