miércoles, 6 de febrero de 2013

Esta sí me representa.


Y no me representa solo por el fondo de lo que dice sino por la forma en que lo hace. Natural, espontánea, directa, clara, contundente. Sin maquillajes, sin circunloquios, sin ditirambos, fórmulas hechas o falsas retóricas. Al criminal se le llama criminal y el tonto de turno se escandaliza y empieza a farfullar tonterías sobre la educación y no sé qué más. Educación no es hablar como los lacayos, los doctrinos, los oblatos o los monaguillos al estilo Wert. Educación es plantear los problemas como son, decir la verdad, no hacernos perder el tiempo a los demás, respetar a quien lo merece y no a quien no lo merece; es ser sincera y diáfana como Ada Colau.

Es una pena que Ada no se presente a elecciones. Yo la votaría. Y si el partido al que voto tuviera la valentía y la honradez de tomar a Ada -y otros/otras Adas que hay en el país, como Gordillo, Alfon, etc- perdería muchos votos por un lado pero ganaría muchos más por el otro y, desde luego, aseguraría el mío, que empieza a vacilar.

Ada ennoblece el Parlamento con su presencia y no esa caterva de vividor@s, profesionales de la política, obedientes rebaños de esos que hacen como decía un célebre y cínico diputado británico: "señor, yo no voto de acuerdo con mi conciencia, como si fuera un patán. Voto según las órdenes de mi partido, como hacemos los caballeros".