martes, 18 de enero de 2011

iTúnez

¿Cómo se saca a decenas de miles de personas a la calle a manifestarse en todas las ciudades de un país, un día tras otro, y a hacer frente a una policía que dispara a matar? ¿Cómo se consigue que vuelvan y vuelvan y vuelvan a pesar de que la cantidad de muertos y heridos aumenta vertiginosamente, que hay toque de queda, que la policía detiene arbitrariamente y tortura en los centros de decisión? ¿Cómo? Es obvio: sólo se consigue cuando se cuenta con una organización estructurada y un líder revolucionario, como eran el clero chiita iraní y el Ayatollah Jomeini que derrocaron al shah Reza Pahlevi en 1979, por mencionar un ejemplo de revolución islámica aunque no árabe.

¿Y si no hay organización estructurada, clero que valga ni lider indiscutible como sucede en Túnez? Entonces hay que confiar en el espíritu, el hartazgo de la gente y su espontaneidad. Pero los movimientos espontáneos rara vez aguantan en el tiempo, sobre todo si están dispersos. Como muy bien sabían sus principales teóricos, Rosa Luxemburg y Anton Pannekoek, después del estallido espontáneo de las masas, una organización debe ocuparse de dirigir el movimiento o éste perece. ¿Y si no hay organización, como en Túnez, en donde la oposición era irrelevante? Alguien toma el relevo. ¿Quién? La red, los blogs, Facebook, Twitter, la infinita capacidad de la multitud para organizarse en tiempo brevísimo de modo improvisado y espontáneo, La capacidad de movilización instantánea de la que ya hay suficientes pruebas empíricas.

Ayer traía el Financial Times un extenso reportaje, señalando la función directiva de internet en la resistencia al régimen en Túnez y exponiéndola con todo lujo de detalles, algo visible salvo que uno crea que, si no hay un bolchevique asaltando un palacio de invierno, no hay revolución. Y dentro de internet se atribuye importancia capital (aunque no única) a los efectos de las revelaciones de WikiLeaks. Si hay alguna duda, aquí puede verse otro reportaje de Le Monde mostrando cómo WikiLeaks puso en evidencia a los predadores tunecinos.

Y con WikilLeaks el mogollón de blogueros árabes que se ha encargado de demostrar que las peores tiranías sólo resisten días cuando la multitud coordina su acción compartiendo información a una velocidad que ningún régimen puede controlar. Ese ha sido el elemento decisivo en la revuelta tunecina y en las que probablemente seguirán. ¿Una prueba? Slim Amamou, el bloguero más conocido en el comienzo de los disturbios, detenido unos días después de iniciarse éstos y puesto en libertad dos antes de la marcha de Ben Ali, forma hoy parte del nuevo gobierno tunecino como subsecretario.

¿Qué temen los dictadores del mundo árabe? Está claro: el contagio. Por eso el domingo pasado el compañero Muammar al-Gaddafi que lleva 42 años haciendo la felicidad de su pueblo, cerró Youtube y ayer salió por la televisión (que es tan suya como la italiana de Berlusconi) a denunciar una conspiración de WikiLeaks en Túnez, muy en la línea de las teorías de la conspiración del iraní Mahmud Ahmadineyad. WikiLeaks, dicen, es un truco de la CIA para hacer pasar por verdades las mentiras de los embajadores gringos. O sea, no es cierto que Ben Ali se haya llevado tonelada y medio de oro en su camino al exilio saudí.

Pero estas maniobras son inútiles. La red no se puede cerrar y ahora mismo echa humo en todo el mundo árabe que está celebrando la revolución en Túnez con ánimo de que se extienda a Jordania, Egipto, Yemen, Mauritania, etc. Apunta en esa dirección el hecho de que estén reproduciéndose los casos de autoinmolaciones según el ejemplo de la de Mohamed Bouazizi, la chispa que prendió la revuelta tunecina.

Así pues, ¿qué temen los piadosos dictadores del mundo árabe, sean reyes, presidentes o líderes ínvictos? Supongo que la repitición de un ejemplo y un ciclo histórico. Una vez que los alzados descubren que estos regímenes corruptos son insospechadamente frágiles y no pueden aguantar la presión de la calle sublevada e informada a través de la red, ¿por qué no se producirá en el mundo árabe un efecto dominó similar al que derrocó las dictaduras comunistas europeas en los años noventa del siglo pasado? Una perspectiva que asusta a los interesados y a sus aliados y amigos en el resto del planeta. Sobre todo porque algunos de estos países nadan en petróleo.

(La primera imagen es un pantallazo del Twitter del abogado y bloguero marroquí que firma como Ibn Kafka. La segunda, una imagen de un blog de estudiantes tunecinos que con sus cuerpos componen la expresión "No al asesinato" en árabe).