diumenge, 22 de novembre del 2015

Juego sucio.

Mi artículo de hoy en elMón.cat sobre el juego sucio que practica el Estado español con Cataluña. Por "Estado español" aquí se entienden el gobierno, los medios de comunicación públicos y privados, la Iglesia católica, los tribunales, el ejército, una parte importante de la banca y la empresa y los partidos políticos parlamentarios y extraparlamentarios, en el gobierno y en la oposición. En la hostilidad hacia Cataluña y el firme propósito de que los catalanes no puedan decidir por su cuenta están unidos como una piña todos los partidos españoles. El único que se desmarca es Podemos, más respetuoso con el derecho de autodeterminación de los catalanes, pero que no puede decirlo muy alto porque entonces pierde las elecciones en España. En algún momento Palinuro tratará de probar cómo esta unidad sagrada entre la derecha neofranquista del PP y la izquierda socialdemócrata del PSOE no solo muestra el bajísimo nivel intelectual de los políticos españoles sino que elimina toda esperanza de que el sistema político de la segunda Restauración puede evolucionar en un sentido próximo a las democracias europeas. Por ahora, esta es la versión española del artículo:



Juego sucio en todos los frentes

El pasado 20N, en los ratos libres entre misas a Franco y homenajes a su memoria, sus seguidores hoy en el gobierno de España decidieron pasar a las vías de hecho y estrangular financieramente a la Generalitat. Mas Colell explica que los controles de acceso al Fondo de Liquidez Autonómico equivalen a una intervención vía artículo 155. Lo confirma Artur Mas para quien está claro que el Estado castiga a Cataluña por su actitud política. Dicen Montoro y Sáenz de Santamaría que la mayor vigilancia trata de garantizar una correcta administración de los fondos autonómicos y de asegurar la legalidad del gasto. Son los que en cuatro años han saqueado los fondos de la Seguridad Social, que es de todos y también de Cataluña, dejándolos en el 50% de lo que recibieron. Los que llevan veinte años pagando y cobrando sobresueldos en negro, tramando Gürtels y Púnicas, quienes eliminan las subvenciones a la dependencia de los demás pero las pagan con creces al padre del presidente del gobierno y no creen que deban dar explicación ninguna ante tamaña ruindad. Los que privatizan lo que tocan y se lo quedan. Los que han arruinado el país.

La guerra sucia (o sea, la guerra a secas porque toda guerra es sucia) contra el independentismo catalán empezó hace mucho. Se quiso sepultarlo con la voladura controlada de la inmundicia del clan Pujol. Se pretendió seguir administrando dossieres más o menos falsos contra Mas y los convergentes, filtrando operaciones policiales y escenificando registros en las sedes de convergencia con grandes alharacas mediáticas.

La colaboración de los medios de comunicación unionistas en el ataque al independentismo es punto esencial. A los pasquines La Razón o el ABC, se ha sumado El País y un frente cerrado de chiringuitos digitales financiados con los fondos de reptiles. La basura impresa viene acompañada del ruido de fondo de los gallineros tertulianos de radios y televisiones privadas y públicas en las que unos indocumentados a sueldo sueltan veneno catalanófobo hasta por las orejas. Los audiovisuales privados parecen menos sectarios porque toleran algo más opciones no estrictamente neofranquistas o neofalangistas, pero siempre que no den cancha alguna al independentismo. Hasta El Intermedio parece haber llegado la censura encubierta y la mejor prueba es que el mismo programa ha creído conveniente hacer un chiste sobre ello. Un chiste con poca gracia.

A la batería mediática se suma ahora el nuevo panfleto, llamado El Español, que abre una vía nueva de juego sucio esparciendo patrañas sobre supuestas actividades ilegales y violentas de la gente de la CUP. Preocupante el asunto, no por lo que haya de cierto en ello, que será pura invención, sino porque son los mismos que llevan más de diez años soplando la inmundicia de la autoría de ETA en el atentado de Atocha con el fin de exonerar a los islamistas. O sea, lo problemático no es la falsedad de la invención sino que esté en manos de auténticos bóvidos que pueden pasarse los lustros repitiendo sus trolas y esparciendo basura.

El medio espiritual por excelencia, la iglesia católica también ha recibido orden de sumarse al frente catalanófobo. Los obispos españoles avisan de que las simpatías independentistas son simpatía por el diablo y que quienes anhelan una República Catalana atentan contra el dogma, el Espíritu Santo, la fe y quién sabe si la virginidad de María. Menos mal que los obispos catalanes mantienen a raya a la horda de cruzados tridentinos, sino, ya se habría proclamado la guerra santa al otro lado del Ebro.

El gobierno, los medios, la Iglesia y, por supuesto, el ejército y parte de la banca y la empresa forman el frente cerrado de la guerra sucia contra Cataluña. Hace tiempo que ya no se esgrimen razones (nunca las hubo), ni se recuerdan tradiciones (son inventadas), ni se aducen sentimientos (siempre fueron simulados), ahora son los desplantes, los exabruptos, los insultos, las amenazas y las mentiras. Todo vale con tal de quebrar la voluntad de emancipación de un pueblo. Los indepes están solos y solo cuentan con sus propias fuerzas. Por eso es importante que puedan confiar en ellas.
Porque el frente contrario, el de la guerra sucia es cerrado. No solo lo componen los elementos citados. También se incluyen los partidos políticos de fuera y de dentro del Parlamento español. Todos apoyan la hostilidad del gobierno central hacia Cataluña, inspirada en la tradición franquista. No la cuestionan. En lo tocante a asuntos catalanes, la oposición no existe. Tampoco en todo lo demás, pero ese es otro asunto. El menos comprometido con lo más sucio de la guerra sucia contra Cataluña, Podemos, también deja hacer en España pues sabe que un atisbo de comprensión lo desplumará de votos y, en Cataluña, su organización de confluencia, CSQEP, no solo deja hacer sino que es parte activa en obstaculizar el acuerdo entre JxS y la CUP.

Ante la avalancha de guerra sucia, la responsabilidad del bloque independentista de forjar un acuerdo que hacer público el 21 de diciembre, no antes, es histórica.