lunes, 9 de noviembre de 2015

El voto de Palinuro.


Cuando escogí el título para el blog lo hice movido por las referencias subterráneas a Palinuro que pueden rastrearse en la literatura, desde la Eneida al Palinuro de México, de Fernando del Paso. Cyril Connolly lo usaba de seudónimo y con él firmó su obra más conocida, The Unquiet Grave, ("La tumba inquieta"). Era un libro imposible, un intento de reflexionar sobre la obra maestra del escritor que, a su vez, fuera una obra maestra. No era poca su ambición y, encima, Connolly la abordó con la clara conciencia de ser un fracasado. "Acercándome a los 40", dice,  "sensación de fracaso total". Sin embargo, el título y el seudónimo juntos tienen mucha chispa y genio. El título es el de una vieja canción popular inglesa del siglo XIII o XIV y el piloto de Eneas  vagaba por el reino de los muertos porque murió pero no fue enterrado. No tenía tumba. La sibila Cumea revela a Virgilio que Palinuro será por fin enterrado y que su tumba será el Cabo Palinuro, hoy un holiday resort al S.O. de Italia, por debajo de Salerno, lleno de hoteles. O sea, la tumba es inquieta.

Inquietud es lo que me han trasmitido algun@s lector@s en privado sobre cuáles puedan ser las opciones de voto de la izquierda y me han pedido que diga cuál será el mío y lo explique. No tengo inconveniente. Yo votaría a la CUP, los inquietos rebeldes; pero no se presentan en España, que es tierra tradicionalmente sumisa; solo en Cataluña y no a las generales. No siendo eso, mis preferencias primeras venían oscilando entre el PSOE y Podemos. En alguna ocasión he imaginado que podría haber una alianza de ambos. No estaría mal. Pero parece imposible, así que no sabía cómo pronunciarme y vagaba inquieto, como la sombra del piloto de Eneas.

Connolly resume su vida en la frustración de Palinuro quien, tras llevar a los troyanos hasta las costas de Italia, en donde el hijo de Anquises y Afrodita fundará un imperio que vengará a Troya, muere antes de pisar la tierra soñada y a la vista de ella. Vuelve a ser un típico understatement pues, al subrayar el destino de Palinuro, se lo asimila a Moisés, nada menos, quien también murió a la vista de la tierra prometida. Y es que, en realidad, la tierra prometida no existe. Como tampoco existe el partido ideal. Existen realidades, aunque unas más insatisfactorias que otras.

La deriva monárquica expresa del PSOE de Sánchez y la ambigüedad de Podemos, que prefiere soslayar el tema Monarquía/República por oportunismo electoral, no invitan a Palinuro, republicano recalcitrante, a votar por ninguno de los dos. Pero en el asunto de Cataluña ya se decanta la cosa. El PSOE cierra filas con el PP y niega toda posibilidad de referéndum de autodeterminación en Cataluña. Podemos ha corregido el tiro después de su fracaso catalán y ahora propone un referéndum vinculante. Eso es lo que Palinuro lleva años proponiendo y su voto, en principio, irá a Podemos, siempre en la esperanza de que haya una coalición. Suele ser mejor ir juntos que separados.

En el infierno, Dante, acompañado de Virgilio, no se encuentra a Palinuro, pero sí a Manfred, Rey de Sicilia a quien algunos consideran un trasunto del Gubernator pues, habiendo, sido desenterrado por estar excomulgado, su alma vaga en pena. En el fondo, Virgilio también se identifica con Manfred y, a través de él, con su propia criatura, Palinuro, si bien su destino es más cruel pues, siendo pagano, permanecerá para siempre en el limbo, mientras que Palinuro tendrá su tumba inquieta en el promontorio. Y Manfred, al cabo de los años, readmitido en la iglesia, conseguirá entrar en el Purgatorio que, al fin y al cabo, es un mal menor.

Como el voto a Podemos, un mal menor. Y un riesgo, porque, con los barullos que explotan en sus autonómicos senos con harta frecuencia, no está claro que llegue a diciembre o que llegue en condiciones de conseguir un resultado significativo. Y, sin embargo, lo merece. No tanto por lo que hacen y dicen sus jefes, que más parecen tertulianos que dirigentes políticos, como por la buena fe que muestra su militancia y las esperanzas encendidas en sectores que, de otra forma, se hubieran abstenido y ahora tienen esperanzas de renovación política y regeneración  democrática que no debieran verse defraudadas.

En  La tumba inquieta hay de todo: citas a porrillo, reflexiones de la más disparatada naturaleza, filosofías varias, recuerdos personales y esa referencia a Lemuria, aquel continente primigenio, anterior a la Atlántida en el que, según Connolly, se estaba cerca de las fuentes de la vida, y no es más real que el unicornio. Por eso él vivía rodeado de hurones y lémures que la civilización le fue matando y era tan sombríamente escéptico. Los habitantes de La tumba inquieta son gentes muy ilustres aunque bastante de lo que se llama "la cáscara amarga", Montaigne, Pascal, Sainte Beuve, Chamfort y muchos, muchos otros. Es un libro lleno de gente  pero, al final, Palinuro (con cuya muerte cierra Connolly su obra), es la glorificación misma del fracaso porque "a pesar de su gran habilidad y de su notoria posición pública, desertó de su puesto en el momento de la victoria y optó por la orilla desconocida." El arma secreta de Connolly y su consolación: desdeñar la victoria cuando es tuya por un escepticismo radical.

Escepticismo es lo que se siente al ver las reacciones de muchos seguidores de Podemos a las críticas que puedan hacerse a su organización, líderes, formas y hormas. Es como si la militancia en este partido fuera una especie de orden místico-guerrera que exige atacar a todo el que no rinda culto a su invento. Y atacar a lo bestia, en plan troll, acumulando agresividad, insultos, rabietas, mala baba y pura inconsciencia.  Cualquiera puede verlo en las redes. Huele bastante al viejo espíritu comunista que andaba por IU y se ha pasado a Podemos, ese que no tolera una crítica, broma o chanza. Que un votante de Podemos ejerza la libertad de criticar, y criticar sin contemplaciones, aquello que vota sin el menor respeto por el culto a la personalidad puede hacerles estallar la cabeza.

¡Ah! Y faltan cuarenta días en los cuales pasarán muchas cosas. Entre otras, que no haya elecciones porque el gobierno atienda las voces que reclaman la proclamación del estado de sitio que justificaría, quizá, un "aplazamiento" electoral. Y también puede cambiar el voto de Palinuro, según como vaya la campaña electoral. Además de las dos opciones citadas, el correoso republicano no echa en olvido que hay algún partido que, ante todo, defiende la República.

Me temo no haber sido de gran ayuda, pero es que la tumba está inquieta.