lunes, 13 de octubre de 2014

Una de las dos Españas.

Miguel Candelas Candelas (2014) Cómo gritar viva España desde la izquierda. Estrategia para el combate político. Madrid: Bubok. 217 págs.
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El tema de la temporada es la llamada "cuestion catalana" que, en realidad, es la "cuestión española". El debate inunda las redes, abunda en la prensa, se ha adueñado de las librerías. En los próximos días reseñaré algo de la producción al respecto. Y como la cuestión catalana es la cuestión española, empezaré con este trabajo dedicado a la sempiterna cuestión del ser de España.

Cómo gritar... es obra de una joven promesa que inicia ahora su carrera académica con tanto mérito como compromiso politico. La prueba es que el libro es una autoedición. Adelanto que Palinuro siente gran afinidad con su planteamiento general y el radicalismo de su perspectiva. Su objetivo, explícito en el título, es argumentar en favor de un nacionalismo español de izquierdas. Como nacionalista español de izquierdas, este crítico se siente interpelado y expone sus coincidencias y discrepancias con el autor.

Ante todo, un pequeño mapa del terreno. Hay un nacionalismo español de derechas, hegemónico, cuya forma más acabada es el nacionalcatolicismo, hoy tan vivo como ayer, en tiempos de Franco; tan vivo como anteayer, en los de Menéndez Pelayo; tan vivo como trasanteayer, en los del Empecinado. Coincido con Candelas en que este nacionalismo que, en el fondo, es antinacional, es la rémora principal para el avance y progreso de España. Incluso se queda corto. Es el principal responsable, no un mero freno al desarrollo, de la decadencia de España, de su agónico estado, de su posible ruptura. Luego, hay un nacionalismo español de izquierdas y en su tratamiento discrepo del autor. Para él, este nacionalismo existe, ha sido derrotado varias veces, pero tiene consistencia aunque, últimamente, se ha dejado imponer los símbolos de la nación de la derecha, el himno, la bandera, el nombre de España y la idea de Patria. De lo que se trata es de devolver a la izquierda el orgullo de sus símbolos, tan nacionales como los de la derecha, el himno de Riego, la bandera tricolor, otra idea de España y de Patria, una idea no oligárquica, clasista y autoritaria sino popular, democrática y liberal. Un poco al modo de Gramsci, de lo que este llamaba lo nacional-popular.

Mi punto de discrepancia es que ese supuesto nacionalismo de izquierdas, o liberal o progresista, que muchos autores de estas orientaciones también dan por descontado, aunque algunos reconozcan que no ha conseguido casi nunca ser hegemónico, en el fondo, no es distinto del de derechas, el nacionalcatólico y, llegado el caso, hace causa común con él. El PSOE actual es monárquico, su bandera es la rojigualda y hasta la fecha ha aceptado sin rechistar el punto esencial del nacionalcatolicismo, el que verdaderamente interesa a la Iglesia, esto es, su financiación directa e indirecta con cargo al erario público. Es verdad que estos tres asuntos no están exentos de controversia en el socialismo, que en sus manifestaciones suelen verse banderas republicanas y muchos piden la separación de la Iglesia y el Estado. Pero hay un aspecto decisivo en el que el socialismo y otras fuerzas de la izquierda española se fusionan literalmente con el nacionalismo nacionalcatólico, sin fisuras, y es la cuestión de las naciones no españolas en España y su derecho de autodeterminación. Ahí se hace realidad el famoso dictum de que lo más parecido a un nacionalista español de derechas es un nacionalista español de izquierdas. El derecho de autodeterminación es la prueba del nueve del izquierdismo de un nacionalista.

Así, según Candelas, el nacionalismo español de derechas es hegemónico y "nos ha robado la Patria" (p. 43). Y todo el libro, por cierto, muy bien escrito, en un estilo directo, fresco y culto al tiempo, es un intento de argumentar su recuperación, la recuperación de la Patria española de izquierdas. Frente a esto, detecto tres posibles posiciones: a) quienes dicen que la cuestión es irrelevante porque la izquierda es internaconalista y huye de las patrias; b) quienes dicen que es cuestión de ponernos de acuerdo, de encontrar un terreno común de diálogo y construcción nacional; c) quienes creen que hay materia para articular un nacionalismo español de izquierdas, genuino, progresista, demócrata, etc. El primero me parece una bobada hipócrita, el segundo una muestra de apocamiento. Solo el tercero me interesa. Pero volverá a aparecer la discrepancia. El nacionalismo español es, sobre todo, nacionalcatolicismo y, si la izquierda quiere hacer algo con él, tiene que ajustar cuentas de verdad con el catolicismo y su estúpida pretensión de identificarse con la nación española que es el fondo real del nacionalcatolicismo. Mientras no lo haga, no conseguirá nada. Y mi idea es que no solamente no se ha conseguido tal cosa nunca en la historia de España, salvo los paréntesis de las dos repúblicas, sino que, a día de hoy, la izquierda es solo algo menos nacionalcatólica que la derecha. Gentes como Bono, Jesús Vázquez, Teresa Fernández de la Vega son tan nacionalcatólicos como Escribá de Balaguer. ¡Si hasta el candidato  de izquierdas a secretario general del PSOE en las pasadas primarias, Pérez Tapias, es católico! Cómo pueda hoy un filósofo ser católico me supera, pero allá se las componga. Pero decir que se es de izquierdas y católico en España, simplemente es absurdo. Incluyo todos esos rollos de los "verdaderos" católicos, los del pueblo, el alma evangélica y otras fábulas que son como las de la "verdadera" izquierda, la transformadora y radical.

Además de bien escrito, el libro de Candelas es solvente y está documentado. Analiza el fenómeno nacional, distingue tres ideas de nación, la étnica, la cívica y la que llama nación-plebe, que debe ser la de la izquierda (p. 66) y pasa luego a estudiar cómo armar un relato histórico que nos devuelva nuestra querida Patria española no contaminada con la sangre y la bestialidad del nacionalcatolicismo. Es la parte más endeble del libro porque en 85 páginas pretende elaborar un relato nacional español en clave progresista, liberal, izquierdista. Lo hace apelando a la misma mitología que el nacionalismo español más retrógrado. Obviamente no porque coincida con él, sino con la intención de substituirlo en su línea argumental. Eso es un error. No es verdad que haya nación española desde los tiempos del Imperio romano, ni con los godos de Recaredo, ni con la llamada "Reconquista". El resto de la fábula sigue este tenor y hasta singulariza los nombres de supuestos héroes en la lucha por la libertad en la idea de que los de izquierdas simpatizaremos con ellos como los de derechas con Guzmán el Bueno o Moscardó. Otro error. En la izquierda miramos la historia de otra forma. La intención es buena, no obstante, y un repasito aleccionador y edificante de la del país no hace mal a nadie. Pero tampoco sirve de mucho. La historia de España no existe. Existe la historia de las dos Españas: la dominante y la dominada. La de la izquierda es la dominada y, a fuerza de derrotas, ha acabado creyendo que su posibilidad de supervivencia consiste en sumarse a la dominadora a cambio de uno afeites y maquillajes. Lo que se hizo en la Transición. Lo que se está haciendo ahora mismo. Sánchez es un nacionalista español que rivaliza con Rajoy en su amor a una España unida de grado o por fuerza. Lo demás son aditamentos. Una persona de izquierdas, sin embargo, en mi modesta opinión, no puede aceptar una nación que obliga a otras a formar parte de ella a la fuerza. Si no lucha por la libertad de esas otras naciones y su derecho a decidir aun en contra de los intereses de la propia nación, no es de izquierdas. Y ese es el problema en España. No hay una cuestión catalana, no; hay una cuestión española.

La última parte del libro es un prontuario de recomendaciones que suscribo en su mayoría, aunque no estén muy bien organizadas en criterio clasificatorio. Frente al nacionalcatolicismo reaccionario, monárquico, vendepatrias y autoritario, Candelas propone varias ofensivas: 1ª) republicana; 2ª) federalista; 3ª) laica; 4ª) soberana; 5ª) anticolonial -Gibraltar-; 6ª) bandera tricolor. La 6ª y la 1ª son la misma y la 5ª y la 4ª, también. Al grano: el sector mayoritario de la izquierda, el PSOE, se ha hecho dinástico. El federalismo de Candelas es más audaz que el del PSOE (que lo esgrime sin convicción) pero, aunque él lo argumenta con más audacia, llegando a reconocer el derecho de autodeterminación, cosa que lo sitúa en la misma exigua minoría en que se encuentra Palinuro, lo matiza con un llamamiento al "término medio" (doctrina por la que Palinuro no siente simpatía alguna) entre el "centralismo social liberal de Bono" y una extrema izquierda postmodernista "que niega la idea de España" (p. 177). Y este es el centro, el meollo mismo de mi discrepancia con este excelente libro: no hay más idea de España que la nacionalcatólica, compartida en el fondo por derechas e izquierdas españolas. Negarla es lo único sensato que cabe hacer. ¿Creemos que puede haber otra idea -y realidad- de España? Demostrémoslo: reconozcamos el derecho ajeno a separarse de ella. A partir de aquí podremos empezar a forjar otra idea y realidad de España que está por hacer y, como está por hacer, no existe aún y no será fácil conseguirla. La prueba es que hasta en una obra tan interesante como esta se postula una idea de España como realmente existente aunque subyugada por la hegemónica y que lucha por emerger. Falso. Esa idea de España de izquierdas está por hacer. No cabe recuperarla porque nunca ha sido, excepto en los breves años de la II República.