
La comparecencia de Rajoy, por todos calificada de previsible, no dejó a nadie por mentiroso. Nos leyó un mazo de folios (porque le escriben los textos en tamaño enorme de letra para que pueda leerlos sin dar la impresión de leer) de consideraciones requetesabidas. No quiere dejar nada al azar, no quiere jugársela en una improvisación. Lleva las explicaciones medidas: la culpa de todo es de la herencia socialista; se ha visto obligado por la realidad y las circunstancias; es conocedor del descontento de la gente pero pide confianza y comprensión; le duele en el alma el destino de los pensionistas, a quienes no pudo subir cuanto hubiera querido; si no se hubieran tomado esas decisiones ahora estaríamos en quiebra; cree haber sido equitativo en el reparto de las cargas de la crisis; no ve preciso pedir el rescate y no sabe si lo hará en el futuro; el futuro a corto pinta azabache aunque quizá en la segunda mitad de 2013 se vea alguna luz. A ese guión más o menos se atuvo en las respuestas a las preguntas de los periodistas, dejando algunas significativas por contestar, como si volvería a hacerse la foto frente a la cola del INEM a causa del paro. Del paro en sí no habló ni dijo nada concreto acerca de qué medidas lo mitigarían o qué otras harán que España despegue por fin. Se limitó a asegurar que las suyas están empezando a dar frutos. Pero no se sabe cuáles.
El personaje no entusiasma, ni se esfuerza mucho. Se pueden extraer unas u otras afirmaciones, demostrar que son falsas, engañifas o que, como suele suceder con Rajoy, ocultan aviesas intenciones. Su atribulada preocupación por los pensionistas es el preámbulo a la nueva reforma de las pensiones que recortará aun más este derecho. O las puras mentiras, como decir que se ha sido equitativo cuando se ha amnistiado a los grandes evasores, no se suben los impuestos a las grandes fortunas ni a las SICAVs, y en cambio se eliminan las subvenciones a la dependencia, se restringe el paro, se reduce la paga de los funcionarios, etc.
También es sencillo señalar las mixtificaciones y ocultaciones: la involución en materia de educación, de administración de justicia no se debe a la necesidad de hacer frente a la crisis sino a un proyecto ideológico reaccionario evidente en el hecho de que se consolida la presencia de la religión en la enseñanza pero no se tocan los privilegios de la iglesia. Lo mismo sucede con el estilo de gobierno. La mayoría absoluta parlamentaria ha devaluado por entero la función de la cámara. Es el gobierno quien legisla mediante decreto y el presidente no comparece sino de uvas a peras y su gobierno carece de control parlamentario real.

En el interior, Rajoy se enfrenta a un problema creciente con la demanda soberanista catalana que él mismo empezó tildando de algarabía y sigue sin entender, como se demuestra con el mantenimiento de la Ley Wert. De todas formas este es el único aspecto en que parece preparado para hablar con la oposición socialista a la cual ningunea de modo sistemático. Afirma tener una coincidencia completa con Rubalcaba en la oposición al soberanismo catalán. A su vez, en su comparecencia, en efecto, Rubalcaba ha subrayado la oposición del PSOE a la independencia de Cataluña que comparte con el PP.
Comparte más cosas y una de ellas, paradójicamente, la que menos dice compartir. Afirma Rubalcaba que nunca supusieron en el PSOE que la derecha iba a ser tan agresiva en el gobierno. En otros términos, le sucede como a Rajoy: no sabía lo que le esperaba. En consecuencia, un año perdido para la oposición, tan perdida como el año. Igualmente, tampoco Rubalcaba quiere hablar de lo que no le interesa, en concreto la situación interna del PSOE, las primarias, la candidatura a la presidencia del gobierno, en definitiva despejar la incógnita del liderazgo. Siendo estos asuntos de gran importancia, aplazarlos otro año sin una garantía mínima de que no será tan perdido como el anterior quizá no sea equivalente a jugar con fuego pero sí a dejar que este se extinga.
(La imagen es una es una captura del vídeo de La Moncloa en el dominio público).