viernes, 28 de agosto de 2009

Colombia, punta de lanza del imperio.

Por esto quieren los gringos desunidos a los que llaman sus "aliados y amigos", porque siempre encontrarán entre ellos a alguno dispuesto a sacrificar la soberanía de su país en uso de la soberanía de su país. Si Europa no es una sino treinta y tantos países siempre habrá un Aznar o un Blair dispuestos a romper el consenso europeo y seguir a los gringos en sus aventuras militares, guerras de expansión o de rapiña. Si América Latina no es una sino asimismo veintitantos Estados, siempre habrá un Álvaro Uribe dispuesto a allanar el camino a la presencia militar gringa o, como es el caso, en realidad, a aumentarla decisivamente, dado que ya hay cientos de militares estadounidenses destinados en Colombia.

Dice Fidel Castro, ultimamente dedicado a analista político, función en la que tiene buenos y malos momentos, siendo este de los malos, que las nuevas bases estadounidenses en Colombia pretenden acabar con Chávez en Venezuela. Es posible pero sólo como efecto colateral. Lo que pretende el Imperio con la nueva medida es controlar mejor la región militarmente. Varios dirigentes, como Lula da Silva, están inquietos y otros, como Hugo Chávez, están indignados y dan a entender cierta predisposición al uso de la violencia. Baladronadas. La incapacidad de las regiones para unirse políticamente y no sólo las multiculturales como Europa sino también las monoculturales como América Latina, es decir, la incapacidad para hacer lo que sí supieron hacer los Estados Unidos es la única responsable de esta situación de supeditación política y militar que tanto las molesta pero contra la que nada pueden hacer. Las fronteras en América del Sur se deciden en América del Norte igual que, en buena medida, las fronteras en Europa.

La cuestión geopolítica de la presencia militar de los gringos a lo largo y ancho del planeta es asunto curioso, lleno de enseñanzas de psicología colectiva. En Europa, por ejemplo, conviven un difuso antinorteamericanismo en España con un pronorteamericanismo en Italia no menos difuso que el español pero suficiente para que Italia admita las bases yankees que los españoles no quieren. En América Latina el antinorteamericanismo es casi una seña de identidad. Puede decirse que la popularidad y el apoyo de que goza Fidel Castro en el continente no arranca del socialismo de la sociedad cubana ni de su propuesta revolucionaria sino de su cerrado patriotismo y sentido de la independencia nacional frente a la expansión gringa. Esa rebeldía ante los Estados Unidos es la que da a Fidel la estatura heroica con que lo ven los pueblos de la región.

Pero donde hay un Fidel también hay un Álvaro Uribe.


(La imagen es una foto de Piutus, bajo licencia de Creative Commons).