divendres, 15 de desembre del 2006

Nobleza venal.

Los restos de Eduardo "el Confesor" se remueven en su tumba en Westminster. ¿Nobleza en venta? ¿Cómo va a ser noble algo que se compra y se vende? Un cínico diría: ¿por qué no? ¿Hay algo que no se compre y no se venda? La honra, dirá uno; la verdad, dirá otra; el canto de la alondra; el olor a salitre; la dignidad. La nobleza ¿por qué no? Bueno, de acuerdo, seguirá diciendo el cínico, no se compran y no se venden. Pero ¿se compran y se venden de hecho?. Silencio. Eso, ¿por qué no la nobleza?

Es el motivo de la investigación por la que ha declarado como testigo el señor Blair: unas diligencias policiales que tratan de averiguar si el Partido Laborista designó como Pares, con derecho a entrar en la Cámara de los Lores, a cuatro empresarios que habían donado unos milloncejos de libras para las arcas del partido. ¿Qué decíamos? Nobleza venal: títulos de Par en venta. ¿Y qué? La venalidad de los cargos públicos ha sido la constante de la administración en Francia y en España, por lo menos hasta el siglo XIX, con notables reapariciones ocasionales. El mismo señor Blair lo explica con claridad meridiana: los partidos se reservan un derecho a nombrar Pares y lo lógico es que nombren a los que aportan numerario. Lo mismo hacen los demás.

Efectivamente, los restos de Eduardo "el Confesor", penúltimo rey anglosajón, se remueven en su tumba de la abadía gótica de Westminster. Y seguirán removiéndose mientras el sistema de financiación de los partidos sea como es, privado, sin aportaciones de dinero público, como no sean unas magras cantidades que se adjudican a los partidos de la oposición para que puedan hacer tal. Hay gente que dice que si la financiación fuera pública se habrían evitado episodios como el del millón de libras, de donación de un magnate a cambio de que el Gobierno laborista dulcificara la prohibición de la publicidad de cigarrillos en una carrera de fórmula I.

De momento, lo que hay es la Ley de Partidos políticos, elecciones y referéndum del año 2000, aprobada con un parlamento de mayoría laborista y con la cual a los partidos no acaban de cuadrarles las cuentas. Por supuesto, estos estarían más cómodos con un sistema de financiación pública como el español en el que no dependen de las cuotas de los militantes, sino de las transferencias de fondos públicos.

Ahora bien, quizá eso tampoco sea tan recomendable. Mientras que los partidos ingleses tienen que patearse sus circunscripciones y hablar con la gente, porque dependen en buena medida del pago de las cuotas de los afiliados, razón por la cual también les interesa tener a muchos de estos, ¿alguien ha visto alguna vez una campaña de afiliación de los partidos en España? Es lógico, no dependen de las aportaciones directas de las gentes, sino de las transferencias de fondos públicos y vienen a considerarse como partes del sector público, que no dependen de su habilidad en el mercado para sobrevivir. Pero ¿qué es mejor?