dimarts, 5 de desembre del 2006

Los vagabundos del dharma.


En realidad, este post había de ser familiar, o sea, personal. Mi hijo Andrés envió hace unos días unas fotos de Nebraska, en donde trabaja de profe de español. Como le pedí permiso para sacar alguna en el blog, supongo que venía a entenderse que habría de ser un retrato suyo por aquello de "mire doña Eduvigis, qué guapo está mi Andrés", pero la verdad es que cuando vi la foto que cuelgo aquí pensé que a Andrés no le importaría nada que no lo pusiera a él, sino este paisajazo y que cambiara el post de personal a literatura (pinchen, pinchen en la imagen y, si no se les llena la pantalla con una especie de atracción por la lontananza y ganas de ponerse en camino, me dejo cortar en pedazos). ¡Ajá! pensé yo, muy contento, ¿Castillas azorinianas a mí? ¿Acaso Campos de Castilla? Pues no habré visto yo esa horizontal línea recta en la infinita lejanía en la meseta castellana.

¡Ah! pero es que lo que nos lleva, casi como que nos acarrea, hacia aquel escueto horizonte es la paralela configurada por una recta vertical (que forma una inmensa "T" con el horizonte) y otra oblícua que se encontrarán en el infinito, como nos dicen los ojos de la razón, pero que parecen empujarnos a que vayamos a comprobarlo con los de la cara. Esa foto es genial.

Así que, de Castilla, nada, y tampoco sus campos. Esa imagen es la de On the Road, la novela de Kerouac de la que lxs de mi generación solemos decir, llegado el caso, lo que un galán de Hollywood a su chica en los años 50: "escucha, querida, nuestra canción". Oíd, queridxs, nuestra novela. Resulta absurdo decir que On the Road es una Road novel, es verdad. Pero es lo que es: camino, búsqueda, vida. Como tantas otras, como Don Quijote, cual es canónico desde que Dos Passos publicara el curioso, entretenido y un poco chocante Rosinante to the Road Again. Una búsqueda en el camino que es una búsqueda en sí mismx de cada cual, como todo Cristo sabe.

Kerouac lo hacía a lo largo del camino poniéndose ciego de alcohol, drogas y jazz.Pues como Los vagabundos del dharma, también "on the road", también búsqueda interior, a través del empeño en la iluminación budista, o jugando a iluminarse con sus amigos. Porque Kerouac, como grande autor, escribe de las cosas que le pasan, con la gente con la que le pasan. Como yo con las fotos que manda mi hijo Andrés (que debe de estar on the road, en una experiencia de descubrimiento interior) y son chulísimas. On the Road, sí, señor, la generación "beat". Eso dio mucho juego. Luego llegó el Liverpool Beat Boom, de donde salieron los cuatro grandes. Supongo que entre "beat" y "beat" (jejeje, qué bromas hago, ¿eh?) no hay nada en común. Pero tampoco les cuesta nada a Vds. dejarme soñar un poco. O darle vueltas al coco que, al fin y al cabo, es lo que parece hacer mi hijo Andrés en la foto que subo. ¿Qué creías? ¿Qué iba a privarme? ¿Cómo va a privarse un padre de presumir de hijo?