viernes, 11 de enero de 2019

La piedra en el camino

El coso hispánico está que arde. En Andalucía se pone a punto la nueva Armada para la reconquista de España. Los medios no hablan de otra cosa que de los pactos, acuerdos, desacuerdos, plantes y desplantes del que las redes ya han bautizado como trifachito. Las soflamas de Podemos. El reconcome del PSOE. Interesante espectáculo, desde luego, que dará para mucha reflexión en el futuro acerca de las reacciones de la opinión pública o cómo una comunidad gobernada durante unos cuarenta años ininterumpidos por el Partido Socialista, de repente gira a la extrema derecha.

Pero eso será en el futuro. Aquí y ahora lo esencial no está en Andalucía, sino en Catalunya. Después del consejo de ministros, el presidente Sánchez parece que viajará al Principado con un maletín lleno de miles de millones de euros para invertir pues ya se sabe que Catalunya está llena de catalanes, que tienen siempre presente la pela. Es el, por ahora, último acto de este grotesco chantaje que los dos partidos de la izquierda, hacedores de los presupuestos, aplican a los independentistas: presupuestos a cambio de gasto social y olvido de los presos políticos.

El afán por conseguir el apoyo indepe a las cuentas públicas, que se disimula afectando que, al fín y al cabo, tampoco son tan importantes y cabe sobrevivir sin ellas, ha abierto la veda de quién hace más concesiones a los catalanes. Parece que el Estado hará uso de todas las lenguas oficiales del reino y hasta se prometen más horas en catalán en RTVE. Algo es algo, aunque enseguida se compensa con la propuesta de nombrar a Enric Hernández director de TVE. Alguien les habrá dicho que, al fin y al cabo, es un catalán. Pero no es seguro que ese alguien haya dicho también que es un catalán al estilo de Borrell.

Lo de los millones, además de insultante, es de risa. Porque se trata de cumplir con una obligación de nivel de inversión establecida en el Estatuto de 2006 y que jamás se ha cumplido. Es decir, vienen a comprar el voto favorable a los presupuestos a cambio del cumplimiento de una deuda. En verdad, es mucha desfachatez. Como la del salario mínimo o el gasto social.

Los presupuestos no pueden aprobarse por razones de principios. El presidente Torra lo ha expuesto con toda contundencia: crisis de gobierno si los presupuestos se aprueban. Pero ¿qué quiere decir "crisis de gobierno"? ¿Que él se va? ¿Que convoca elecciones? Eso no es relevante. Lo relevante es que el presidente del govern muestre máxima beligerancia, exija la autodeterminación y se niegue a dar un "cheque en blanco" a Sánchez.

El argumento de quienes se inclinan por aprobar los presupuestos es echar un cable al gobierno del PSOE para frenar el ascenso del frente nacional español y quizá su acceso al gobierno. Este argumento tiene poco peso desde el instante en que no hay diferencia entre el PSOE y el frente en relación a Catalunya. Que un gobierno del PSOE es idéntico a uno del frente nacional se demuestra con un sencillo razonamiento. Los independentistas partidarios de aprobar los presupuestos estarían encantados si el gobierno hiciera un gesto, aunque fuera simbólico, que justificara su aprobación. El hecho de que ni eso se les conceda deja bien a las claras que se aprueban los presupuestos de un gobierno que, cuando lo juzgue oportuno, empleará el 155. O algo peor.

Los independentistas no pueden dar su aprobación a esos presupuestos.