lunes, 15 de mayo de 2017

La corrupción y el liderazgo

Los madrileños andan cabreados con el PP. No mucho. Seis concejalías que se lleva C’s. No es tanto si se piensa que Madrid ha sido el epicentro del terremoto de la corrupción. El lugar en donde más claramente se ha robado, en donde hay más cargos públicos procesados y algunos en la cárcel. El lugar en el que una administración venal, pilotada por unos políticos presuntos delincuentes cometía todo género de desafueros en connivencia con una clase empresarial parasitaria del Estado o bien con experimentados hampones. El enésimo ejemplo en la historia de la ruina causada por la ineptitud y la codicia. Miles de millones malversados o hurtados al bien público, común. En Madrid, rompeolas de las Españas.

Seis concejalías de menos.

Irrisorio. Trasvasadas además a C’s, una especie de PP menos hirsuto y más cimbreante.

De todas formas, queda tiempo hasta las municipales. Un tiempo que seguirá llenándose con los relatos de la increíble vida y milagros del hombre de los mil chanchullos, antaño mano derecha de Esperanza Aguirre. La Aguirre contratada luego de una de sus dimisiones como cazatalentos en una empresa privada. Y a fe que da la talla. Su otra mano derecha, pues Aguirre solo tiene manos derechas, Granados, es protagonista asimismo de una supuesta historia delictiva tan rocambolesca como variada. Alguien, algún día, escribirá un diálogo entre González y Granados sobre su jefa. La cazatalentos batracios.

Habrá más castigo electoral a la corrupción. Esta comedia de hampones no ha hecho más que empezar. Raro será que Ruiz Gallardón se marche de rositas del embrollo ese brasileño y otras aventuras; como también que lo haga Ana Botella, cuyo inenarrable mandato, que empezó gritando recio spanglish en Río, culminó en un nido de buitres en el que vendió mil y pico viviendas protegidas y habitadas. Como debe esperarse a ver qué sale de esa pieza secreta de la Púnica a raíz de un contrato firmado por Cifuentes, que ya reconoce haber oído “rumores” sobre la gestión del Canal.

El otro dato es el factor de liderazgo, muy notorio en la alta valoración de Carmena y Villacís. Con una diferencia, entiendo: que Villacís es valorada por su partido (el que recibe los seis diputados que pierde el PP) mientras que el partido de Carmena es valorado por la persona de la alcaldesa.

La política municipal tiene sus usos. Si bien es parlamentaria en la organización, a los efectos prácticos, funciona presidencialmente. De ahí el factor de liderazgo personal. La gente tiene una relación con su alcalde(sa) distinta que con sus gobernantes. Se mueve más por razones de empatía o antipatía personales. Compárese la alcaldía de Botella con la de Carmena.

El conglomerado de la izquierda, Ahora Madrid (a su vez, plural) y PSOE, se queda como está. El baile de un concejal no es significativo. De ahí que el titular de El País sea engañoso: “Ahora Madrid” se convierte en “primera fuerza” no porque crezca (decrece), sino porque la otra ha pasado a ser segunda. Lo curioso es que suba el apoyo al PSOE siendo así que su portavoz, Purificación Causapié, tiene una valoración bajísima de menos 15 puntos, una distancia, pues, de 25 puntos respecto a la alcaldesa con la que está aliada. Algo que debiera hacerle reflexionar sobre el sentir de sus conciudadanos.

Finalmente, el toque wagneriano. El ocaso de la diosa. Cuarenta y siete puntos negativos le atizan los madrileños. Esto es lo que se llama poner punto final a una carrera en la ignominia. Había comenzado su andanza madrileña con la granujería del Tamayazo y la repetición de las elecciones. Las ganó, como ganaría las siguientes, por trepidante mayoría absoluta gracias a la financiación ilegal y en mitad de una orgía de expolio de lo público en beneficio de los gobernantes y sus clientes. Y eso mientras ella peroraba a los cuatro vientos las excelencias de las privatizaciones y el mercado libre. Al final, la ley del hampa.