sábado, 9 de julio de 2016

Berlanga y el Emperador

El tajo a la programada visita de Obama pone broche de plomo al éxito de las relaciones exteriores de la gran nación. Una diplomacia de excelencia. La única vez que el presidente visita España en su doble mandato, la  reduce a lo que las sufridas gentes llamaban antaño "la visita del médico", un visto y no visto de circunstancias para no quedar del todo mal y get me outtahere fast, que para luego es tarde.

Vaya por delante que Palinuro no banaliza en absoluto la gravedad de los hechos de Dallas. Precisamente esa gravedad y esa trascendencia que muchos invocan para justificar la irritación que les produce haberse quedado con un palmo de narices al estilo berlanguiano es lo que prueba las diferencias abismales. No será la primera vez que algún gobernante español no haya alterado su protocolo cuando acaece una desgracia de este alcance. Aquí la gente se muere o la matan y los gobernantes se van de vacaciones o a un spa porque, en el fondo, son unos irresponsables. Allí se lo toman en serio y, si hay que cortar un proyecto por necesidad, se hace y, entre estar en Dallas y estar en Madrid, el gringo lo tiene claro.

Dicho lo cual, acompañemos en el sentimiento a los más de cien invitados que iban a compartir mesa y mantel con el Emperador y van a quedarse sin la foto de sus vidas. Ya es mala pata, desde luego. Y, al margen de la gravedad de los hechos, el presidente de los sobresueldos ha vuelto a quedar como un pichichi. Ya no hablemos de los líderes de la oposición, que estaban planchándose las camisas, mientras recitaban ante el espejo las mordaces observaciones que le harían al emperador en los diez segundos que los dejarían hablar. ¿Y qué decir de los noventa restantes zánganos y cortesanos, la patulea de logreros que merodea por la capital del Reino dándose pisto para salir por la tele y arreándose  codazos entre ellos?

Hagamos algo más que acompañarlos en el sentimiento. Indaguemos por ellos. Vamos a ver: Obama cercena el plan de la visita por fuerza mayor. Pero solo cercena la parte con las autoridades (algún nombre hay que darles) españolas, madrileñas y sevillanas. El desplazamiento a la base militar de Rota se mantiene. Y las deliberaciones con la máquina estadounidense al mando del cónsul Costos, también. El Emperador viene a visitar a los suyos en sus posesiones, y se larga.Si acaso saluda de refilón al jefe de la tribu y eso si no lo confunde con el mayordomo del cortijo.

Todo lo que los políticos españoles querían decir en presencia de Obama para entrar así en la historia podrán contárselo por whatsapp. Del trance se han liberado los catalanes y vascos porque no fueron invitados al ágape. Siempre es de agradecer que el peculiar sentido de la convivencia de la monarquía española te ahorre hacer el ridículo.

Creo asimismo que la izquierda indómita sevillana, la del No a la OTAN, o sea, IU (porque Podemos cuenta con un general otanista entre su brillante elenco) estaba preparando una manifa en Sevilla contra la presencia del gringo al grito de Yankee go home. Mira por dónde, el manifestado ha hecho caso de antemano.

Fastos de la gran nación y sus andrajos. Ceremonías de guardarropía con actores y actrices de tercera pero todos muy ceremoniosos.