martes, 2 de febrero de 2016

Del voto al veto y del veto al voto

Hace mes y medio, cuando los políticos catalanes andaban a la gresca y sin gobierno, era frecuente oír chanzas y chirigotas en Madrid sobre que los catalufos eran incapaces de ponerse de acuerdo y tendrían que repetir las elecciones. Hicieron gobierno y evitaron las elecciones. Ahora, la situación en el Estado es la misma. Los partidos son incapaces de formar gobierno y la amenaza de nuevas elecciones se configura en el horizonte. Quien ríe el último... Se da además la pintoresca circunstancia de que algunas posibles coaliciones en España dependen de que los independentistas catalanes las permitan porque tienen la llave. La llave de la gobernabilidad del país por la izquierda. Pintoresco y hasta sarcástico.

A primeros de diciembre pasado, los amigos de Trasversales me pidieron un artículo sobre las subsiguientes elecciones del 20D. Escribí uno titulado Un sobresueldos y tres mindundis. Si tuviera que escribirlo de nuevo hoy, a más de un mes de esas elecciones , escribiría lo mismo y con el mismo título.

Los políticos catalanes fueron capaces de llegar a un acuerdo y poner en pie un gobierno que ya está actuando, al menos mientras el Tribunal Constituciona español, a las órdenes del PP, le deje. Dudo que los españoles sean capaces de hacer lo mismo. Lo dudan ya casi todos los mentideros de la Villa. Y eso que, como los catalanes, cobran de nuestros impuestos por hacer su trabajo. Entender esta situación no requiere grandes dotes analíticas. A estas alturas las apuestas van triple a uno a que hay nuevos  comicios porque los políticos españoles serán incapaces de pactar una fórmula para evitarlos.

¿Quién está interesado en nuevas elecciones? En primer lugar Rajoy, el de los sobresueldos, que convencido ya de que nadie quiere juntarse con él (ni en su partido), sabe que no será presidente y, como tiene con el poder la misma relación que un parásito con el parasitado, quiere nuevas elecciones en la esperanza de que el resultado le sea más favorable. Que el país pueda hundirse en una incertidumbre y una espera de cuatro cinco meses más sin nadie al mando no le importa. Que en este tiempo los independentistas catalanes ganen una ventaja definitiva que España no podrá recuperar, todavía menos. Al sobresueldos solo le interesa seguir en el poder, aunque se hunda el país. Confía, supongo en Montoro, experto en salvamentos imaginarios.

Interesados en nuevas elecciones están también los independentistas catalanes quienes, calculan, con razón, que un Estado sin gobierno hará menos daño a la hoja de ruta independentista y seguirá sin tener iniciativa política alguna. Es más, Rajoy quiere elecciones nuevas, pero no está en situación de bloquear la formación de un gobierno. ERC y CiL, sí. No solo son favorables a nuevas elecciones, sino que pueden provocarlas.

Los tres partidos parlamentarios españoles restantes, PSOE, Podemos, C's, tienen intereses menos claros. En un principio, tanto Podemos como C's, habiendo obtenido resultados por debajo de lo que esperaban, querían nuevos comicios, en la esperanza de incrementar su voto. El PSOE, con el peor resultado de su historia, prefería no tentar más la suerte so pena de encontrarse como el PASOK. Sin embargo, las cosas cambian vertiginosamente. Los sondeos no auguran nada bueno para C's en nuevas elecciones y Podemos se fragmenta a ojos vistas, siendo muy problemático que vaya no ya a aumentar sino a repetir sus resultados con las confluencias en estado de rebeldía. Sánchez, en cambio, al dar la imagen del único que pretende garantizar un gobierno de pacto, acuerdo y estabilidad, seguramente recogerá mejores resultados si se repiten las elecciones. Que se repetirán, si los dos partidos llamados emergentes siguen impidiendo alcanzar un acuerdo que evite al país la ordalía de otra consulta electoral. También se debe contar con IU, pero su representación liliputiense no tiene relevancia.

Los motivos de los tres mayores son bastante obvios: Sánchez -cuyos enemigos están fuera y dentro de su partido- trata de sobrevivir jugando su única baza: convertirse en gobernante antes de que el congreso del PSOE lo convierta en cesante. Rivera, cuyo narcisismo y vacuidad rivalizan en todo con los de Iglesias, antes se dejará cortar en trozos que permitir que el otro se lleve los focos y lo deje abandonado a la oscuridad de una triste oposición, aguantando chistes de Rajoy en casa del señor obispo. Iglesias, tan narcisista y huero como el otro, tiene asimismo un factor que le activa un anhelo dormido, especie de viejo sueño de sustituir al PSOE, deseo antañón de generaciones de comunistas reciclados.

Las circunstancias y las conveniencias -no sus propios méritos- han hecho que Sánchez tenga un rol más racional y razonable en su intento de formar un gobierno pactando con Podemos, C's e IU. Es lo que le interesa, ciertamente, pero es el único que está haciendo algo por evitar las nuevas elecciones.

Calíbrese el grado de mindundez de los otros dos recordando que, después de hartarse de decir que bajo ningún concepto permitirían que Rajoy siguiera en el gobierno ahora hacen justamente lo que más le interesa para quedarse: provocar nuevas elecciones. 

Conclusión: cada país tiene el gobierno que se merece y la oposición que también se merece.