lunes, 21 de diciembre de 2015

Todos pierden menos los catalanes


Han dado tanto la matraca con el nefando bipartidismo que, ironías de la vida, les ha caído encima un multipartidismo y fraccionamiento que recuerda el parlamento polaco de los tiempos del liberum veto. Encuentran el bipartidismo aburrido; prefieren el baile del multipartidismo. El problema es que no saben bailar. El multipartidismo -lo han dicho todos mientras celebraban muy murrios la nueva era- abre una etapa de diálogo, pacto, negociación. Justo lo que los políticos españoles no saben hacer. No importa. No lo reconocerán; igual que no reconocen que han perdido todos, uno a uno y en conjunto. Uno a uno porque ninguno ha conseguido ni de lejos lo que quería y en conjunto porque han dejado un parlamento ingobernable que probablemente durará dos meses. Veamos.

La derrota del PP es incuestionable. La tontería de Rajoy del partido más votado mientras haya moción de censura en la Constitución es eso, una de sus habituales tonterías. Derrota sin paliativos. El PP no puede formar gobierno con C's porque no dan los escaños. Con los demás, está descartado por distancia ideológica, salvo el caso de una posible gran coalición con el PSOE o gobierno de salvación nacional con PSOE y C's, como señalaba ayer Palinuro. Luego lo vemos. Pero, en todo caso, está claro: Rajoy a su casa. Ya era hora.

El PSOE cosecha otro desastre. El peor resultado on record. Es, con todo, el único que puede formar gobierno en los dos lados del espectro político. Lo vemos también de inmediato. El liderazgo de Sánchez no ha sufrido el deterioro del de Rajoy, pero está tocado.

Podemos se ha dado una castaña. Pasa de cero a 42 diputados, pero eso no es nada para quien iba a asaltar los cielos y ocupar la centralidad política. La derrota se mide por la diferencia entre resultado y expectativas, que es abismal. Otra cosa es que lo reconozcan. Sus líderes creen que, con 42 diputados son alguien. Sus fieles más pelotas (por ejemplo, García Ferreras, de la Sexta) suman a los 42 diputados propiamente dichos de Podemos, los 27 más de las confluencias, o sea, los de Beiras, Ada Colau y Mónica Oltra. Y eso es mucho sumar, además de que, con 69 escaños tampoco pintan gran cosa.

Batacazo estilo Podemos también el amigo Rivera de Ciudadanos con sus 40 escuálidos diputados cuando había jugado con la idea de ser segundo y, en sus momentos de mayor optimismo, el primero. Llevaba tres meses largando por todas las televisiones, mañana, tarde y noche y jugando con la idea de poner y quitar gobiernos en España. Sus seguidores dicen, como los de Podemos, que es milagroso pasar de cero a 40 diputados. Lo malo es que con 40 diputados no pintan nada en ningún sitio. No sirven ni de bastón para que el PP forme gobierno. Sus votos no le hacen falta a nadie. Por cierto, tanto Podemos como Ciudadanos, dos partidos criados a los generosos pechos de las televisiones, prueban que el poder de los medios tampoco es tan grande.

Garzón seguramente no se merecía la amarga derrota de quedarse con 2 diputados de los 11 de IU en la legislatura anterior. Ha demostrado ser un  líder con categoría y carisma. Pero ni eso resucita un muerto e IU es un cadáver desde que Podemos la fagocitó. Ni grupo parlamentario podrá formar y habrá de integrarse en el grupo mixto. Podemos, sin embargo, no ha sido capaz de fagocitar también al PSOE, a pesar de los ímprobos esfuerzos de la Sexta, con lo cual cabe concluir que, en efecto, ha servido para dividir más a la izquierda y solo para eso.

En cuanto a los independentistas catalanes, situación curiosa; los dos componentes de Junts pel Sí (CDC y ERC) bajan de los 19 escaños de 2011 a los 17 de ahora. Pero de esos 17, nueve son de los republicanos (que multiplican por tres su representación), o sea, del independentismo más radical. En los días pasados algunos propugnaban la abstención en estas elecciones por ser españolas. De haber triunfado esta posición, los independentistas catalanes no estarían ahora en la  posición de ser la llave, la clau, de la formación de un gobierno en España. Es, en verdad, la ironía dentro de la ironía. A partir del próximo día 27, cuando la CUP finalmente se pronuncie sobre la investidura de Mas, podemos encontrarnos con una situación que ni Mefistófeles podía imaginar. Si Mas es finalmente investido, en Cataluña habrá un gobierno con mayoría absoluta y en España no habrá gobierno alguno.

Hay más consecuencias catalanas de este resultado, como el hecho de que este resultado fortalece la posición de JxS en las negociaciones con la CUP porque los 17 diputados catalanes en el Congreso y salvo un solo supuesto,  pueden provocar elecciones anticipadas en España, con lo que no serán tan graves si también se adelantan en Cataluña. Pero esto son ya especulaciones complicadas que dejaremos para debatir en Cataluña. En el Estado, la brocha es más gorda.

Efectivamente, cabe un gobierno de coalición de la izquierda siempre que lo apoyen los diputados independentistas catalanes ya que PSOE, Podemos (y confluencias) y UP-IU suman 161 escaños y sólo llegan a 178 con los independentistas catalanes.

Resumiendo las cuentas. Solo hay dos posibles coaliciones con mayoría absoluta: las mentadas Gran Coalición (PP + PSOE) o Coalición de salvación nacional (PP + PSOE + Ciudadanos) o la coalición de izquierda (PSOE + Podemos (y confluencias) + UP-IU). De todas formaría parte el PSOE. Eso sí es centralidad política y no la de Podemos que, siguiendo la inveterada costumbre de vender la piel antes de matar al oso, ya está imponiendo condiciones para llegar a un pacto en el que no está claro que vaya a pintar algo.

Lo que sucede es que ambos posibles pactos son extraordinariamente difíciles, dada la cultura política española y las reiteradas declaraciones de los partidos. Tanto PP como PSOE negaron de plano toda intención de formar gobierno conjunto. Los gobiernos de gran  coalición no son tan extraños en Europa y seguramente Merkel, que preside uno de ellos, se lo habrá aconsejado a Rajoy. Pero el problema lo tiene Pedro Sánchez. Tal pacto podría abrir una nueva crisis en el PSOE y quizá alguna nueva escisión por su castigada izquierda. Y por supuesto una coalición de salvación nacional ante la cuestión catalana, lo mismo.

Algo parecido con el posible gobierno de coalición de la izquierda. El apoyo de los independentistas catalanes no será gratis sino a cambio de algo sustancioso. Y lo menos será el referéndum de autodeterminación en Cataluña. Los de Podemos y afines lo apoyarán, incluso sin ser  conscientes de que, en el fondo, sería una concesión de los independentistas que ya no quieren referéndum, sino seguir adelante con la hoja de ruta y hacer una DUI. La cuestión es que, en principio, el PSOE probablemente tampoco aguantara la presión de su ala derecha ante un referéndum de autodeterminación. Bono, Vázquez, Rodríguez Ibarra, Rubalcaba, Díaz,  etc., todos ellos nacionalistas españoles, no lo admitirían.

Quedarían por investigar gobiernos minoritarios también de coalición y con algún apoyo parlamentario, pero se me antojan más inestables que un gobierno minoritario monopartido con acuerdos esporádicos con unos u otros grupos. El problema es que esta fórmula tampoco es muy segura porque la mayoría relativa del partido está muy lejos de la absoluta y necesita más de un apoyo.

O sea, casi todas las papeletas para unas nuevas elecciones a la altura de mayo.

Y, mientras tanto, vía libre a la hoja de ruta catalana.