dimecres, 13 de novembre de 2013

La marca España es la basura.


El texto es la basura. El pretexto es la basura. El contexto es la basura. En España ha caído la basura al modo en que las langostas cayeron sobre Egipto en la novena plaga. Todo se ha llenado de basura: la realidad del día a día, convertido en noche, las conversaciones de las gentes, las discusiones de los mentideros, los ukases del poder, las homilías de los curas. La retórica se ha hecho de muladar y estercolero. Si antes eran los pobres -cada vez más numerosos y de clases sociales algo superiores- quienes buscaban afanosos las desechos, ahora son estos los que se ofrecen a la vista del todo el mundo, avanzan, crecen se agrandan. Ya son la imagen tópica de Madrid. Y están a punto de serlo de la marca España cuyo recorrido triunfal por los medios planetarios deja una estela de corrupción, abuso, suciedad y miseria que hace innecesario revivir la leyenda negra. El símbolo europeo de España es la basura. No la comida-basura o la televisión-basura sino el país-basura.

La cuestión es si realmente nos merecemos esto.

Si nos merecemos una alcaldesa como Ana Botella, no electa para el cargo sino poco menos que infiltrada, y que ha dado pruebas sobradas de una fabulosa incompetencia para gestionar algo más complejo que su make up. El siniestro episodio del Palma Arena (cinco muertes y ningún responsable) ya fue motivo suficiente para una dimisión fulminante. En lugar de ello, la vara mayor se plantó en Buenos Aires a hacer un ridículo planetario con la relaxing cup of coffee en un Madrid por el que dos meses después no se puede caminar sin serio peligro para la salud. Quien no es capaz de retirar la basura de la vía pública -servicio por el que los madrileños pagan altísimas tasas- pretendía traer los Juegos Olímpicos de 2020, fecha para la cual, de seguir la misma alcaldesa, Madrid sería un gigantesco vertedero. La basura es la cuenta final de la incompetencia de la señora Botella. Tanta que hasta su partido le exige ya perentoriamente que limpie las calles, una exigencia, me temo inútil (¡y eso que Botella fue concejala de medio ambiente!) porque sospecho que ni siquiera entiende el conflicto, el lío de contratas, subcontratas, recontratas que ella misma ha organizado.

Si nos merecemos un ministro de Educación cuyas declaraciones son tildadas de basura por el portavoz de la Comisión. Los medios españoles, que son pundonorosos, precisaron luego que el portavoz dijo rubbish y que rubbish no solo significa "basura". No, también significa "tontería", "estupidez", "memez", "gilipollez" y hasta "caca", además de "basura". Y no sé qué será peor. Faltó tiempo a Rajoy para salir en defensa cerrada de su ministro en quien, como el Padre con el Hijo en el Jordán, tiene puestas todas sus complacencias. Pero, a diferencia del Padre, Rajoy, que no domina los tiempos, defendía a Wert de la metedura de gamba de las becas Erasmus y antes de que, a continuación, metiera la otra gamba con su rubbish.

Incidentalmente, los europeos siguen siendo bastantes educados y si el portavoz se valió de un término tan fuerte mostraba cierta irritación porque, en sus declaraciones, Wert atribuía a la UE su propia intención, esto es, suprimir o demediar las becas Erasmus cuando la Comisión se aprestaba a hacer lo contrario. Una prueba evidente de mala fe y malas artes.

Rajoy tendrá ahora que hacer una segunda defensa, respaldar otra vez a su ministro metegambas pues el PSOE ya ha pedido por vez segunda su dimisión. Muy bien. ¿Y quién respalda al respaldador, a Rajoy? ¿Quién es él para respaldar a nadie? Nada más presentarse en Europa, al comienzo de su mandato, el eurodiputado británico Nigel Farage lo calificó de el líder más incompetente de Europa y, hasta le fecha, nadie parece haberle ganado en esa primacía a pesar de que, como decía el mismo Farage, se enfrenta a una intensa rivalidad

Y de la basura física, material, maloliente y la política, repulsiva, pasamos directamente a la moral. En las Baleares la policía ha detenido a un empresario que supuestamente explotaba a los trabajadores pagándoles 70 € semanales por cinco días de diez horas diarias de trabajo, vamos, 1,4 euros la hora, supongo que neto porque tampoco pagará la seguridad social. La basura de la esclavitud. A esto ha llevado la conjunción de la crisis y la reforma laboral de la derecha. Una reforma dictada por la patronal y articulada por un especialista en la materia, catedrático de Derecho del Trabajo, a quien el gobierno ha compensado por acabar con su asignatura nombrándolo presidente del Tribunal Constitucional, por si hay alguna duda respecto a la constitucionalidad de la explotación, la esclavitud y los salarios de hambre. Pasen y vean la marca España. Se escribe con caracteres chinos.

El propio Rajoy es, si se me permite la licencia poética, un presidente basura, "en sí" y "para sí", como dirían los hegelianos pues, sabiéndose basura, se oculta debajo de todas las alfombras, sus ministros, sus plasmas, su guardia pretoriana parlamentaria, su mester de propaganda en los medios, sus asociados y conmilitones en las vastas redes barcénigas y gürtelianas. Hasta su gente comienza a mirarlo ya con reticencia y un punto de repugnancia.

No, no es una exageración o una obsesión. Es una realidad deprimente. La basura lo ha anegado todo, emporcado y ensuciado todo. Se indulta arbitrariamente a los delincuentes si son de los nuestros; se ignoran sus delitos o no se persiguen si son personajes de alcurnia; se prostituyen todos los códigos deontológicos de todas las instituciones y profesiones; se toleran enriquecimientos fabulosos por medios delictivos y se los amnistía si se descubren; se desprecian los derechos de los ciudadanos, a los que se hostiga y reprime con violencia; o se les mutila; o se les mata sin más; se castigan desproporcionadamente comportamientos que muchas veces vienen impuestos por la necesidad y la miseria a que se ven arrojados quienes los realizan; se suprimen los derechos de los trabajadores, los parados, los pensionistas; se eliminan las ayudas públicas a fines de justicia social destinados a otros ostentosos, como conservar la memoria del último dictador criminal que tuvo el país; se imponen formas, estilos, creencias, identidades y se reprimen las que no nos gustan; los políticos (sean o no "clase", "casta" o "pandilla"), que decretan estrecheces y sacrificios para la población, viven en el lujo y el despilfarro del dinero de todos. Lo ha dicho hasta el Papa de Roma y, al oírlo, ¿quién en España no ha pensado que se refería a nuestro país?

Los curas. Los curas no lo han pensado. Al contrario. El arzobispo de Granada defiende y apadrina un libro machista escrito por una mujer con el título de Cásate y sé sumisa. Más basura. Vieja. Apestosa. Eso de "sé sumisa" lo argumentaba mucho Pilar Primo de Rivera, la hermana del Ausente y antes, Fray Luis de León, y antes... En fin, que no es nuevo. Es basura consagrada. Salvo que se trate de una burla, que todo puede ser. No creo que lea el libro, pero a lo mejor está escrito en el espíritu de Camille Paglia, que tiene su fondo, vaya usted a saber. Lo que convierte el asunto en basura es la intervención del prelado, aplaudido, seguramente por Rouco. "Sé sumisa"; tal es la respuesta de la España de Trento a esas especies semidiabólicas del actual Papa sobre la importancia de las mujeres en la iglesia. La importancia de la sumisión, sí señor. Si el esclavo no es sumiso, aquí no hay quien viva, Santidad. Si fueran sumisas, los hijos de Dios no las matarían; o no las matarían tanto. Es que, en el fondo-fondo, los curas son hombres y los hombres, curas.

Dicen las autoridades de todo tipo estar muy preocupadas con la "desafección ciudadana", que corroe la legitimidad de nuestra democracia. "Desafección" no es la palabra. La palabra es "pesimismo", "desaliento", "desánimo", "abatimiento", "desesperación". Elijan. España está hundida, anegada en su propia basura.

La basura es la marca España. 

(La imagen es una foto de Bart Evenson, bajo licencia Creative Commons).