dilluns, 16 de setembre del 2013

No es la política. Es la pastuqui.


Cada vez que se plantea algún problema de envergadura al país muchos comentaristas, cada vez más, se preguntan escandalizados por qué no comparece Mariano Rajoy, por qué no da la cara, por qué se esconde, por qué no contesta las preguntas de los periodistas y obliga a los segundones a responder por él. Su capacidad para escurrir el bulto, hacer la vista gorda, no darse por enterado es fabulosa y deja pasmados a los observadores. Como lo hace siempre, muchos creen que se trata de un rasgos caracteriológico, de la naturaleza escurridiza, ambigua, poco clara de este político que se quita siempre del medio cuando vienen mal dadas. Pero otros se indignan, piensan que no es de recibo actuar así y que si uno es presidente del gobierno está obligado a portarse como tal, a hacer frente a los problemas y aportarles soluciones y no a dar la callada por respuesta.

Al día siguiente a la Diada, en un comentario en su vídeobglog, titulado ¡Bah, no son tantos! Iñaki Gabilondo se preocupaba perplejo cómo es posible que, ante los acontecimientos de Cataluña, Rajoy no dijera nada, no comentara nada, no mostrara tener opinión alguna y, como siempre, diera la impresión de estar agazapado a ver si por casualidad escampaba. Eso es lo que Palinuro lleva ya meses diciendo: que el gobierno en general y Rajoy en concreto, no saben qué sucede e Cataluña, no calibran la importancia real de los hechos y carecen de toda propuesta para ofrecer e una hipotética mesa de negociación a la que también se niega.

Esta irresponsabilidad, esta dejación, esta manifiesta incapacidad para gobernar de Rajoy no se detecta ahora por primera vez con motivo del independentismo catalán. Es, efectivamente, un rasgo suyo: nadie supo bien cuál era su criterio con motivo del desastre del Prestige, que caía bajo su jurisdicción; nadie tampoco sabe ahora qué piensa hacer en el asunto de Siria y mucho menos en el caso de Gibraltar,  desaparecido misteriosamente de las portadas de los pasquines que pasan por ser periódicos de la derecha; nadie cómo actuará en el caso Bárcenas, que lo tiene acorralado y, por supuesto, nadie tampoco qué pretende hacer en el caso de Cataluña.

Uno pensaría que, si no quiere adoptar decisiones en asuntos políticos complicados, si no quiere arriesgarse, si tiene miedo a los pronunciamientos y declaraciones, lo mejor que podría hacer sería dejar la política. Y uno cometería con ello un error garrafal porque demostraría no entender cuál es la razón verdadera y profunda del comportamiento de Rajoy.

Es evidente que el hombre no entiende nada de política, que no se le ocurre nada y que su acción se limita a aplicar las órdenes que recibe de la patronal, la banca y la iglesia. Pero no está dispuesto a abandonarla en modo alguno porque , aunque no sepa nada de política y no le importe, sí sabe que es una actividad en la que, con poco trabajo, puede uno forrarse.

Y ese es el elemento esencial del comportamiento de Rajoy: el dinero.

Basta con escucharle reiterar su habitual falsedad de que no está en política por la pasta y que el tiene una profesión para calibrar su mentira. Tiene una profesión, sí, pero no la ha ejercido nunca porque, desde el primer momento, eligió vivir -y vivir opíparamente- de la política. Y, desde entonces ha estado cobrando sobresueldos en su partido más de un millón de euros entre 2006 y 2011, junto con su amigo, el ayer tesorero y hoy presunto delincuente, Luis Bárcenas. A estos sobresueldos -sobre cuya legalidad tendrán que pronuciarse los jueces- añadía Rajoy regalos valiosísimos de todo tipo de la Gürtel y, por último, según exhaustiva investigación de Infolibre parece que ha estado cobrando igualmente de forma poco clara diversos emolumentos de su plaza de registrador da la propiedad, cuya situación administrativa ha sido siempre opaca y semisecreta para ocultar situaciones presuntamente ilegales del interesado.

Es decir, este hombre indeciso, que escurre el bulto, se oculta, no tiene opinión, pasa el cazo todos los meses y se lleva una pasta (presuntamente ilegal en alguna medida) que es lo único que le importa. La política le trae sin cuidado pues no ve en ella más tarea de hacer lo que le dicen sus jefes de reprimir a la población si protesta. Lo suyo es forrarse, como muchos otros de su partido; casi legión. Pero él con mayor ahínco y éxito, desde luego.

Con razón se ha negado siempre a dar información alguna sobre sus ingresos, los ha mantenido ocultos y así siguen. La primera vez que Palinuro vio a Rajoy escurrir el bulto en TV, negándose a responder cuánto ganaba, comprendió que este de la pastuqui era el verdadero móvil del político conservador. El verdadero y el único. La política lo trae al frsco. Harán el ridículo quienes quieran debatir con él sobre asuntos objetivos políticos, sociales, económicos. Repito, lo único que le importa es forrarse y que no se sepa cómo.

Por eso también Palinuro lleva meses insistiendo a los dirigentes de la oposición a que pregunten a Rajoy en el Parlamento cuánto dinero gana y en concepto de qué. Pero no lo ha conseguido, lo cual, evidentemente, no es un timbre de gloria para ella. Esta es la hora en que el país ya sabe que su presidente cobró sobresueldos con dineros presuntamente ilegales, pero no cuánto, no en qué cuantía y durante cuánto tiempo entre otras cosas porque él se limita a mantenerlos secretos.

Rajoy no entiende de política y sus mareantes complejidades. Entiende de forrarse a sobresueldos, mordidas y comisiones. Por eso lleva años animando a los corruptos como él, los Fabra, Baltar, Camps, Matas y queriendo ser como ellos. Ni quiere que nadie de los suyos dimita por corrupta (por ejemplo, Mato) porque eso lo pondría en un aprieto, teniendo que dimitir acto seguido.

Y dimitir es lo que más claramente dejará de hacer. "Se hundirá el mundo" -parece opinar Rajoy- "antes de que yo dimita".