miércoles, 24 de octubre de 2012

No es una crisis. Es una estafa.

El debate público español es un griterío ensordecedor, una cacofonía incomprensible cruzada por términos y palabras como sospechosos conjuros: crisis estructural; mercados más invisibles que la mano que los rige; prima de riesgo; déficit; deuda soberana; deuda sin soberanía; deuda de la deuda, también llamada interés de la deuda, claro; paraísos fiscales; fondos de riesgo; preferentes; unidad bancaria; supervisor único; recapitalización de la banca; estrangulamiento del crédito; socialización de las pérdidas y privatización de las ganancias.
¡Click! Ahí se enciende una luz: se trataba de eso, de despojar a millones de sus escuálidas pertenencias y, de paso, sus ilusiones y esperanzas.
Claro -avisa una voz atona, casi de robot- como que no es una crisis. Es una estafa. Y hay estafadores y estafados, como en toda estafa.
"Bueno, bueno, -razona el poder por sus infinitos canales- no hay que ser demagógicos. Esta es una crisis bestial que nadie previó y nos afecta a todos porque estamos todos en el mismo barco".
Al llegar a la metáfora del barco y los remos no hay que romper a reír al modo sardónico sino reconocer que, cuando las cosas se plantean en los términos de las palabras mágicas de más arriba, se hacen incomprensibles para el común de los mortales que son siempre quienes se llevan las bofetadas. Pero es que la gente no ve las cosas a través de las palabras, sino de los hechos. En concreto, los siguientes:
  • Sueldos astronómicos, insultantes para la inmensa mayoría; pensiones y jubilaciones de millones para individuos que todo lo que han hecho muchas veces es arruinar sus empresas o instituciones y dejar a la gente en el paro sin que, al parecer, respondan penalmente por ello.
  • Estafas increíbles, alucinantes, de políticos corruptos, parientes bucaneros, empresarios mafiosos, fuerzas del orden compinchadas y todo en un clima de alegre impunidad, perfectamente reflejada en el último episodio de la mafia china, presidida por un connaisseur del Imperio del Centro que se hacía retratar con el Rey.
  • Seis millones de parados, varios de ellos sin subsidio, otros en la raya de la pobreza o por debajo de ella, multas por buscar comida en los contenedores.
  • 500 desahucios diarios. Quinientos. 15.000 al mes. Hasta los jueces denuncian la normativa injusta, anticuada y cruel que se ven obligados a aplicar. Muchos de esos desahucios instados por los bancos que han sido rescatado con dinero de los desahuciados. Muy fuerte.
  • Ese rescate mueve cifras de vértigo. 250.000 millones de euros nos ha costado salvar los bancos del sistema financiero más sólido del mundo. Y no sé si ahí se contabilizan los 100.000 millones que nos han prestado los "socios" europeos en el primer no-rescate de Rajoy para que los bancos se rescaten con nuestro dinero mientras sus directivos se asignan sueldos estratosféricos también con nuestro dinero.
  • ¿Quién va a pagar todo eso? Los ricos, desde luego, no. El 74% del fraude fiscal en España corresponde a las grandes fortunas que, por ser grandes, están perfectamente localizadas. Pero la lucha contra el fraude se ceba en las profesiones liberales. Los que se quedan tributan un insultante 1% a través de las SICAV. Eso por la vergüenza torera de no decir 0%: usted no paga impuestos si tiene más de 2,4 millones de euros.
  • Además, si se lleva usted la pastuqui a un paraíso fiscal, el gobierno lo amnistía a cambio de un óbolo simbólico. Los amnistía porque son los suyos, aquellos a los que representa un gobierno de ricos. De ricos y nobles. Que la Defensora del Pueblo sea una marquesa revela un refinado sentido del humor o una insensibilidad rayana en la idiocia.
  • Claro que todos los gobiernos indultan a los ricos. Normal: les deben dinero. Zapatero también indultaba banqueros.
  • Y luego está la iglesia, capítulo aparte, que goza de una exención fiscal perpetua o, en sus propios términos, indulgencia plenaria. No solamente no paga impuestos de ningún tipo y acumula toda clase de privilegios sino que recibe una pila de millones a cuenta del erario público, agradecido por la encomiable labor que realiza de reconciliar a los mortales con su destino en la tierra.
Esto es lo que la gente ve. Una estafa bendecida por la iglesia. Lo que es.
 (La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).