lunes, 27 de agosto de 2012

Entre Gordillo y Merkel.

Vuelve Rajoy a su forma inveterada de gobernar consistente en desaparecer, ocultarse, mantenerse en silencio y dejar que sean otros quienes comparezcan por él. Es el líder ausente. Hasta la fecha ha sido uso común adjudicar a los dirigentes todo tipo de atributos pero la ausencia, siempre a los muertos, nunca a los vivos. Hasta que llegó Rajoy con el nuevo estilo de gobierno de la doble "A", la Ausencia Autoritaria. El líder no está, no se comunica, no comparece en el Congreso, pero gobierna por decreto. Es un hombre duro.
Si se trata de una neurosis, el presidente podría tratarse; si es una táctica, el asunto se pone más grave. Viene a ser como si se estuviera pidiendo a la ciudadanía que otorgue ciegamente su confianza a un lider del que lo único que se conoce es que es imposible conocer nada de él. Ni siquiera cuánto cobra al mes por todos los conceptos. Y no es el único inconveniente. El otro es que, al no parecer el presidente por lado alguno, adquiere especial visibilidad el gobierno, los ministros, especialmente los que tienen una personalidad más acusada. Sus políticas erráticas y declaraciones, a veces extemporáneas, evidencian la escasa coordinación interna del gobierno, si es que hay alguna. El guirigay que ha montado el ministro de Cultura, queriendo mantener a toda costa la subvención a los centros que ejercen el apartheid educativo por sexos; el que ha provocado el de Justicia con una reforma del aborto que su propio partido no acepta; el monumental desbarajuste que ha conseguido Ana Mato en Sanidad; la rapiña en las subvenciones al desempleo a cargo de la ministra de Empleo que cobra indebidamente 1.800€ mensuales de dietas, cuatro veces y media la prestación que esta regateando a los parados de larga duración. Todo eso y más son dislates de los ministros. Si no gobierna su gobierno es difícil que pueda Rajoy gobernar España que, además, la tiene encendida en el interior y crispada en el exterior.
En el interior, el problema de Rajoy se llama Gordillo. Y es un problema malo porque el alcalde de Marinaleda simboliza la resistencia frente a los atropellos del gobierno y los mercados, es el punto de referencia, aquel a donde se dirigen las miradas de mucha gente que no ve más solución si no organizar la resistencia. Gordillo es un lider de la izquierda incluso aunque la izquierda institucional lo desautorice o se distancie de él, que tampoco puede exagerar porque sus propias bases simpatizan con el dirigente del SAT. En el conflicto entre legitimidad y legalidad, la primera cae más del lado de Gordillo y la segunda del de Rajoy. Pero una legalidad percibida como ilegítima puede llegar a ser un verdadero problema, hasta una revolución.
En el exterior, el Gordillo de Rajoy se llama Merkel. Y el conjunto de la Unión Europea pero, sobre todo, Merkel, la inflexible doctrinaria Merkel.Al unísono con el presidente del Banco Federal alemán la dama ha vuelto a cuestionar que el Banco Central Europeo compre deuda, la posibilidad que implora Rajoy para ir tirando mientras pide el rescate, ese que no iba a ser necesario. Las condiciones del rescate están por ver y no es seguro se vean antes de que la recrudescencia de Grecia termine de un modo u otro, con Grecia dentro o Grecia fuera. Porque eso incidirá directamente en las condiciones del rescate español y, sean estas cuáles sean, no hay duda de que la Gran Nación que no se le caía de la boca a Rajoy no tiene sus destinos en manos propias, ni siquiera en las de los políticos a los que, para su desgracia, ha puesto al mando, sino en manos de personas e instituciones extranjeras que han calado a Rajoy mucho antes que sus votantes, no confían en él pues ya saben que jamás dice la verdad y toman las decisiones sin consultarlo. Es decir, el presidente del gobierno de la Gran Nación sabe tanto de lo que espera a España como el jardinero de La Moncloa.
De momento algo ha quedado claro: el rescate supondrá un condicionamiento de la política económica que, de todos modos, ya está aquí. Paralelamente, Merkel quiere imponer un nuevo tratado de la Unión, una especie de refundación con ánimo de una mayor intregración política. Es decir, no le basta con haber forzado una reforma de la Constitución española en 2011 sino que ahora quiere someter a control de derecho lo que todavía solo es de hecho a través de los famosos hombres de negro.
(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).