domingo, 26 de agosto de 2012

Diálogo de Neil Armstrong y Paco Fernández Buey camino de la eternidad.

Escenario. La nada. Algo muy fácil de describir pues basta con una palabra: nada. Por la izquierda del espectador entra Paco Fernádez Buey; por la derecha, Neil Armstrong.

Paco: Caramba, qué sorpresa. Uno de los hombres del siglo XX se muere el mismo día que yo.
Neil: Sí, es una sorpresa. Pensaba que esto sería como la luna y que no habría nadie.
Paco: Pues ya ve, estoy yo.
Neil: Encantado de conocerlo. Mi nombre es Armstrong, Neil Alden Armstrong y soy...
Paco: Ya sé, ya sé; el astronauta del Apolo 11. El primer hombre en pisar la luna. Mi nombre es Francisco Fernández Buey. Español de España. He sido catedrático, escritor y activista político en mi país en pro del comunismo, del socialismo, de la democracia y del altermundialismo.
Neil: Ya veo. Yo también fui profesor universitario una temporada y, después del Apolo, también me ofrecieron entrar en política...
Paco: ¿Los republicanos o los demócratas?
Neil: Los dos. Se parecen bastante. Pero nunca me interesó. A otros colegas, sí; como a John Glenn. Pero yo, no.
Paco: ¿No le interesa la política?
Neil: Bueno, como a todo el mundo. Pero no para practicarla. Solo para contemplarla.
Paco: Sin embargo, es usted un hombre de acción, con una vida activa.
Neil: ¡Oh, sí! No me he aburrrido. Estuve en la guerra de Corea como marino. Allí descubrí que los que me gustaba era volar y, al volver, me hice aviador. He hecho más de 900 vuelos. Luego, me metí en la NASA, hice un par de vuelos espaciales y, por último, la luna. Al aterrizar de vuelta pensé: "OK, Neil, this is it" y, aunque seguí trabajando para la NASA, me dediqué a otras cosas, aunque no precisamente a anunciar Kellog's por la tele.
Paco: Lo dicho, una vida activa. La mía, y he muerto bastante más joven que usted, ha sido contemplativa. No he hecho más que pensar, escribir y hablar; nada práctico. Lo curioso es que dediqué parte de mi vida a interpretar otro filósofo italiano, Antonio Gramsci, que llamaba al marxismo la filosofía de la praxis.
Neil: ¿Qué es eso?
Paco: ¿La praxis? Bueno, sí, es oscuro porque Gramsci estaba en la cárcel y no podía hablar de "marxismo"; era un concepto para ocultar pero que, al mismo tiempo, tiene un contenido: la filosofía de la acción práctica, la que cambia el mundo.
Neil: Suena bastante complicado.
Paco: Lo que hizo usted, cambiar el mundo, transformar la realidad. Yo lo pienso, pero usted lo hace. Vida contemplativa versus vida activa.
Neil: Pues me parece que pensar, escribir y hablar sirve para que los demás hagan.
Paco: Efectivamente. Pasé mucho tiempo pensando en cómo conseguir que la mayoría de la población abrazara la doctrina emancipadora que yo profesaba.
Neil: Suena un poco como una religión, ¿no? Quería usted adeptos supongo que convenciéndolos de que era por su propio bien, el de ellos. ¿Y lo consiguió?
Paco: No.
Neil: ¡Bah! No se preocupe. La gente no sabe lo que quiere.
Paco: Pero eso mismo me pasaba a mí y por eso anduve revisando continuamente mis premisas, mi pensamiento, cambiando la perspectiva; no tenía una idea clara de un objetivo al que dirigir mis esfuerzos, como usted.
Neil: No crea; yo, tampoco. He ido haciendo cosas pero que han ido saliendo sobre la marcha. Ya ve, empecé en la mar cuando descubrí que lo mío era volar.
Paco: Sí, las cosas nos van saliendo. Lo importante es tener un claro criterio moral que nos permita distinguir para actuar correctamente. Pero tiene que ser moral, subjetivo, de cada uno de nosotros, producto de nuestra libertad. No se puede postular como un postulado científico porque...
Neil: Se ve que ha sido usted profesor. Yo estuve nueve años; luego lo dejé.
Paco: Claro, para hacer algo; la praxis. Porque lo suyo es hacer, no pensar. El hacer fáustico, el conocer, transformar la realidad. Mientras que lo mío era pensar todo eso. Partía del supuesto de que la filosofía era un instrumento para la acción, pero resultaba que la acción era siempre cosa de otros.
Neil: De los que hacen pero no piensan.
Paco: Eso es. A eso dediqué mi vida, a conseguir una acción pensada y un pensamiento actuado.
Neil: ¿No ha considerado la posibilidad de que esa gente que actúa pero no piensa, yo mismo, en el fondo sí piensa, sí pensamos?
Paco: Sí, claro. Era una forma de hablar. Pensamientos, opiniones, hay muchas, tantas como personas, dice un adagio latino. La vida en sociedad es una lucha de unos pensamientos contra otros por imponerse, por conseguir la hegemonía.
Neil: Eso ¿quiere decir que todos piensen como usted?
Paco: No, hombre, sino que muchos -nunca todos- coincidamos libremente en unos postulados básicos.
Neil: ¿Y no cree que eso es lo que sucede? En América la inmensa mayoría, casi todos, tantos que algunos creen que somos un poco borregos, la inmensa mayoría, digo, coincidimos en querer a nuestro país, su bandera, su himno, su historia y su destino manifiesto de estar a la cabeza del mundo en el avance del progreso, la ciencia y la libertad.
Paco: ¿Ve? Vaya discurso. Puramente fáustico. En mi país, en cambio, no tenemos inmensa mayoría para nada, ni para tener una idea del país; banderas hay tres o cuatro o más; el himno no tiene letra porque no habría modo de ponerse de acuerdo en ella; su historia es deprimente y su destino, incierto. Ya ve, la noche y el día. Y todo eso, en mi opinión se debe a la acción de una clase dominante tradicional, la derecha y la iglesia, que ha impedido que el país se modernice desde hace siglos y ha establecido a veces regímenes de tiranía e inmoralidad.
Neil: ¡Ah, ya lo creo! Inmorales hay en todas partes. Si yo le contara...
Paco: Dígame, dígame. Si algo tenemos ahora es tiempo.
Neil: Son pequeñeces comparadas con sus pensamientos y sus conceptos, pero significativas, no crea. Por ejemplo, ¿ha visto usted cuánta gente codiciosa, avariciosa y materialista hay?
Paco: Es el capitalismo, amigo Neil; el capitalismo es codicia, avaricia, materialismo y destrucción.
Neil: No sé si es el capitalismo o no. Yo hablo de mi peluquero, el que me cortaba el pelo de toda la vida. ¿Sabe usted? Tuve que llevarlo a los tribunales.
Paco: ¿Por qué?
Neil: Descubrí que el tipo se quedaba mechones de mis cabellos y los vendía a buen precio. Estaba tomándome el  pelo. ¡Haciendo negocio con él! (*) La gente cree que se puede sacar dinero de todo.
Paco: Se lo repito, es el capitalismo.
Neil: ¿Sí? Pues el juez lo condenó a devolver todos mis mechones y, como no pudo, tuvo que pagarme una pasta que entregué a una organización sin ánimo de lucro.
Paco: ¿Se fía usted de esas?
Neil: Bueno, no sé. Al final, uno no sabe nada del mundo.
Paco: Pues fuera del mundo, ya ni te cuento.
Neil: Es verdad, ¿en dónde estamos?
Paco: No tengo ni idea. Para mí esto no existe.
Neil: Pues parece que nos aguarda un largo viaje.
Paco: En lo de los viajes me lleva usted ventaja.
Neil: Sí, pero no sabemos a dónde vamos.
Paco: Ni siquiera si vamos.
Neil: Ni siquiera si somos.
Paco: Ni siquiera.

Palinuro: Que la tierra os sea leve, hombres de bien.

(*) Este episodio es rigurosamente cierto.

(La primera imagen es una foto de La NASA en el public domain; la segunda es una foto de Elisa Cabot, bajo licencia Creative Commons).