dimecres, 6 de setembre del 2006

Anguita, ese hombre.

El señor Anguita ha publicado en el Mundo Obrero un artículo tan típicamente suyo, tan transparente y lleno de enseñanzas que, faltando a mi costumbre, haré un poco de refrito. No será largo. Se llama "La izquierda del 2006", con esa manía que ha entrado de encasquetarle un artículo al número del año desde 2000. Dice que prefiere hablar de la izquierda en el siglo XXI, no de la izquierda del siglo XXI porque en este último uso adivina una intención de dar gato socialdemócrata por liebre comunista. Yo también prefiero el "en", pero no por las mismas razones. Acabo de publicar un librito que se titula "La izquierda en el siglo XXI". En porque para hablar de la izquierda del siglo XXI falta un siglo, por lo menos. Sin más trámites, el señor Anguita arremete ¿contra quién? Bingo: contra don Felipe González, culpable de todas las desgracias del país.
El gobierno socialista también sale guapo de su pluma, como suele pasar cuando un comunista enjuicia a un socialista desde los tiempos de Axelrod, Plejanov y Lenin. Nada de lo que hace el Gobierno es de izquierdas, según el señor Anguita, con un criterio con el que tampoco podría calificarse de izquierdas a la NEP del camarada Lenin; pero eso no le quitaba a Lenin esa mirífica condición de izquierda ¿o sí?. Nunca se sabe con esta gente tan aficionada a repartir vitolas de izquierdismo. Lenin era un buen punto al respecto.

Y si las medidas concretas que toma el gobierno socialista no son de izquierda, ¿qué otras medidas concretas propone el señor Anguita que lo sean? ¡Ah! Es que el señor Anguita no para mientes en fruslerías sino que aspira a algo contundente, definitivo, grandioso, a

"la superación del conflicto que sigue siendo central y primordial: el del Trabajo y el Capital. Lo demás palabras, palabras, palabras".

Ni más ni menos y con toda contundencia, con claridad, con mayúsculas. Las medidas concretas se darán por añadidura, por añadidura, por añadidura. El que no quiera o no sepa superar ese "conflicto" (que antaño se llamaba la "contradicción principal") no es de izquierda. O sea, para entendernos sin tanta floritura, el señor González no es de izquierda.



LOS RAMONES

Hace un mes nos visitó mi ahijado Ramón Palao, el hijo de mi amigo Pepe. Hicimos unas risas en la terraza de casa y unas fotos. En esa de la izquierda estamos tres generaciones de Ramones, un servidor, mi ahijado y mi hijo. Mi ahijado es un chaval estupendo. Licenciado en Filosofía, lleva dos años navegando a vela. ¿A que parece un joven lobo de mar? Recientemente cruzó el Atlántico con un pasaje que parecía sacado de una novela de Malcolm Lowry o un drama de Thornton Wilder. Está claro que enseña más la mar que los apuntes de clase. No hay si no oírlo contar las anécdotas a bordo con un lenguaje que parece de Conrad, y ustedes perdonen. El hombre intenta sacar unas oposiciones de profe de Filosofía en enseñanza media. Cuando las saque, que le quiten lo navegado. Que intentarán quitárselo, pues los profes somos sedentarios y de secano, como las higueras chumbas.



LOS NERVIOS

Leo en El confidencial digital, en titulares de primera y como si fuera algo escandaloso que el señor Rubalcaba "legalizará Batasuna mediante una simple orden administrativa y en el mes de diciembre". Lo de "simple" mola, pero la "confidencia" es una birria. ¿Querrán legalizarla mediante ley orgánica o una encíclica papal? La inscripción en el Registro de Partidos es un acto administrativo y se resuelve con una decisión administrativa. Supongamos que mañana (o en diciembre) llama a la puerta del Registro el señor que aparece en la foto de la derecha (de Javier Hernández) diciendo que quiere inscribir un partido que se llame Sunabata; presenta unos estatutos y cumple los requisitos legales a ojos de la instancia registral. Ese señor, Otegi, por si alguien no lo conocía, sale del Registro con su partido en el bolsillo. Luego, el acto administrativo se podrá recurrir y serán los órganos competentes los que tomen la decisión final. Habrá quien, si puede, agotará todas las vías recurrentes posibles. Pero la decisión de inscribir (y por tanto, otorgar condición legal) es una "mera orden administrativa". Porque España es un Estado de derecho y al señor Otegi, que se sepa, ningún juez le ha prohibido pedir la inscripción de un partido en el correspondiente registro.