miércoles, 29 de mayo de 2019

Desvergüenza

La victoria independentista del domingo en Catalunya es un terremoto. El Estado se ha puesto nervioso. Ya no hay forma de seguir mintiendo con que el independentismo es minoritario, cosa de una franja de lunáticos o demagogos o delincuentes. Por quinta vez consecutiva el voto independentista ha superado al no independentista en todo tipo de elecciones en Catalunya: el referéndum del 1-O, las elecciones catalanas de 21 de diciembre de 2017, las generales del 28A pasado y las municipales y eeuropeas el domingo. La cuestión crucial en Catalunya, la que moviliza al electorado en pro y contra, es la independencia sí/no. No la de izquierda/derecha. Sostener que esta última es la determinante y ocultar la otra es una forma de ir en contra de la independencia, propia de la izquierda española en su relación colonial con Catalunya.

Para mayor susto de la parroquia unionista, la batalla de Barcelona apunta en la misma dirección independentista con su gran fuerza simbólica. Por eso, se han puesto en marcha todos los mecanismos de intoxicación para que el gobierno de la capital no caiga en manos indepes. Políticos, periodistas, banqueros, empresarios, intelectuales, etc. Quien mejor ha trasladado a la opinión la máxima prioridad del Estado ha sido su fiel servidor, Iceta, dispuesto a hacer lo que sea para que no haya un gobierno independentista en Barcelona. Lo que sea. De entrada, pactos inverosímiles y, si no salen, ya se verá.

La situación es compleja en el consistorio barcelonés. Pero, analizándola con frialdad, se reduce a cuatro opciones:

a) Pacto ERC, JxC, Barcelona en Comú (BC) con alcalde ERC, Maragall. Sería el lógico y respetuoso con la mayoría del voto. ERC es la lista más votada. Es republicana, de izquierda e independentista y se alía con JxC, que es republicana, transversal e independentista y con BC, que es republicana, de izquierda y no independentista. Es casi una combinación perfecta pues solo se da una disonancia: el no independentismo de BC; el resto, coincidencias. La transversalidad de JxC no es de izquierda, pero tampoco de derecha, por más que sus enemigos catalanes insistan en llamarla "neoconvergente". Pero es la combinación menos probable porque contradiría la máxima prioridad del Estado: que no haya alcalde independentista en Barcelona. Para evitarlo, juega con las ambiciones personales de Colau que no podría ser alcaldesa. Por eso esta excluye la posibilidad de antemano, como viene haciendo últimamente, planteando como determinante la fractura izquierda/derecha y ocultando la independencia/unionismo, para dividir a los indepes.

b) El pacto ERC, Comuns, PSOE, con alcalde vaya usted a saber. Es la opción que dice favorecer BC y más acorde con su retórica de izquierda "valiente". El alcalde habría de ser Maragall, aunque Colau trataría se serlo ella sumando sus votos a los de PSC que se los daría encantado. Por supuesto ERC no aceptaría. Y ni se llegaría hasta ahí, ya que una propuesta de pacto ERC/PSC no solo contradiría frontalmente el grito de guerra de Iceta, sino que supondría que ERC gobernase Barcelona con un partido, PSC, que ha apoyado el 155, promete volver a hacerlo si lo juzga necesario, y tiene presos y exiliados políticos, entre ellos, varios dirigentes de Esquerra. Es inimaginable. Si lo hiciera bordearía el suicidio, cuenta habida del apoyo electoral del independentismo, que se manifestará acrecido en las próximas elecciones catalanas.

c) El pacto BC, PSOE, C's es lo que, en realidad, les pide el cuerpo a los dos primeros. Sobre todo a los comunes: tendrían asegurada la alcaldía y lo presentarían como una baza en Madrid para forzar a una alianza PSOE-Podemos. De salir, se conseguiría todo: no habría alcaldía indepe en Barcelona, Colau seguiría siendo alcaldesa, como anhela, e Iglesias quizá se calzara un ministerio. Esta opción es verosímil y factible. Sin duda, los de C's y Valls en concreto, apoyarían entusiasmados, defendiendo la integridad de la patria. Pero tiene dos inconvenientes graves: uno es que el expolio de la victoria de ERC (pues un expolio sería) eliminaría de una vez por todas las rencillas internas al independentismo, fortalecería su unidad e intensificaría su acción; el otro que podría abrirse una crisis dentro de BC, con un sector soberanista que no admitiera el pacto con los catalanófobos de C's y produjera una escisión en el grupo municipal. Gente que no admitiría gobernar con quienes piden la aplicación del 155 ya. Pero no haya duda, es la opción secretamente anhelada por Colau, Iceta y C's y la que quizá traten de imponer a la desesperada en el último momento.

d) Gobierno en solitario de ERC. La alianza parlamentaria de hecho con JxC está garantizada y sin condiciones. La opción contaría seguramente con apoyos de los Comunes no podemitas. Si Colau, Iceta y Podem no se atreven a imponer la opción c), está fórmula sería automática y gozaría de  una notable estabilidad en un marco de colaboración con otras instituciones de la Generalitat y no de enfrentamiento. ERC y JxC comparten el govern y han vuelto a ser mayoría en el Parlament.  Pero no se olvide a Iceta trasladando la voz de su amo: hacer lo que sea para impedir un gobierno independentista en Barcelona. Lo que sea.

Entre "lo que sea" debe contarse un interminable vídeo que subió ayer Colau a Tuiter, toda mieles y simpatía, tratando de llevar el agua a su molino municipal, insistentemente calificado de valiente y eficaz y resolutivo y etc. Un vídeo rebosante de propaganda y mentiras, aunque con mucho dominio de la mímica. Trata de justificar la opción b) (ERC/BC/PSC) incidiendo hasta el hastío en la fractura izquierda/derecha. Que el anatema a la "derecha" se refiere al independentismo, se deduce a modo contrario del hecho de que en los seis minutos largos del vídeo no se menciona la independencia o el independentismo ni una vez, como si no existiera y a su aliado Iceta no le quitara el sueño. Y a ella que, además del sueño, parece privarla de la razón. Ofrecer una alianza al partido ganador, ERC, que no la necesita, a cambio de que se olvide de su reivindicación independentista o la deje en el limbo de los comuns, resulta cómico.

Más divertido aun: pretende adoptar una posición equidistante, de árbitro benévolo, entre dos partes o partidos enfrentados (ERC/PSC-PSOE) pero equiparables. Se queja de que se vetan mutuamente, como si fuera un lamentable capricho de criaturas. Ella podría ser el puente que amigara a estos oponentes igualmente testarudos. Las "izquierdas" españolas ven el cielo abierto y se cargan de razón crítica e ilustrada: a ver si ERC y PSC se dejan de tonterías nacionalistas/antinacionalistas y hacen frente al verdadero enemigo común de la derecha (JxC, C's, PP, VOX).

Es literalmente desvergonzado poner siquiera en planos similares a unos presos políticos con sus carceleros.