miércoles, 10 de abril de 2019

Todo era una trampa. El proceso, también

Lo tenían todo planeado. Harían como que actuaban en coordinación con los Mossos, pero, en realidad, intervendrían por su cuenta, sin avisar y siguiendo un plan de acción elaborado días antes, del que no habían informado a la policía catalana. La intención era provocar un desbarajuste general, con las consecuencias que fueran y culpar luego a los mossos por su pasividad ante la violencia de la gente. 

Convirtieron el plan en relato que luego fueron declamando los testigos: El mando al frente de la operación, Pérez de los Cobos, ordenó la intervención de la policía y la guardia civil al comprobar que los mossos no actuaban y el referéndum se celebraría. Fue una decisión rápida, impromptu, tomada sobre la marcha, que movilizó de golpe todos los efectivos de las fuerzas del Estado quienes, a la velocidad de los míticos minutemen se personaron en los colegios electorales a frenar a los indios, digo, a los votantes.

Las declaraciones del mayor Trapero y sus ayudantes hicieron trizas el cuento de la pasividad (incluso complicidad) de los Mossos y contradijeron fehacientemente las fantasías de Pérez de los Cobos y sus subordinados. Solo quedaba hacer hincapié en la violencia y achacársela directamente a los manifestantes. No pudieron probar ni un miserable acto de esta más allá de algún puntapié, que puede haber sido un acto reflejo pavloviano. Se concentraron, pues, no en la violencia inencontrable, sino en la descripción literaria de las miradas, los gestos, el odio en el ambiente y algún avión de papel. Narraciones que sobrecogían el ánimo vaticinando lo que hubiera pasado de haber pasado lo que no pasó ni hay modo de conseguir que pase, mi capitán. No sé hasta qué punto pueden los magistrados entrar en la hermenéutica literaria de un texto parecido al hundimiento de la casa Usher, pero materia tienen en abundancia. Lo que no tienen es una sola prueba.

Este es el momento en el que el presidente Marchena decide que no ha lugar a contrastar las declaraciones de los agentes con los vídeos oportunos. La separación de los dos momentos sensoriales de acceso a la verdad de un hecho, el visual y el auditivo, empobrece el juicio y demuestra cómo este estaba concebido como la coronación de la trampa policial. Todo trampa: las acuaciones policiales ya en 2016, las de septiembre de 2017, las actuaciones del juzgado nº 13 de Barcelona, la instrucción de Llarena y el proceso del 1-O, que daría un marchamo jurídico a una represalia política. Todo trampa. Como la policía patriótica.

La trampa sigue. El citado juzgado nº 13, procesa a la cúpula de TV3 y 28 cargos públicos de la Generalitat por el 1-O. Trapero continúa procesado. El fiscal ha levantado querella contra nueve ciudadanos catalanes golpeados el 1-O bajo la acusación de resistencia y atentado a la autoridad o algo así. Como cuando el rebelde Franco fusilaba a la gente leal al gobierno acusándola de rebeldía. 

Y estos eran los que venían a poner fin a la "judicialización" de la política aplicada por el PP y a sustituirla por la oferta de medidas "políticas" basadas en el diálogo. Los sondeos del CIS los dan ganadores, con posibilidades de formar gobierno con Podemos o con C's. También puede considerarse una posible coalición PSOE/PP, hoy considerada inverosímil, pero con partidarios. Habrá que ver los resultados. 

El independentismo, no obstante, no puede dejarse condicionar por los avatares políticos españoles. El mejor resultado al que los unionistas aspiran es a prescindir de los votos indepes. Y no parece difícil que lo consigan. Sea cual sea la composición política del Congreso español, siempre habrá multitud de posibilidades de articular mayorías absolutas en contra del independentismo por cuanto más del 90% de la cámara es contrario a la independencia de Catalunya. 

El plazo de dos semanas y media hasta las elecciones opera ya como un imán que todo lo atrae. Pero, una vez el resultado sabido y aquilatadas las fuerzas de cada cual, toca volver al mandato del 1-O y ver qué puede hacerse para implementarlo. Hay quien dice que debe esperarse a la sentencia para articular una respuesta. Pues sí, conviene tener una respuesta preparada para cuando se conozca la santencia. Pero eso no empece que, entre tanto, se siga con la implementación del mandato del 1-O. Y eso puede llevar a una situación que condicione la respuesta que se dé a la sentencia. Incluso si para entonces importa la sentencia.