dijous, 13 de setembre del 2007

Imaz.

La dimisión de Josu Jon Imaz ha pillado a todos los yoyas del Reino (los de yo ya lo sabía) en Babia. Como suele suceder, el señor Rodríguez Zapatero sintetizó muy bien el sentir general del país, reconociendo que se sentía perplejo. El señor Rajoy que cada vez se parece más al señor Fraga, aseguró que a él sólo le interesa España. El resto de los políticos se hicieron lenguas del señor Imaz, quien se había ganado muchos amigos en el centro del Imperio, lo que nunca es buena práctica en el seno de la familia nacionalista. Al señor Imaz lo tildan los independentistas de cipayo y eso nunca es bueno en el contexto vasco. Te puede caer una chufa por cipayo.

Por lo demás, la dimisión ha sido el resultado de la última votación en el Euskadi Buru Batzar (EBB) en la que el señor Imaz vio que no tenía los apoyos que creía tener. Un lider de un partido dividido o que, como fue el caso, acuerda por consenso una posición que no es la suya no es líder de nada y el señor Imaz ha hecho muy bien en irse. Esta dimisión tan espectacular recuerda un poco la de Felipe González en el XXVIII Congreso del PSOE de 1979. Pero hay una diferencia esencial: Felipe pudo volver, Imaz no.

El señor Imaz da a entender que renuncia como una invitación a que la otra parte del PNV renuncie a su candidato, Egibar, para que la elección respalde a una presidencia de integración y acuerdo. Sobre eso ya se verá qué sucede.

En el PNV la cuestión es quién será su próximo presidente. Parece que el señor Urkullu tiene muchas papeletas. Hay incluso quien sostiene que la dimisión del señor Imaz es una maniobra a medias con el señor Urkullu para postularse luego como candidato a la Lehendakaritza. Sería divertido, desde luego, pero poco probable.

De lo que se trata, en definitiva, al margen de las personas, es de qué línea política llevará el PNV. Y aquí parece bastante claro que gana el sector soberanista, el de Ibarretxe y Egibar. El PNV se sube al carro de más presión nacionalista. Hace escasas fechas que CiU ha puesto en marcha una especie de think tank en pro del soberanismo en Cataluña. Esta es una situación nueva que el país tendrá que manejar con flexibilidad e inteligencia. Porque no cabe decir que ciertas cosas (por ejemplo, la independencia) no se pueden formular y mucho menos llevar a la práctica. La posibilidad de que haya que volver a tocar la distribución territorial del Estado es cada vez más distinta. Y tampoco es tan extraño. A los belgas está pasándoles. Y a los británicos.

Lo que sí va quedando claro, después de todo este tiempo, es que el asunto es endiabladamente complicado. Por eso cuesta tanto resolverlo.