dilluns, 13 d’agost del 2007

In memoriam: Lluís M. Xirinacs.

El ex-sacerdote e independentista catalán se suicidó, al parecer, el sábado, dejando una nota cuya traducción saco del Insurgente y que dice así:

"En pleno uso de mis facultades marcho porque quiero acabar mis días en la soledad y el silencio.
Si me queréis hacer feliz no me busquéis.
Si alguien me encuentra le ruego que, esté como esté, no quiera perturbar mi soledad y mi silencio.
¡Gracias!

ACTO DE SOBERANÍA
He vivido esclavo 75 años en unos Països Catalans ocupados por España, por Francia (y por Italia) desde hace siglos.
He vivido luchando contra esta esclavitud todos los años de mi vida adulta.
Una nación esclava, como un individuo esclavo, es una vergüenza de la humanidad y del universo.
Pero una nación nunca será libre si sus hijos no quieren arriesgar su vida en su liberación y defensa.
Amigos, aceptadme este final absoluto victorioso de mi contienda, para contrapuntar la cobardía de nuestros líderes, masificadores del pueblo.
Hoy mi nación se convierte soberana absoluta en mi. Ellos han perdido un esclavo.
¡Ella es un poco más libre porque yo estoy en vosotros, amigos!
Lluís M. Xirinacs i Damians.



Lluís M. Xirinacs fue un gran luchador antifranquista que hizo más por el retorno de las libertades a España que muchos que hoy andan por ahí tirándose el pliego de demócratas de toda la vida. Protagonizó manifestaciones y huelgas de hambre, estuvo perseguido y dio con sus huesos en los años setenta en la cárcel concordataria de Zamora, do los franquistas recluían a los curas díscolos. Luego fue senador en las Cortes constituyentes y, por último, decepcionado por la política de la transición, que no había traído la independencia para Cataluña, abandonó la vida de activista y la de cura. Pero todavía en 2002 sería juzgado por declararse públicamente amigo de ETA y Batasuna y condenado a algo más de dos años de cárcel, que no cumplió a causa de su avanzada edad y delicado estado de salud.

Es posible que en esta última decisión suya, tan poco católica, haya influido algún tipo de depresión por la enfermedad incurable que padecía, pero ello no resta un adarme al contenido político de su manifiesto/testamento. El cura Xirinacs era un fervoroso nacionalista catalán, especie de trasunto ibérico del Mahatma Gandhi. Como él, creía en la superioridad moral de la no violencia, pero no llegó a estar a la altura del gran apóstol de la Ahimsa. De un lado, se declaró amigo de ETA, que es una organización dedicada exclusivamente a la violencia y, de otro, acabó su vida poniendo fin a ella de modo violento.

Esta obvia inconsecuencia, que no se observa en Gandhi cuyo rechazo a la violencia fue siempre total, sin reservas ni excepciones, se debe, a mi modesto entender, al nacionalismo de Xirinacs. Un nacionalista, especialmente un nacionalista extremo, es alguien capaz de supeditar la vida humana al avance de lo que él llame "la nación". Así tomado, el nacionalismo es una forma más del fanatismo. La nación oprimida tiene en ellos la fuerza que la yihad tiene para los fanáticos musulmanes. Estos ponen sin dudarlo el Islam, al Profeta, a Alá (es decir, sus creencias en esas cosas, gentes, dioses) por encima del respeto a la vida humana, a la ajena y a la propia. Por eso asesinan a quien se les pone en el camino y se saltan a sí mismos en pedazos, felices de ser mártires.

Los pistoleros de ETA cumplen parte del programa, esto es, asesinan siempre que pueden, pero aún no se ha conocido un sólo caso de etarra suicida, digamos, en "acto de servicio", o sea en una ekintza. Lluís M. Xirinacs es el primer caso de persona con notoriedad pública que invoca su nacionalismo e independentismo a la hora de extraer lecciones morales de su autoinfligida muerte. El último párrafo de su misiva da que pensar. "Hoy mi nación se convierte soberana absoluta en mi. Ellos han perdido un esclavo. ¡Ella es un poco más libre porque yo estoy en vosotros, amigos!" Suena un poco raro, un puntito errático y como evangélicamente forzado.

En todo caso, aun no coincidiendo con el padre Xirinacs en sus apreciaciones y juzgando desmesurada y fuera de la realidad ordinaria su idea de que Cataluña esté "esclavizada" por Francia, España e Italia, lo considero un luchador antifranquista ejemplar y un hombre íntegro, de notable fuerza moral.

Descanse en paz.