dissabte, 17 de març del 2007

Oñati.

Aquí seguimos ayer y seguiremos hoy, sábado, en esta ciudad, en el corazón del País Vasco, patria de Lope de Aguirre, el de La ira de Dios, a un paso de Mondragón y otro del santuario de Arantzazu que he ahí en la foto. En mitad de los riscos, regido por los franciscanos, lugar sagrado desde que, según la leyenda, se apareciera la Virgen al consabido pastor a mediados del siglo XV, el lugar es, desde luego de gran belleza, pero la construcción no me gusta, ni los apóstoles de Oteyza que adornan la entrada y que en la foto no se ven porque están en la parte derecha. Eso de las piedras esquinadas que han de recordar los espinos en que se apareció la Virgen le da un aspecto espaluznante para mi gusto. Pero, en fin, es lugar de mucha devoción. Aquí subió Ignacio de Loyola a postrarse ante la Virgen, antes de emprender su vida al servicio de la fe.



Por mi parte, hice mi exposición que se remataba con la práctica de la autodeterminación, después de haber expuesto la teoría. A mi juicio, esa práctica ha de venir precedida del cese definitivo de la violencia etarra, la legalización de la izquierda abertzale y la decisión en sede parlamentaria vasca del ejercicio de la autodeterminación, a ser posible con el máximo apoyo posible. No quiero imaginarme cosas que no son, pero me da la impresión de que las bases del Partido Socialista de Euskadi son más autodeterministas que su dirección. Pero no sé si lo suficiente para imponer un apoyo del PSE a un proyecto de ese tipo. En cualquier caso saldría por mayoría. Debería luego darse traslado de él al Parlamento español para su tramitación. Ésta exigiría la reforma de la Constitución y por el procedimiento agravado.
Tengo escasas esperanzas en que una iniciativa así prosperara en el Congreso de los Diputados, aunque me parecería estupendo que lo hiciera. Podría entonces celebrarse un referéndum de autodeterminación en el futuro en el País Vasco en el que cada cual podría defender lo que estimase pertinente; yo, por ejemplo, la unidad de España.

(En la foto, por cierto, el escudo de la fachada de la Universidad es el del Emperador Carlos; en los cuarteles, los emblemas de Castilla y León y en torno, el collar con el toisón de oro de los Austrias. Vamos, lo mismo que se encuentra en Granada) .

Pero eso son ganas de soñar despierto y de esperar que por una vez en la vida pudiéramos resolver un conflicto de modo civilizado y pacífico. Lo más probable sería que la iniciativa no se aprobase y que el Estado cercenase mediante la represión cualquier intento de la parte vasca de realizar referéndum alguno. De hecho, hay que recordar que, cuando Ibarretxe anunció su plan, el Gobierno del señor Aznar puso en marcha un proyecto de ley que permitiera encarcelar a quien convocara un "referéndum ilegal". La victoria socialista de 2004 consiguió impedir que se consumara el atropello; para que digan los geniales estrategas de la revolución mundial que son iguales, las dos patas del mismo banco, y otros refinamientos analíticos de este jaez.

En todo caso, de darse esta situación, sería argumentable que el nacionalismo vasco estaba sometido a la tiranía de la mayoría, una figura suficientemente conocida en la teoría política. Y con ello, también que la carga de la ilegitimidad se había transferido de quienes hubieran practicado o amparado la violencia a quienes arbitrariamente coartaban las posibilidades de expresión de los vascos. Ello, a su vez, justificaría todo tipo de oposición siempre que fuera no violenta, desde la resistencia pasiva a la desobediencia civil.

Era la primera vez que exponía la tesis en el País Vasco y la verdad es que la recepción no fue mala. Sin duda que le digan a uno que tiene que afrontar un período indefinido de práctica de desobediencia civil, que es muy difícil, no es para dar saltos de alegría. Pero yo, la verdad, no veo otra alternativa. Goyo Monreal, que intervino en el coloquio con su mucha sabiduría, no se entusiasmaba, pero reconocía que la alternativa que él veía, esto es, "la paciencia histórica", aun era peor. La opción tuvo buena acogida por parte de un joven profesor de Ciencia Política, Igor Ahedo, que afirmaba que ese era el camino que ya estaba abriéndose y contó una interesante experiencia en ese sentido de recurso a la desobediencia en Iparralde, a raíz de la negativa de las autoridades francesas a reconocer un departamento vasco.