Si piensan, deben de pensar que los demás no piensan. Cada vez que los señores de la derecha abordan una cuestión de esas que los sondeos sitúan entre las que "más preocupan a los españoles" (las otras no parecen interesarles) y le dan un repasito, dejan al auditorio haciéndose cruces sin saber si son reaccionarios porque son insensibles o son insensibles porque son insensatos. Tras unos días vaticinando el apocalipsis a cuenta de los datos económicos con tanta animación que pareciera que se alegraran ayer tocó zafarrancho de inmigración. El señor Rajoy anunció que, de ganar las elecciones -acontecimiento harto improbable- hará que los inmigrantes firmen un contrato con el que se comprometerán a cinco cosas, tres de ellas malévolamente necias y las otras dos ominosas.
Las primeras son: a) cumplir la leyes, como si esta no fuera una obligación obvia de todo el mundo, inmigrante o nativo; b) pagar los impuestos que, al parecer, no es algo obligado por ley; y c) aprender la lengua, cosa generalmente imprescindible si se quiere trabajar. Las dos ominosas son: d) en caso de no encontrar un trabajo, se volverán a su casa (¡y uno que creía que los inmigrantes legales venían ya con su contrato de trabajo!); y e) adaptarse a las costumbres españolas. Dado que lo de las costumbres españolas es algo tan impreciso y ambiguo como las ideas del señor Rajoy, no hay duda de que, de salir adelante propuesta tan retrógrada, los inmigrantes estarán a merced de los caprichos de los amigos del señor Rajoy en materia muy evanescente. Y los autóctonos también. Las corridas de toros, por ejemplo, parecen ser costumbre reciamente española. Como yo no asisto a esos espectáculos que me resultan repugnantes, ¿he de entender que peligra mi nacionalidad? ¿Querría acaso el señor Rajoy deportarme? Ganas no le faltarán, seguro.
Resulta claro que esta propuesta es xenófoba y racista ya que da por sentado que los inmigrantes vienen a incumplir las leyes, defraudar a la Hacienda Pública y cargarse la Constitución, y no a trabajar, sacar adelante a sus familias, labrarse un futuro en nuestro país que, además, se beneficia extraordinariamente de su presencia aquí. Por si no se hubiera entendido suficientemente bien al señor Rajoy, apuntaló luego sus despropósitos ese prodigio de la verborrea insultante que es el señor Arias Cañete, diciendo que los inmigrantes abusan del servicio de urgencias del sistema nacional de salud que está colapsado por su causa. ¿Por qué nadie aclara a estos demagogos que es al revés, que los inmigrantes consumen menor cantidad de recursos públicos de la que contribuyen a financiar? ¡Qué pregunta! Como si no lo supieran. Explicarlo es inútil pues no están interesados en la verdad sino en atizar los miedos, los odios a los diferentes, las fábulas y los cuentos para conseguir más votos, aunque para ello se carguen la paz civil.
Por la noche, el señor Rajoy concedió una entrevista en la cuatro a Iñaki Gabilondo que no tuvo desperdicio. Estaría bien comentarla por entero, valorar la alta categoría de entrevistador del señor Gabilondo y el penoso espectáculo que dio el señor Rajoy que, acosado por el presentador no supo si no recurrir a topicazo y vaguedades. Pero no ha lugar aquí, salvo en lo relativo prtecisamente a la inmigración. Protestaba el presidente del PP de que la regularización de los 600.000 inmigrantes que realizó en 2005 el Gobierno del señor Rodríguez Zapatero había ocasionado un "efecto llamada" por el cual en este momento hay en España un millón doscientos mil inmigrantes ilegales (o clandestinos) más. Cantidad que soltó triunfante dibujando un horizonte de futuro incierto. Perdió la ocasión el señor Gabilondo de averiguar cómo había llegado su entrevistado a tan precisa cantidad si se trata de inmigrantes "ilegales" o sea, no registrados. Pero no perdió en cambio la de preguntarle qué pensaba hacer con ellos si alcanzaba la presidencia del Gobierno. Apabullado el señor Rajoy, no supo qué contestar y se limitó a balbucir que "desde luego, regularizarlos, no". O sea, ya sabemos lo que el señor Rajoy NO hará con ese 1.200.000 almas en pena que, según él, vagan por los caminos de España; pero nos hemos quedado sin saber lo que hará, si gana. Pero, para no hacer algo no es necesario elegir un presidente del Gobierno pues puede seguir sin hacerlo tan ricamente en su casa.
Así es todo: agobian al personal con sus negros vaticinios pero luego no saben aportar una sola solución práctica. Menos mal que tampoco es necesaria, dado que los problemas que los abruman se los han inventado. En este caso concreto de la inmigración, sin embargo, esa actitud es particularmente detestable porque: a) trata de aprovecharse de una colectividad en situación de especial desvalimiento; b) ignora el evidente beneficio que la inmigración aporta a nuestro país, infinitamente superior a los inconvenientes que ocasione; y c) sobre todo, olvida que si hoy somos lo que somos y atraemos emigrantes es gracias al sacrificio de generaciones y generaciones de españoles que marcharon al extranjero en procura de las oportunidades que los iguales al señor Rajoy les negaban en España. Olvida que España fue durante siglos una nación de emigrantes. Olvida que el primer deber de los cristianos -y el señor Rajoy dice serlo- es acoger a los inmigrantes con corazón magnánimo, pues su Dios les recuerda continuamente que ellos fueron inmigrantes.
Pero estos liberales sólo se ocupan de los inmigrantes para coaccionarlos y amenazarlos. ¿O alguien ha olvidado cómo el señor Losantos intimidaba por la radio a los ecuatorianos residentes en Madrid que querían movilizarse con las víctimas del terrorismo recordándoles qué partido gobernaba dicha Comunidad, cual si dependieran de sus mercedes como los siervos lo hacían de los señores en la Edad Media?
(La primera imagen es de Jaume d'Urgell bajo licencia de Creative Commons. La segunda, un monumento al inmigrante, es de Julianrod, también bajo licencia de Creative Commons).




3 comentarios:
Una vez más perdió alguien, en este caso Gabilondo, la oportunidad de preguntar al PP si no cree que el auténtico efecto llamada para la emigración sin papeles es la posibilidad de encontrar trabajo clandestino, ilegal, y que para luchar contra eso hay que impedir que los empleadores puedan valerse de la miseria de los demás para rebajar las condiciones laborales de todos hasta los límites en que lo estaban haciendo antes de la amnistía Caldera, con el gobierno del PP-Aznar. ¿De verdad cree alguien que la situación no ha cambiado desde entonces y que la presión de la emigración es igual hoy que entonces? Las cosas han cambiado bastante y hoy toda la sociedad española es consciente de que contratar ilegalmente no es algo que merezca aplauso y que resulta repulsivo cuando se disfraza de preocupación humanitaria hacia los contratados. Los inspectores de trabajo, frente a los empleadores abusivos, son la mejor respuesta que hoy puede darse al problema. ¿Qué piensa el PP de las inspecciones laborales? ¿Le parece bien que se intervenga en el control de las subcontratas, que el gobierno se preocupe por las causas de los accidentes laborales, por la caída continua de la productividad (hasta que dejó de caer, con el gobierno socialista), que se eleve el salario mínimo? ¿Considera que esos son incentivos para los emigrantes que hay que suprimir, para que se enteren de que en España no se atan los perros con longaniza y dejen de molestar? Son muchas preguntas que una vez más se quedan en el tintero, y son muchas respuestas que la izquierda debería dar - aplaudiendo la labor callada y silenciosa de un buen Ministro, el Sr. Caldera (el de las medidas "electoralistas"). Un abrazo
Ahora resulta que segun el sr Cañete no hay lista de espera en los hospiles,que en media hora te hacen una mamografia.
O sea que los socialistas por lo menos en sanidad lo han echo bien.
Max
Todo es cierto; pero el PSOE tampoco está tratando nada bien a los inmigrantes (sí de palabra, Zero en hechos). Una renovación permanente del permiso de residencia (tercera renovación del mismo de un inmigrante con trabajo en el momento en que la tramitó que cotiza todo su trabajo hace declaración de la renta y demás) está tardando en Madrid más de siete meses. Lo digo porque nos está ocurriendo en casa. Y el inmigrante ha perdido el trabajo y no le cogen en otro (seis entrevistas en dos meses), por no tener el permiso renovado.
En el MAP dicen que el problema es de la empresa que no te coge, pero el problema lo tiene el inmigrante que a ver dónde se dirige. El servicio de atención al inmigrante de CCOO no le trató nada bien a pesar de ser afiliado y no le dio ninguna solución.
Menos demagogia y más actuar. Si se regulariza a tanta gente, perfecto, pero que se pongan medios para que los inmigrantes no sean tratados como una "M" por esta administración tal falsa.
Y ustedes señores periodistas bajen a la tierra, por favor, y enterénse de cómo está el mundo.
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