dissabte, 16 de juny del 2007

Blogosfera

Tomo de un comentarista de ayer, que tiene un blog estupendo, Amputaciones, la iniciativa de una tentativa de "de-blogging". Pues a lo mejor le mando esto. Depende de cómo salga.



La última vez que eché una ojeada al Technorati, la cosa iba por muchos millones de blogs en el mundo. Pongo "muchos" porque no recuerdo si eran decenas o centenas y ahora estoy en un ordenata no muy rápido, así que se me perdonará que no precise. Millones. Muchos. En todas las lenguas. Mucho inglés, japonés, chino. Lo español es poco. Lo digo para los que aprecian las estadísticas. La velocidad de expansión es también apabullante. Algo que se expande tan rápidamente tiene que tener efectos muy vistosos. Y los tendrá. Todo el mundo lo profetiza.

Hablar de blogueros, por tanto, es hablar de la especie humana. Ser bloguero es ser humano. ¿Y los no blogueros? Pues también. Preguntarnos qué buscan los blogueros es preguntarnos qué buscan los seres humanos. Todo; porque hay para todo. Como pasa con los blogs.

Las clasificaciones por razón de contenido son casi infinitas. Pero una fórmula recoge o contiene la mayor cantidad de blogs: son diarios, diarios que cada cual lleva como su naturaleza le dicta. La diferencia con los tradicionales diarios, los cuadernos de pasta de hule o los coquetones blocs con broche de lazo, es que los blogs son privados y públicos al mismo tiempo. Y no por obligación porque cualquiera puede hacerse un blog pero no autorizar a nadie a verlo salvo a sí mismo. Ignoro si alguna patlaforma de blogs presta el servicio de soportar blogs que no pueda ver nadie, ni el que los hace, que sería la interpretación surrealista de la blogosfera.

Dicen que los blogueros nos pasamos el día mirándonos el ombligo. Añado yo: mirándonos el ombligo y recitando el mantra Om mani padme hum. Como todo el mundo. También dicen que sólo sabemos hablar de nosotros. Eso presupone que sabemos hablar, que ya es bastante; muchas gracias. Por lo demás, creo que asimismo como todo el mundo. Anda que no les gusta a los escritores hablar de sí mismos; y a los pintores y a los músicos y a los porteros y los repartidores de albaricoques.

No quiero eternizarme con esto. En mi caso, el diario cumple la función de ayudarme a reflexionar, a saber lo que pienso, a ponerlo por escrito, verlo y darle vueltas. Escribir y leer lo que se está escribiendo según va manando es una experiencia valiosa en sí misma, para mí esencial.