lunes, 5 de noviembre de 2018

La ruptura

Toque de ruptura en el cuartel; de rompan filas, que vienen los nuestros. Comienza la izquierda muy y mucho española rompiendo con la catalana a cuenta de los PGE y, por supuesto, de la continuidad de su gobierno. Ahí la tienen ustedes llamando a aquella a capítulo por no priorizar la cuestión social frente a la nacional que, con una falta de sensibilidad apabullante, personifican en los "presos del 'procés'". Se valen para ello del rompedor Iglesias y su supuesta mejor sintonía con los indepes de ERC. El mismo que finge ignorar que sus equivalentes catalanes, la CUP, anteponen lo nacional a lo social. Y si, encima, se personifica en presos/as, exiliadas/os, embargados/as, perseguidas/perseguidos, ya ni te cuento. Menos mal que existe tuiter con su fabulosa capacidad para sintetizar cuestiones enredadas y revueltas con la belleza de la ironía poética. Disculpad @PSOE @ahorapodemos q nuestra protesta paralice vuestros presupuestos, pero vuestra justicia carcelera paraliza nuestro parlament, dice el tuitero #Revoluc1-O "4K. Innecesario añadir nada, salvo que, una vez más se comprueba que Catalunya ha destruido la izquierda española.

¿Y qué decir de la ruptura dentro del independentismo? Ahí tienen ustedes a Junqueras y Puigdemont que llevan un año sin hablarse, así como los otros dirigentes indepes encarcelados o en el exilio que tampoco están en lo que los ingleses llaman speaking terms y hasta se miran por el rabillo del ojo, de todo lo cual deduce El Confidencial que las cosas están que arden en el interior del independentismo. Una conclusión normalita que se confunde con un deseo: el independentismo se rompe. Ese es el sueño y la única posibilidad del unionismo. No imponerse él, sino que el otro se rompa. Y eso es justamente lo único que el independentismo no va a hacer. Porque no puede. Los tres sectores, el burgués, el izquierdista y el "antisistema" (para entendernos) están condenados a entenderse, so pena de la desaparición por aniquilación del conjunto del movimiento. 

La ruptura del independentismo es una quimera. Su realización, una entelequia en el sentido filosófico del término. Pero, para alcanzar esa perfección del ser, la independencia necesita otra ruptura. La ruptura de la República catalana con el Estado. Esta tercera ruptura, que todos tratan de postergar, excepto el sector más faccioso de la derecha en torno a Vox y C's, es el punto crucial de toda la historia. 

La ANC lleva un mes planteando la necesidad de esta ruptura mediante decisiones y declaraciones que den cuerpo a la República catalana en la táctica de la dualidad de poderes de hecho en España. Por eso reclama que la Generalitat publique la Declaración de Independencia aprobada el 27 de octubre en el DOGC y en el BOPC. La Assemblea tiene formulado asimismo un plan estratégico que concluye en que la única vía realista a la independencia es la unilateral. Pero, al mismo tiempo, considera que la estrategia de ruptura debe ser unánime de instituciones, partidos, asociaciones civiles, organizaciones populares, asociaciones sprofesionales. Sin duda una propuesta que coincide con el espíritu unitario suscitado con las peticiones fiscales y una que, una vez aplicada, provocará consecuencias imprevisibles. 

También son imprevisibles las consecuencias de no ir a la ruptura. El mantenimiento del statu quo es también una ruptura de consecuencias imprevisibles. Ni esas personas deben estar en la cárcel o el exilio ni se puede seguir negando a los catalanes el derecho de autodeterminación.

La ruptura puede llamarse, si se quiere, "fracaso del sistema."