jueves, 11 de octubre de 2018

Las elecciones que nadie dice querer

Aquí mi artículo de ayer en elMón.cat, titulado, de cabeza a las elecciones; de elecciones que todo el mundo dice que no convienen, pero nadie hace nada por evitar. El martes fue un día nefasto y ayer, miércoles, de duelos y quebrantos, pero no culinarios, como en el Quijote, sino de amargas, contenidas y recíprocas reconvenciones entre los líderes. Mientras la gente trataba de salir del estupor producido por algo que, no por esperable, es menos descorazonador: que, cuando todo parece ir sobre ruedas, un insignificante incidente, un desacuerdo formal, puede dar al traste con el trabajo y el sacrificio de miles y miles de personas.

Durante todo el día se oyeron voces que apuntaban a la necesidad de recomponer la unidad de acción y continuar haciendo "eficaz" el gobierno. Sería estupendo que se cumplieran estos deseos, pero no puede olvidarse que el voto conjunto de ERC-PSC y la negativa de los Comuns/Podem a votar en contra del rey presentan un panorama desalentador. Los medios madrileños ya cantan victoria y, en solo unas horas, creen haber restablecido la "normalidad" en Catalunya. La normalidad autonómica se entiende.

La verdad, no se me ocurre cómo en las circunstancias actuales cabe recomponer la unidad de acción. Es más, aunque esa unidad se recompusiera, no estoy seguro de que pudiera evitar unas elecciones que todos dicen no querer.

Aquí la versión castellana.


De cabeza a elecciones.
                                                                                             
Ayer, después de las habituales tensiones suspensiones y crispaciones, la mesa del Parlament dio el paso decisivo y dejó sin derecho de voto a los cuatro diputados de JxCat, Puigdemont, Rull, Turull y Sánchez. Ese gesto en la hora 25 de esta aventura, cuando se anunciaban votaciones trascendentales en la Cámara, resolvía un “cuadrilema”:

Primera opción: todos obedecían al juez Llarena y a los letrados del Parlament, con lo que se mantenía la mayoría absoluta independentista en el Parlamento hasta el próximo choque con el Estado, que sería la misma tarde. Opción descartada por JxCat.

Segunda opción: se desobedecía, abriendo un panorama incierto a plazo inmediato, pues habría que saber cuál sería la reacción del gobierno y de sus comisarios políticos, los jueces. Opción igualmente descartada. Opción descartada por ERC.

Tercera opción: unos obedecían y otros, no, con lo que se perdía la mayoría absoluta del Parlament y podían tambien perderse votaciones importantes, como ha sucedido. Fue la opción elegida por ambas formaciones independentistas y cristalizada en la mesa en una votación conjunta ERC y PSC..

Cuarta opción: ir a elecciones anticipadas. Opción no considerada pero que los hechos quizá obliguen a tomar en cuenta.

Balance general de la jornada, negativo. No del todo porque eso solo sucede con la muerte, pero con una clara advertencia del riesgo que corre el independentismo de acabar convirtiendo un victoria posible en una probable derrota. ¡Y qué derrota!

Carece de sentido escarbar en los juicios de intenciones de las partes. También eso es utilizado por el enemigo con toda eficacia. Al tiempo que se votaba por la tercera opción, Oriol Junqueras publicaba un tuit en el que instaba a mantener la mayoría parlamentaria absoluta a toda costa: “L'acord aprovat pel ple el dia 2 d'octubre ni ens suspen ni ens substitueix i permet garantir els nostres drets com a diputats. Per sobre de tot hem de preservar la majoria independentista, no ens podem permetre posar en risc la gesta del 21D” En el objetivo coincidimos todos; no en los medios. Pero los medios pueden condicionar el objetivo hasta el punto de hacerlo imposible..

Todos queremos preservar la mayoría parlamentaria y, con esta intención, la negativa de JxCat puede entenderse como un chantaje: mayoría parlamentaria bajo nuestras condiciones. Pero lo mismo cabe decir de la de ERC: mayoría parlamentaria sin condiciones. La primero puede poner al Parlamento en confrontación total con el Estado. Lo segundo evita la confrontación momentáneamente al precio de seguir aceptando la imposición española y continua aplazando lo que cada vez se ve como más evidente ruptura con el Estado.

Entre tanto se han perdido ocasiones de hacer votacioness trascendentales, como el apoyo parlamentario a la autodeterminación y la reprobación de Felipe VI. Cuestiones de fondo que vienen a hacer más lamentable la terrible pérdida de imagen que el independentismo, incapaz de mantener su actvo más poderoso, la unidad, ofreció ayer.
Las reacciones en las redes y fuera de ellas han sido tumultuosas y con recriminaciones muy amargas. Es difícil admitir que una unidad que se ha mantenido contra viento y marea en momentos trágicos se rompa por una cuestión de procedimiento. Pero es lo que hay y ello obliga a extraer las consecuencias pertinentes.

La primera de todas, que la desunión no se convierta en hostilidad.

La segunda, que si no hay una recomposición inmediata de la unidad de acción y la debilidad parlamentaria del independentismo se acentúa (por ejemplo, con la retirada de los votos de la CUP) la convocatoria de elecciones nuevas no será una opción, sino una decisión inevitable, dado que el presidente Torra no podrá seguir contando con mayoría parlamentaria..

Y, llegados aquí, quizá sea lo mejor: unas elecciones en las que las listas de partidos compitan con una de vocación nacional.