lunes, 24 de septiembre de 2018

Sánchez, que te pierdes

No cabe estar más de acuerdo: Quebec es un ejemplo de que la política puede buscar soluciones. Hubiera dicho mejor que "el Canadá es un ejemplo, etc", porque si el Canadá hubiera actuado como la España de Sánchez, Quebec no sería ejemplo de nada. Pero no importa. Se entiende su buena fe. Quebec... y Escocia, que también es ejemplo de lo mismo.

Anda Sánchez explorando las vías del diálogo y la política. Y tratando de dar crédito a sus intenciones. De ahí los debates sobre los indultos, que tanto interesan a los medios. Se trata de encajar el diálogo "dentro de la ley" con la "empatía". La fórmula, en realidad, es un globo sonda: tantear a los independentistas para saber si aceptarían negociaciones con la promesa de un indulto en el caso de que haya sentencias condenatorias.

Por si acaso, los guardianes del PP ya pretenden prohibir la nefanda práctica de indultar delincuentes (salvo que sean corruptos) y hacerlo por ley avant la lettre pues, de momento, no hay ningún condenado por rebelión ni sedición.

El independentismo no puede aceptar esta propuesta porque no puede admitir la existencia de presos políticos por más que las autoridades se obstinen en llamarlos de otra manera. Lo suyo, por tanto, es seguir adelante en la construcción de la República. Sánchez tiene una ocasión de oro para explicitar en qué consisten sus propuestas políticas que tan bien han comenzado, tanto y para tan largo prometen, pues sigue hablando de años y años. Simplemente, un indicio: ¿de qué orden es esa propuesta política?

Si Quebec y Escocia son ejemplos de algo es de la forma pacífica, democrática y clara de resolver un conflicto idéntico al que hay entre España y Catalunya. Y lo han resuelto con una fórmula sencilla que el Estado español se niega a emplear contra toda razón y derecho: un referéndum de autodeterminación en Catalunya, pactado, legal, vinculante, con observación internacional y sin secuelas negativas sea cual sea el resultado.

Lo que ni veo es cómo Sánchez va a convencer a las demás fuerzas parlamentarias a seguir esos ejemplos. Más probable parece que dichas fuerzas obliguen a Sánchez a seguir un camino contrario a los ejemplos de Quebec y Escocia.