dijous, 6 de setembre del 2018

Más ecos del discurso de Torra

Mi artículo de ayer en elMón.cat, titulado Institució i moviment, con ánimo de seguir sacando punta al discurso del MHP Torra. Por cierto, muy bueno el de Jordi Galves al respecto. Buena valoración de Quim Torra.

Guste o no a los unionistas, la política española se hace en Catalunya. Una hora o dos después del discurso de Torra salta la noticia de la dimisión irrevocable de Xavier Domènech que parece haber sorprendido a todos con la guardia baja. Tanto que llevan ya dos días buscándole una explicación, pues la motivación familiar no es convincente.

Y, sin embargo, resulta bastante lógica atendiendo a una causación de sentido, como corresponde a un político de valores y principios. Domènech había anunciado que los Comunes no irían a escuchar al MHP porque su discurso iba dirigido a los independentistas. De aquí se deducía que los Comunes no son independentistas, cosa bien sabida. Lo dice Ada Colau y lo subrayaba Domènech con el plante a Torra. Pero la propuesta de este es un referéndum de autodeterminación pactado con el Estado, vinculante e internacionalmente mediado. Exactamente la misma que propugnan los Comunes. O los comunes son indepes o los indepes son comunes, pero la incomparecencia fue una decisión absurda y contraproducente. El PSC, al enviar a una representante, cuando menos salvó la negra honrilla de la cortesía parlamentaria. Los Comunes aparecen ahora en el frente de la oposición unionista más cerril. Lo lógico, en efecto, era dimitir. Sobre todo si, como es de sospechar, el propio Domènech no compartía la decisión de no asistir. No es su estilo.

En todo caso, el discurso de marras seguirá trayendo consecuencias.

Aquí el texto castellano.

Institución y movimiento

La palabrería retórica del presidente Sánchez sobre autogobierno y referéndum, independencia y convivencia muy a tono con el barroquismo latinoamericano, quería ser su respuesta a la exigencia de los presidentes Puigdemont y Torra de plantear alguna propuesta concreta para Cataluña. La huera retórica unionista se acorazaba con la promesa de aplicar el art. 155 en el caso de que los independentistas no se avinieran a aceptar como solución un retorno a la vía estatutaria. Así se calmaba igualmente al sector más fascista de la derecha española,en el que figura en lugar prominente el actual ministro de Asuntos Catalanes, José Borrell.

A continuación, todas las miradas convergieron en el Teatro Nacional de Catalunya, en el que pronunciaría un discurso sobre “nuestro momento”, el presidente Torra, del que se esperaba una respuesta al presidente español. Sin duda recordando que Sánchez había calificado sus declaraciones de “retórica inflamada”, el MHP articuló una intervención en tono moderado pero contenido radical. Suaviter in modo, fortiter in re.

Hablaba el presidente de la Generalitat, la más alta institución catalana, pero también el político independentista que, junto a los de su generación, ha dado el paso decisivo de convertir el catalanismo clásico en independentismo y de formular un proyecto y programa hacia la República Catalana Independiente. Su discurso fue una respuesta a las naderías confusas y las amenazas concretas del presidente español y, desde el principio, dejó claras tres cosas: no se aceptará la estafa (cabe calificarla así) de un nuevo estatuto de autonomía, no se acepta la existencia de presos/as y exiliadas/os políticos y no se abandona el objetivo de la independencia.

Eso era el campo de los “noes” que arrancó intensos aplausos entre un numeroso público identificado con el objetivo independentista. En el campo de las propuestas (en dos ocasiones insistió Torra en que no hablaba para presentar una protesta, sino una propuesta), una estuvo presente del principio al final: ánimo negociador para buscar una solución negociada con el Estado español cuya fórmula ha de ser lo que siempre ha reclamado el independentismo catalán y algún grupúsculo de la izquierda española: un referéndum de autodeterminación vinculante en Catalunya con mediación internacional.

Dicho en otros términos: el independentismo no se arredra ante las engañifas estatutarias ni ante las amenazas y mantiene firme su posición.

Como presidente de la Generalitat era suficiente para clarificar la situación. Como político de compromiso independentista y larga trayectoria, añadiría algo más. El presidente habló de las instituciones, el govern, el Parlament. El político del movimiento, de la gente, de él mismo. Y también aquí el discurso –que fue un discurso a la nación catalana en un momento crucial- expuso la situación en toda su complejidad y perspectivas. El independentismo, dijo, descansa sobre tres pilares: las instituciones, los partidos y asociaciones y la ciudadanía.

Con la vista puesta en las próximas convocatorias del 11 de septiembre y el 1 de octubre, confirmó que estos aniversarios señalan la hora de la gente. Fue la gente –es la gente, el pueblo catalán- quien ha encendido este movimiento, lo ha llevado adelante, lo ha sostenido, ha defendido la República con su sacrificio frente a la barbarie represiva del Estado español. En este año, cada cual ha cumplido su deber. Hay gente en la cárcel, gente en el exilio, centenares de personas represaliadas, procesadas, perseguidas, por defender el derecho de autodeterminación de los catalanes.
Y ahora, ¿qué? Preguntó el presidente en un par de ocasiones. Ahora vuelve a ser el momento de la gente. Como si fuera una carrera de relevos. En la Diada, en el 1-O y el 3-O y también en la gran marcha cívica por los derechos políticos y sociales que el Presidente convoca con un eco de la famosa a Washington en tiempos de Martin Luther King se da el reconocimiento de que es el pueblo quien debe mostrar el camino, en la seguridad de que su nuevo mandato se llevará a la práctica como se llevó el anterior.

Sería bueno que los demócratas españoles –que alguno quedará- escucharan la voz del MHP cuando los anima a seguir el ejemplo catalán. Pero no es imprescindible.

Claro en un discurso templado pero emocionado se ha visto que nadie flaquea en el logro del objetivo de una República Catalana independiente en el seno de una Europa que habrá reconocido y amparado la justicia de su lucha por la libertad.