martes, 17 de julio de 2018

La Crida catalana

Tengo para mí que el digital que mejor sigue la política catalana e informa más cumplidamente sobre ella es El Confidencial. Le mata un poco un sesgo nacional español muy pronunciado que lo lleva a confeccionar titulares interpretativos, como ese verbo "chantajear" en el de hoy que presupone un conocimiento de nefandas intenciones en Puigdemont quizá meros deseos del periódico. No obstante, es el único que trae en portada la presentación en Barcelona de la Crida Nacional per la República. Es de sentido común hacerlo pues Catalunya es actualmente la cuestión candente del Estado. Sin embargo, el resto de la prensa española, al menos la que Palinuro consulta, ha decidido ignorarla. Se ocupa del tropezón del PSOE en la renovación del Consejo de RTVE, entre temores de Tamayazo. También de las bribonadas del rey emérito y las del PSOE amparándolas. Cosas del decadente reino de España.

En Cataluña, en efecto, presentación de la Crida, bajo responsabilidad de Puigdemont, Torra y Sánchez. Otro triunvirato, si bien en este hay una cabeza más visible que las otras, la del presidente-expresidente. Estaba claro que, en cuanto los tribunales alemanes liberaran a Puigdemont de la extradición, este se lanzaría a la acción. Se veía venir. Como ahora se ve venir la convocatoria de elecciones anticipadas, una vez que aquel tiene base para intentar una lista de presidente que, por muy bien que den las encuestas para ERC, tiene un tirón fortísimo. En dos horas, el manifiesto de la Crida contaba ya con 3.500 adhesiones

El desarrollo de la República Catalana va articulando poco a poco el modelo gaullista. El ejecutivo bicéfalo y la formación de un movimiento suprapartidista dan buena fe de ello. La legitimidad viene aquí de la fuerza que da la acción exterior y la internacionalización del conflicto en comparación con la cárcel, cuyo valor simbólico es superior, pero menor su eficacia. Para los tiempos más próximos, el debate será si lista única o listas separadas en las próximas elecciones. Esta cuestión está sutilmente relacionada con la de si se tratará de elecciones ordinarias o un referéndum.

La Crida Nacional per la República  tiene voluntad suprapartidista y transversal y se supone se dirige también al voto independentista no alineado con partidos. Pero no es probable que esa vocación estilo rassemblement se materialice porque no es de esperar que los partidos decidan sumergirse en el magma movimental. Por otro lado, tampoco la fusión es necesaria a la hora de maximizar el voto porque no es disparatado sostener que las dos formas (lista única/listas separadas) tienen un resultado electoral similar. 

Nada obsta la aparición de la Crida para mantener el principal activo del movimiento indepe que es la unidad de acción. Mientras siga firme el compromiso de llevar adelante el mandato del 1-O y el 21 de diciembre no es relevante que haya unos u otros partidos políticos.

Lo inevitable, sin embargo, es que, en unas elecciones "ordinarias", la Crida (sea cual sea la forma que finalmente tome en su congreso constitutivo) actuará como una opción "sifón", que tirará de las otras simplemente porque es la del presidente. Los nombres lo dicen todo. Puigdemont marca distancias con el PDeCat, en el que ya rechina el término "partido". El título Crida Nacional per la República (CNR, que recuerda el Consejo Nacional de la Resistencia en la Francia ocupada) ha sido cuidadosamente escogido. La Crida tiene una gran tradición y omite los partidismos porque es un "llamamiento". El Nacional deja claro el nivel del independentismo y el Republicano se mete de lleno en el territorio que ERC ha reivindicado siempre como propio, el de la República. Pero eso es  acorde con el mandato del 1-O en el que la pregunta a la que la gente contestó por mayoría abrumadora que sí fue la de si se quería que Catalunya se convirtiera en un Estado independiente bajo forma de República. Por eso, el partido/llamamiento/movimiento del presidente se presenta como el ejecutor del mandato del 1-O.

Hasta el punto de que anuncia su autodisolución una vez haya hecho efectiva la República Catalana.