martes, 5 de junio de 2018

Un gobierno transitorio

El cambio en España se anuncia con tonos triunfales. El profundo desprestigio del del PP, con la guinda final de la primera sentencia de la Gürtel forzaron una salida de Rajoy bastante histriónica e histérica. El nuevo gobierno se enfrenta a un panorama desolador en prácticamente todos los campos. No le hará falta repetir lo de la "herencia recibida" que esgrimió M. Rajoy hasta la saciedad cuando comenzó su labor de destrucción porque la herencia está a la vista: la destrucción ha sido completa. El estado de ruina y postración en que el PP deja al país con una deuda impagable, la seguridad social en quiebra, más de tres millones de parados, salarios de miseria, servicios sociales desastrosos una corrupción galopante y una crisis constitucional entre España y Catalunya es imposible de ocultar.

Sánchez insiste en mensajes tranquilizadores y renovadores. Se preferirá, dice, el consenso a la crispación. Se procurará un equipo de gobierno de notables en el que se dará especial peso a la competencia para llevar adelante políticas reformistas y se articularán grandes áreas de acción gubernativa, Justicia e Interior, Medio Ambiente y otros. Ambiciosa tarea que incluye desmontar las políticas represivas, reaccionarias o simplemente corruptas del PP, blindar derechos en la  Constitución y encontrar una propuesta política para Catalunya.

Y todo eso en dos años hasta las próximas elecciones y con 84 diputados. 

Parece bastante difícil, por la desmesura del propósito y lo exiguo de los recursos humanos. Y teniendo en cuenta, además, que el derrotado PP, según inveterada costumbre, hará una oposición montaraz y obstaculizadora, atrincherado en su mayoría absoluta en el Senado.

Es inevitable que el resto de la legislatura sea, por tanto, una prolongada campaña electoral hasta las elecciones anticipadas. Una campaña electoral en diferido, que diría Cospedal. Lo cual dará la mayor importancia a los preparativos de los partidos. En el PP, dolidos por lo que consideran una felonía, hay un periodo de reajuste para averiguar si M. Rajoy se sale con la suya de perpetuarse en el mando y volver a ser candidato o se deja paso a una renovación de algún tipo.

Los dos desafiadores del bipartidismo, C's y Podemos, también se encuentran en disposición electoral. C's, tan perdedor de la moción de censura como el PP por pura incapacidad para afirmar una posición propia tiene que conseguirla neutralizando el halo falangista que se le ha puesto. 

Podemos, amargado por la decisión de Sánchez de no ir a gobierno monocolor se encuentra ahora rechazado por el aliado que corteja (y al que pretendía "sorpassar") y sin tener clara la oposición que pueda hacerle. 

En el PSOE, el triunfo todo lo endulza y el reparto de cargos consolidará una estructura partidaria que tiende a prescindir del poder de los barones. Los próximos barómetros sin duda registrarán un alza de la intención de voto de los socialistas, que se incrementará con su actitud nacional española,

Porque es en el asunto de Catalunya en donde el relevo del PSOE trae las ideas más claras frente al magma confuso de la derecha. Se retira el 155 porque es obligado al haber govern, no por deseo de la dirección socialista, se mantiene la intervención de la Hacienda de la Generalitat y se sigue abordando el conflicto España/Catalunya como un ausunto de orden público y judicial. Sin variante. Si acaso con una intensificación de la actitud en el nombramiento de José Borrell como ministro de Asuntos Exteriores. Indica clara beligerancia en contra del independentismo.

Cosa que era de esperar de un presidente del gobierno que considera que Torra es como La Pen.