martes, 9 de junio de 2015

La izquierda no se aclara; la derecha, tampoco.

En el seno de Podemos hay una controversia. Será mejor o peor para el partido según la gestione pero lo indudable es que la hay. De un lado, los de la antigua Izquierda Anticapitalista, autodisuelta en Podemos por exigencias del guión, conservan un fuerte espíritu comunitario, lo que les da personalidad, a la par que los mantiene como uno de los puntales de la organización. Su opinión se oye. Y, para estos anticapitalistas, Podemos debe replantear su estrategia para las generales en plan muy abierto, incluyente, fomentando el espontaneísmo. En las bases del partido, que no se llaman bases sino círculos, hay un clima de permanente discusión sobre la táctica, la estrategia del partido y, sobre todo, una vigilancia crítica al comportamiento de los dirigentes muy especialmente en las redes. Por último, la dirigencia lleva unos días girando hacia la moderación, sin parar de hablar de la socialdemocracia, fomentando contactos con el PSOE que, obviamente, ya no es "la misma mierda que el PP". Al contrario, en alguna ocasión, los líderes de Podemos han dejado claro que si están en el mundo es, en primerísimo lugar, para desalojar al PP. El PP es el enemigo por batir. Luego, ya se verá.

Pero ahí retorna a la palestra Anguita, alarmado, a recordar a sus ahijados que el enemigo no es el PP, sino el bipartidismo. En plata, el PSOE. Aquí se masca la tragedia. O la dirección de Podemos convence al viejo luchador de que el PSOE no es Satanás, con sus pompas y sus obras (incluidas las públicas) o el viejo luchador alza bandería de nuevo contra el socialismo traidor. Aunque dirija una organización nueva con un nombre desiderativo Frente Cívico Somos Mayoría, se ha encastillado en su querido baluarte de IU y sostiene al tambaleante Garzón en su propuesta de ir todos a una candidatura de unidad popular, cada uno con sus siglas, según el antiguo uso cristiano, tan familiar a todos los españoles, "cada uno en su casa y Dios en la de todos". Por supuesto, la unidad sería un ariete contra el PP y contra el PSOE.

Quizá por no ser tan reciamente español, Iglesias rechaza la fórmula, quiere ir a las generales con su marca y acepta a todos los afuereños, vengan de donde vengan, siempre que dejen el armamento a la entrada. Y en cuanto a que la campaña sea contra el PSOE, está por ver. No es previsible una alianza Podemos-PSOE antes de las elecciones pero sí después de ellas, cosa que Palinuro considera conveniente en interés de ambas partes. Y no parece sensato atacar a aquel con quien vas a sentarte a negociar un mes más tarde. Aunque a veces las campañas electorales quieren fuegos de artificio. Pero Anguita prefiere el fuego real. Nada de artificio: sorpasso o muerte. Por eso se encalabrina y denuncia en Iglesias cierta prepotencia. La verdad, yo también encontré el tono del de Podemos hacia Garzón innecesariamente hiriente y poco caballeroso por hacer leña del árbol caído. Aunque en la política esto de la caballerosidad es como lo de pedir cotufas en el golfo, que tanto se cita en El Quijote. Pero Anguita, sin duda por considerarse de la familia, reclama de Iglesias más humildad y tacto. Justo lo mismo que Iglesias reclamaba de Sánchez hace unos días: más humildad. De Anguita a Iglesias, de Iglesias a Sánchez.

Este Sánchez empieza a parecerse al príncipe troyano Paris a quien los dioses sacaron de una especie de idiocia pastoril y lo destinaron a llevarse el premio que él más anhelaba: la mujer más hermosa del mundo. Hágase una transferencia algo forzada sustituyendo el goce de la hermosura por el del poder. No son pocos los filosófos que han aceptado la idea nietzscheana de que la voluntad de poder es la esencia del hombre. Prácticamente sin hacer nada, solo por su presencia, Sánchez acaba de recibir un espaldarazo trascendental al ser invitado a la 63 edición del selecto Club Bilderberg, junto con Ana Botín y Juan Luis Cebrián. Este año no va la reina Sofía que, la verdad, no se sabe qué pintaba los anteriores, ni Esperanza Aguirre, que sí se sabe lo que pintaba y por eso ya no la invitan. Estos del Bilderberg son como una especie de Rosacruces con una pátina de intelectuales, políticos, empresarios y financieros. Su peso y prestigio viene de su absoluta opacidad. Los periodistas pueden informar de lo que se habla y acuerda, pero sin identificar fuentes. Las informaciones son así parecidas al oráculo de Delfos. La presencia de Sánchez es un claro pronunciamiento de los poderes internacionales por su candidatura. Es el Olimpo el que lo unge.

Frente a ello, Rajoy sostiene en público que Sánchez está en una "deriva radical", entregado a Podemos. Y, para asustar a las gentes y que los padres hagan entrar a los niños en casa, añade que, después de noviembre el presidente será él o Iglesias. Elijan ustedes: yo o el caos. "Don Carlos o el petróleo". Rajoy no es consciente del nulo crédito que tienen sus afirmaciones, casi tan nulo como su audiencia. Por fortuna, porque, si lo escuchan muchos, pueden elegir el caos, como en el chiste de Chumy Chúmez.

Ahora en serio: ¿cabe mayor majadería que llamar "izquierdista radical" a uno que va al Club Bilderberg del brazo con Ana Botín y Juan Luis Cebrián?

Rivera y sus Ciudadanos tienen un verdadero problema de identificación como grupo de más de uno. El fotomontaje de la revista Mongolia, de Albert Rivera como Primo de Rivera es una diana. En realidad, al Ciudadanos le sobra la ese. Es el Ciudadano; el Ciudadano guía o caudillo. El otro día destituyó de golpe a toda la comisión ejecutiva (u órgano similar) de Madrid. Franco mandaba los ceses personalizados con un motorista. Este lo hace por whatsap y en grupo. Pero la actitud no deja lugar a dudas: ordeno y mando en nombre de la lucha contra la corrupción y por la democracia interna de los partidos, lo cual no incluye el suyo.
 
Estamos en mitad del baile y ahora entra el verano, época dada a las demasías.