martes, 23 de diciembre de 2014

La ambigüedad sigue.


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Después del mitin de Vall d'Hebron, Pablo Iglesias acudió a una entrevista en TV3, en donde pudo matizar, explicar mejor sus propuestas, extenderse en ellas, ahondar en su significado, darles otra faz, con más razones y menos pasiones. Gran entrevista, por cierto. Gran entrevistadora, que pregunta con tino, no se deja regatear, pero permite hablar al entrevistado. Y gran entrevistado, contundente, claro, preciso y valiente. Sin duda un discurso con el que Palinuro se siente mucho más a gusto que con las arengas tribunicias al aire libre en las que se enardece a los seguidores.
 
Respondiendo a las críticas, Iglesias repitió varias veces que en sus propuestas no había "ni gota" de ambigüedad. Lo dijo, insistió y remachó con gesto claro y mirada diáfana pues su control del lenguaje no verbal es tan prodigioso como su oratoria.
 
Pero el sabor y olor a ambigüedad, como el de las legumbres socarradas, impregna toda la entrevista y cuanto más se niega, más se crece entre palabras medidas al milímetro y juicios aderezados según una nueva idea de la corrección política.
 
No hay duda, en los grandes temas, la composición suena de maravilla: ¿Es Cataluña una nación? Pregunta la periodista. Sí, es la respuesta, remachada con un lo dije ayer. España es país de países o país de naciones. ¿Es Cataluña un sujeto jurídico soberano? pregunta de nuevo la periodista. Eso tendrán que decidirlo los ciudadanos catalanes. En su momento, claro. Obviamente, no ahora. La ambigüedad comienza a enseñar su patita. ¿Por qué no ahora? Porque la ley no lo permite. Iglesias asegura que él no ha hecho la ley y no le gusta, pero es la ley.  En teoría de juegos esto se llama ventaja por opciones restringidas: "yo quisiera concederos lo que pedís", dice el patrón a quienes protestan, "pero la ley no me deja. Cambiemos la ley". Mientras tanto... ¿qué? 
 
Suspendamos el hilo un instante y vayamos a las distancias cortas, cuando el asunto se aclara aun más. ¿Pueden/deben los catalanes decidir su futuro por su cuenta, incluida su "relación jurídica" (linda fórmula) con el Estado?" Sin duda, declara rotundo el líder de Podemos, sin duda. Pero... con un proceso constituyente en el que podrá hablarse de todo; de todo. De la soberanía, cómo no. Pero recordando que la soberanía no es concepto que se agote en lo territorial pues afecta a todas las relaciones sociales: los hospitales, las escuelas, los ancianos, los dependientes, Andorra, Suiza. La soberanía, la Patria no son cuentas en paraísos fiscales a favor de traidores. La soberanía es un concepto grávido con el Todo hegeliano y el proceso constituyente la tabula rasa sobre la que se erigirá el futuro. Pero después, cuando llegue su hora, luego de las elecciones de 2015 que Podemos sale a ganar a todo el mundo. La ambigüedad es aquí ya apabullante.
 
¿Y mientras tanto? No en noviembre, diciembre del año que viene, enero, etc de 2016 sino aquí y ahora. De eso no se habla. No se habla del 9N; no se habla de las elecciones autonómicas anticipadas, de su carácter plebiscitario o no o del derecho de autodeterminación en este momento, derecho dimanante de la condición nacional de Cataluña que previamente se ha aceptado.
 
"No toca", que diría Pujol, uno de los personajes más denostados en el escenario catalán de Podemos. La ley no deja. Cuando cambie la ley, todo; antes, nada. Y, entre tanto, a sacudir a Pujol, a Rajoy, a Mas, a Sánchez, en una amalgama que suena bien en multitud de oídos, sobre todo españoles. No tanto en los catalanes. No nos dejemos engañar por "la casta"; no se trata de un eje de fractura nacional, sino social. Ahí está el núcleo duro de la ambigüedad y patente. El que justifica a ojos de Iglesias poner a la par a Rajoy y Mas, poner a la par un tipo desprestigiado, presunto corrupto, autoritario, embustero, cobarde y con un índice de popularidad el más bajo de la historia con otro con gran apoyo y prestigio, al que solo cabe achacar corrupción a base de endosarle la ajena ladinamente, un demócrata, que no ha mentido, lleva su valor al extremo de afrontar la represión judicial española y goza de la estima y el apoyo de muchísimos conciudadanos. Esa comparación no solo indica la falta de comprensión del proceso nacional (¡no hay eje nacional en Cataluña!) catalán, sino que comete la villanía de denostar a alguien por algo que no le hace merecedor de ello sino lo contrario.
 
Y todo porque no se puede aceptar que, aunque la doctrina diga que el eje es social, la realidad muestra el nacional. Por eso se oculta, se niega, se substituye por otro y se juega a la ambigüedad.
 
Si los catalanes hacen elecciones anticipadas (están en su derecho) y el gobierno resultante proclama un referéndum de autodeterminación, por ejemplo, para junio de 2015, ¿qué hará Podemos? Está claro; no hay ambigüedad alguna: unos militantes harán campaña por la independencia, otros en contra y otros se quedarán en casa. ¿Y la organización como tal? Esa dirá que no toca y que hay que esperar al proceso constituyente cuando toque.
 
Incidentalmente y por si acaso: Palinuro no solo lleva tiempo defendiendo el proceso constituyente sino, siendo más específico, singularizando la cuestión territorial en una Convención aparte del proceso constituyente para que todas las naciones en España puedan decidir en condiciones de igualdad y no dentro de otra amalgama del totum revolutum en la que, como se discutirá de todo, quizá no se discuta de nada y menos aun de soberanía que, según se nos dice no es cosa de banderas y balcones. No claro. Pero sin banderas y balcones y claras competencias y jurisdicciones territoriales, lo siento, pero la cosa suena un poquito a truco.
 
Si se quiere eliminar ese sabor a ambigüedad que sigue destilando la entrevista, casi rascando ya la garganta, aclárese otra cuestión: si la ley no nos deja actuar ahora y nos obliga a esperar -muy a nuestro pesar, claro- hasta el año que viene; si, entre tanto los soberanistas (ese extraño e incompresible maridaje entre gentes buenas y gentes perversas según el ficticio eje nacional) celebran elecciones anticipadas, ¿por qué no se piden también elecciones anticipadas en España? ¿Porque se sabe que el presunto sobresueldos no cederá?
 
Bueno, pero pedirlas sería un gesto no solo de claridad y contra la ambigüedad que ahora es ya casi como la noche oscura del alma, sino también de perspicacia e inteligencia. Los catalanes llevan la inciativa hace años. Han comprendido algo elemental para cualquier demócrata (condición que Iglesias parece reservar para él y los suyos), esto es, que lo que da legitimidad para hablar y hacer son las elecciones. Quien las hace gana, aunque en términos numéricos pierda; quien las impide, pierde, aunque en los mismos términos gane.
 
Pero, ciertamente, el líder de Podemos dice que Mas no le marca su calendario u hoja de ruta. Mucho menos el infeliz de Palinuro.