dissabte, 2 de març del 2013

Chinoiserie

Lo fui dejando, lo fui dejando y al final casi me quedo sin ver la exposición del ICO sobre Ma Yansong. Así me encuentro hoy dando cuenta de una muestra que cierra mañana, día 3. Cosas que pasan. Porque la exhibición, la primera mundial, según creo, de este joven arquitecto chino es una ocasión única. Y un prodigio. El ICO ha reunido treinta piezas entre maquetas y dibujos que dan cuenta de algunas de las obras ya realizadas por Yansong al frente de su estudio MAD Architects, de las que no pasaron de maqueta, de las que están en curso de realización y de las proyectadas para el futuro. Futuro es término adherido a toda la obra de este sorprendente creador. Por ejemplo, las dos Torres absolutas de la foto, erigidas en la ciudad de Mississauga, Ontario, Canadá, de 170 y 150 metros respectivamente, dos moles que parecen estar moviéndose en sentido helicoidal. El mismo Yansong habla de futurismo en sus frecuentes explicaciones teóricas, probablemente enlazando con el futurismo de comienzos del siglo XX, el de Marinetti y sus amigos. Solo que aquí el futuro tiene una forma visible porque se trabaja con proyectos en forma de maquetas. Hay así una del proyecto de lo que iba a ser la torre más alta del mundo, para la ciudad de Guangzu (o como se escriba), de 800 metros. En el ínterin ya ha sido superada por otra muy famosa en Dubai. También cabe admirar una maqueta, audazmente llamada Pekín 2050, que reorganiza por completo la ciudad, desde la Plaza de Tiananmen hasta los hutongs (que son como distritos) en torno suyo.

Yansong tiene una idea clara de la arquitectura como un arte, como lo que ha sido siempre, desde que el hombre comenzó a construir. Un arte especial que, por razón de sus dimensiones ha solido tener carácter institucional, público, bien sea religioso, civil o militar. Prácticamente todos los monumentos arquitectónicos hasta el siglo XIX son pirámides, iglesias, catedrales, palacios, castillos, alcázares, alguno de proporciones colosales como, precisamente, la gran muralla china. Y todos son heraldos de grandes principios, ideas, religiones, culturas, pensamientos colectivos. A partir del XIX, se abre camino la arquitectura civil y es la época de los rascacielos y los grandes arquitectos, desde Lloyd Wright a Alvar Aalto, pasando por Le Courbusier o Mies Van der Rohe y la prestancia de la arquitectura como arte a través de la Bauhaus que implantó un estilo desbordado a otras artes como el diseño o la pintura. El propio Ma Yansong rinde homenaje en algún momento a Van der Rohe y él mismo es escultor y diseña mobiliario interior tan sorprendente como los edificios en los que se ubica y que son el resultado de la confluencia de tres factores: arte, tecnología y paisaje.
En el caso de Yansong esa voluminosidad adquiere proporciones sorprendentes puesto que no solamente construye edificios gigantescos, sino conjuntos arquitectónicos en los que pueden habitar decenas de miles de personas como esa serie de edificios en forma de hilera de colinas en Baihai, China, en 2008 o el prodigio que se presentó en la bienal de Venecia del mismo año, la sorprendente Chinatown móvil que se instalará en las afueras de Roma y es lo que su nombre indica, un barrio chino completo, pero del siglo XXI, con capacidad para 15.000 personas con sus comercios, viviendas, parques, zonas deportivas, etc. Los arquitectos, por razón de su arte, han influido siempre en el paisaje urbano o natural. Pero Yansong es un arquitecto de planificación urbana completo.

La exposición se titula Entre la modernidad (global) y la tradición (local) para poner de relieve cómo este joven artista de treinta y tantos años, residente en Pekín, deja su impronta en los cinco rincones del mundo. Tiene un aspecto "moderno", el de la globalización, y otro "tradicional", el propiamente chino. La China y el Japón, han influido de siempre en Occidente, al menos desde los tiempos del Millón, de Marco Polo allá por el siglo XIV. En el XVIII y comienzos del XIX la impronta china en arte era muy fuerte y se la conocía como chinoiserie. Se nutría sobre todo de pintura y grabados, porcelanas, lacas, mobiliario, aunque también de filosofía y literatura. Todo ello venía a ser como excursiones por reinos exóticos que hacían aportaciones a la civilización occidental, pero sin competir o sobreponerse a ella. En la medida, sin embargo, en que la arquitectura sigue siendo heraldo de tradiciones culturales, políticas, religiosas colectivas, nacionales, la de Yansong supone un reto extraordinario porque su obra, que se expande por el mundo y gana concursos internacionales, tiene una esencia profundamente china. Muchos críticos señalan, además, la influencia taoísta en la arquitectura de nuestro autor. En el Tao el hombre se hace uno con el cosmos y el edificio con el paisaje.

Además del elemento tradicional, Yansong es consciente de que su obra es el vehículo de expansión de la nueva China. De hecho, la Chinatown móvil es una figuración de la mayor de las cinco estrellas de cinco puntas de la bandera de su país, la que simboliza el Partido Comunista Chino. La China es una sociedad dinámica, que acumula las ventajas y desventajas del comunismo y el capitalismo al mismo tiempo (no como la rusa, que lo hizo consecutivamente) y, sin embargo, está muy integrada y basa su solidez en una acelerada serie de conquistas tecnológicas. Al lado de los ferrocarriles chinos de alta velocidad, los europeos son lentos. Y los chinos pueden levantar edificios de cientos de metros de altura en menos de tres meses. Siglos tardaban en construirse las catedrales. Si esos edificios, esas verdaderas ciudades en burbujas que surgen como los hongos después de la lluvia, son del estilo de Yansong, gráciles, hermosas, integrales, perfectamente adaptadas al paisaje a pesar de su tremenda audacia, estables y seguras, protegidas de los terremotos cuando son elevadas, ¿cómo no se va a imponer la China mundo adelante?
(La imagen es una foto de r2hox, bajolicencia Creative Commons).