lunes, 15 de diciembre de 2008

Perro.

¡Qué estupendo, qué noble, qué magnífico gesto el de ese periodista iraquí que arrojó el zapato a la cabeza de Mr. Bush! Nunca, desde que el señor Kruschev se valiera del suyo para golpear el pupitre en la Asamblea General de la ONU había sido un zapato tan famoso. Es más, considero que el que aquí nos ocupa fue lanzado por millones de manos anónimas entre las que me cuento a la cabeza de ese mandatario fradulento, soberbio, ignaro, despótico, embustero, criminal y torturador. Millones, cientos de millones nos sentimos representados en la iniciativa del periodista.

El llamarle "perro" se entiende aunque quizá no goce de la misma simpatía universal, sobre todo en los países en que abundan los amantes de los animales. En realidad ninguno está a un nivel moral tan bajo como Mr. Bush; ni las cucarachas. Habría que llamarle ¡hombre! Pero eso tampoco sería justo porque si los señores Bush, Blair y Aznar son hombres, también lo somos los demás, que no hemos invadido, masacrado y esquilmado a pueblo alguno. Así que lo mejor será calificarlos por los suyos propios que ya dicen bastante de la calaña de sus titulares: ¡Bush! ¡Blair! ¡Aznar!

(La imagen es una foto de Público, bajo licencia de Creative Commons).